Disclaimer

Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi de su obra Ranma 1/2. Sólo los utilizo para mi propio entretenimiento y el de los que leen. No obtengo ningún beneficio monetario por ello.


Nota muy importante

Este fic se enmarca dentro de la dinámica #rankaneday_con_MFFIYR del grupo de facebook Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma. Sí, lo sé: es un poco demente de mi parte tener dos fics diferentes para dos dinámicas diferentes en tan corto plazo. Pero es la celebración del RanKane, o sea, no podía yo estar fuera ojojojoj


Un cuento de invierno

(Ranma x Akane)

Descripción: Ranma despierta un día descubriendo que todo lo que vivió con Akane, incluso la misma Akane, no fue más que parte de un sueño. Sin embargo, sus sentimientos son tan reales, que se niega a aceptar que ella realmente no existe.

Cada vez que llegaba el invierno, llegaban también las ganas de dormir hasta tarde, tomar té caliente y no salir de la casa. Por lo mismo, no quería ir ese día a la escuela. Había entrenado tanto la tarde anterior, a pesar del frío, que creía, no, estaba seguro de que merecía un largo descanso. Al sonar el despertador, lo apagó una vez. Sonó de nuevo, volvió a apagarlo. A la tercera, lo lanzó lejos haciéndolo añicos. Qué más daba: tenía la excusa perfecta para quedarse dormido en el futuro.

Sus deseos duraron poco porque alguien muy malintencionado abrió las cortinas de par en par dejando entrar la luz del sol. Está bien, el sol no golpeaba tan fuerte en esa época del año pero, aun así, perturbaba sus dulces sueños. Se cubrió la cabeza con su futón con toda la intención de seguir durmiendo. No sería posible; alguien lo golpeó ahora en la cabeza obligándolo a despertar. Y sí, cualquiera despertaba de esa forma. Frente a él estaba Akane, furiosa. Esta escena se estaba repitiendo muy a menudo.

– ¡Ranma! ¡Levántate! Ya es muy tarde; llegaremos atrasados. Nos castigarán otra vez y tendremos que esperar fuera de la sala como casi siempre.

Ranma no asomó la cabeza. Akane podía llegar a ser muy fastidiosa cuando se lo proponía.

– Hoy no iré al colegio. Estoy muy cansado. Si no te enteraste, estuve entrenando muy duro y hasta muy tarde ayer por la tarde. Merezco un día libre y ese día es hoy: especial para quedarse en la cama con el frío que hace – dijo sin siquiera dar la cara.

Día libre. Con las notas que tenía. A Akane le parecía insólito.

– No sé por qué me preocupo por ti si no eres capaz siquiera de agradecerlo – dijo entre enojada y triste.

– Bueno, puede ser porque te gusto aunque sabes que lo nuestro no es más que obligación –. Al terminar su frase, Ranma recibió un segundo golpe, más fuerte que el anterior. Así era imposible dormir por lo que, con un salto, se puso de pie quedando frente a Akane. Al mirarla, se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas. Sólo ahí se dio cuenta de que se había pasado, una vez más. Se arrepintió de haberla tratado así pero no fue capaz de pedir disculpas. Era reconocer que lo que decía era falso y no lo era. No totalmente.

– Mira, no me importa lo que pienses de mí, de nuestra relación ni de nada ¡Sólo levántate de una vez! – gritó encolerizada, tan fuerte como pudo.

Ranma se despertó de un salto y con el corazón a punto de explotarle en el pecho. Había tenido una pesadilla. Pronto se dio cuenta de que no era tan así y su padre era el que gritaba como un orate al lado suyo. Seguramente había enloquecido, mas aun. No había otra explicación.

– ¿No puedes gritar un poco más fuerte? Así aprovechas de despertar también a todo el barrio – contestó Ranma en tono irónico.

– Estoy tratando de despertarte desde hace más o menos media hora. No sé qué pretendes ¿Faltar una vez más al colegio? Terminarás convertido en un burro. Con las notas paupérrimas que tienes.

Ranma suspiró resignado. No tenía caso discutir con su padre y comenzar el día de la peor manera. Se levantó y se preparó para ir a la escuela.

– ¿Akane aún no está lista? Siempre está protestando porque llegamos tarde, según ella, por mi culpa –. Genma lo miró extrañado. ¿Sería una amiga que él no conocía?

– ¿Quién es Akane? – le preguntó intrigado. Ranma lo miró sorprendido. ¿Era una broma?

– ¿Cómo que quién es Akane? No te pongas estúpido ahora – le contestó Ranma. Pero Genma insistía en que no conocía a nadie con ese nombre. Ranma replicaba, por su parte, que Akane era la hija de su amigo Soun, que vivían en su casa y que era su prometida. ¿Se acordaba ahora? No. Ranma no estaba bien. Parecía estar delirando. Era mejor que se quedara en casa ese día y descansara. Su hijo se negó; seguramente Akane lo estaba esperando y no quería más dramas con ella.

– Hijo: no tengo un amigo llamado Soun; nosotros hemos vivido en esta casa desde que regresamos de China y, hasta donde yo sé, no tienes ninguna prometida –. Genma sonaba tan convencido que Ranma comenzó a temer lo peor, es decir, que Soun y su padre hubiesen peleado una vez más, que ellos se marcharon de casa de los Tendo y el compromiso entre él y Akane se había roto. Su padre, experto en huir de los problemas, estaba ignorando su amistad con Soun hasta que éste diera su brazo a torcer. Pero la seguridad de Genma lo hacía dudar. Se convenció que Genma sólo bromeaba y que pronto se reencontraría con el resto de la familia.

Cuando fue a desayunar, su casa le pareció extraña: era más pequeña, de un piso, no había estanque, no estaba el árbol en frente de la habitación de Akane. Es más: no había una habitación que perteneciera a Akane. Una sensación helada le recorrió el cuerpo. Decidió marchar a la escuela, por el lugar de siempre. El día estaba más gris que nunca, era como si todo estuviera muerto, apagado. Ahí estaba el río y la cerca que por la que solía caminar. Tendría que hacerlo solo porque Akane no lo había esperado, se había ido sin él. Pero al llegar a clases, tampoco la encontró. No estaba Nabiki para preguntarle por su hermana. La ansiedad estaba aumentando en él al no tener ninguna noticia de ellas dos.

A la hora de almuerzo, se dedicó a interrogar a sus compañeros de clase, preguntando insistentemente sobre Akane o, en última instancia, sobre Nabiki. ¿Alguien las había visto? ¿Sabían algo que él no? Todos lo miraron extrañados sin entender de quiénes hablaba. Nadie sabía quiénes eran las chicas que nombraba. Ranma podía creer que no conocieran a Nabiki pero no a Akane.

– ¿Cómo que no la conocen? ¿La chica con miles de enamorados que lucha todas las mañanas contra ellos para no tener una cita con ninguno? – preguntó Ranma ya entrando en un estado de desesperación. No, nadie la conocía. Era un hecho.

Algo estaba pasando. No podía ser posible que todo el mundo se pusiera de acuerdo para engañarlo, para hacerle una broma, muy pesada por lo demás. Una extraña sensación en su pecho le decía que la historia que todos le contaban no parecía ser falsa. Apareció en él una emoción que rara vez experimenteba: miedo. Y en esta oportunidad, se iba haciendo cada vez más profundo.

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Akane no existía. Es decir, no existía más que en su mente, en su imaginación. Era increíble. Todo lo que había vivido con ella no había sido tal, nunca había sucedido. ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Cómo podía tener recuerdos tan vívidos de alguien que no existía, que nunca había existido? Comenzó a caminar hacia su casa, esa casa que no sentía como suya, que le era ajena. ¡El hogar de los Tendo era su único hogar! Sin embargo, esa casa no estaba más que en sus sueños. Soun leyendo el diario, Nabiki haciendo diversas artimañas para conseguir dinero, el aroma de la comida que preparaba Kasumi en la cocina. La comida de Akane, tan asquerosamente mala pero a la vez tan única. ¿Cómo podía haber inventado todo eso en su mente? Esas sensaciones no podían soñarse, él no podía haberlas creado.

El día era demasiado frío, como su alma en ese momento. Decidió no regresar a su casa sino dar un paseo por la ciudad, visitando los lugares en los que compartió con Akane. Ahí estaba el parque con su gran lago, las heladerías, los juegos en la plaza, el patio de la escuela, la pista de patinaje, el circo. Eran tantos sitios, tantos recuerdos, tantas cosas que vivieron juntos.

– Akane, Akane, no puedes ser un producto de mi imaginación. Fuiste tan real, lo sé – se repetía sin cesar. Probablemente su mente podía inventar cuentos para conseguir sus caprichos, ventajas con sus enamoradas, podía imaginarse derrotando a rivales todopoderosos, pero no podía crear en su mente la voz dulce de una persona, el aroma de su piel, el sonido de su risa, sus lágrimas cuando la ofendía, su mirada que siempre parecía querer indicarle algo, el calor de los pocos abrazos que le entregó, la suavidad de sus manos… Su mente estaba llena de experiencias hermosas que no eran fruto de su imaginación. Si de algo estaba seguro era de eso. Akane, su prometida, existía, estaba en alguna parte de este mundo y él iba a encontrarla aunque tuviera que dar la vuelta completa al globo, aunque la vida se le fuera en ello, aunque tuviera que recurrir a la brujería; la encontraría. Porque lo que Ranma sentía por ella no es algo que se pudiese moldear en su cabeza. Se sentía en el corazón y su corazón le decía que ella estaba en algún lado, probablemente esperando por él.

De nada sirvió que Genma lo presionara para entrenar, que lo obligara a ir a la escuela: a estas alturas, Ranma no pensaba en abrir un libro. No había pasado por la escuela en días. No sabía lo que pasaba en su clase; hasta quizás había repetido el curso. No estaba para niñerías. Sólo tenía en su mente la idea de encontrar a Akane aunque todo el mundo le dijera que ella no era parte de la realidad sino una fantasía emanada de su cabeza. Recorrió calles, tiendas, parques, circos. Pero todo se hacía cuesta arriba. Al ser ella supuestamente parte de un sueño, no tenía ni una fotografía para enseñar. Intentó dibujarla pero su talento para el dibujo era equivalente al de Akane para la cocina. Nadie reconoció a la chica a partir de su retrato. Nadie pudo darle la más mínima pista de ella.

Creyó enloquecer. O quizás sí estaba loco y soñaba, añoraba a una mujer imaginaria. Por las noches se dormía pensando en ella para llamarla con su pensamiento y que volviera a ser parte de su vida aunque fuera en sus sueños. Pero nada resultó. Con el alma rota, dejó de comer, pasaba todo el día durmiendo a la espera de que Akane viniera mientras dormía. Al ver que nada funcionaba, tuvo que comenzar a aceptar que nunca tuvo una prometida a la que quiso con toda el alma. Porque sí, la quiso como a nadie en el mundo, como se puede querer sólo una vez. Su primer amor y, probablemente el único. Nadie podría hacerlo sentir eso que despertaba Akane en él. De eso sí que estaba convencido. Aunque ella no hubiese sido real.

Se arrepintió de nunca haberla tratado con verdadero cariño. De demostrarle lo que sentía. No lo hizo por su timidez en un principio y porque temía no ser correspondido después. Era un tonto. Si su mirada le dijo tantas veces que ella también lo quería pero él nunca lo quiso creer. Era más fácil así. Y ahora, su pasada actitud lo amargaba. Si la tuviera frente a él, no temería ni un instante en decirlo. Ahora, precisamente ahora se dignaba a aceptarlo; ahora cuando ya ella no podía oír su declaración. ¡Sí, sí! ¡Sabía que todo lo que hizo o no hizo fue sólo una experiencia onírica! Pero se arrepentía de todos modos.

– ¡Eres un maldito cobarde! – se reprochó con todas las fuerzas que tenía. Se odiaba por ser tan estúpido. Doblemente estúpido: por no declararle su amor a Akane y por estar esperando a una mujer inexistente. No sabía cuál de las dos cosas era peor. Era evidente que lentamente iba enloqueciendo, por lo mismo, era mejor convencerse: Akane era sólo el fruto de su alma atormentada y solitaria.

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Ya era de noche, el cielo estaba oscuro y hacía mucho frío. ¿Por qué diablos no se iba a su casa en lugar de andar vagando sin rumbo? En parte porque estando en casa tenía que soportar las recriminaciones de su padre por vivir en las nubes, agarrado de un sueño. Las nubes comenzaron a abrir en un momento y, a través de lo poco que podía ver del cielo, Ranma logró divisar una estrella fugaz. Se dice que este tipo de estrellas concede un deseo a quien la ve y se lo pide. Podría intentarlo.

– Estrella fugaz: si realmente puedes conceder deseos te pido que si Akane es real, la traigas junto a mí. Y si no lo es, saca este dolor, esta melancolía de mi corazón. Convénceme de que ella no existe y, por lo tanto, nunca estará a mi lado.

¡Qué ridículo! Con esto afirmaba su demencia. Ahora le pedía a las estrellas que cumplieran las imbecilidades que pasaban por su mente desquiciada. Se puso de pie, ya cansado de tanta payasada y se dispuso a partir. No había nada más que hacer sino olvidarse de su sueño y la vida que supuestamente tuvo en él. En ese momento, empezó a caer la nieve. Genial. Había amenazado con caer desde hace varios días pero tenía que hacerlo justo en ese momento, era como coronar su derrota. Resignado se dirigió a su casa. Una buena taza de té y algo de comer lo harían sentirse mejor. Con eso se iría el frío. De su cuerpo, mas no de su corazón.

De pronto, unas risas llegaron desde lo lejos. ¿Quién podía estar feliz con ese ambiente gélido? La curiosidad terminó por vencerlo y se acercó a mirar. Allá, a lo lejos, una chica disfrutaba de la nieve junto a un perro que parecía un lobo. Ambos parecían estar danzando mientras jugueteaban sobre la nieve caída. Su risa era tan dulce, sus movimientos tan graciosos. ¿Quién sería? El enorme abrigo que llevaba no permitía apreciarla bien y, por lo mismo, se acercó un poco más. Y luego más. Para no interrumpir su danza, se ubicó tras un árbol. Desde ahí los observó. Al sentir su presencia, el perro ladró. ¡Maldita sea! No quería que lo vieran. La chica miró en su dirección.

– Tú también lo sentiste, ¿verdad Okami? – preguntó. Ranma reconoció de inmediato su voz. Cuando la muchacha notó que alguien podía estar cerca de ahí, tomó un poco de nieve, la hizo una bola y la lanzó a quien fuera que la estaba espiando. Ranma sonrió: eso corroboraba todo.

Era ella. Sí, la chica de sus sueños. Era Akane quien, ajena a todo lo que la rodeaba, disfrutaba de la nieve como si fuera la mejor de las entretenciones junto a su perrito. Al ver que nadie apareció, la muchacha volvió a su juego danzante con el perro ¿Y si era un sueño? ¿Y si una vez más su imagen venía desde un rincón de su mente que sólo quería traerla a su lado de alguna forma? Había una sola forma de averiguarlo. Tratando de hacer el menor ruido posible, se acercó por su espalda y la abrazó. Inmediatamente sintió el aroma de sus cabellos, la suavidad de sus manos que intentaban soltarse y nuevamente su voz… su melodiosa voz. Repentinamente, el frío había desaparecido, la oscuridad de la noche no era más.

– Suéltame – dijo ella con voz temerosa.

– No, por favor. Déjame quedarme contigo, aunque sea un momento – rogó el muchacho.

La resistencia de Akane se hizo menos intensa. La voz de Ranma le había producido una sensación infinita de nostalgia y, a la vez, de tranquilidad Se sintió segura, sin saber por qué si era la primera vez que creía verlo.

– No te conozco… ¿Quién eres? ¿Por qué estás aquí? – siguió insistiendo ella.

– No importa quien soy; sólo importa que quiero estar ahora contigo – fue la respuesta de Ranma quien, habiendo dicho esto, la giró para mirarla a los ojos. Podía notar en ellos un brillo especial. Sí, ella también lo estaba esperando.

– ¿Qué quieres de mí? – volvió a preguntar Akane, sin rastro de miedo en su voz.

– Que no te alejes. Que te quedes aquí, conmigo – dijo él mientras volvía a abrazarla. Akane sintió su aroma, ese aroma por ella siempre añorado pero que nunca supo de donde provenía. Que sólo creía haberlo imaginado. O soñado. Correspondió finalmente a su abrazo.

– Me quedaré contigo – fue la simple respuesta.

Entonces, y creyendo que todo lo que estaba viviendo podía ser parte de un sueño y, como tal, que pudiese acabar tan pronto como despertara, decidió que esta vez sería la vez. Ya no perdería su oportunidad. Tomando el rostro de la muchacha lo acercó a él y la besó. Timidamente primero, más apasionadamente después. Akane estaba sorprendida. Eran muchas emociones para tan poco tiempo.

– Y eso ¿qué fue? ¿ Algo así como una declaración de amor?

Ranma sonrió y volvió a besarla. A esas alturas, ambos estaban completamente cubiertos de nieve.

– Tomaré eso como un sí – remató ella, sonriendo dulcemente.

Si eso era un sueño, entonces Ranma no quería despertar jamás.


1)Se aceptan todos los comentarios y críticas que sean hechas con respeto. Comentarios ofensivos serán ignorados. Muchas gracias.

2) El fic anterior era triste, ahora va uno con final feliz. Dejo al arbitrio de ustedes el decidir cuál de los dos sueños de Ranma fue verdaderamente un sueño.

3) Debo un fic: perdón a la persona que se lo adeudo. Ya viene, ya viene.

4) No tengo más que decir.

5) Odio el número 4, por eso, las aclaraciones no podían ser 4. Chao :)