Capítulo 13: Entrevistas parte dos: actuación.


Cuando Arcana, presidenta de Panem, le había confiado el control del vasallaje, tras el suicido de la antigua vigilante jefa, Tiana, Synnen se juró a sí mismo hacer todo lo posible por llevar los juegos a buen término. Conseguir un espectáculo inolvidable y así captar toda la atención. Era la mejor manera de asegurarse que, pasase lo que pasase, su puesto nunca estaría en juego.

Blake no mentía al hablar de tiempos de cambio. La tensión camuflada de las altas esferas del Capitolio había crecido bastante desde el año pasado. Los ciudadanos extremistas criticaban a Arcana por abandonar los castigos duros (en su mayor parte, torturas o ejecuciones) y apostar por una corriente más diplomática. Los jóvenes se dividían entre los que criticaban abiertamente el pensamiento «rígido» y «cuadriculado» de los dirigentes y aquellos que preferían desligarse de todo. Y después estaban los hombres como Coriolanus, quienes se aprovechaban de los conflictos para introducir sus ideas en las mentes de los habitantes de la capital. Generalmente, en personas influyentes, como vigilantes, militares, actores y demás personalidades importantes de la nación, pero también varios ciudadanos de pie que acudieron a sus discursos. Él, incluso, lo escuchó hablar con vencedores, en busca de apoyos para su "futuro mandato".

Como amigo cercano de la presidenta, esa situación no le era ajena, todo lo contrario. El mismo había estado presente durante un debate, (organizado en un intento de limar asperezas con sus competidores y principales críticos), en él que la mujer había llegado hasta desafiar al hombre que si creía que podía hacerlo mejor que ella lo probase. Aludiendo a que no dejaría la dirección de Panem en manos de cualquier inepto. Aún y cuando ese hombre distaba mucho de serlo.

Era por eso que la edición de este año era tan importante, si cualquier cosa sucedía, los equipos y entidades frágiles caerían primero y Synnen no quería darle motivos a Snow o cualquiera de desmantelar los juegos y su sistema de control.

Le había costado organizar los juegos a su gusto. El suicidio de Tiana había traído algunas consecuencias indeseadas, y una de ellas, la renuncia del antiguo diseñador de Arenas: Clark Mas'ud, le causó problemas debido a que deseaba usar parte de su diseño incompleto en la arena y este no estaba dispuesto a cederle sus ideas, fácilmente. Quería hacer parte del proyecto, de modo que Synnen tuvo que reunirse con él y la nueva diseñadora de arenas para discutir cada detalle del escenario del vasallaje.

No le ofreció ser diseñador por obvias razones, Clark se había quedado ciego debido a un incidente que le costó la vida a su mujer, pero logró incrustarlo en otro puesto; cuyas tareas incluían la supervisión de que todo estuviera puesto a punto para los juegos. Hecho del que recientemente recibió confirmación, aunque no le habían faltado los comentarios sobre si «estaba seguro de lo que hacía», en referente a una de sus últimas disposiciones. Lo estaba, otra cosa es que funcionara, pero ya se encargaría él de lidiar con quién le reclamara si no era así.

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La chica del distrito seis, Nina, también parecía estar reclamando, aunque en su caso no era al Capitolio, sino a su distrito por votarla. Según sabía, ella era hija del dueño de una empresa exitosa y de renombre, pero cuya fortuna se debía principalmente a actividades ilícitas, como el tráfico de drogas. La muchacha no ignoraba el hecho, simplemente no le importaba porque la empresa familiar «no era su problema». Y quería dedicarse a otra cosa. Aunque sí que tenía algo que decir a quiénes la habían votado.

—Quiero dejar en claro que yo no soy mi padre y no es justo que se me juzgue según sus actos. Tampoco pretendo hacer como si nunca hubiera roto un plato, pero sí que me gustaría que quiénes presenciarán mis aventuras en la arena, intenten conocerme por lo que soy. Mi padre no es quién irá a la arena, yo sí. Y para ganar necesito que aparten sus prejuicios y piensen en mí. En lo que quiero ser. Y me apoyen, en consecuencia.

Su discurso, bastante cuidado para alguien como ella, que pecaba de caprichosa y narcisista, sacó bastantes aplausos del público. La chica era bastante bonita y sabía sacarse partido, razón por la cual se había granjeado patrocinadores. Todo lo contrario a su compañero de distrito, cuya edad y escasas capacidades jugaban en contra. El chico era un niño bueno, cuyo padre hacía lo posible por mantenerlo al margen de su trabajo; lo que le había conferido una personalidad dulce e ingenua. Blake y él comenzaron con una conversación tranquila y banal sobre el Capitolio y los detalles que más había apreciado de este. También sobre su vida y hobbies. Pero no pudo sonsacarle nada sobre su elección.

—Mi padre solo me dijo que hizo cosas muy malas para llegar a donde está y que no le gustaría que las repitiera. —Dijo entonces —. Pero yo me pregunto: ¿cómo se supone que voy a ganar si no? Quiero luchar, no sé si servirá de algo, pero quiero hacerlo. Yo… Solo quiero volver a casa.

Synnen soltó un bufido, nada más escucharlo sollozar, definitivamente la autocompasión no era la suyo y no soportaba los tributos que exhibían sus penas para conseguir apoyo. Clark, por su parte, río para sus adentros.

—Bueno, debes reconocer que, penoso o no, es una técnica que nos favorece. —Le comentó. —Recuerda que su distrito fue el que lo puso en esta situación, no nosotros. —Asintió, silenciosamente, a regañadientes. —Veamos qué mentira utilizará Lauren ahora.

Tuvo que sofocar una risa leve, mientras la chica del distrito siete se levantaba, fingiendo ponerse nerviosa por los gritos del público, para luego saludarlos con un gesto de mano y una sonrisa dulce que denotaba ternura. Lo cual provocó más gritos emocionados. Al igual que en la fiesta y otras ocasiones, en que la había visto, el más mínimo de sus gestos parecía haber sido cuidado al milímetro para llamar la atención, de buena forma. Cuando, tras agradecer con falsa modestia los cumplidos del presentador, ella se sentó, el verdadero juego comenzó:

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Las pocas dudas que podía tener Lauren ante su entrevista se desvanecieron nada más ver la dulzura con la que Blake consolaba al niño del distrito seis y le remontaba el ánimo tras aquel estallido. El chico había regresado a su sitio con una sonrisa de oreja a oreja y la certeza de apoyo, a pesar de su edad. Conseguir atención parecía más sencillo de lo que nunca se hubiese imaginado.

—Está claro que tienes muchos fans entre el público. —Constató el presentador y ella asintió con una sonrisa suave. La humildad no iba con ella, pero se trataba de encontrar una actitud que encajase con su enfoque, no al revés. —Dime, Lauren, ¿qué se siente estar entre las concursantes más populares de estos juegos?

—Se siente… —simuló una pausa corta, antes de decir: — impresionante, supongo. Me emociona mucho el apoyo que he recibido tras todo lo que ha pasado. Cuando salí elegida me sentí shockeada. Mi padre es un héroe, ¿saben? Participó en los octavos juegos del hambre y fue aliado de Yago hasta su muerte. Me cuesta creer que el distrito, mi propia gente, me mande al mismo lugar en donde él falleció. Así que saber de vuestro apoyo me hace sentir dichosa y esperanzada.

El público no dudó en aplaudir con entusiasmo, lo cual la hizo sentir satisfecha consigo misma. El presentador tardó unos segundos en poder hablar de nuevo.

—¡Vaya! Eso ha sido muy bonito. —La halagó, entonces. —Recuerdo a tu padre, era bastante fuerte mentalmente, considerando la situación por la que estaba pasando. —Lauren tuvo que contenerse para no estropear su imagen. Según su mentor, las entrevistas eran muy recientes por aquel entonces, así que Blake había estado hiriente con la mayor parte de los tributos de los juegos durante varios años. Pero no ganaba nada recordándoselo. —Creo que hablo por todos, al decir que de vivir se sentiría muy orgulloso de ti. —Ella recuperó la sonrisa y murmuró un gracias que sonó apenas audible. —Y dime Lauren, además de tus padres, ¿tienes alguien más que te importe en el distrito? ¿Algún novio, tal vez?

Lauren asintió rápidamente a las dos preguntas, aunque su rostro mostró una ligera vacilación. Finalmente dijo, fingiendo sentirse un poco cohibida.

—La verdad, no sabría si llamarlo novio, ya que llevamos poco saliendo y hemos tenido algunas discusiones. Pero Hidden es la persona más importante para mí. —Explicó, sintiendo emoción genuina al hablar de él. Lo que estaba diciendo era una mentira a medias, puesto que, en efecto, habían tenido un "desacuerdo" (según ella, porque él lo veía más grave) y él la estaba evitando. Pero no habían cortado.

»—Cuando nos conocimos estaba saliendo con una chica muy popular y exitosa. Pero nuestra relación la dañó profundamente. No me siento orgullosa de lo que hice, para conseguirlo, pero no sería capaz de renunciar a él. Así que, Ashley, tanto si has tenido que ver con mi votación, como si no, espero que algún día sepas perdonarme, tal y como yo estoy dispuesta a perdonar a mi distrito, si regreso. —Aquello último sí que era una mentira y de las grandes, había difamado a la chica hasta lograr que tanto su novio, como sus amigos más cercanos se alejasen de ella. Y luego había vuelto a su actuación perfecta, prefiriendo enterrar los hechos, en vez de afrontarlos con cabeza.

Tampoco estaba segura de poder perdonar a su distrito, si regresaba con vida, pero el público había vuelto a gritar y aplaudir. Y eso era lo que importaba.

Era difícil pensar mal de Lauren, tras oírla hablar allí arriba. Aunque, bueno, por lo general, resultaba complicado ver a su compañera de distrito como la villana, en cualquier situación. Debido a que se había apartado temprano de ella, nada más averiguar que el hombre que les había presentado no era su padre, Jules no era tan cercano a Lauren como otros compañeros; que sí la habían votado. Tampoco era que le importase demasiado serlo, dado que estaban en el mismo lugar. Sin embargo, la historia de Ashley resultaba reveladora. ¿Si Lauren había mentido sobre ella, sobre qué otra cosa más lo había hecho? Escuchó cada palabra que la chica dijo, en la entrevista, sin conseguir alguna respuesta. Por otra parte, ¿por qué le importaba tanto?

Podría desacreditarla, sí, pero, al final, el único perjudicado sería él mismo, ya que demostraría ser tan poco interesante que necesitaba poner en evidencia a alguien para resaltar. Y no quería dar esa imagen a los espectadores.

—Pareces bastante ido, Jules, ¿qué ocupa tu mente? —La pregunta de Blake le hizo regresar a la realidad, donde Lauren había terminado para darle paso a él, quién estaba tan inmerso que ni siquiera advirtió que estaba en su propia entrevista. Él compuso una breve sonrisa y decidió ser sincero.

—Las máscaras. Esas caras falsas que todos nos ponemos, alguna vez, para ocultar quiénes somos. Mi compañera de distrito podría tener una en estos momentos. —Vio que Lauren se ponía nerviosa, pero decidió no delatarla y seguir: —También tú, Blake. Y yo… —Hizo una pausa, dándose el tiempo de ordenar su tren de pensamiento. En verdad, no tenía ninguna estrategia, pero necesitaba seguir hablando.

»—Lo hice durante todo el tiempo, mientras estuve en mi distrito. Fingir que era el mejor, que todo lo podía. Cuando, en realidad, lo único que tengo es un padre rico y bien posicionado que me consigue lo que quiero. Es algo que advertí nada más verme cosechado. Que ni mi padre, ni nadie, puede sacarme de la arena, aparte de yo mismo. Y voy a luchar para que eso ocurra. Pero no puedo hacerlo solo. Necesito vuestro apoyo.

El público, que hasta ahora le había observado, confundido, soltó un grito de entusiasmo. Aunque, este no fue, ni de lejos, tan coreado como con su compañera. Blake disimuló un suspiro de alivio y siguió con la entrevista. Todo estaba yendo bien.

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Todo va bien. Era lo que se repetía constantemente Molly, desde el inicio de las entrevistas. Su mentor había tenido problemas para prepararla, debido a que todavía guardaba mucha rabia interior, por su situación. Admitía que confiar exclusivamente en Lauren para captar patrocinios no era adecuado, ya que podría morir, antes que ella. Pero tampoco confiaba en sí misma para conseguir apoyos, era joven y estaba enferma. Lo único que tenía para sostenerse eran las consignas motivadoras de su escolta. Confía en ti misma, todo irá bien. Puedes conseguirlo. Se lo repetía constantemente hasta que el presentador la llamó, para subir al escenario. El momento había llegado.

—Antes que nada, permíteme decir que sentimos mucho tu situación. —El presentador inició la entrevista con una frase tan sencilla, como hipócrita. En tiempo normal, Blake nunca diría algo como eso, pero tras escucharlo tratar con tributos como los chicos de los distritos tres y seis, a Molly ya no le sorprendía.

—Gracias. —Pronunció, guardándose sus reproches. Todavía estaba enfadada con su distrito, no solo por su actitud, sino también, él no poder hablar con franqueza. Decir todo lo que pensaba, pero ella, más que nadie, necesitaba el apoyo de los patrocinadores. El presentador siguió hablando:

—Todos nos hemos visto sorprendidos por tu arrebato en la cosecha: «hipócritas desalmados». Esas fueron tus palabras y nos intrigan ¿Nos puedes decir más sobre eso?

—Yo… —vaciló, intentando pensar, quería parecer lo más inocente posible, pero no sabía si lo lograría. —No lo sé, en verdad. Supongo que me dejé llevar. —expresó. —Supe desde hace un tiempo que tengo una enfermedad, que no me permite vivir una vida normal. Mi médico lo descubrió recién, al igual que su tratamiento, el cual recibía desde el Capitolio. Pero, entonces, la gente… —Se tapó la boca, simulando estar avergonzada, aunque en realidad, su expresión parecía más bien la de alguien a punto de vomitar. El presentador le sostuvo la mano. —Lo siento, se supone que no debería hablar de eso...

—No te preocupes, estás entre amigos. —Pretendió tranquilizarla, el presentador, todavía tratándola con dulzura. Molly repelió el asco que le producía en estos momentos y dijo:

—Muchas gracias. —Intentó sonreír, pero no le salió. —Yo… Está bien. —se rindió. —No hace mucho mi padre murió, dejando a mi madre destrozada. Así que cuando supo lo que me pasaba sufrió mucho. —Explicó, pestañeando para espantar las lágrimas. —Nuestro médico la consoló y ahora tienen una relación. Es por eso que hizo lo posible para conseguirme medicinas. Él siempre ha intentado ayudar a la gente, pero no siempre puede. Al principio, la gente del distrito se lo tomaba bien, pero cuando supieron de mi condición, empezaron a hablar mal de mí. De nosotras. —Confesó, dejando que la rabia ganase terreno. Lo que estaba contando era una mentira a medias. Pues, si bien el médico y su madre sentían algo el uno por otro; aquello no anulaba el doble trato que ambos habían establecido, debido a que a ella no le parecía justo que le diesen medicinas, a cambio de nada. —Nos llamaron egoístas por no ayudarles. Y supongo que tienen razón, pero no puedo entenderlo. Yo también sufro. No solo por mi mal, sino porque estoy aquí. Nadie, repito, nadie, merece morir por una situación que no puede controlar ¡No estamos haciendo daño a nadie! —Gritó. —Tampoco es culpa nuestra que las personas no puedan curarse de sus males. Sé que es injusto, pero yo… —Inspiró hondo, antes de seguir, el presentador la observaba, nervioso. Los tributos que exponían los problemas de sus distritos solían traer problemas. Pero Molly semejaba más en cólera que rebelde. —Dudo mucho que odiarme sea la solución. Eso es todo.

El pitido marcó el fin de su discurso, dejando unos cuantos aplausos tras de sí. Ella se levantó e hizo una reverencia rápida, en un intento de disimular el gesto de limpiarse las lágrimas con el brazo. Quería hablar de más cosas, pero no podía. No quería perjudicar a su distrito. Y menos a sí misma.

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Indignación. Zeyra casi había identificado el sentimiento que se reflejaba en el rostro de su aliada del distrito ocho. Indignación, ira, dolor, el repertorio era amplio. Sin embargo, todavía le faltaba algo: actuación.

Era la clave que había visto triunfar en las mejores entrevistas, aquella que le fallaba. Más, después de ver a Molly en acción, estaba comenzando a darle el beneficio de la duda a su mentora.

El chico del distrito ocho no mostró apenas nada relevante, a pesar de las expectativas del público. Era el único varón de una familia de tres, compuesta por su madre, hermana y él mismo. El padre los abandonó poco después de nacer él. Y, en referente, a su elección, tampoco tenía respuesta, aunque Zeyra sospechaba de que Molly sí. Su aliada era todo menos una buena mentirosa, al contrario de Lauren, y estaba segura de que las palabras de su cosecha eran algo más que fortuitas.

La pregunta era, ¿qué escondía su distrito para que ninguno de ellos quisiese hablar? Su padre, seguramente, se divertiría a encontrar la respuesta.

Ella, por su parte, prefería centrarse en otro tipo de asuntos, como, por ejemplo, la diferencia de su atuendo del desfile, con el vestido negro, con falda amarilla, que portaba ahora. Su estilista le había explicado la inspiración, al igual que el del desfile y, a decir verdad, resultaba bastante original.

—Durante las cosechas de estos juegos hemos visto reacciones de todo tipo: Tristeza, miedo, enfado, alegría, incluso. Pero ninguna como la de esta tributo, ¡señores y señoras, Zeyra Grain!

El aplauso, más protocolario, que real, del público, se hizo más intenso a medida que Zeyra avanzaba hacia el escenario. Sus movimientos, en apariencia inofensivos, lograban que el público atisbara unos finos destellos en sus brazos, similar al de unas medias de red, aunque con un diseño diferente. Al presentador le llamó la atención, enseguida, pero el público no semejaba tan impresionado.

—Interesante efecto, el de tus brazos, ¿puedo tocarlo?—Comenzó, tendiendo la mano, sin ni siquiera esperar confirmación. La chica se tensó al instante, todavía incapaz de tolerar que la tocasen demasiado. —Me recuerda a algo, pero, no sé el qué. —Justo en ese momento, Zeyra le agarró la muñeca de forma brusca.

—Es una tela de araña. —contestó secamente, sorprendiendo al presentador. —Mi estilista basó todo el atuendo en una araña, por su astucia e ingenio al atrapar e inmovilizar a sus presas. Al parecer es una característica que compartimos. —Soltó a Blake, quién se frotó el brazo, algo incómodo, para luego simular una risa suave.

—¡Desde luego reflejos no te faltan! —La alagó. —Estoy comenzando a comprender tu falta de miedo en la cosecha. Sin embargo, sigo intrigado, una chica común, de buena familia y sin aparentes habilidades, saca un ocho ¿Cómo es eso posible? ¿Qué se esconde tras ese rostro sereno con el que nos deleitas?—Ella se encogió de hombros.

—Determinación, más que nada. —Respondió. —Soy una chica que se enfoca en los objetivos, antes que en los sentimientos. No muestro miedo por qué no lo tengo. Mi padre trabajaba directamente con el Capitolio, para un empleo que le supuso muchos enemigos. Así que sabía que iba a salir elegida. Me preparé a conciencia para esa eventualidad y puedo decir que soy bastante optimista al respecto. —Aquella era la mejor forma de decir que entrenaba, sin decir que lo hacía. Nunca le habían importado demasiado las normas, pero había una diferencia entre infringirlas, en discreción, y alardear de ello. Y no le convenía hacer lo segundo.

—En resumen, te ves capacitada para ganar. —Adivinó el presentador y ella asintió. —¿Por qué?

—Sé cómo funcionan los juegos. Cuál es el objetivo principal y cómo conseguirlo. Tal vez no sea mucho, comparado con las habilidades de los demás contrincantes. Pero, tu mismo lo dijiste, Blake, no soy una chica ordinaria. Mi nota no se debió a la suerte, ni nada por el estilo. Si no a que tengo una idea de cómo vencer y estoy decidida a hacer lo necesario para lograrlo. Para subsistir… —Hizo una pausa, el público no parecía quitarle ojo, atrapados por su confianza y coraje. —Independientemente de lo que me cueste.

El grito que sucedió esa afirmación hizo que un sentimiento nuevo la poblara, alegría, o, quizás, satisfacción. Todavía no lo ubicaba bien, pero las comisuras de sus labios se elevaron. El público no estaba tan emocionado, como con Lauren o Drake, (quién la observaba de una forma que ella no terminaba de comprender), pero la estaba apoyando y eso era un buen inicio. La hacía sentir bien…

Segura de que podría conseguir todo lo que se propusiera.


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Uff! Lo logré. Me ha costado mucho sacar estas entrevistas y, la verdad, no sé si seguiré con las que me faltan. No me quedan muchas historias qué contar. Tenemos más personajes de Amar Implica Destruir, como Tiana y Clark. No profundizaré mucho sobre el syot y lo que pasó, porque no es tema, pero para quienes no leyeron, ella es una persona "fragil" y trastornada que, simplemente, no pudo soportar que el objeto de su amor, Clark, la rechazara, después de haber trabajado tanto en la edición para satisfacer sus expectativas. Durante esa edición, hablé de Snow y cómo sus críticas estaban comenzando a influir en la sociedad capitolina, pero no lo traté demasiado, porque no era la trama principal, sino parte del contexto. Aquí pasa igual, la situación ha escalado, hay mucha presión externa y eso influye en el actuar de la cúpula central de los juegos. De todos modos, mi intención es contar los juegos, no los entresijos políticos, de ahí que la situación tampoco cambiara mucho con respecto al syot. No me interesa contar el ascenso de Snow al poder solo los juegos del vasallaje. Y para saber del presidente de Panem, ya tenemos Balada de pájaros cantores y serpientes. Espero que os haya gustado el capítulo y ¡nos leemos! :D