14

InuYasha se había tomado las cosas con un ánimo distinto el día lunes. Incluso había estado reunido con sus amigos luego de conversar con Kagome y con sus padres, quienes le animaron a enfrentar lo que tuviera que venir y porque por fin ese día salía librado del matrimonio que nunca pudo ser.

No quería volver a saber de bodas quizás nunca más en la vida.

Del registro civil salió con sus documentos de identidad nuevamente en regla y volvía a estar oficialmente soltero. De alguna forma aquello le daba más tranquilidad y aunque aquella llamada podría significar algo malo en toda regla, parecía que hasta lo había ayudado a dar por terminada, al menos por parte de ella, toda esa mierda que habían vivido. Lo que le restaba era volver al trabajo y prepararse porque ese día tenía una cena con Kagome, la había invitado para celebrar que por fin todo había salido bien y quería llegar temprano para estar listo.

Arrancó su auto y manejó por las despejadas calles de Shibuya mientras, por primera vez en mucho tiempo, ponía música y la escuchaba a alto volumen. El altavoz le avisó que alguien lo estaba llamando, así que activó el botón para responder.

¿Cómo va todo? —Sonrió al escuchar esa voz tan conocida.

—Todo salió bien, acabo de terminar todos los trámites —le informó sin quitar la vista de la carretera—. ¿Y tú?

La oyó suspirar y tratar de esconder una risa que le hizo pensar que alguna travesura había hecho.

Bueno, los casi esposos y yo hemos invadido tu espacio y…

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»… preparamos lasaña para felicitarte por tus logros —Sango y Miroku empezaron a negar y mirarla con los ojos entrecerrados luego de, con tanto cinismo, haberlos llamado «casi esposos». La azabache les hizo una mueca de burla y volvió a la llamada—. Para que vengas a almorzar con nosotros.

Oh —le dijo y supo que había sido grato. A InuYasha le encantaba la lasaña—. Claro, estoy yendo, ¿quieres que lleve algo?

Kagome se quedó pensando un momento, según ella, ya tenía todo listo.

Mmmm, tal vez postre —rio—, no tienes nada en el refrigerador —asintió luego de la confirmación de Taishō y cerró.

Tomó aire antes de que estallara el bullying que se le venía encima.

—¡Uh, mira, Sango, ya se tratan como espositos! —Puso los ojos en blanco y se tragó la carcajada cuando Miroku intervino.

—No, eso no es lo peor, ¡le tiene su comida favorita lista para felicitarlo! —Secundó la abogada con un tono de voz ridículo de esos que usas cuando le hablas a tu bebé.

La azabache empezó a negar con la cabeza y cerró los ojos. Se lo merecía, se lo merecía. Y quién la había mandado a ella a contarles a los dos que InuYasha le gustaba más de lo que era legalmente posible.

—Pues ustedes deberían aprender, par de tórtolos, que hasta su familia se conoce y los bebés todavía no deciden si quieren o no vivir juntos —le devolvió con el mismo tono y soltó una carcajada llena de maldad.

Miroku tampoco pudo evitar reír.

—Ese fue un golpe bajo, wedding planner —le apuntó Sango con el dedo índice, jugando también su carta al usar el apodo que InuYasha le tenía.

—Podríamos seguir todo el día, «Sanguito de mi corazón» —la azabache hizo comillas con los dedos, nadie podía aguantar la risa.

—¡Hey, hey, hey, sin exponernos! —Takeda trató de ponerse serio, pero fue imposible, las carcajadas simplemente salieron.

—¡Tocó atacarse, tocatraseros!

—¡Kagome! —Para ese momento, la pareja estaba roja hasta la médula. Esa no se la esperaban.

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—Muchas gracias —le dijo a la joven mientras agarraba el vaso con jugo de naranja. Tomar un poco de aire en ese espacio tan amplio y con buena vista siempre era placentero. Jamás se cansaría de decir que la mejor parte de esa casa era aquel ante patio tan precioso; ahí había acunado mil veces a su hijo, había leído libros, recibido los besos de su esposo… Ese era el lugar más lindo que conocía—. InuYasha llamó, dice que acaba de salir del registro civil y quedó todo listo, el matrimonio con Kagura fue anulado completamente. Va a almorzar a su departamento, Kagome le ha preparado lasaña y lo espera junto a Miroku y su novia Sango —le informó con tranquilidad y un regocijo antes desconocido para ella desde que todo eso había comenzado, le invadió el pecho.

Tōga asintió, también embelesado con las vistas y alegre por la noticia. Bebió del jugo helado y suspiró.

—Ahora que estará libre por fin, espero que ya se haya dado cuenta y pronto nos diga que está saliendo con esta muchacha —se estiró para dejar el vaso sobre la mesita redonda a su lado.

Izayoi rio, asintiendo.

—Cuando nos diga que siente algo por Kagome nos hacemos los sorprendidos, ¿sí?

—Es que es el único que no se da cuenta —negó Taishō y después volvió por su jugo, pero para hacer un brindis con su mujer.

Continuaron con su momento de relajación un buen rato. Habían cerrado los ojos, concentrados en las sensaciones que el cantar de los pájaros transmitía. Tōga fue el primero en abrir los ojos cuando escuchó pasos, eran pasos fuertes y conocidos para él; pronto Izayoi también estuvo alerta. Ambos se pusieron de pie y giraron hacia la sala para ver frente a ellos a alguien de quien ni siquiera pensaron volver saber.

—Hola —los saludó con su voz que parecía imperturbable, pero ahora estaba más apagada que de lo normal.

—Sesshōmaru…

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Lo malo de que InuYasha no se hubiera enterado de los sentimientos de Kagome —quien solía reducirlos a «me gusta» y nunca un «estoy enamorada de él», lo cual parecía obvio ante cualquier ojo humano—, era que no habían podido contarle la fiesta de burlas que se habían hecho después de la llamada, un versus entre parejas, esas cosas que compartían los mejores amigos cuando en pares se habían hecho novios.

—Oye, Miroku, ¿seguro que haber perdido la mañana no te traerá problemas? —Le inquirió mientras recogían los platos de la mesa.

—Por décima vez, Taishō —se detuvo un momento para imprimir énfasis a su mensaje—: no, pero tengo que volver después del almuerzo para dejar terminados unos pendientes, el día de hoy era casi libre, he estado trabajando mucho antes.

—De acuerdo —de todas maneras apreciaba que hubiera hecho un espacio para almorzar con él ese día.

Taishō volvió la vista hacia la azabache que volvía de la cocina por más platos, se suponía que Miroku y Sango iban a lavar la loza.

—¿Les gustó la comida? —Inquirió en general, pero Miroku sabía perfectamente que la pregunta iba más que todo para InuYasha.

—Deliciosa —fue el primero en responder y de inmediato salió de la estancia, haciendo evidente que quería dejarlos solos.

—Gracias, estuvo muy bueno todo, tienes un don para esto, eh —le dijo con una sonrisa y ella le respondió igual.

Sin darse cuenta se quedaron unos segundos en silencio, completamente dispersos observando la cara del otro, no eran pensamientos concretos, simplemente era un impulso que ninguno de los dos pudo evitar a pesar de ser conscientes de que podía resultar raro. Luego de un tiempo, soltaron una risa porque empezaron a verse graciosos.

A veces hacían esas cosas, era todo muy random.

Volvieron la atención a la puerta cuando el timbre sonó.

—¿Esperas a alguien? —Inquirió Kagome con interés, ya que no era su casa.

InuYasha negó y le hizo un gesto para que esperara, de todas maneras, ella no pudo evitar asomarse un poco detrás de él hasta comprobar que fuera alguien que tal vez ella también conocía o lo que fuera, más bien fue un instinto que tuvo. Taishō abrió la puerta y lo primero que vio al frente fue a su medio hermano mayor al que por meses había querido golpear en la cara.

Kagome abrió los ojos tanto como pudo, la impresión era alucinante.

—¡¿Q-qué demonios estás haciendo aquí, Sesshōmaru maldito?! —Tuvo tantas ganas de encajarle un golpe en la nariz que fue difícil contenerse. El aludido lo miraba con esos ojos débiles y apagados, en vez de ofendidos o burlescos como solían ser cada vez que se portaba como un imbécil.

Los chicos corrieron ante el grito que InuYasha había dado, encontrándose con quien menos esperaron y desearon.

—Sesshōmaru… —Miroku no pudo evitar decir. No se lo esperaba ni en mil años.

El aludido miró a todos fugazmente y en su mente escaneó el panorama: supuso que estaban en parejas, su medio hermano había encontrado una especie de grupo de apoyo después del fracaso de su matrimonio y también un reemplazo por Kagura, al parecer.

—¡¿Quién carajo te dio mi dirección?! Porque no creo que hayan sido mis padres —continuó vociferando.

Las chicas se miraron entre ellas, asustadas, ya habían notado un detalle en el mayor de los hermanos que les decía que algo no andaba bien.

»¡Habla, imbécil! ¡¿Cómo te atreves a venir a este lugar después de la mierda que me hiciste?! —No podía creer que después de haber sentido tanta paz, nuevamente se sintiera casi como el primer día, el solo verlo ahí parado lo estaba enfermando.

—Calma, InuYasha —Higurashi trató de aplacar su ira, pero esa vez fue imposible. Ya era demasiado que por respeto a ella no se lanzaba a darse de golpes con el idiota ese.

—No, Kagome, no puedo calmarme cuando este maldito no tiene la descendencia de-

—Kagura ha muerto —habló por encima de él, fue una sola voz que dejó a todos callados.

InuYasha se quedó ahí, todo el mundo pareció irse destruyendo, no procesó la información. Kagome se llevó las manos a la boca por la impresión, sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. Miroku regresó a su pareja, que ahora estaba pálida y no sabía ya ni cómo mantenerse de pie.

Ninguno pudo reaccionar. En el rostro de Sesshōmaru fue más evidente el dolor que cargaba a cuestas, pero no quiso dejarse ver más. Para él mismo era difícil tener que ir ahí y como una burla del destino, dar esa noticia. Aunque no lo exteriorizara, su corazón estaba completamente roto, todavía no dejaba de verla casi agonizando en esa clínica antes de entrar a cirugía, era… una maldita mierda. InuYasha por su parte sintió los ojos picar, no podía ser.

No, no, no.

No.

Tomó aire, tragó duro y cerró los ojos. Una cosa era que quisiera a Kagura lejos, pero eso era surrealista, era mentira. Volvió la vista a su medio hermano y notó en él que no se trataba de ninguna broma.

Kagura estaba muerta.

¡Maldita sea, estaba muerta!

¡¿Pero cómo?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Qué diablos estaba pasando?!

Sin podérselo creer, Kagome vio cómo InuYasha invitaba a Sesshōmaru a pasar para que lo siguiera a la que se suponía, era su oficina en casa.

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Después de la conversación que habían tenido como dos adultos que compartían una pena, la casa se había quedado en silencio. Miroku tuvo que ir a hacerse cargo de informar en la empresa que el socio no iría en algunos días, además de cumplir con sus propias labores; Sango tuvo que regresar al bufete por la reunión no cancelable que tenía; ambos le dijeron a Kagome que les mantuviera informados. Ella, por su parte, tuvo que llamar a Ayumi para informarle que no iría al bazar ese día, que se encargara de todo. En un momento como ese había que dejar de lado todo lo que se podía.

Aunque sola en la sala, se había quedado hasta que casi el sol se estaba poniendo, cuando pensó que era momento de entrar a la habitación de Taishō. Ella misma estaba muy triste, había conocido poco a Kagura, pero realmente no tenía que explicar por qué una muerte le causaba tanta pena. Tocó la puerta que estaba entreabierta, sabía que esa era la señal que él le había dejado para que pasara.

Cuando entró, estaba sentado sobre el filo de la cama con la mirada perdida hacia el piso. Al parecer se había bañado, traía el cabello recogido en una coleta y estaba todo vestido de negro tal cual su medio hermano. A su lado, por los pies, había también una pequeña maleta que le erizó la piel. ¿Se iría por mucho tiempo?

No se atrevió a decir algo, él parecía haberla ignorado totalmente. Notó que había estado llorando, sus ojos estaban rojos e irritados. Le partió el corazón verlo así, los sentimientos de pena una vez más eran empáticos e indescriptibles. Aquello había sido un golpe mucho peor de lo que imaginó. Se sentó a su lado con despacio y trató de respirar sin ser audible. Que él no le hubiera pedido que se fuera del departamento ya le parecía a ella demasiada consideración en un momento así, pero tampoco quería dejarlo solo. Claro que Kagome no sabía lo mucho que InuYasha agradecía que se hubiera quedado.

—Cuando decía que quería que este capítulo de mi vida se cerrara —Kagome puso toda su atención en él cuando decidió hablar. Su voz sonaba cansada y se quebró un poco al final—, no estaba hablando de la muerte de uno de ellos —por momentos lloró al haberse sentido culpable por haber deseado eso en un primer momento, pero… ¿Cuántas veces la gente no suelta maldiciones y nunca se hacen realidad? ¿Por qué a él sí?

—InuYasha… —en automático sus ojos se llenaron de lágrimas, es que no podía. Tenía tantas ganas de abrazarlo fuerte y cuidarlo, pero ni siquiera podía mover los dedos de las manos. Se quedó estática, tiesa en su lugar, temblaba.

Él abrió las piernas y allí descansó sus codos para pasar las manos por la cara, tratar de equilibrar sus emociones y seguir hablando; ella no se lo había pedido, pero Kagome merecía saber qué había pasado.

—Kagura estaba enferma, un tumor en su cabeza, ni siquiera le dio tiempo de reaccionar, no sobrevivió a la operación —eso era lo que Sesshōmaru le había dicho y según él, tal vez ella ya tenía un presentimiento, porque cuando la diagnosticaron, se vio más bien derrotada y no tan sorprendida—. Por eso demoró tanto en mandar a sus abogados, había estado internada y ni sus padres lo sabían.

—En serio lo lamento —le dio sus condolencias, notaba que él podría sentirse culpable por eso y aunque tenía ganas de decirle que no, no era el momento, debía vivir su duelo.

—Esta noche salgo con mis padres a Sendai —le informó sin más y se puso de pie con una corbata en las manos.

Kagome lo imitó, sorbió la nariz y se secó la cara.

—Te espero para salir juntos, entonces.

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Después de un tiempo de absoluto silencio, ambos estaban listos para irse. Kagome se había puesto su blazer y con su bolsa a cuestas lo esperaba cerca de la salida. Observaba la decoración del lugar para distraer su mente. Parecía que las aguas estaban un poco más calmadas para ese tiempo. Ya los chicos estaban al tanto y, de hecho, Sango y Miroku habían quedado en acompañarla esa noche a dormir en su departamento, así que no estaría sola, porque en serio necesitaba compañía. Esa noche sí.

Escuchó las ruedas de la maleta y otra vez sintió ese escalofrío. InuYasha nunca le dijo que se iría por mucho tiempo, no especificó nada más que su compañía y el destino, ya que Kagura sería cremada en Sendai, al parecer.

—¿Estás listo? —Fue lo único que se le ocurrió preguntar. Otra vez esas ganas de abrazarlo se hacían presentes.

Él asintió y la miró con sus ojos apagados, aunque de alguna manera se mostraban nostálgicos más allá del duelo.

»Bien.

Cuando puso la mano en la manija, él la detuvo tomándola de la muñeca, dejándola estática. Una corriente eléctrica la recorrió toda, el pecho estaba a punto de estallar. InuYasha la atrajo hacia él para nuevamente abrazarla como había anhelado desde que recibió esa noticia. Claro que su dolor lo había tenido encerrado, pero por dentro gritaba por ella, gritaba por sentirla cerca para que dejara de estar tan solo. En esta ocasión fue correspondido más rápido, parecía que ella también anhelaba lo mismo. Aspiró el olor de su pelo hasta que se tatuó en sus fosas nasales, era dulce como ella, fresco, le recordaba a esa sensación que tienes cuando has tomado una ducha por horas y todo tu cuerpo está ligero.

La sintió apretarlo, estaba triste también. Admiraba tanto lo empática que era, cómo podía reír con los demás y también llorar, agradecía todas sus muestras de apoyo. Quería verla de nuevo antes de despedirse, porque aunque ya había tomado una decisión, todavía no se la diría. Poco después se separaron y él la tomó por la cara, sus manos cubrieron gran parte de los laterales de su rostro y cabeza, las hebras azabaches se perdieron entre sus dedos.

Kagome lo observó con la mirada temblando, el corazón seguía latiéndole como si ahora una bocina expusiera su ritmo cardíaco. Ese no era el momento de verlo como una esperanza para sus sentimientos, pero no podía con esa mirada, no podía con la suavidad con la que sobaba las yemas de los pulgares sobre sus sienes, lo cerca que estaba…

No podía.

—Kagome —le dijo por fin, su voz estaba ronca y se sentía cercana y muy íntima, como si solo existieran los dos—, cuídate mucho mientras no estoy.

—¿Por qué dices eso? —Sonaba a despedida y eso le aterró. Sabía que estaba triste, pero no tanto como para querer hacerse daño.

—Tranquila, estaré bien —trató de sonreírle—. Solo quiero que te cuides, porque no sé qué haría sin ti —dejó ir suavemente su cabeza hacia la de ella, sus frentes chocaron. Jamás habían estado tan cerca.

—InuYasha…

¡¿Por qué le hacía eso?!

—Kagome… —cerró los ojos—, pequeña Kagome… —se dejó ir.

Y la besó.

»


No sé si se habrán dado cuenta, pero realmente le pongo especial atención a los clichés, que se note que es un tributo a ellos, los uso sin medida; los momentos cercanos, el cómo la detiene para atraerla hacia él, «pequeña Kagome», el "creo que me gusta, pero no sé", la corriente eléctrica; además uso frases de memes como «sí soy» y «tocó atacarse». Me gusta porque en este fic me he tomado muchas licencias creativas, me estoy saliendo de mi propio canon haciendo cosas que jamás hago en otros proyectos, he jugado con las palabras como la vez que Kagome le llama «payaso» al «escritor» de su vida. Algún par de veces me he dirigido a mí como autora a través de ella para putearme, es terapéutico.

Así que, sí, todas esas cosas que leen y que tal vez les causan cringe o las sienten ridículamente predecibles no son un «al menos la autora lo reconoce», en realidad son un «la autora los agregó a posta porque le sale de los hue-». No se crean, las amo, es que me acordé de una vez que me criticaron jhjkds.

24 de mayo. Francamente, no sé cómo comenzar estas nuevas notas de autor ya que, si les soy muy sincera, en el momento en el que "Kagura ha muerto" apareció en mis pensamientos, no lo vi venir y fue un shock grande; de alguna manera creo que la muerte de este personaje no encaja con el ambiente despreocupado y liviano de la historia, pero creo que es un choque bastante interesante debido a la naturaleza del escrito. Espero que se haya tomado de la forma en la que debe: es un cierre para InuYasha, tal vez no es el más adecuado ni el más agradable, pero el hecho de que implique la muerte de alguien también desencadenó que personajes como Sesshōmaru, que son tan duros, den su brazo a torcer.

Agradezco mucho sus comentarios, me hace feliz saber que mis actualizaciones les alegran y estoy muy contenta de que les haya gustado la anterior actualización. Me despido un poco nerviosa sin saber muy bien qué esperar, pero ojalá sigan teniendo la buena perspectiva que han tenido hasta ahora sobre esta historia.

Un beso enorme para: Karii Taishō, Rodriguez Fuentes, Rosa Taisho, joiscar, , Benani0125, Marlenis Samudio, kcar, Annie Perez, Susanisa, Carli89, MegoKa, Tatiana Ocampo, KagomeHb y Cindy Osorio.

Nos leemos pronto.