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*** Capítulo 4 Eso ***
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― ¡No, por favor no! ― Gritaba a todo pulmón Hermione ― ¡Ya no! ― suplicaba en medio de un mar de lágrimas, su rostro era la máxima expresión de terror, se retorcía sobre su cama intentando encogerse para protegerse.
― ¿Qué rayos pasa? ― interrogó Draco Malfoy, mientras ingresaba a la habitación de su paciente, Hermione Granger.
Estaba en la habitación de Teddy haciéndole la revisión cotidiana de todos los días cuando había escuchado los gritos de Hermione y sin pensarlo corrió hasta su habitación. Hermione gritaba suplicando que algo no ocurriera, no paraba de llorar y su cuerpo forcejeaba con las ataduras invisibles que le impedían moverse. Enfrente de ella se encontraba de pie Ron con un ramo de rosas en su mano derecha. Estaba perplejo, era obvio que no esperaba una reacción así por parte de ella.
― ¡Sal de la habitación! ― le ordenó Draco.
―Yo… sol…o que…ría ― Ron sabía que tal vez no sería bien recibido pero tampoco esperaba que ella reaccionara como si estuviera en frente del mismísimo diablo.
― ¡No, no noooo! ― Hermione negó con los ojos cerrados suplicando a todos los dioses, entes y seres sagrados que existieran.
Draco sujetó fuertemente del brazo al pelirrojo y lo sacó mediante jalones de la habitación – ¡tienes prohibido ingresar a esta habitación Weasley! – le ordenó furioso.
― ¡Tú no eres nadie para ordenarme, imbécil! ― gritó Ron cuando ya era consciente de lo que sucedía.
― ¡Soy su sanador, y yo decido quien la ve y quien no! ― informó Draco mientras reingresaba a la habitación y le azotaba la puerta en las narices a Ron.
― No, no ya no, no, no ― decía en medio de susurros Hermione.
Draco eliminó el encantamiento que la mantenía sujeta, ella de inmediato se puso en posición fetal y no paró de llorar, en medio de su desesperación comenzó a enterrarse sus uñas en sus piernas, hilos delgados de sangre comenzaron a correr por su piel. Draco por primera vez en sus tres meses de residir en el hospital, no supo que hacer.
No podía ponerla en estado inconsciente, era nocivo para el bebé, pero dejarla así, en ese estado de pánico le haría mal a su corazón, fue mayor su necesidad de contenerla que sin pensar lo que hacía se subió a la cama de esta y la jaló hacia él para abrazarla, primero el contacto fue fuerte pues ella se resistió y comenzó a empujarlo.
― Tranquila, nada va a pasarte – intentó darle palabras de ánimo, esta acción era totalmente ajena a su naturaleza de él, jamás había intentado consolar a alguien y mucho menos alguien lo había consolado a él, en sus principios como Malfoy estaba aquel que decía…"Un Malfoy no llora, un Malfoy no es débil"… Así que no sabía cómo hacerlo, pero sentía una inmensa necesidad por hacer algo para que ella dejara de sufrir ― tranquila ― le repitió mientras acariciaba su espalda. Hermione había dejado de forcejear, ya solo gimoteaba.
Así pasaron varios minutos, Hermione estaba recostada sobre el pecho de él, aprisionada en sus brazos, mientras que este acariciaba desde su cabeza hasta la espalda. Draco podía sentir su bata y camisa mojada por consecuencia de las lágrimas de ella. Después de lo que parecieron dos largas horas finalmente Hermione se quedó dormida, Draco la acomodó sobre la cama a la vez que se soltaba del agarre de ella, la arropó y cerró las ventanas para que ningún ruido la despertara. La miró en silencio unos segundos más ¿Qué rayos te pasó Granger? Se preguntó sí.
Hermione cayó en un sueño profundo, y por primera vez desde que estuviera internada pudo conciliar un sueño sin pesadillas, un sueño que no le hiciera revivir aquella noche tan nefasta, un sueño tranquilo que prometía ser el primero de muchos.
― ¿Cómo está? ― preguntó Harry, había observado todo lo ocurrido las últimas horas. Él iba llegando a la habitación de Teddy cuando escuchó los gritos de su amiga, pero al correr hacia la habitación y ver el motivo, de inmediato supo que no era buena idea ingresar y empeorar más las cosas, más sin embargo había montado guardia a fuera de la habitación mientras miraba por la ventana mágica, jamás habría creído a Malfoy capaz de hacer eso por su amiga.
Draco molesto por creer que Harry lo había visto en esa convivencia con Granger le contestó de mal modo ― ¿Cómo quieres que esté después de lo que tú y el idiota de Weasley le hicieron? ― Sin poder evitarlo le gritó.
Harry sintió las palabras de Draco como una puñalada al corazón, era suficiente con que él supiera el daño irreversible que le había causado a su amiga como para que alguien se lo viniera a gritar a la cara ― ¡Tú no sabes nada! – le gritó en reacción al dolor que Draco le causara con sus palabras.
Draco acortó la distancia entre ellos y lo miró directo a los ojos ― Se lo suficiente, como para saber que Granger podría morir en cualquier segundo por causa de ustedes ― le habló con una voz fría y penetrante ― y de una vez te informo, tienes prohibido ingresar a su habitación sin mi permiso ― y sin darle oportunidad de repuesta dio media vuelta y se dirigió a su oficina, ahora más que nunca necesitaba un trago de whisky de fuego.
Una semana después en la Madriguera
― Ginny, perdóname por favor ― Harry intentaba disculparse con Ginny mientras hablaban bajo el manzano que estaba a unos metros de la casa.
― Es que no entiendo qué pasa, explícame por favor ― suplicaba Ginny tratando de contener el llanto. Tenía semanas que no veía a su novio y a pesar de tenerlo frente aún no sabía qué estaba ocurriendo.
― No hay nada que explicar Ginny, yo lo siento de verdad ― Harry sabía que no era la forma correcta de hacerlo, pero tampoco podía explicarle lo sucedido, pues más allá de ser un secreto, no era algo que quisiera que sus seres queridos supieran y mucho menos su amada Ginny.
Ginny meditó unos segundos antes de hablar ― muy bien, si eso es lo que quieres, así será, solo después no regreses con que quieres otra oportunidad, ya te esperé una vez, ya no habrá otra. ― sin dar espacio a respuesta se marchó intentando contener el llanto. Ella era una chica fuerte, y no le daría el gusto a Harry Potter de llorar en su presencia por el simple hecho de terminar su noviazgo sin ninguna explicación.
Harry contempló impotente como se marchaba la que él consideraba el amor de su vida, la miró desaparecer tras la entrada de la casa, el viento soplaba fuertemente llevándose con él los sueños y anhelos de Harry. Él siempre soñó con forma su propia familia con aquella pelirroja que le había demostrado en más de una ocasión su inmenso amor. Se limpió las lágrimas que comenzaban a mojar su rostro, miró una última vez en dirección a la habitación de ella y desapareció del lugar.
Dos meses después.
Hermione se encontraba sentada sobre una mecedora, con sus manos recargadas sobre los brazos de la silla frente a la enorme ventana que daba a los jardines traseros de San Mungo. Su aspecto había mejorado un poco, ya no lucía tan delgada y un pequeño bulto se asomaba sobre su estómago.
Ahí sobre su mecedora pasaba todas las tardes con la mirada perdida en el jardín, no hablaba con nadie, le daban de comer en la boca, no quería salir de su habitación, en pocas palabras si pudiera dejar de respirar, también lo haría. A pesar de que Draco a diario le llevaba un libro nuevo para leer, ella no tomaba ninguno. Hermione concentraba todas sus fuerzas en no pensar en nada, pues en cualquier recuerdo de sus últimos ocho años figuran sus antiguos mejores amigos, y un recuerdo llevaba otro hasta dar con ese que ella intentaba sepultar en lo más profundo de su corazón.
Así estaba, como una tarde más cuando sintió como algo en su panza se movió, "eso" como ello había nombrado a lo que se gestaba en su vientre había vuelto a moverse, como los últimos diez días, y cada que eso ocurría ella enterraba las uñas en lo que tuviera más cerca en su inútil intento de no sentir. Cada vez que "eso" le recordaba con algún movimiento que ahí estaba, la hacía sentir la persona más sucia del mundo, la más desdichada, la más desgraciada.
Como ansiaba que en cualquier momento se muriera, sentiría un alivio, paz tranquilidad, pero no, "eso" se aferraba a la vida a pesar de las pocas probabilidades que Malfoy había mencionado, "eso" parecía tener todas las intenciones de venir al mundo y recordarle por el resto de su existencia lo miserable que sería, ya que con su tan sola presencia se acordaría de cómo había sido concebido.
Draco entró a la habitación y se encontró con una Hermione clavando las uñas en los cojines de los brazos de la mecedora, sus ojos apretados y la mandíbula tensa, al parecer su bebé se había movido, sonrió para sus adentros, estaba haciendo un buen trabajo al lograr estabilizar a Granger para que el bebé se desarrollara correctamente. Esperó unos segundos hasta que ella soltó su agarre y relajó su cuerpo mientras abría los ojos.
Con un movimiento de su varita Draco hizo que la mecedora se convirtiera en una silla de ruedas, se colocó tras ella y comenzó a empujarla hacia la cama, una par de enfermeras ingresaron a la habitación, Draco tomó en brazos a Hermione y la subió a la cama, las enfermeras cruzaron entre ellas un par de miradas, no sabían por qué este en vez de levitarla con la varita se había tomado la molestia de cargarla. Esto no resultaba molesto para él, debido a que su tacto era el único que no rechazaba, él no perdía oportunidad alguna para ganarse la confianza de su paciente, pues dentro de pocas semanas comenzaría la terapia mental.
Hermione lo estudió con la mirada, hacía muchas semanas que no había tanta gente en su habitación o al menos no mientras ella estaba despierta.
Draco sintió el peso de la mirada de ella sobre él, podía advertir la duda ― Haremos la prueba de ADN para saber quién es el padre ― le informó.
Hermione endureció su gesto y lo fulminó con la mirada, ella no deseaba conocer la identidad del padre, nada cambiaría.
― El ministro lo ordenó ― Añadió Draco, mientras una enfermera descubría el vientre de ella y lo limpiaba con una gasa húmeda, la otra enfermera traía dos pequeños tubos de ensayo, los dos contenían en su interior sangre, una más oscura que la otra. Hermione comenzó a forcejear y se levantó mientras cubría nuevamente su vientre.
― No es opcional ― le dijo Draco mientras con un movimiento de su varita la ataba a la cama, con un gesto le indicó a la enfermera que volviera a proceder, Hermione cerró sus manos en puños y giró su rostro hacia la ventana, no quería mirar, quería morirse, ahí mismo, en ese momento.
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