¡Desde California hasta Zootopia llega el capítulo 34!
Capítulo 34
¡Buscar y Destruir!
"¡Equipo, síganme!" Berta gritó mientras corría hacia el agujero perforado en el lateral del edificio. Los agentes del equipo de apoyo la siguieron a lo que parecía una ducha industrial, pero sus paredes llenas de mugre se habían agrietado con la explosión y una hilera de casilleros de metal habían sido literalmente arrancados de las paredes.
"Dave" Dijo ella y el técnico de explosivos que era un jaguar fornido apareció a su lado en un segundo "Ese pasillo parece ser la única salida, coloca explosivos si los refuerzos no vienen o aparece cualquier cosa por allí que no sea amistosa ¡Vuelen toda esa parte del edificio!"
"¡Oficial Berta!" Dijo otro de los integrantes del equipo de combate desde unos metros de distancia en el pasillo. Se arrodillo junto al cuerpo de un alce que llevaba una bata de laboratorio y esposas de plástico en sus patas traseras y delanteras "Hay un prisionero. Tiene el cuello roto. La explosión debió arrastrarlo contra la pared"
"Preocúpense por eso más tarde" Dijo la loba alumbrando el pasillo con una linterna viendo como todas las puertas del pasillo estaban entreabiertas "En formación de a dos" Ordenó.
Los agentes pasaron delante de ella cubriéndose los unos a los otros mientras abrían las puertas y apuntaban al interior de las salas con sus pistolas y linternas. Cuatro de ellas estaban vacías, pero olían a muerte y miseria. En las esquinas se podían apreciar unos bultos indefinibles que podían ser cuerpos.
A más de veinte metros en el pasillo vieron signos evidentes de otra explosión; probablemente la que habían oído desde afuera. Las paredes habían explotado y el pasillo estaba lleno de escombros. Al echar un vistazo pudieron ver las computadoras conectadas a grandes incubadoras, eran las que había informado Judy. La mayoría de los equipos de laboratorio estaban derretidos o hechos pedazos, pero parecía que algunos habían sobrevivido a la explosión.
"¡Oficial…" Gritó Dave
Berta salió de la sala de computadoras y se quedó de piedra. Lo que había tomado como montaña de escombros era algo totalmente distinto ya que los haces de luz de las linternas revelaron una montaña de cadáveres. Los escombros los cubrían casi por completo, pero cuando la loba ilumino con su linterna pudo darse cuenta de que había docenas de cadáveres.
"Por Dios… Esto no lo hizo la explosión" Dijo la loba sin aliento dándose cuenta de que el suelo estaba cubierto por casquillos de bala.
Había una habitación más que tenían que comprobar antes de escalar sobre los muertos para seguir por el pasillo. Dos agentes derribaron la puerta y uno de ellos entró.
"Oficial, por aquí"
Berta entró por la puerta. Había siete cadáveres en el suelo y todos con disparos en la cabeza. Y en la esquina temblando por la conmoción a pesar del terrible calor que hacía, había un animal. Tenía la ropa rasgada, el pelaje de su cabeza manchado de sangre y los ojos desorbitados. A su alrededor en el suelo estaba lleno de casquillos y estaba sujetando una pistola con sus patas temblorosas.
"¡Tira el arma!" Ordenó Dave y en un segundo el pecho de ese animal estaba lleno de miras láser de color rojo.
"¡No disparen!" Gritó el animal y bajo rápidamente la pistola "Por favor… No disparen"
Berta le ilumino la cara con la linterna.
Era Andrew. Berta se acercó a él, le quitó el arma y se la pasó a Dave.
"¿Estas herido? ¿Te han mordido?" Le preguntó la loba.
"No" Contestó Andrew en modo ahogado negando con la cabeza para después mirarse la sangre de la ropa "No… no es mía… es de…"
"Tranquilo" Le dijo Berta intentando tranquilizarlo "¿Dónde está el resto del equipo?" Y aunque no quería preguntar lo hizo "¿Dónde está Spunky?"
Andrew sacudió la cabeza "No sé. Ocurrió algo … Me desmayé y desperté aquí y ¡Esas cosas estaban por todas partes!" Frotándose el cuello.
"Parece una quemadura" Dijo Dave iluminando el cuello del lobo "¿Taser?"
Berta le hizo una seña a uno de los agentes diciendo "Kim, Vuelve a la salida e informa a los refuerzos de la situación. Diles que vengan a buscarnos y hazlo rápido. Nosotros seguiremos buscando al equipo Invencible"
"¿Realmente piensan pasar por encima de todo eso?" Preguntó Andrew consternado mirando la montana de cuerpos que bloqueaban el pasillo.
"La vida es una mierda" Dijo la loba en tono de chiste, aunque había sido un chiste muy malo, y en cuanto lo dijo se había arrepentido, pero ya había quedado suspendido en el aire como una maldición ya que en realidad pasar por encima de esos cadáveres había sido horrible.
No pienses, no pienses Se decía Berta a sí misma mientras llegaba a la cumbre de la montaña de muertos para después bajar como pudo por el otro lado saltando en cuanto fue posible, feliz de sentir la dura realidad bajo sus patas en vez de la locura de carne y huesos sobre los que había pasado.
Su equipo la seguía junto con Andrew y se podían ver sus rostros pálidos y conmocionados. Algunos parecían furiosos, otros dolidos recorriendo el resto del pasillo comprobando las ultimas puertas, pero no encontraron nada con vida.
Al llegar al cruce en forma de T se detuvieron. Contando a los francotiradores que venían con ellos eran nueve, diez con Berta. Envió al sargento Steve con cuatro agentes por el pasillo de la izquierda y ella fue hacia la derecha junto con Andrew y Dave.
El sargento Steve era una oveja que llevaba catorce meses trabajando como agente especial de la ASNZ pero había servido veinte años en las fuerzas de reconocimiento militar. Era mordaz, inteligente y había sido elegido por la comandante Berta para ser su segundo en mando. Confiaba en su juicio y sus habilidades que había demostrado en ocho tiroteos distintos relacionados con la ASNZ.
Steve corría por el pasillo con su rifle apuntando a su línea de visión. Llegaron a otra encrucijada y levantó su pata indicando que todos los que le seguían se detuviesen. El suelo estaba lleno de desechos extraños como ropa y juguetes. Comparó la cantidad de objetos con el número de cadáveres que había visto en el pasillo y no le salían las cuentas. Había muchos cuerpos allí, pero parecía que los objetos les pertenecían al doble de animales. Quizás al triple.
Avanzó lentamente atravesando el agua llena de óxido hasta la intersección y echó un vistazo. Había una puerta de acero atada con una cadena muy gruesa. Sintió un escalofrío viendo las marcas color marrón en las paredes y lo unió todo en una imagen mental que no le gusto para nada haciéndolo temblar mientras se alejaba de aquello.
De pronto, una luz de emergencia situada a la izquierda empezó a arder y quemarse, lanzando chispas al pasillo que cayeron sobre una gran pila de periódicos viejos y de ropa desgarrada que sobresalía de un bote de basura. El papel se prendió de inmediato y creo una llama grande y alta. Steve dio un paso atrás, pero uno de los pedazos de papel en llamas se cayó del bote de basura y fue a parar a otro montón de harapos y fue cuando noto un aroma a productos químicos en cuanto los harapos se incendiaron.
"Hay un extintor de incendios" Uno de los agentes exclamó estirando sus patas para tomarlo.
Steve se giró gritando "¡Nooooooo!"
Pero todo explotó antes de poder pronunciar una sola palabra haciendo que él y su equipo se evaporaran en un abrir y cerrar de ojos.
En el otro lado del edificio la oficial Berta sintió la explosión y cuando se giró hacia el lugar del que provenía el ruido, la onda explosiva la alcanzó y la lanzó contra la pared haciéndola rebotar cayendo de rodillas. El golpe la había dejado sin aliento mientras luchaba por respirar ya que una nube de humo la envolvía llenándole los pulmones haciéndola entrar en una dolorosa tos. El polvo del edificio se le metía por los ojos que le escocían mientras que del otro lado escuchaba a lo que quedaba de su equipo atragantándose y quemándose.
De pronto no escuchó nada y le llevó un rato darse cuenta de que se había quedado medio sorda por la explosión.
"Dave" Dijo respirando entrecortadamente "¡No puede ser!"
Berta buscó a tientas su arma y la encontró medio enterrada en los escombros utilizando el cargador para ponerse de pie mientras que Andrew abrió los ojos lentamente cuando el humo empezó a disiparse, pero solo conseguía ver un mundo gris y borroso. Se sacó el cuello de su uniforme y lo utilizó como filtro ya que sus pulmones protestaban, quería toser, pero tenía que dominar los reflejos para conseguir calmarse.
"Equipo, recuento" Dijo Berta con voz ronca.
Respondieron algunas voces. Solo unas pocas. Y cuando los reunió vio que todo lo que quedaba de su equipo eran cuatro agentes cubiertos de sangre y heridos. Entonces volvió con dificultad al pasillo en forma de T aferrándose a la esperanza de que hubieran sobrevivido uno o dos más. Pero no había nadie ya que las paredes del pasillo habían desaparecido y lo único que quedaba era un hoyo enorme en el suelo.
Delante de ella, al otro lado del hoyo humeante que había en el pasillo, donde antes estaban las gruesas puertas de acero, vio movimiento. Unas figuras tan pálidas como el humo que las rodeaba comenzaron a moverse hacia ella.
Berta levantó la linterna e ilumino viendo al menos una docena de cadáveres con los cuerpos destrozados por la explosión. Pero detrás de ellos, llenando la sala casi de pared a pared había zoombis. Cientos de ellos, algunos, los que estaban cerca de la puerta estaban destrozados y les faltaban patas y trozos de carne. Los que estaban más lejos seguían enteros. Todos estaban mirando al agujero de la pared viendo la luz y siguiendo la mirada clavando sus ojos en la loba. Eran una masa de animales muertos que arrastraban las patas, todos con los ojos negros mientras les salía sangre por el hocico que abrían y cerraban como si se prepararan para un delicioso banquete, y todos, al unísono soltaron un alarido sobrenatural y comenzaron a moverse hacia ella.
"No… Por favor… No" Dijo uno de los cuatro integrantes del equipo que quedaba sabiendo que enfrentarse a ellos era un suicidio.
"¡Retírense!" Berta le ordenó a su equipo, pero en cuanto se movió los zoombis se lanzaron sobre los cuerpos de sus propios muertos.
Entonces al otro lado de la equina del pasillo, escuchó un ruido intermitente de disparos de armas automáticas incluso medio sorda logro reconocer que eran AK-47
"Dave" Dijo para sí y luego gritó "¡Dave!"
Se dio vuelta y corrió por el pasillo en dirección a los disparos. Dave, Andrew y los cuatro integrantes del equipo que quedaban la siguieron. Al menos se dirigían hacia algo contra lo que si podían luchar; era algo que podían entender.
Nick POV
Una segunda explosión sacudió todo el edificio y era diez veces más fuerte haciendo que del techo cayeran trozos de metal y varias luces se pusieron blancas para luego explotar formando chispas.
Loui, Spunky, Zanahorias y yo nos agachamos mirando a nuestro alrededor, esperando a que cayera el ultimo trozo, pero después de un rato el estruendo se detuvo y el edificio se inundó de un silencio sepulcral.
"¿Qué demonios fue eso?" Gruñó Spunky mientras que Loui comenzó a escupir polvo.
"No creo que eso sea el equipo de apoyo. Ese tipo de explosión no es suya" Dije aun conmocionado.
Al otro lado de la puerta comenzaron de nuevo los disparos, pero así nunca conseguirían entrar. Me preguntaba porque se molestaban. Luego me di cuenta: Los disparos no siempre tenían que ser un ataque, también podían ser una trampa.
"¡Al fin nos han encontrado!" Zanahorias dijo en voz alta, y justo después se escuchó una ráfaga de disparos. Definitivamente esas eran las armas del equipo de apoyo.
Me quede quieto mirando a Spunky que estaba sonriendo.
"Ahora sí, es el equipo del mapache"
Solo había dado un paso hacia la puerta cuando la pared voló por los aires. Yo me lancé hacia la izquierda empujando a Zanahorias protegiéndola para quitarla de en medio y esquivar la puerta, que caía hacia adentro e iba directamente a ella.
Loui dio un pequeño paso lateral para que no le cayera encima un trozo enorme de metal retorcido, pero a Spunky le dio en la cabeza un trozo de hormigón de tamaño mediano y lo noqueó.
Unas figuras comenzaron a moverse por el humo; Zanahorias y yo corrimos agachándonos detrás de las mesas de laboratorio con las armas en alto. Dos figuras entraron de un salto a la sala apuntando con sus armas gritando que nadie se moviera y que todos bajaran sus armas. La voz más fuerte era de una chica. Era Berta.
Comencé a sonreír aliviado, pero después vi la cara de esa loba ensangrentada con una expresión salvaje y casi inhumana de sus ojos. La pata que tenía en el gatillo hizo una contracción nerviosa al mismo tiempo que mi corazón golpeaba contra las paredes de mi pecho pensando que tal vez ya estaba infectada.
"¡No disparen!" Grité y todo el mundo se quedó quieto "¡Oficial Berta, atrás, atrás!"
La loba se giró hacia Zanahorias levantando el cañón de su arma. Tenía el pecho cubierto de polvo gris, cortes en todo su pelaje y le brotaba sangre de su cara. Estaba jadeando, tal vez era el esfuerzo, el estrés o tal vez estaba infectada, pero en ese momento no sabíamos que ocurría. Aunque me dolía en el alma tener que apuntarla con mi pistola.
"¡Berta… Atrás!" Grité de nuevo.
Unos cuatro agentes del equipo de apoyo se arremolinaron alrededor de la loba, todos sangraban, todos tenían el uniforme lleno de polvo y desgarrado. Me estaban apuntando a mí. No habían visto a Loui de su escondrijo. Zanahorias estaba conmigo en el suelo, junto a la mesa y Spunky no se había movido de dónde se había caído.
"Atrás" Insistí manteniendo el tono de voz "No te lo repetiré"
"¿Están heridos? ¿Los ha mordido algún zoombi?" Preguntó Berta.
"Nadie de nosotros está infectado ¿Y ustedes?" Pregunté
Berta tomó aire y luego sacudió la cabeza mientras bajaba el arma. Luego le dijo a su equipo que se retirara.
Todo mundo fue bajando las armas muy despacio excepto Zanahorias y yo. Ella estaba en silencio y alerta, mientras yo me levantaba y caminaba hacia Berta empuñando el arma.
"Capitán, Wilde. Me alegró que estén bien" Dijo la loba aliviada.
"No quiero correr riesgos. Berta, dime que ha pasado"
"Había un grupo de animales al otro extremo del pasillo, intentando entrar"
Capté que Berta dijo "había" Entonces vi otra figura moverse en medio del polvo y cuándo entró en el laboratorio me sorprendió mucho ver quién era. Bajé mi arma y la coloqué a un lado.
"Andrew ¿Dónde demonios has estado?"
"Lo siento. Me tomaron por sorpresa" Dijo el lobo bajando las orejas.
Ese lobo tenía peor aspecto que Berta. Tenía los ojos fuera de orbita, miraba sin cesar de un lado a otro y su sonrisa fue breve. Le hice un gesto con la cabeza para que se quedara en donde estaba, mirando a su alrededor con incertidumbre como si no estuviese seguro de a qué equipo pertenecía.
Me acerqué un poco más a Berta diciendo "Dime que ha pasado"
Entonces la loba contó todo en unas pocas frases. El dolor de su rostro y en su voz era infinito:
"Vimos a un grupo de animales disparando para intentar entrar" Concluyó "Nos deshicimos de ellos, pero todas las comunicaciones están bloqueadas, así que no podíamos descargar el código de la puerta y tuve que decirle a Dave que la volara"
Zanahorias estaba en silencio detrás de mí. Me giré y vi a Loui ayudando a Spunky a sentarse mientras que Andrew estaba aturdido y movía la cabeza. El que más me preocupaba era Spunky que sangraba del lado izquierdo de la cabeza mientras la gata le examinaba la herida. Luego se giró y me hizo un gesto con la cabeza.
"El lobito ha recibido un fuerte golpe en la cabeza pero se le pasará"
"No soy ningún lobito, gata loca" Dijo Spunky quejándose mientras Loui le daba palmaditas en el hombro.
"El equipo de apoyo todavía no ha llegado" Dijo Berta en voz baja "Mi equipo está… El equipo que ha mandado McPache después de nosotros debería llegar de un momento a otro"
"Tendremos que esperar aquí, no hay puertas traseras, y no quiero volver por ese pasillo" Dije decidido a no moverme de allí.
"Maldición" Murmuró Zanahorias.
Andrew permanecía callado como un invitado no deseado mientras que Spunky se quejaba. Evité mirar a ambos en ese momento. Los dos habían desaparecido de maneras que todavía no tenían explicación y milagrosamente ambos estaban vivos a pesar del ataque de esos zoombis. Tendría que sentarme a tener una larga plática con ellos. Sería mejor para todos que esos lobos contasen historias bonitas, claras y creíbles.
Desde el otro lado de la puerta Dave gritó "¡Oficial, Berta… Tenemos compañía!"
"¡Que?" Pregunté.
"¡Zoombis! ¡Cientos de ellos!"
"¡Esas sí que son buenas noticias!" Exclamó Zanahorias con amargura "Solo me queda un cargador"
"¡Están aquí!"
Todos nos giráramos y vimos una masa de zoombis que doblaban la esquina del pasillo exterior arrastrando las patas. Filas y filas de ellos ¡No había tiempo de pensar, solo de actuar!
"¡Tenemos que hacer una barricada!" Zanahorias tomó la mesa más cercana y tiró de ella.
Berta tomo otra mesa del otro extremo y la empujo hacia delante, arañando el suelo. La vibración hizo caer al suelo unas pipetas y otros instrumentos delicados del laboratorio algo que me preocupo ya que esperaba que no estuviéramos rompiendo nada que contuviera virus o parásitos.
Los trajes que llevábamos nos protegían del contacto con la piel, pero nadie llevaba mascaras.
Spunky aún estaba mareado por el golpe en la cabeza, pero también ayudó. Agarró la esquina de una mesa grande, y con un gruñido de esfuerzo, la puso de lado y luego la empujo con un hombro para acercarla a la puerta. Loui comenzó a lanzar sillas por encima de la mesa para crear un obstáculo y retener un poco más a los zoombis. Andrew corrió a ayudarle mientras que Zanahorias miró a su alrededor y agarró otra mesa y tiró de ella, pero sin mucho efecto entonces corrí hacia ella ayudándole con el otro extremo y la empujamos junto con las otras.
Entonces los zoombis golpearon la barrera como una marea. Tenían la misma fuerza que un animal normal, pero eran tantos que su peso en conjunto actuó y empujó la barricada unos metros más atrás. Dave se acercó al borde de la barricada y abrió fuego sobre los zoombis.
Cayeron unos cuanto, pero la mayoría de sus balas atravesaron extremidades sin hacer mucho para detenerlos.
"¡Escoge bien tu objetivo, Dave!" Gritó Berta "Dispárale a la cabeza"
Los zoombis volvieron a moverse y se desplazaron hacia el interior de la habitación mientras cientos y cientos de zoombis seguían llegando. Algunos de los que estaban en primera fila cayeron al suelo aplastados por los que venían detrás y se podía escuchar el sonido de los huesos al romperse. Pero era raro, no hacían ruidos ni quejidos, incluso los que estaban siendo aplastados.
"No aguantará!" Advirtió Spunky mientras arrastraba otra mesa hacia la barricada.
"¡No pasarán de esa pared!" Gritó Zanahorias mientras empuñaba el arma y abría fuego, matando a dos zoombis con tiros en la cabeza y destrozándole la mandíbula a un tercero.
Levanté mi arma colocándome junto a ella y disparé.
Loui y Judy se flanquearon para después unirse Andrew y Spunky. Finalmente acabamos formando una línea de tiro a unos metros de distancia de nuestro lado de la barrera, disparando a los zoombis mientras subían por las mesas y volteaban sillas. El estruendo de nuestros disparos combinados era ensordecedor al disparar una y otra vez. Los zoombis iban cayendo, pero la oleada no terminaba ya que a medida que iban muriendo los zoombis de enfrente, los que venían de atrás pasaban por las primeras para intentar atraparnos.
Busque a tientas mi último cargador y lo coloque sabiendo que me quedaban tan solo quince disparos gritando "¡Último cartucho!"
"Yo no tengo" Dijo Loui poco después. Se salió de la fila para buscar una AK-47 de los rivales, la encontró y volvió disparando en semiautomático.
Zanahorias disparaba más despacio que el resto, pero estaba matando a más. Apuntaba y disparaba, apuntaba y disparaba. Con cada disparo caía un zoombi de espaldas, privado de toda su fuerza infernal entonces la imité disparando más despacio.
Los zoombis caían en docenas formando un montón tan alto que por un momento bloquearon la puerta, pero luego la marea llego al otro lado y la montaña de cadáveres cayó hacia el interior del laboratorio haciendo que tuviéramos que brincar hacia atrás para que no nos enterrasen y eso hizo que se rompiera nuestra fila de ataque.
La barricada había desaparecido y los zoombis entraban a la sala pasando por encima de la aglomeración de cadáveres.
"Estamos muertos" Dijo la gata mientras se retiraba hacia atrás.
"No debemos rendirnos, Loui" Le contestó Zanahorias.
"Esto es una maldita pesadilla" Spunky le disparo a dos zoombis que intentaban correr hacia él desde su lado ciego. Su arma hizo un clic al quedarse sin balas "¡Maldición ¡Quien tiene un cargador?"
Nadie respondió ya que los que teníamos balas seguíamos disparando.
"¡Maldición!" Dijo Spunky lanzando la pistola tan fuerte a uno de esos zoombis tirándolo al suelo para después correr hacia una pared y arrancó un hacha "Vengan hacia mi si todavía no están muertos"
Y así fue, vinieron esos zoombis en montón hacia él y entonces el lobo se lanzó sobre ellos con el hacha, moviéndose con tanta fuerza que comenzaron a volar cabezas y brazos. Uno de los zoombis se lanzó hacia él intentando clavarle los colmillos.
Disparé mi última bala y tiré la pistola mientras que Berta y su equipo todavía tenían municiones y volvieron a formarse en una fila más estrecha disparando constantemente, pero sus balas comenzaron a matar a uno de cada dos, luego a uno de cada tres, ya que tenían las patas entumecidas por el retroceso y se notaba que tenían el corazón helado en el pecho. Hasta Zanahorias estaba fallando la mitad de las veces.
"¡Se han terminado!" Dijo Zanahorias retirándose hacia atrás. Me miró lanzando una sonrisa "Ojalá que fuera como en las películas. En las malditas películas nadie se queda sin munición"
Loui disparó su última bala y también se retiró de la fila preguntando "¿Y ahora qué?"
Miré a mi alrededor buscando algo que podría utilizar como arma y vi un conjunto de estantes hechos con alambre y tuberías. Tomé uno y lo lancé con todas mis fuerzas contra la pared lo que hizo que se rompiera en mil pedazos. Tomé un pedazo de tubería de casi dos metros moviéndolo con las fuerzas que me daba el miedo. Estampé el tubo contra la primera fila de zoombis, aplastándole la cabeza a uno y rompiéndole el cuello a otro. Escuché un gruñido y me di cuenta de que era mi propia voz elevada a un alarido de ira mientras hacía girar el hierro y aplastaba a esos zoombis.
Bajé el tubo para darles a esos zoombis en las patas y, de repente, Zanahorias y Loui estaban a mi lado, ambas con trozos más cortos de tuberías. Ellas aplastaban las cabezas de los zoombis que yo tiraba al suelo y tomamos cierto ritmo: Yo los tiraba y ellas los remataban. Podía escuchar a Zanahorias gritar tanto como yo mientras que Loui tenía la manga del lado izquierdo de su uniforme manchada de sangre. Entonces Andrew que se nos había unido se resbaló en un charco de sangre, cayó al suelo y se le echaron encima tres zoombis. Spunky llegó como un rayo, con el cargador vacío, pero con el hacha en sus patas. La hoja de su hacha brillaba mientras cortaba tendones y desgarraba cuellos. Zanahorias levantó a Andrew y se desplegaron detrás de mí para la siguiente ola de zoombis. Y la siguiente y la siguiente.
Cinco zoombis fueron directo hacia mi y le clavé un tubo en la sien al que estaba más cerca para que chocase con los otros y desequilibrara toda la fila. Zanahorias saltó sobre ellos golpeándolos con otra tubería, pero pude ver que sus golpes eran cada vez más lentos y débiles. Se estaba cansado. Yo también. Había sido un día demasiado largo y sobrepasaba cualquier entrenamiento que hubiéramos tenido.
Vi movimiento por el rabillo del ojo y al girarme vi tres zoombis corriendo hacia Berta desde su lado ciego.
"¡Berta! ¡A tú izquierda!" Grité y levanté el tubo.
La loba me vio y se agacho lo que me permitió darle en la cara a uno de los zoombis con un golpe tan poderoso que casi corta su cuerpo por la mitad.
Entonces Berta les disparó a los otros dos y entonces se quedó sin municiones.
Spunky la apartó y la puso detrás de él.
"¡Atrás!" Les grité a los demás. Había seis mesas en el fondo de la sala. Si no había otra solución podríamos intentar hacer una segunda barricada.
"Spunky, abre paso" El lobo dio un salto hacia adelante y atacó a dos zoombis con un golpe tan poderoso que casi corta a uno de ellos por la mitad. Se abrió camino a hachazo limpio hasta llegar a nosotros. Me di cuenta de que a ambos lados del laboratorio había armarios de metal muy altos. Estaban sueltos, no atornillados a la pared, y entonces sentí un soplo de esperanza.
"¡Zanahorias… Loui!" En Cuanto se giraron hacia mi agarré la esquina de uno de los armarios y tiré de el con todas mis fuerzas. Se balanceo fácilmente y cayó produciendo un sonido ensordecedor y aplasto de paso a uno de los zoombis con el peso. Los demás captaron la idea al instante y comenzaron a tirar de inmediato de armarios, por lo que en pocos segundos habiamos creado un pasillo que limitaba el número de zoombis que se podían acercar a la vez.
Berta llamó a lo que quedaba de su equipo para que retrocedieran y Dave había arrastrado a él prisionero con ellos. Eso demostraba optimismo, pensé. Entonces algo me llamó la atención y cuando me di la vuelta vi un armario de metal fijado a la pared. Estaba cerrado con una cadena y tenía escrito Armas
"Zanahorias... A tus nueve en punto"
Ella se dio la vuelta y al ver el armario, su rostro mostró una hermosa sonrisa, y con todas sus fuerzas, golpeó el candado y lo hizo añicos. Abrió la puerta y vio seis revólveres iguales a los que se nos asignaba en el ZPD. Estaban colgados de unos ganchos y un estante lleno de cajas de munición. La sonrisa de Zanahorias titubeo ya que hubiese sido más reconfortante encontrar automáticas.
"Consígueme algo de tiempo" Le dijo Andrew a Spunky mientras se acercaba a tomar una de las armas.
Zanahorias comenzó a sacar las pistolas y a abrir las cajas.
Entré al pasillo aun con la tubería en mis patas para encontrarme con la ola de zoombis que habían conseguido escalar sobre las pilas de sus propios muertos. Spunky me cubrió y juntos atacamos. La tubería parecía pesar una tonelada y cada vez que daba un golpe sentía una poderosa sacudida en mi cuerpo, pero estábamos luchando para mantener la línea defensiva. Pero con cada golpe nos veíamos obligados a dar un paso atrás, uno tras otro.
"¡Loui!" Escuché gritar a Zanahorias "¡Atrás!" Y de repente el aire que me rodeaba explotó en el momento en el que sus pistolas comenzaron a disparar a la vez. La fila frontal de los zoombis cayó con fuerza hacia atrás, y luego una segunda descarga mató a otros cuatro más. Una de las balas me pasó tan cerca que escuché un silbido y me calentó la oreja. Al girarme vi a Andrew con una expresión de conmoción mientras su pata temblaba sosteniendo la pistola ¿Era por fatiga? ¿Era por miedo a los zoombis? ¿O es que había fallado al disparar al objetivo al que estaba apuntando? Intentó decir algo, pero le lancé una mirada fulminante y corrí para ponerme detrás de la línea de fuego mientras Spunky me seguía.
Berta y su equipo habían juntado las mesas para formar una nueva barricada. Loui estaba en el extremo más alejado, encajada entre la esquina de una mesa y el último armario que quedaba. El resto del equipo estábamos disparando mientras que en el suelo estaba el científico prisionero aun con las esposas que le había colocado Zanahorias y con los ojos desorbitados por el miedo.
"Ya es hora de que llegue el equipo de apoyo" Decía Loui mientras seguía disparando.
"En estas circunstancias… Quizá nos ayude rezar" Dije a punto de perder las esperanzas de salir con vida.
Zanahorias y yo estábamos detrás de una mesa, compartiendo media caja de balas, compaginando nuestros disparos para que uno disparase mientras el otro cargaba el arma.
"Vaya rescate" Dijo Zanahorias intentando hacer una broma, aunque podía notar lágrimas en sus ojos.
"Siento no poder salvar al equipo" Dije sintiendo que tal vez se acercaba el fin.
Ella se sorbió la nariz y se aclaró la voz "Esto es una guerra… Y en las guerras los animales mueren"
La miré durante un buen rato, pero ella dirigió la cara en dirección a la puerta y pude ver que sus facciones se endurecían. Respire hondo al ver dos zoombis más entrando a toda prisa por el pasillo, luego a tres más y luego a nueve. Gruñían como almas en pena, aunque yo me preguntaba si realmente tenían alma, o si de alguna forma esos animales que esos terribles zoombis habían sido algún día seguían atrapados en esos cuerpos. Atrapados pero incapaces de controlar la máquina de matar en la que esos científicos los habían convertido, observando impotentes como se dirigían hacia la muerte.
Era un pensamiento nada bueno y me preguntaba si estaba entrando en estado de shock. Maldición pensé para mí. Tenía que mantenerme firme ¡Tenia que mantenerme alerta!
Apreté el gatillo y el zoombi que iba en primera fila salió volando de espaldas sobre los otros. Su rostro se desintegro formando una nube de niebla. Volví a disparar y Zanahorias lo hizo al mismo tiempo. Todos estábamos disparando y, de nuevo, la sala se convirtió en un concierto infernal compuesto por un tiroteo ensordecedor, los gemidos de los zoombis y los gritos de los animales que aun seguíamos vivos. Los zoombis seguían llegando, ola tras ola. Disparábamos bien, casi siempre acertábamos en la cabeza, pero no dejaban de llegar.
A Zanahorias se le acabó la munición.
"Maldición. Ahora si estoy muerta" Dijo en voz baja "Estoy sin munición"
Todos fuimos acabando las balas, uno a uno y esos zoombis seguían llegando, gritando, intentando atraparnos. Podía ver el perfil de Zanahorias por el rabillo del ojo. Aunque el pelaje de su rostro estuviera sucio y sus facciones marcadas por la tensión, era hermosa. También era valiente.
Al disparar mi última bala sentí como se me hundía el corazón. Esos zoombis iban a atraparnos ya que todavía había cuarenta o más en la sala y más que seguían entrando por la puerta. Sabía lo que tendría que hacer, seria sencillo: Me levantaría, tomaría a Zanahorias entre mis brazos y le acariciaría su pelaje. Era fácil solamente tendría que girarle la cabeza rápido, y así la liberaría de toda esa pesadilla, quedando afuera del paso de esos zoombis y de su plaga. Podía hacerlo por ella para evitar que la alcanzase ese maldito infierno. Entonces escuché el clic de la última pistola al quedarse sin balas.
Me vi levantándome, abriendo mis brazos y empezando a acercarme a Zanahorias, tendría que decirle la verdad de lo que había ocurrido aquella noche, pero mi movimiento se vio ralentizado por la duda ¿Y si me equivocaba? ¿Y si ella me detenía y nos atrapaban a los dos mientras nos peleábamos entre nosotros? Nuestra relación no estaba en muy buenos términos esos últimos días ¿Y sí? Y de pronto las compuertas metálicas que cubrían las ventanas salieron volando hacia al interior, todas a la vez.
Todos levantamos la vista, e incluso lo hicieron algunos zoombis para ver los paneles de acero hechos pedazos cayendo peligrosamente en la sala.
"¡Arriba!" Grité y mis patas rodearon los hombros de Zanahorias y tiraron de ella hacia atrás al mismo tiempo que un tamaño de acero caía justo en el lugar en el que había estado apoyada partiendo la mesa por la mitad. Ambos gritamos mientras caíamos por el impulso de mi tirón y luego rodamos uno por encima del otro hasta que chocamos con la pared. La abracé y escondí mi cara en su cuello mientras sentía pedazos de acero caerme por la espalda.
Los demás se metieron por debajo de las mesas del laboratorio o se apretujaron contra las esquinas mientras caían al suelo cientos de kilos de acero afilado. Los zoombis de las tres primeras filas murieron aplastados y quedaron hechos pedazos, pero los demás incapaces de sentir asombro o sorpresa, seguían avanzando. No teníamos donde cubrirnos, pero al levantar la cabeza sentí un fuerte eco de disparos de armas semiautomáticas. Nos pegamos más a la pared y nos tapamos las orejas y los ojos mientras una lluvia de balas acababa con esos zoombis. Las balas rebotaban contra las paredes sobre nuestras cabezas y nos llenaban de pólvora.
Miré a Spunky y él a mí, luego miramos hacia arriba. El lobo puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza. A pesar de la locura del momento dijo "¡Aún seguimos vivos!" Para luego darle un ataque de risa.
Con balas silbando y un montón de muertos a nuestro alrededor, sentí un pinchazo en el pecho y pensé con horror que estaba a punto de llorar, pero en lugar de eso solté una carcajada. Zanahorias nos miraba como si hubiéramos perdido la cabeza. Loui y Andrew se nos unieron y comenzaron a reír.
"Malditos zoombis" Dijo Zanahorias, y luego también se echó a reír, aunque tenía la cara empapada en lágrimas. La atraje hacia mí y la abracé mientras su risa se convertía en sollozos.
Todavía la estaba abrazando cuando McPache bajó atravesando una de las ventanas gracias a una cuerda rápida disparando a medida que descendía.
