Todos los personajes pertenecen a J.K.R. Yo solo me divierto inventando locas historias.
XOXOX DLM
***Capítulo 13 Con el último suspiro***
— ¡Hijo por favor! — Narcisa apretaba con ímpetu la mano de su hijo, con la mirada hacia arriba para verlo a los ojos.
— Se que te es difícil madre, pe…
— ¡No! Claro que no lo sabes — le grito mientras le daba la espalda, ¿es que acaso Draco no se daba cuenta? No podía dejar de llorar. Se abrazó para intentar controlarse.
— Es verdad, no lo sé — se acercó a ella y la tomo por los hombros, la atrajo hacia el juntando su espalda con su pecho y beso su cabeza — pero tengo que hacerlo, se que es la única forma en la que encontrare la paz y tal vez serenidad.
Narcisa se giró y encaro a su hijo, solo ella que lo conocía a la perfección podía interpretar esa mirada gris vacía, sabía que la culpa lo carcomía por dentro, que lo atormentaba noche y día, — si tan solo los hubieras dejado mata…
— Ni se te ocurra decirlo, se que todo lo que hice estuvo mal, muy mal, pero no me arrepiento, porque estás aquí, viva, a mi lado — le acaricio con ternura su cara.
— Pero ahora seré yo la que…
— Calla madre, no lo pienses, solo deja que esto siga su curso, déjame limpiar un poco mi conciencia, déjame sentir que hice algo bueno — la atrajo hacia él y se fundieron en un abrazo.
— No puedo Draco, no pue — el llanto le impedía hablar, mientras abrazaba con todas sus fuerzas a su hijo, ¿Cómo le pedía eso? Este no era el ciclo normal de la vida, no tenía que ser así, ¿es que acaso Merlín no podía ofertar otra forma de expiar pecados?
Alguna vez Draco había tenido sueños, de pequeño siempre soñó con ser como su padre, una persona importante y respetada, que a donde quiera que fuese, la gente se habría paso para dejarle pasar cómodamente, al llegar a Hogwarts soñó con ser tan famoso como el niño que vivió, que hasta el último rincón del mundo todos conocieran su nombre. Al llegar la adolescencia soñó con poder ser libre, tomar las riendas de su vida y escapar del yugo de su padre y así poder salvar la vida de su madre.
Consiguió alguna de esas cosas, por algún tiempo fue respetado, pero por la razones equivocadas, después muchos conocieron su nombre, pero solo representaba para ellos miedo, repulsión, asco. Después logro salvar la vida de su madre, pero a un precio muy alto, ahora, solo soñaba con ser perdonado. Desconocía que había más allá de la muerte, pero temía, sabia con cada fibra de su ser que cualquier ser que rigiera el todo, no lo tendría en buen estima.
— Te amo madre — le susurró al oído.
— ¡No Draco, por favor no! — gimió ella, abrazándolo lo más que podía, como si con eso pudiera evitar lo inevitable.
Tomo su varita lentamente — Desmaius — Narcisa se desvaneció en los brazos de su hijo, él la cargo y la recostó sobre el sofá — Gracias madre, porque contigo conocí lo mejor de la vida — acaricio por última vez su hermoso rostro de porcelana — perdóname por no haberte podido dar lo que necesitabas — lloro mientras la tapaba con una manta, saco un sobre de su chaqueta y lo coloco entre sus manos. — Adiós Narcisa Black — se incorporó y desapareció de la mansión Malfoy.
Minutos después en San Mungo
— Marcus, él es Preston Burke, el mejor Cardiólogo Muggle, el llevara a cabo el trasplante para la señorita Granger, ya está al tanto de todo y está bajo hechizo de secreto mágico.
Marcus tendió la mano hacia Preston, un hombre alto, delgado y de color — Mucho gusto, soy Marcus Reyt, director de San Mungo.
— El gusto es mío — Preston respondió al saludo, no estaba asombrado, ya antes había conocido gente mágica y lugares como San Mungo, Preston era un esquib, la familia de su madre era de linaje mágico, mientras que su padre de linaje muggle.
— Draco si estás listo, procedamos — hablo el Dr. Preston.
— Denme unos minutos, lo alcanzo en la sala de operaciones. — salió con paso preciso en dirección a la habitación de Hermione.
Hermione estaba agotada, a pesar de solo tener como máximo quince minutos despierta, le costaba enfocarse en algo, sus parpados pesaban, Draco ya se había tardado, siempre estaba ahí cuando ella despertaba, últimamente a lo máximo estaba consiente dos horas en total en todo el día.
— Llegas tarde — reclamo ella.
— Yo nunca llego tarde Hermione — le sonrió de lado mientras se colocaba frente a ella y acariciaba su cabello.
— ¿Qué pasa? — no sabía qué, pero notaba algo raro en la forma en como él la miraba. — ¿Por qué me miras así Draco?
— Solo quiero grabarme tu imagen, sin perder ningún detalle — a pesar de que Hermione se veía físicamente muy enferma, su piel estaba pálida y reseca, sus ojos sobresaltaban en su rostro sumido, sus pómulos estaban muy prominentes, pero para él, lucia hermosa, como un ángel caído.
— Hermione — acerco su rostro al de ella — ¿puedes prometerme algo? — su olor dulce femenino a pesar del suero muggle le golpeo la nariz. Mientras más se acercaba a ella su corazón latía más frenéticamente.
— ¿Qué? — quiso saber ella, mientras el aliento cálido olor a menta del rubio le llegaba a sus fosas nasales, no podía quitar la vista de ese par de ojos grises, se sentía cautivada, hipnotizada, atrapada en esa mirada que parecía penetrarla y transportarla a un lugar donde solo existían ellos dos.
— Que vas a luchar por vivir — Sus ojos castaños lo llamaban a consumar eso que su corazón deseaba hace tanto tiempo, se había resistido a no dejarse llevar por la pasión, tenía miedo de poner sus decisiones en jaque.
La actitud de Draco la descolocaba, podía leer en su mirada la indecisión, la pasión, la tortura y el ¿amor?, podía ver la encrucijada en la que se encontraba el rubio, y eso la azoraba, pues la hacía plantearse que era lo que sentía ella, él la cautivaba, como nadie lo había hecho, su actitud sobreprotectora la arropaba cálidamente ¿Qué demonios pasaba? ¿En qué momento Draco Malfoy se había colado en su corazón? No lo supo, y no le importo. — Si —
Con sumo esfuerzo levanto su mano izquierda, él no la torturaría de esa forma, tomo la bata del rubio y lo jalo hacia ella, Draco abrió los ojos ante la sorpresa, pero se recompuso de inmediato, coloco ambas manos a los costados de la cara de ella. Y se inclinó lentamente.
"¿Cómo decirte que me has gustado desde siempre? que tu ímpetu, necedad y fortaleza me hicieron admirarte en las sombras, que esto que ves ahora, no ha nacido de la noche a la mañana, ha existido desde hace años, atado y cautivo en lo más profundo de mi ser. Que he deseado besarte hace mil lunas y hacerte mi mujer de todas las formas posibles, te mantuve oculta en mi mente, pero ahora eres todo lo que me importa.
Quisiera ser yo el que te ofrezca un mejor mañana, pero no puedo ofrecerte lo que ya no tengo, solo me queda darte lo único que me queda…"
Observo extasiado sus labios pálidos, le ofrecían un paraíso que él no se merecía, estaba por eliminar cualquier distancia posible entre su boca y la de ella, cuando escucho un pitido de alarma proveniente del aparato muggle que media los ritmos cardiacos de la chica, y sintió como ella soltó su agarre.
Las sanadoras de guardia llegaron corriendo a la habitación, — ¿Qué sucede? — preguntó una de ella.
— ¡Prepárenla para operar, avísenle a Marcus que la señorita Hermione Granger ha sufrido un paro cardiaco! — les ordeno mientras salía de la habitación quitándose la bata de sanador por el camino.
En nombre del sentimiento más puro y hermoso que existe, Draco había cometido las peores atrocidades, pero ahora, en nombre de él mismo, haría el sacrificio más grande que un ser humano puede concebir. Más decidido que nunca camino hacia su destino, sin miedo, sin dudas, sin preocupaciones, tenía claro que debía y quería hacer. Tal vez la historia los juzgaría por el resto de su existencia, pero por fin Draco sentía un poco de paz, y para él, eso era suficiente para emprender la última aventura.
Gracias por sus lindos comentarios.
