LXXXVII
Herencia
No sé si fue porque simpatizaba con Louise o por otra razón ajena a mi entendimiento, pero los dos días pasaron como una exhalación. No hice gran cosa con Historia, aparte de comer con ella y dialogar por horas sobre qué podría esperarle a Louise. Sin embargo, Historia me platicó sobre algo que me llamó mucho la atención en relación con la sentencia que le esperaba a Louise.
Según Historia, había rumores bastante preocupantes sobre la sentencia. Si bien era cierto que el juez había dicho que Louise no merecía la pena de muerte por lo que hizo, había ciertos elementos de la monarquía que buscaba la forma de eliminar a Louise sin que pareciera que fuese sentenciada a morir. Historia ya había dedicado recursos a investigar aquellos rumores y se suponía que sus informantes iban a tener respuestas unas pocas horas antes del dictamen del juez.
Pues bien, el día de la sentencia había llegado, y estábamos todos reunidos en el tribunal, esperando por las palabras del juez. Como Historia había prometido, sus informantes habían llegado con la evidencia de que, en efecto, había elementos de la monarquía que no estaban contentos con la decisión del juez, creyendo que semejante traición a la isla debía ser pagada con la muerte, con independencia de las circunstancias del traidor. El juez había sido debidamente informado de los hechos, pero cuando el juez habló, nos tomó a todos por sorpresa.
—Después de deliberar sobre la sentencia, hemos convenido en que la pena apropiada para la acusada es cadena perpetua. Sin embargo, representantes de la monarquía sugirieron que la acusada sea considerada como candidata para heredar el titán hembra. No fue hasta hace poco que se halló una manera de liberar a Annie Leonhart de su capullo de cristal, y desde entonces, ha habido debates sobre quién debería heredar su poder. El proceso de selección no tendrá lugar hasta dentro de trece años más, y no creo que la monarquía pueda esperar tanto tiempo. Por eso, mi decisión es poner a prueba a la acusada para determinar si califica con las condiciones para poseer un poder titán, y luego, dejar la decisión en manos de la acusada.
De acuerdo, aquello no me lo esperaba. En cuanto a lo de Annie, me imaginaba que alguien aparte de mí se había percatado que el titán mandíbula era capaz de destruir la envoltura de cristal que la rodeaba. Pero, teniendo en cuenta la naturaleza de las acusaciones en contra de Louise, no me parecía prudente que ella fuese candidata para asumir semejante responsabilidad. Sin embargo, poco o nada podía hacer para contradecir el dictamen del juez, por lo que se hicieron preparativos para poner a prueba a Louise.
Las pruebas se llevaron a cabo ese mismo día, bajo la mirada de los altos mandos del ejército. Se convino que no se liberaría a Annie hasta haber comprobado que Louise tenía las competencias requeridas para heredar el poder del titán hembra. Los requisitos más importantes no eran de carácter físico, sino que tenían más que ver con capacidades mentales, como reaccionar bien ante la presión, tolerancia al dolor por encima de la media, y, lo que era más importante, lealtad inquebrantable. Era esto último lo que me preocupaba más, pues, si bien Louise había probado ser extremadamente leal a una causa, no podía mantener semejante lealtad por mucho tiempo antes que sucumbiera a la presión que dicha lealtad ejercía sobre ella. Yo misma había sido testigo de aquello. Sin embargo, para ser justos, Louise había jurado lealtad a una causa en la que no creía realmente, y creo que fue por eso que su voluntad se desmoronó como un castillo de naipes. No obstante, no había ninguna garantía de que Louise tuviera alguna razón para ser leal al ejército, especialmente cuando se tenía en cuenta el asunto de los trece años. De algún modo, dudaba que ella pudiese lidiar con el hecho que si aceptaba la responsabilidad, sus días estarían contados, y no habría nada que pudiese hacer al respecto. De hecho, si tuviese la posibilidad, yo misma me ofrecería como voluntaria para heredar el titán hembra, y así mis preocupaciones por los trece años ya no representarían un problema, pues estaría atada al mismo destino que Historia. No obstante, al ser una Ackerman, me era imposible aceptar esa responsabilidad, aparte que tenía un deber para con el pueblo de Hizuru.
En la tarde de ese mismo día, los resultados de las pruebas fueron dados a conocer por los altos mandos del ejército. Las pruebas físicas no fueron un problema para ella, así como su reacción frente a la presión y su tolerancia al dolor. Pero, como esperaba, su punto más débil fue su sentido de lealtad. Sin embargo, los encargados de poner a prueba a Louise no tuvieron que hacer mucho, pues el informe del psicólogo que declaró durante el juicio fue toda la evidencia que necesitaban para emitir un juicio. Básicamente, el veredicto fue que Louise no calificaba como candidata para heredar un poder titán, pues era una persona susceptible de ser influenciada por terceras personas, lo que no garantizaba su lealtad en situaciones difíciles. El juez fue informado de los resultados de la evaluación, y dictaminó que, en vista de los nuevos antecedentes, no había otra alternativa que condenar a Louise a cadena perpetua, con posibilidad de ser liberada por buena conducta después de haber pasado veinte años de condena.
—Bueno, es lo que me merezco —dijo Louise en un tono neutro, antes de que los soldados se la llevaran de vuelta a la prisión—. Y no es que quisiese realmente heredar un poder titán. Para serte honesta, no puedo imaginar cómo la reina puede soportar el hecho que sus días estén contados.
—Asegúrate de portarte bien allá —le dije, dándole una palmada en el hombro. Louise se puso ligeramente colorada—. No me gustaría que, por una estupidez, tengas que pasar toda una vida en la prisión, cuando tienes la posibilidad de salir antes.
—Lo haré —dijo Louise, esbozando una sonrisa pequeña.
—Iré a verte cada vez que pueda —le aseguré, sonriendo—. Y cuando seas libre, tendremos una larga conversación sobre tu experiencia, ¿de acuerdo?
La amplia sonrisa de Louise fue toda la respuesta que necesité.
Trece años después
Trece años puede parecer mucho tiempo, pero, para mí e Historia, fue como si todo transcurriera a un ritmo acelerado. Mis constantes viajes entre Paradis e Hizuru fueron un problema al principio, pero, a medida que nuestra relación fue madurando cada vez más, nos acostumbramos, y aprovechábamos cada momento para estar con nuestros dos hijos. Armin ya había entrado en la adolescencia, y aquella fue una experiencia agria para ambas, pues teníamos que lidiar con cambios bruscos de humor y momentos en los que debíamos soportar actos de rebeldía de su parte. Había sido la experiencia más desafiante en nuestro tiempo juntas, pero al menos debíamos agradecer que solamente era Armin. Nuestra otra hija, Asa, tenía solamente ocho años, por lo que le faltaba para llegar a esa etapa de su vida. Historia había tenido que tener relaciones con otro hombre para concebir a Asa, algo que debo reconocer que me causó escozor al principio, pero no había nada que pudiese hacer realmente. Aquello formaba parte del plan de Erwin para tener la posibilidad de activar el retumbar. Todos esos detalles aparte, Historia me permitió elegir el nombre para nuestra hija, y escogí ese nombre porque siempre despertaba con una enorme sonrisa en las mañanas. Lo había escuchado en Hizuru, y uno de mis consejeros me comentó que significaba "mañana" en el idioma nativo de la nación.
En esos trece años, no había ocurrido gran cosa en el lado político, salvo un hecho que al final nos terminó beneficiando. Marley no había dado señales de querer atacar la isla, y sus aliados preferían llegar a acuerdos económicos con nosotros, en vista de lo que había ocurrido con Hizuru. Era cuestión de tiempo para que Marley también hiciera lo mismo. Honestamente, prefería eso a que tuviésemos que prepararnos para pelear nuevamente. Nadie quería repetir la historia, y yo era de la misma opinión. Sin embargo, eso hizo que hubiesen conflictos entre Marley y sus aliados, lo que condujo a una crisis política en Marley, pues se decía que el gobierno aún estaba estancado en el pasado, queriendo resolver conflictos a través de la guerra. Y, debido a que ya no estaban en posesión de ningún poder titán, Marley había perdido una gran parte de su potencial bélico, y aquel hecho ameritaba un cambio en la forma en que la nación necesitaba proceder cuando se trataba de conflictos. Al final, la crisis política culminó con la salida del antiguo gobierno, para ser reemplazado por uno que estuviese más a favor de negociaciones que de conflicto armado. Por eso decía que era cuestión de tiempo de que Marley aceptara un trato económico con la isla.
Sin embargo…
Aquel era el día que yo había temido desde que Historia decidió heredar el titán bestia. Más encima, también era el día en que mis amigos correrían la misma suerte que la reina de Paradis. Poco importaba el hecho que la noche anterior hubiéramos hecho el amor hasta decir basta. Nada me prepararía para perder a mi esposa para siempre. Claro que también me dolía que mis amigos también tuviesen que pagar con sus vidas para que otros tomaran sus lugares.
En cuando a los tecnicismos del proceso, los recuerdos de Historia habían sido cruciales para recrear el ritual de traspaso de los poderes titán. Se había construido un recinto específico para la ceremonia, y los sueros titán habían sido extraídos de manera exitosa. Historia había tenido que pasar por un suplicio a causa de eso, pues era su líquido espinal lo que se requería para transformar en titán a los nuevos portadores. Recibir varios pinchazos en la espalda fue bastante doloroso, e Historia tuvo que reposar varios días para que el dolor pasara.
—Al final, no encontramos pareja —dijeron Connie y Jean, pero no lucían ni remotamente tristes por eso—. Pero qué diablos. Lo que importa es que llevamos una buena vida. Al menos pudimos experimentar…
—Ya sé lo que van a decir —les interrumpí, sonriendo levemente—, y no me interesan los detalles. Todo lo que me importa es que están enfrentando este último desafío con la frente en alto.
—Tienes razón —admitió Jean, mirándome con una sonrisa—. Bueno, siempre va a haber alguna nueva experiencia que vivir, pero estoy contento con todo lo que me ha pasado en estos trece años. Lo que me preocupa es cómo estás tú. Estás a punto de perder a la persona más importante de tu vida. No creo que eso sea algo fácil de aceptar.
—Sabía que esto iba a pasar, pero aun así, duele mucho —dije, y mi sonrisa se esfumó de mi cara al instante.
—Nadie dijo que sería fácil —dijo Connie, mirando cómo los soldados hacían los últimos preparativos para la ceremonia—. No lo aparentamos, pero también tenemos miedo. Pero lo que estamos por hacer es necesario para que la isla mantenga su poder. Y lo mismo va para Historia.
Un soldado anunció que los preparativos ya habían concluido, y solicitaba la presencia de los portadores de los poderes titán. Vi que Marlo estaba separado del grupo. Tenía los puños crispados y miraba hacia el suelo. Era como si estuviese tratando de reunir el coraje necesario para ofrecer su vida para que otro tomara su lugar. Podía entender su reacción bastante bien. Él era el miembro de mi escuadrón que tenía más que perder, y, mirando hacia su izquierda, vi a Hitch, tomando de la mano a un niño de nueve años. Ambos tenían expresiones de temor y tristeza en sus caras. Me imaginaba que los soldados iban a impedir que ese niño fuese testigo de la ceremonia, pues involucraba mucha sangre. Hay que recordar que la única forma de heredar un poder titán es devorando a un titán cambiante siendo un titán normal. En cuanto a mí, era demasiado dolor tener que ver a mis amigos morir delante de mí, aparte de Historia. Cuando les comenté ese hecho, ellos no le dieron mucha importancia.
—No te preocupes por nosotros —dijo Jean, dando una mirada hacia el recinto donde tendría lugar la ceremonia—. Historia te necesita.
—Sí, no le des tantas vueltas —secundó Connie en su tono usual—. Ve con tu esposa.
Historia sería la última en pasar por el proceso de herencia, por lo que acudí donde ella, mientras era el turno de los demás de heredar sus poderes a los nuevos portadores. Aquellos serían mis últimos momentos con la persona más importante de mi vida. Costaba creer que había pasado tanto tiempo desde el día en que la conocí, cuando ella apenas era un adolescente frágil e inocente, que había ingresado al ejército sin su consentimiento. La Historia de ese entonces y la Historia que tenía frente a mí no podían ser más distintas.
—Tengo que darte las gracias por llegar hasta este momento —dijo Historia, y yo no entendí por qué estaba diciendo esas palabras, pero ella se explicó de inmediato—. Si no fuese por ti, no habría encontrado el valor para hacer todas las cosas que me condujeron hasta aquí, y por supuesto, no habría podido tomar la decisión que me tiene frente a este recinto.
No supe qué decir. Tenía sentimientos encontrados frente a las palabras de mi esposa. Por una parte, me sentía enormemente agradecida por haber contribuido a que Historia fuese la persona que es, pero al mismo tiempo, aquella misma contribución hizo que ella tomara la decisión que estaba a punto de poner fin a nuestra relación.
—No tienes que decir nada —continuó Historia, sonriéndome—. Todo lo que te pido es que estés conmigo cuando llegue mi fin. Quiero que seas lo último que vea antes de pierda la vida. Además… te necesito conmigo para que me des fuerzas. Lo que se viene es la prueba más difícil que he tenido que enfrentar en mi vida, y no puedo hacer esto sola.
Seguí sin decir nada, pero asentí con la cabeza, una lágrima silenciosa corriendo por mi mejilla.
—Una última cosa antes de que entremos —dijo ella, tomándome mi mejilla—. Por favor, Mikasa, no quiero que yo sea tu único amor. No quiero que sucumbas ante el dolor. Encuentra a otra persona y sé feliz. Solamente así descansaré en paz.
Honestamente, no sabía si otra persona era capaz de brindarme la misma felicidad que Historia me dio, pero pensé que aún era demasiado temprano para decirlo, así que volví a asentir con la cabeza, justo cuando un soldado apareció frente a nosotras.
—Es hora —dijo Historia con suavidad—. Toma mi mano.
Obedecí y tomé su mano. Caminamos juntas y en silencio hacia el recinto. No había público dentro de la construcción, pues no creía que heredar un titán fuese algo que necesitase ver la población. Armin se encontraba frente a nosotras. No sabía si él estaba al tanto de lo que estaba a punto de ocurrir, pero pensaba que no informarle sobre el procedimiento no sería una buena idea. De todas maneras, tenía una expresión de temor en su cara, y entendí que sí había informado de lo que estaba a punto de pasar.
—Si me hiciera el favor de ponerse aquí, su Alteza —indicó uno de los soldados presentes, e Historia se plantó en un punto específico. A continuación, Historia fue atada de manos y pies. No era que ella tratara de escapar, pero era una precaución necesaria. Ella no puso ninguna objeción, sin embargo. Cuando el soldado terminó de atarla, me acerqué a ella, con el objeto de despedirme para siempre.
—Te voy a extrañar —dije, con voz trémula—. Muchísimo.
—Eso es bueno —dijo Historia con una sonrisa—. Significa que te importo, y que siempre te voy a importar.
—Normalmente, diría que no hagas lo que estás a punto de hacer, pero sé que nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión—. Hice una pausa, limpiándome las lágrimas que brotaban de mis ojos, para luego continuar—. Así que, en lugar de eso, te diré que cumplas con tu deber, que enfrentes esta prueba con la frente en alto y que nunca te voy a olvidar.
Historia también derramó unas pocas lágrimas, pero tenía una amplia sonrisa grabada en piedra en su cara.
—Te amo, Mikasa —dijo dulcemente.
—Yo también te amo, Historia —dije suavemente, dándole un beso breve pero intenso en sus labios—. Hasta siempre.
Después de decir aquellas últimas palabras, me alejé lo suficiente para que no ser aplastada por el titán en el que se iba a convertir Armin. Hablando de eso, un soldado inyectó con el suero a Armin. Después, escuché un grito agudo pero potente, y supe que había sido Historia quien lo había proferido. Después de todo, ella poseía el titán bestia. El efecto fue inmediato. Armin se transformó en titán, y los soldados mantuvieron la distancia, esperando a que él fuese directamente hacia Historia. Y así fue.
Historia no dio ninguna muestra de miedo mientras era tomada por su propio hijo, transformado en titán. No gritó, no trató de zafarse, nada de eso. Mientras Armin se la llevaba a su boca, mi corazón aceleró sus latidos de manera dolorosa e Historia me dedicó una última mirada. Su expresión era de absoluta determinación, y ostentaba la sonrisa más hermosa que había visto en ella alguna vez. La Historia que conocí en el Cuerpo de Entrenamiento se habría quedado paralizada de miedo, y su cara exhibiría el más absoluto terror, sacudiéndose y remeciéndose, tratando de liberarse. Pero la Historia que estaba viendo en ese momento enfrentaba su destino sin miedo, sin terror.
Cuando Armin abrió la boca, temí que mi corazón se detuviera por lo rápido que latía. Historia no cambió su expresión, ni tampoco dejó de mirarme con esa sonrisa. Por eso, cuando su cuerpo desapareció en la boca de Armin, y la sangre brotó en mil direcciones, sentí que una parte muy importante de mí había muerto con ella. No dije nada. Era como si todo mi mundo estuviese concentrado en la boca de Armin, pero ya sabía en mi mente que se había acabado. Mi historia de amor se había acabado, de la peor forma posible. Por supuesto, ya sabía que ese era el destino final de nuestra relación, pero saberlo no me iba a preparar para el dolor que iba a sentir. Y no lo hizo, en absoluto.
No vi cómo Armin volvía a ser un humano. Tenía el corazón roto en mil pedazos, y no tenía la voluntad para hablar. Salí del recinto como un muerto viviente, caminando sin rumbo ni dirección, con la mirada al frente y me imagino que con una expresión de absoluta desolación. Había ocurrido al final. Lo que tanto temía, ocurrió al final.
Había perdido a Historia, la persona más importante de mi vida. Sabía que eso iba a ocurrir, sabía que ese era el destino que me esperaba. Pero saber y experimentar eran cosas distintas. Al final, la razón no pudo contra el corazón, y mis rodillas dieron contra el suelo, al igual que las palmas de mis manos. Las lágrimas comenzaron a correr libremente, y no tenía fuerzas para tratar de detenerlas. No tenía la fuerza para contener el dolor en mi corazón, y no pretendí tenerla. Ni siquiera me importó si había gente alrededor. Nada me importaba en ese momento. Fue cuando ya no pude contener el llanto. Era demasiado el tormento para poder soportarlo más tiempo.
Lloré. A cántaros. Con toda el alma. Sin resuello.
