Todos los personajes pertenecen a J.K.R. Yo solo me divierto inventando locas historias.
XOXOX DLM
*** Capítulo 11 Yo te perdono ***
Tres semanas transcurrieron desde el día en que ambos se conectaron. Desayunaban, comían y cenaban juntos en su habitación de ella, su enfermedad empeoraba, ya no podía pasar largos lapsos despierta, cada vez era más presa de la inconsciencia. Pero esos momentos en que percibía todo claramente no los pasaba sola, Draco siempre estaba ahí con ella, tomando sus signos vitales, regalándole una sonrisa para infundirle valor o llevándole todas las noches una taza caliente de su chocolate favorito. Era una convivencia de lo más extraña para los que los conocían y sabían su pasado. Hermione juraría que en varias ocasiones mientras se quedaba dormida, él había acariciado su cabello y por Merlín, que alguna vez sintió los labios de él sobre su frente.
Dos personas más diferentes en el universo no podían existir, pero ella con un alma gris, sin vida y destrozada, él con un alma llena de culpas y teñida de rojo encontraron la compatibilidad en medio del remordimiento y dolor.
— ¿Marcus? — se sorprendió de encontrar a su jefe sentado en su propio escritorio revisando unos papeles.
— No acudiste el miércoles... — siguió leyendo el anciano.
—No tuve tiempo. — se sentó frente a él y comenzó a leer un libro.
—De esta forma no vas a lograr...
—Al cabo es lo mismo, un año, meses, semanas, días... — dejó de leer y miró directo a los ojos al sanador.
—Tu madre...
—Acabará por aceptarlo.
Marcus era el sanador de mayor prestigio en toda Europa y director de San Mungo, pero le gustaba hacer guardias. Sentía bastante aprecio por Draco y sobre todo por su madre. — Ya averigüé sobre esa posibilidad.
Draco no pudo evitar ocultar su asombro e interés — ¿Y?
—Es viable, el problema radica en conseguir quien...
— ¿Tu puedes llevarlo a cabo? — ese era su verdadero interés, que Marcus pudiera.
— Creo que sí. Pero sería bueno tener ayuda de un experto.
A unos cuantos metros de ahí…
Hermione se sorprendió que tocaran a su puerta, nunca nadie lo hacía, todos entraban — Adelante —dijo en un susurro apenas audible.
La puerta se abrió lentamente, sin saberlo porque su cuerpo se tensó, un aroma a hierbabuena, madera y tabaco inundo su nariz, sin necesidad de ver al que ingresaba lo supo, era él, jamás podría confundir esos aromas, lo reconocería en cualquier lugar del mundo, él por fin estaba ahí.
Solo había dado dos pasos y se detuvo, fácilmente se percató de la incomodidad de ella — ¿Puedo entrar? — pregunto débilmente, todo el valor que había reunido para ir hasta ahí lo había abandonada al girar el pomo de la puerta.
Sus palabras fueron más una súplica que una pregunta, ella asintió solamente. Avanzó unos pasos más y se quedó a una distancia prudente. El silencio se impuso, no sabía qué decir que no sonara estúpido. La observó detenidamente, se veía peor que la última vez que habían estado de frente. Habían objetos muy raros cerca de ella, Draco ya le había explicado que eran para estabilizarla rápido y ayudarla a respirar cuando fuese necesario. Su cabello como siempre estaba hecho un desastre, eso le sacó una sonrisa inconsciente, lucía muy delgada, los pómulos en su rostro se veían algo saltados, sus labios secos, su mirada... su mirada era igual de oscura como desde aquella fatídica noche, pero en la oscuridad de su mirada brillaba su propio reflejo tras estar también siendo observado.
Ella, por su parte ya había logrado relajarse, también lo miraba, se veía tan desmejorado, parecía haber perdido bastante peso, su barba estaba desaliñada y su cabello estaba más largo de lo habitual, unas motas negras se apreciaban bajo esos ojos verdes que a ella tanto le gustaban. Se notaba cansado, pero más allá de lo físico, era un cansancio emocional y ella sabía la causa. Él se estaba atormentando, y eso le causaba dolor a ella.
—Hermione... — le susurró quedamente.
—Harry — contestó ella.
— ¡Perdóname! — Caminó hacia ella y se dejó caer de rodillas a un costado de la cama, no se atrevió a tocar ni su mano — ¡Perdóname por favor! — le suplicó en medio del llanto, apretó en un puño la sabana de ella, se entregó al llanto mientras le seguía implorando que lo perdonara pues él no podría vivir con él odio de ella, ni en la muerte encontraría la paz y ni el descanso, si ella no lo perdonaba — ¡Por favor Herms, por favor perdóname! — no podía dejar de suplicarle, su vida ya no tenía sentido.
Hermione terminó por quebrarse y también se entregó al llanto, ¿cómo no perdonarlo a él? Él que había sido alguna vez la luz de sus días, él que era la persona más maravillosa que jamás había conocido, él que no conocía la mezquindad, él que lo había interpuesto todo por él bien mayor. Con trabajo estiro su mano y la coloco sobre la cabeza del chico, débilmente acaricio sus cabellos, él levantó su rostro surcado de lágrimas y sus miradas se conectaron.
—Yo te perdono Harry.
Draco había mirado toda la escena tras la ventana mágica, estaba feliz, como hacia tanto tiempo que no lo estaba, pues por fin Hermione había perdonado, él mejor sabía que no había como el perdón para sanar el alma ¿acaso él algún día sería perdonado por las vidas que tomó? Si había algo a lo que Draco temía con fiereza era a lo que le espera después de la muerte, se preguntaba adónde iría a parar su alma y si descansaría en paz. Ese era el principal motivo de porque se especializaba en sanador, quería retribuir lo mayor posible a la sociedad que él mismo ayudó a aniquilar, para que cuando su fin llegara, la balanza no estuviera tan desequilibrada.
Ver a Hermione y Potter obtener un poco de paz y saber que él había contribuido en eso. Pero ¿a quién quería engañar?, él estaba más que nada contento porque ver mejor a Hermione le alegraba el corazón, no sabía en qué momento la castaña se había ganado un enorme lugar dentro de él, tal vez durante sus largas horas de ajedrez, o cuando se hacían compañía para leer, le gustaba escuchar el ritmo de su respiración, o tal vez durante las largas noches que la vio dormir, se preguntaba constantemente por qué ahora, por qué no durante el colegio, cuando había tiempo...
Fuera como fuera y a pesar de sus deseos, los dados ya habían sido tirados y la historia ya estaba escrita, ninguno de los tres podría huir de su destino.
