-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Dynasty" de MIIA para Sakura, "Fire On Fire" de Sam Smith para Sasuke, "Sleeping Sun" de Nightwish para Mirai, y "Once Upon A December" de Deana Carter para el contexto del capitulo.


7 de Octubre de 1515/Lisboa, Portugal

Afortunadamente Dios hubo de brindar un sosiego a la reina Sakura y a fines de Abril del año siguiente—1515—su vientre vacío volvió a cargar un nuevo hijo, ella pudo advertirlo desde el comienzo y celebrarlo interiormente aunque espero que se cumplieran unos prudentes tres meses antes de informar a su esposo el rey quien se mostraba tan o más feliz que ella, convencido de que Dios no dejaba de bendecir a su familia. Pero pronto la alegría que cundía en el reino se vio opacada por lenguas perniciosas en la corte y que comenzaron a esparcir rumores sobre el Almirante y gran conquistador de la India, Han Iwagakure, insinuando que este intentaba usurpar el poder del rey y controlar estos dominios a su antojo, enfureciendo a su soberano y ante quien solo la reina Sakura pudo interceder en su ya avanzado estado de embrazo por el bien de quien consideraba un servidor leal a la corona de Portugal. Reunido a solas con su esposa en su habitación privada, el rey Sasuke vestía un elegante y holgado jubón naranja opaco con bordados marrón oscuro de mangas ceñidas en las muñecas—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo y mangas ceñidas en las muñecas—, con él cuello en V y el dobladillo del faldón hasta las rodillas forrado en piel, cerrado a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus botas y pantalones de igual color, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre y teniendo una expresión de ira.

—¿Cómo podéis ser tan injusto y desalmado?— cuestionó Sakura indignada ante la tozudez de su esposo.

—¿Así pensáis de vuestro esposo?— desafió Sasuke sorprendido de sus acusaciones. —Os expresáis de mí como si fuera un villano— debería estar de su lado y no en su contra.

—¿Y quién si no un villano despoja del poder a un súbdito tan leal a la corona y la bonanza del reino?— increpó la Haruno mara intentando hacerle ver su punto. —Iwagakure siempre os ha sido leal, a vos, a la corona y a este reino, ha sido el mejor valedor de vuestro mandato y os ha enriquecido como muchos soberanos solo podrían soñar— traicionar la lealtad de un servidor tan leal como Iwagakure no era posible para ella.

—No deja de ser un traidor— protestó el Uchiha entendiendo sus razones, pero no estando de acuerdo, —lo que ha llegado a mis oídos me ha dejado perplejo, su osadía no ha sido poca— no podía ignorar eso ni los rumores sobre la arrogancia de Iwagakure.

—Porque no tenía otra opción— insistió ella casi en un chillido de frustración lo que era raro en ella y prueba de lo molesta que estaba.

La reina Sakura se encontraba ataviada en un elegante vestido color salmón—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y formaban cortos holanes—de escote cuadrado y estampado en bordados beige suave que continuaban a lo largo de la falda de una sola capa, y los laterales eran de seda carmesí que formaba una falda superior, ciñéndose bajo el busto por un margen de pasamanería dorada para enmarcar su vientre de casi nueve meses, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y abrían a los lados, y su largo cabello rosado estaba recogido tras su nuca peinado en una trenza cintillo que hacia destacar más los pendientes de oro en forma de lagrima con un rubí en el centro y a juego con la cruz alrededor de su cuello. Iwagakure había concluido su conquista efectiva de Ormuz en los últimos meses, reuniéndose en privado con el rey de estos dominios junto a su visir, ordenando a su sequito que lo apuñalaran y mataran, "liberando" así al aterrorizado rey de su control y logrando que el Golfo Pérsico se rindiera sin resistencia y se convirtiera en un vasallo más del Imperio Portugués; el plan del Gran Almirante era regresar a Portugal con ricos presentes y un embajador, llevando una carta del potentado Shah Persa y cuyos esfuerzos diplomáticos se estaban llevando a cabo, pero necesitaba tiempo para demostrar su lealtad y mejorar su débil salud en los últimos meses, y Sakura quería darle todo el tiempo que pudiera necesitar como premio por su gran lealtad.

—No estoy justificando su proceder, sabéis que desprecio toda forma de prepotencia y superioridad de los hombres para con aquellos que son nuestros hermanos más desvalidos— espetó Sakura dejando muy clara la situación, —pero pensad en cuán difícil os es gobernar, e imaginad cuanto ha de costarle a lord Han, que no es rey como vos y a quien por ende le es más proclive a errar, a ser desobedecido— no era el primer ni último hombre que no podía cumplir con las órdenes dadas por el rey

—¿Acaso os ha rogado que lo defendierais?— inquirió Sasuke sorprendido por el alegato defensivo de parte de su esposa.

—A mí nadie me impulsa a nada, yo decido que hago y por qué— contrarió la Haruno en el acto y notoriamente ofendida.

—Entonces oídme bien; acatad mis decisiones en silencio— ordenó el Uchiha ya que estaban hablando de la importancia del deber, —pues no solo soy vuestro esposo, también soy vuestro señor y rey— y haría bien en recordarlo.

Sin embargo la furia mostrada por Sakura en su tono no se comparó en absoluto con la que sintió en ese momento al escuchar las audaces palabras de su esposo y cargadas de una autoridad que en ese momento le resultaron repulsivas, nada atractivas porque él nunca había tenido que ordenarle nada, ambos eran iguales—de hecho ella era ligeramente superior en rango como hija y nieta de reyes ya que su esposo descendía de una rama menor emparentada con la casa real, habiendo llegado al trono por la ausencia de herederos del rey Tajima—y por lo que ella enfureció tanto que sin mediarlo o arrepentirse le volteó el rostro a su esposo con una seca bofetada. Nunca nadie salvo su difunta madre la reina Seina se había atrevido a darle ordenes, por supuesto que como esposa del rey Sakura gozaba de menos poder y autoridad que Sasuke, pero nunca nadie la había hecho sentir inferior y no hacía falta decir lo mucho que la ofendió que fuera su esposo quien le hablara en ese tono, como si fuera una niña pequeña a quien reprender, y nunca toleraría eso de nadie. Sorprendido por la dolorosa bofetada de su esposa, Sasuke tuvo la necesidad de cerrar los ojos un momento y recuperar el aliento, ni por un momento se le paso por la cabeza devolver el golpe pues interiormente admitía que se lo merecía, solo molesto como estaba diría palabras tan ofensivas y denigrantes a su esposa, mas su discusión era todo menos ideal y los estaba enfrentando uno contra el otro.

—No volváis a hablarme a sí, porque no soy uno de vuestros lacayos, ni me callare. Mil y un veces más habría permitido a Iwagakure acudir a mí, tanto si vos estuvierais de acuerdo como si no, pues como reina mi deber es velar por el bien de Portugal y Dios sabe que lo hago— tuvo que cerrar los ojos con una expresión de dolor nada más decir esto, situando una de sus manos sobre su vientre de casi nueve meses.

—¿Sakura?, ¿qué tenéis?— preguntó Sasuke palideciendo al verla gritar sorpresivamente de dolor y desplomarse, o eso habría sucedido si él no hubiera envuelto sus brazos alrededor de ella impidiéndole caer. —¡Avisad al físico!— ordenó con voz fuerte a las doncellas fuera de la habitación.

Sintiendo a su dulce esposa como una frágil hoja entre sus brazos y escuchándola suspirar de dolor, Sasuke lentamente se irguió del suelo manteniendo sus brazos alrededor de su cintura para ayudarla a erguirse y retrocediendo muy lentamente hacia la cama, escuchando a sus sirvientas moverse velozmente fuera de su habitación salvo por lady Temari Sabaku quien como camarera de la reina debía de permanecer a su lado y que pronto lo reemplazó junto a Sakura que renegó de su agarre tan pronto como se encontró sentada sobre la cama, recostándose con ayuda de su doncella y aun visiblemente molesta con su esposo. Sintiendo una nueva punzada en su vientre y que pronto comprendió era una contracción, Sakura vio el ligero rastro húmedo dejado desde su lugar junto a la chimenea donde Sasuke y ella habían estado discutiendo, y que llegaba hasta la cama; había roto fuente, no era ningun susto ni nada, puede que tuviera menos de nueve meses, pero el parto se había adelantado. Siguiendo la mirada de su esposa, Sasuke pudo ver lo mismo y de inmediato una punzada de angustia se instaló en su pecho y sintió el más profundo temor porque sus palabras tan ofensivas para con su esposa pudieran poner en riesgo la vida de quien tanto amaba y su hijo en camino, pero ni siquiera pudo disculparse pues solo unos segundos después el físico Dan Kato ingresó junto al resto de las doncellas de su esposa además de su hermana Emi quien lo hizo salir de la habitación cerrando las puertas a su espalda y sumiéndolo en la desesperación.

Si algo les ocurría a su esposa y su hijo, sabía que sería su culpa.


Intentando no pensar en los gritos de dolor que escuchaba del otro lado de las pesadas puertas de la habitación privada de su esposa, el rey Sasuke se paseó como si de un león enjaulado se tratase, enterrando de vez en vez el rostro entre sus manos, volviendo la mirada hacia las puertas, deteniéndose un instante y luego volviendo a empezar producto de sus nervios, de la enorme incertidumbre que sentía y temiendo que lo peor pudiera ocurrirle a su esposa, recordando su discusión, la merecida bofetada que ella le había dado y sus sollozos de dolor del parto que se había precipitado. Presente en la sala de los aposentos de su reina a quien tanto admiraba también se encontraba lord Idate Morino en representación de los demás miembros del Consejo Real a quienes el rey se había negado a recibir por la vicisitud del momento, el embajador rezando en voz muy baja porque el altísimo tuviese piedad y aun no decidiera llevarse a su gloriosa reina, que esta situación tan agreste solo fuese un susto, pero ya habiendo estado junto a su reina en otros partos igualmente complicados Idate sabía que el doloroso momento habría de llegar tarde o temprano, ¿Cómo postergar entonces lo inevitable? Escuchando un nuevo grito de dolor de su esposa y pudiendo imaginar la expresión de dolor en su rostro o la sangre manchando las sabanas, imaginándose un escenario semejante al desarrollado en partos anteriores que habían hecho peligrar su vida, el rey Sasuke se detuvo y estremeció de pies a cabeza, no soportando la idea de perder a su esposa.

—Si algo le ocurre no podre perdonármelo nunca— suspiró el Uchiha pudiendo sincerarse junto a alguien de tanta confianza como era lord Idate Morino.

—No es vuestra culpa, Majestad, sin duda la reina no querría que os torturarais así— intentó consolar lord Morino considerando que ello escapaba de su control.

—Sí que es mi culpa— insistió el rey Sasuke volviendo la mirada en dirección a su leal embajador. —No debí hablarle jamás en ese tono, menos estando embarazada— no había excusa ni justificación para lo que había hecho.

—Mi señor, creo que la reina lo admitiría gustosa estando presente; el deber no conoce faces, no conoce momentos, solo de sí mismo y de quien lo siga. Y la reina siempre ha sido un ejemplo de ello— se atrevió a contrariar lord Idate para sorpresa y comprensión de su rey. —Es una mujer fuerte, un parto es poca cosa para ella, confiad en ello— él mismo quería creer en ello.

Sonaba absurdamente positivo pero interiormente Sasuke sabía que aquello era cierto y que su esposa era una mujer fuerte, pero Sasuke no pudo evitar albergar dudas al escuchar un nuevo grito del dolor del otro lado de las puertas y un instante después se escuchó el llanto de un bebé recién nacido, lo que lo puso aún más nervioso. Tras una angustiosa espera las puertas de la habitación privada de la reina se abrieron permitiendo que muchas de sus doncellas emergieran con jarras de agua por desechar y lienzos ensangrentados que pusieron más nervioso al rey Sasuke y quien no tuvo ocasión de ingresar antes de que las puertas se cerraran tras su hermana Emi que se presentó ante él con un bebé que sollozaba ligeramente en sus brazos. La Uchiha portaba un elegante vestido de seda oliva—debajo una enagua de escote en V y mangas ceñidas en las muñecas que finalizaban en largos holanes que llegaban a cubrirle las manos—repleto de bordados azul oscuro que representaban el emblema Uchiha, de escote redondo y ceñido a su cuerpo bajo el busto, con los laterales del corpiño y la falda superior forrados en terciopelo negro, y de mangas ceñidas a las muñecas con unas superiores encima como lienzos con dobladillo dorado y unidas a la altura de los codos, con su largo cabello ébano cayendo tras su espalda, peinado en una trenza mariposa que exponía unos pendientes de oro en forma de jazmín y del que pendían tres perlas en forma de lagrima.

—Sed feliz, mi señor, sois el padre de un nuevo Infante— anunció Emi viendo una expresión de alegría adornar el rostro de su hermano, pero que pronto volvió la mirada hacia las puertas con intención de entrar. —Pero no os recomiendo que entréis, por ahora— agregó en voz muy baja y con interior preocupación por su hermana.

—¿Por qué no?— cuestionó Sasuke sintiendo que se le aceleraba el corazón, temiendo de nueva cuenta por su esposa.

—Mi hermana, la reina, no lo desea así— justificó ella respetando los deseos de su reina y hermana. —Quiere recuperarse del difícil trance del parto primero, y de sus consecuencias— y seguía molesta por la discusión previa cabe añadir.

—¿Hemorragia?— supuso él cerrando los ojos y ya pudiendo imaginar lo peor en su mente.

—Y fiebre— asintió la Uchiha acunando mejor al pequeño Infante en sus brazos. —Lord Dan Kato logró detener el sangrado, pero la fiebre solo aumenta— confió teniendo el deber de ser transparente con su hermano. —Lo último que dijo Sakura antes de desvanecerse fue que no debíais verla en ese estado, y lo siento hermano, pero he de respetar su decisión— explicó intercambiando una intensa mirada con él.

Como hermana del rey y a quien debía su lealtad sobre todo, Emi no había creído nunca que se enfadaría con su hermano menor a quien tanto amaba—siendo el único miembro de su familia que continuaba vivo fuera de su hermana Miso, y excluyendo a sus propios hijos—pero este día era la excepción porque ello de una u otra forma había precipitado este parto y por ende puesto en riesgo la vida de Sakura; una mujer preferiría librar mil y un batallas antes que exponer su vida dando a luz, solo una mujer podía entender lo que ello implicaba. Dichas estas palabras y reverenciando a su hermano el rey, Emi se retiró en silencio y meciendo tiernamente a su pequeño sobrino recién nacido en sus brazos, quien lentamente dejo de llorar, añorando la presencia de su madre y quien se encontraba demasiado afectada por el parto como para poder cargarlo en sus brazos, necesitando atención y cuidados en ese momento, no pudiendo o no queriendo recibirlos de su esposo quien se sintió mortificado así como inevitablemente culpable por ello. Los temores de Sasuke no continuaron creciendo pues ahora eran una realidad que se impuso duramente y más el hecho—recordado por su hermana Emi—de que le gustase y lo admitiese o no, si Sakura se encontraba en tal estado era culpa suya, y por lo que irremediablemente dirigió sus pasos hacia la chimenea, tomando asiento sobre uno de los escaños disponibles, relegado a esperar y condenado en no poder velar por la recuperación de su esposa, era cruel y doloroso pero no merecía menos castigo…


Esa primera noche en los aposentos de su esposa fue especialmente difícil para Sasuke quien se negó a moverse de su lugar—pese a sentir que bien podrían dormírsele las piernas o bien ya lo habían hecho—, sentado ante la chimenea y relegado a no poder ingresar en la habitación privada, durmiendo a saltos y despertando cada determinado número de minutos en la noche por los pasos de las doncellas de su esposa que ingresaban y salían de la habitación privada con jarras de agua fría y lienzos que sabia estaban usando para humedecer la frente de su febril esposa, estaban intentando que bajara la fiebre y tener que permanecer impotente esperando fuera de la habitación lo puso furioso. Interiormente continuaba molesto, deseó que Sakura fuera una reina más apropiada, que se sometiera a sus órdenes, que acatara su voluntad, que le fuera leal por encima de todo y que no se impusiera de esa forma...pero Sasuke se congeló en el momento preciso en que tuvo esos pensamientos, ¿Por qué pensaba así?, ¿Cómo podía hacerlo además? Su esposa ya hacia todas estas cosas y era una reina modélica para Portugal, una esposa devota y una madre maravillosa, puede que tuviera muchísimo carácter y que supiera imponerse como nadie a él y a cualquier adversidad, pero era eso precisamente lo que lo había enamorado de ella, ¿Qué le había sucedido a él?, ¿Se había vuelto tan arrogante y tiránico por el poder que incluso necesitaba tener el control sobre su propia esposa? Culpa era poco para lo que sentía en ese momento.

—Mi señor— llamó Temari Sabaku, camarera de su esposa, asomándose por las puertas de la habitación privada, —deberías dormir, de otro modo caeréis enfermo— aconsejó siendo ya la mañana siguiente y viéndolo aún sentado ante la chimenea.

—No voy a separarme de ella— negó Sasuke orando en silencio, presa de la culpa de sus propios errores y sabiéndose indigno de su esposa, —aunque ella no me permita verla, velare por su alma desde aquí— no verla era el merecido castigo por sus errores.

—En ese caso, entrad, mi señor— invitó la Sabaku para sorpresa del rey que la observó asombrado. —Si me encontrara en la situación de la reina, no querría que mi esposo se atormentase por mi causa— justificó sabiendo que la terquedad de su soberana podía llegar a extremos nada apropiados, como aquel precisamente.

—Os lo agradezco— asintió el rey Uchiha aun profundamente sorprendido, pero irguiéndose lentamente de su lugar.

Penitente y en oración, Sasuke no se había dado cuenta que de hecho ya habían transcurrido dos días desde el parto, estaba tan sumergido en su propia introspección y culpa que el tiempo parecía haberse detenido para él, mas lo sintió en cuanto intento ponerse de pie, teniendo que apoyarse en el escaño contiguo o habría perdido el equilibrio para preocupación de lady Temari que le tendió su brazo para ayudarlo a caminar, habiéndosele dormido las piernas por estar sentado durante tanto tiempo y esperando. Ingresando torpemente en la habitación y recuperando lentamente la movilidad, Sasuke contuvo el aliento al momento de enfocar su atención sobre la cama, viendo a su esposa recostada, mortalmente pálida y temblando de frio, con un lienzo húmedo sobre su frente que fue acomodado por lady Moegi Kazamatsuri, y removiéndose incomoda sobre la cama; soltándose del agarre de lady Temari, Sasuke finalmente se sentó sobre la cama a la diestra de su esposa, sosteniendo sus manos entre las suyas y besando el dorso de estas, negándose a separarse de ella. Tras aquello el paso de los días fue aún más confuso para Sasuke, veía el sol ocultarse y salir una y otra vez pero no le afectaba, no pensaba en dormir ni en comer, solo en permanecer junto a su esposa, cambiando personalmente los lienzos húmedos sobre su frente y prestando gran atención en el proceder del físico Dan Kato que cuidaba de ella, recuperando el aliento solo cuando por fin la vio abrir los ojos y separándose de ella para informar a la corte.

—La reina ha despertado— comunicó el rey Sasuke finalmente, complacido de poder anunciarlo. —El físico dice que vivirá— el temor había sido muy grande, pero afortunadamente todo había sido solo un susto.

El alivio reino en los rostros de todos, el rey Sasuke lo notó reunido en el salón del trono con todos los nobles importantes—más de alguno realizando la señal de la cruz en respeto o bien orando de nueva cuenta por su reina—, pero él no se atrevió a regresar a los aposentos de su esposa aunque su corazón se lo pidiese a gritos, sabía que ella estaba bien que era lo importante, pero respetaría su furia para con él y esperaría su recuperación antes de intentar merecer su perdón. Recostada sobre su cama, pero recuperándose poco a poco con ayuda de su leal físico, la reina Sakura vestía un camisón blanco de escote redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas bajo una bata de seda anaranjada con bordados dorados y mangas acampanadas, con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros y enmarcando su rostro aun ligeramente pálido. Se encontraba acompañada por sus hijas las Infantas Sarada y Mikoto, de entre quienes destacaba su hija mayor de doce años por su elegancia teniendo las manos solemnemente cruzadas sobre su vientre, ataviada en un vestido de seda gris claro—debajo una enagua blanca de cuello en V—con estampados azul brillante de la casa Viseu, con un margen alto y cuadrado en el escote, de mangas ceñidas bajo unas superiores y acampanadas, con el centro del corpiño hecho de seda azul en V, continuando con una falda inferior en A, y sus largos rizos azabache caían sobre sus hombros y tras su espalda, resaltando un collar de perlas de la que pendía un crucifijo de oro a juego con unos pequeños pendientes.

—¿Os encontráis bien, madre?— inquirió Mikoto sentada sobre la cama y sosteniendo las manos de su progenitora entre las suyas.

—No os preocupéis por lo que no lo merece— sosegó la reina Sakura soltando una de sus manos de las de su hija para acariciar sus largos rizos rosados. —Es solo algo de debilidad, y los años que pasan sin que podamos evitarlo— aún era una mujer joven pero tenía ya treinta y tres años, la juventud no duraba para siempre.

—¿Debemos quedar tranquilas?— preguntó Sarada por su parte y solo para estar segura.

—¿Cómo mentiros a vosotras?— cuestionó la reina Haruno no queriendo angustiar a sus hijas con su debilidad. —Sois mi orgullo, vosotras y vuestro hermano— obvió prefiriendo pensar en cosas mucho más felices.

—El siempre adorado Itachi — suspiró falsamente Mikoto entornando disimuladamente los ojos, sonriendo al igual que su hermana Sarada.

—¿Hablando a mis espaldas?— interrogó Itachi falsamente, ingresando en la habitación en ese momento. —Quería conocer a este bribón personalmente— agregó llevando una carga muy valiosa en sus brazos.

Un año menor y sentada sobre la cama se encontraba Mikoto de once años, portando un vestido mucho más sencillo pero también de seda azul pero en un tono mucho más claro—debajo una enagua blanca de cuello en V con mangas que finalizaban en largos holanes—, de escote alto y redondo ligeramente decorado en encaje, ceñido a su cuerpo por un fajín de la misma tela alrededor de su cintura, de larga falda doble y con mangas ceñidas hasta las muñecas, con sus largos rizos rosaos cayendo tras su espalda pero haciendo destacar unos pequeños pendientes de oro y perla en forma de lagrima. Quien destacaba por su altura y gallardía apareciendo en ese momento era el mayor de la familia, el príncipe Itachi de trece años, vistiendo un elegante jubón de terciopelo negro—debajo una camisa de igual color de cuello alto—de cuello en V, con mangas ligeramente ceñidas hasta las muñecas, de corto faldón hasta los muslos abierto en A, pantalones gris oscuro y botas negras, con una banda roja con bordados dorados de la casa Viseu cruzada sobre su pecho, y teniendo su largo cabello ébano perfectamente peinado como siempre. La preciada carga que el heredero al trono sostenía en sus brazos no era otro que su hermano menor aun sin nombrar y que cargaba voluntariamente—bien podría encargarse de ello una doncella o sirvienta—y que tendió a su madre al aproximarse a la cama, inclinándose para besarla en la frente y recibiendo a cambio una luminosa sonrisa de su progenitora que acunó al pequeño cuidadosamente en sus brazos.

—¿Ya habéis pensado como lo llamareis, madre?— preguntó Itachi situándose de pie junto a su hermana Sarada de casi su misma altura.

—Si, pensé en Naka, por el nombre inglés "Tekka"— confió la reina Sakura teniendo una sonrisa muy cómplice, pero sabiendo que sus hijos comprenderían su decisión.

—Por tía Mirai— comprendió Sarada asintiendo en silencio y estando de acuerdo con su madre.

—Dios le conceda un embarazo venturoso y ameno esta vez— oró Mikoto en voz baja, deseando lo mejor para los lejanos miembros de su familia.

El nombre Naka era un homenaje y plegaria a su hermana Mirai, pues la variante inglesa del mismo era el nombre Tekka, un nombre muy común en los reyes ingleses, esperando que su sobrino en camino—pues su hermana se encontraba de nuevo embarazada—se convirtiera en uno más de ellos. Sin hacer desvanecer su sonrisa y sosteniendo una de las diminutas manos de su hijo entre las suyas, sintiendo que se envolvía contra la suya en respuesta, Sakura deseó de todo corazón que su hermana pudiera experimentar la misma alegría de sostener a un niño fuerte y sano en sus brazos, pues aunque ella había dado seis herederos al trono de Portugal era cosa segura que solo dos o quizás tres de ellos pudieran ocupar el trono en el futuro, los otros serian herederos de repuesto pero con saberlos felices y a salvo Sakura ya podía decirse dichosa, alzando la mirada hacia sus hijos mayores: Itachi de trece años, Sarada de doce y Mikoto de once quienes eran su mayor orgullo, las joyas de tan poderoso imperio. El dolor del parto había sido grande esta vez, Sakura había estado segura de que Dios decidiría llamarla a su lado, la fiebre no la había abandonado por casi una semana y ni siquiera había podido amamantar a su hijo que había recibido la leche de una nodriza—esperaba que pudiera acostumbrarse a la suya, lamentaría deshacerse de esta de otro modo—, pero sin importar todo el dolor, sufrimiento y pesar posterior, este dulce cansancio siempre conseguía sacarle una sonrisa, encontrando su mirada con la de sus hijos que sonrieron en respuesta.

El futuro era más seguro que nunca para Portugal.


Londres, Inglaterra

Luego de sostener un férreo estado de pacifica oposición para con las decisiones de su esposo de aliarse con Francia alentando la unión entre su hermana la princesa Hana y el rey viudo de Francia, Mirai había sentido que todo iría en declive para ella, pero asombrosamente Dios le había dado un regalo y una nueva esperanza, pues al poco tiempo de efectuada esta alianza Mirai hubo confirmado por sus parteras que se encontraba embarazada. Era su quinto embarazo en seis años de matrimonio y Mirai ya tenía treinta años por lo que podía considerársele una mujer de mediana edad para la época, la mayoría de las mujeres daban a luz entre los quince o dieciocho años cuando mucho pero ella aparentemente sería una madre mayor y ello no le molestaba, es más, estaba ansiosa y se sentía bendecida, sentía que el bebé en su vientre era fuerte y tenía ánimos renovados para hacer lo que fuera, aunque todos insistían en relegarla a la privacidad de sus aposentos y no cesaban de diagnosticarle reposo por su bien, cuando todo lo que ella quería era moverse. Pero pensando en su hermana la reina Sakura y que sabía se encontraba embarazada de nuevo—muy próxima al parto si no había dado a luz ya—tras la muerte de su pequeña hija dos años antes, Mirai se esforzó por serenarse y cumplir con lo que se esperaba de ella como reina que era, al menos así podía saber que hacer sin temor a equivocarse porque todo eran reglas preconcebidas, aunque sí que le había costado cumplir con su deber de reina y engendrar un heredero hasta ahora.

Leyendo su libro de oraciones en compañía de sus doncellas que bordaban en silencio o una que otra tocando alguna pieza musical con el laúd, Mirai volvió la mirada hacia los ventanales y añorando el exterior mientras acariciaba su vientre de embarazo a través del vestido, teniendo ya cuatro meses quizás podía ser anticipado de su parte celebrar pero se sentía más fuerte que nunca, como si fuera su primer hijo y sintiera que todo iría bien, su corazón se lo decía. La reina Mirai portaba un elegante vestido de seda naranja-rojiza, de escote alto y cuadrado con un margen cobrizo, y la tela estaba estampada en intrincados diseños florales unidos al emblema de la casa Tudor en color carmín, de falda lisa de una sola capa y mangas acampanadas forradas en piel rojo oscuro en los bordes y debajo unas holgadas mangas inferiores que se ceñían en las muñecas, de seda cobriza y que brillaba contra la luz, alrededor de su cuello reposaba una guirnalda de oro de la que pendía un gran rubí sobre una cama de oro, y su cabello ébano era cubierto por un tocado ingles tipo cofia cuyo velo rojo oscuro caía tras su espalda, y el margen dorado en la cima adornaba su coronilla. Se había prometido interiormente que, de nacer un niño, este sería nombrado Kiba en honor de su padre como continuador de la dinastía Tudor o Tekka que era un nombre ingles muy popular en los reyes, pero si nacía una niña—no era lo ideal, pero una opción—la nombraría Sakura en honor de su querida hermana.

En medio de su línea de pensamientos, sus doncellas se irguieron repentinamente, reverenciando a su señor y esposo el rey quien para su sorpresa había decidido visitarla en la privacidad de sus aposentos, haciendo que el semblante siempre adusto y reservado de Mirai diera lugar a una sonrisa, haciendo amague de levantarse pero ni siquiera tuvo la necesidad ya que Kiba se sentó a su lado, acariciando su vientre a través de la tela del vestido y diciendo sin necesidad de palabras lo orgulloso que estaba de su magnífico hijo. Siempre guapo y galante con ya veinticuatro años, alto, fuerte y caballeroso, Kiba portaba un elegante jubón marrón grisáceo—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y cerrado con mangas ceñidas en las muñecas—de cuello alto y cerrado con un ligero faldón hasta los muslos, abierto en A bajo el vientre y ceñido a su cuerpo por un cinturón negro, pantalones marrón grisáceo y botas de cuero negro, teniendo encima un pesado abrigo de piel negro forrado en terciopelo gris claro en el interior, y alrededor de su cuello reposaba un largo toisón dorado que hacía destacar aún más su rebelde cabello castaño peinado hacia atrás bajo una boina de terciopelo negro. Sonriendo para mantener la alegría de su esposo, Mirai eligió no decir que no estaba del todo segura interiormente de que el bebé en su vientre fuera un niño, instinto maternal o lo que fuera pero Mirai sentía que el bebé que nacería dentro de cinco meses no sería lo que todos esperaban, pero eso no le interesaba pues ella estaría feliz en tanto naciera sano…


Lisboa, Portugal

Lograr que Sakura lo perdonase había probado ser algo difícil de lograr para Sasuke pero ello no le sorprendía, merecía una sanción incluso mayor pero él no se atrevió a sugerirlo siquiera, no deseando estar lejos de ella por más tiempo y sabiendo que en los últimos días solo sus hijos habían tenido el privilegio de gozar de su compañía y literalmente solo se enteraba de todo por lo que ellos le contaban o las doncellas de su esposa cuyos esposos le eran inquebrantablemente leales como miembros de su Consejo Real. Postergando a propósito sus compromisos y cualquier asunto de Estado que de hecho le resultaba superfluo en ese momento, Sasuke fue reverenciado a su paso por las doncellas de su esposa en su camino hacia su habitación privada, vistiendo un elegante jubón verde musgo—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas que se ceñían en las muñecas—de cuello cuadrado y mangas ceñidas de seda ónix con detalles dorados bajo acampanadas mangas con dobladillo oliva, largo faldón y ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro, con pantalones negros y botas de cuero de igual color debajo, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre. A solas y libre de compromisos mientras continuaba recuperándose del parto luego de una semana de lo ocurrido, pudiendo levantarse de la cama finalmente, Sakura se encontraba sentada delante de su escritorio terminando de beber un plato de sopa con una distraída sonrisa al dejar la cuchara a un lado y limpiándose los labios con una servilleta.

—Los galenos me dicen que coméis con buen apetito— comentó Sasuke para romper con el tenso silencio que se gestó en el ambiente con su llegada.

—Tantos días de ayuno hacen delicioso hasta el plato más sencillo— justificó Sakura terminando de limpiarse los labios pero no volviendo la mirada en su dirección.

—También habéis recuperado el humor, por lo que veo— sugirió el Viseu por la sonrisa que adornaba sus labios y que pudo apreciar mejor al acercarse a ella. —Vuestro rostro ha recuperado algo de su color, y al contemplarlo yo recupero un poco de calma— declaró arrodillándose a sus pies cual vasallo y para encontrarse a su misma altura.

Como rey y teniendo ya cuarenta y seis años, Sasuke se sentía rejuvenecer constantemente junto a su hermosa esposa cuya presencia y belleza le quitaban el sueño, alzando una de sus manos para acariciar cuidadosamente el rostro de Sakura quien cerró los ojos con inevitable placer al sentir su tacto y presencia que mucho había añorado en estos días transcurridos tras el parto y en que mucho se había negado a recibirlo, pero eso solo hacía más dulce su reencuentro haciéndola sonreír discretamente y dándole a Sasuke la victoria que tanto había deseado obtener. La Haruno portaba un bello y femenino vestido de seda celeste claro con escote cuadrado—debajo un enagua blanca de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y con hombros caídos—con opacos bordados de hilo de plata, un contorno dorado enmarcando su escote y del que pendía un broche en forma de cruz con un zafiro en el centro y del que colgaban tres pequeñas lágrimas de perlas, cortas mangas hasta los codos y falda de una sola capa, con su largo cabello rosado recogido tras su nuca para despejar su rostro pero formando una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla y resaltando unos largos pendientes de oro con forma oval y de los que pendían dos perlas en forma de lagrima. Volviendo la mirada muy sutilmente hacia el rostro de su esposo y negándose a claudicar, Sakura tuvo que admitir al menos interiormente que se sentía muy halagada por la vehemencia en las palabras de su esposo así como la devoción impresa en su tono de voz y en sus ojos.

—Estos días, en que habéis estado inconsciente, han sido para mí la peor de las torturas— confesó Sasuke con voz temblorosa y siendo completamente honesto con su esposa. —He sentido lo que sería perderos...y no sabéis cuanto he temido por vos— vivir sin ella era demasiado doloroso de imaginar, no podría tolerarlo. —Lo siento muchísimo— se disculpó admitiendo que la culpa de lo ocurrido recaía solo sobre su persona.

—Os perdono, porque os amo y porque no imagino mi vida sin vos— aceptó Sakura no pudiendo continuar molesta con quien tanto amaba. —Perdonémonos, ambos, pues como habéis dicho sois mi señor y rey— recordó citando las mismas palabras que él había usado durante su pasada discusión. —Pero nunca olvidéis que no soy solo vuestra esposa— determinó sosteniéndole seriamente la mirada como recordatorio.

—Nunca podría olvidarlo— sosegó Sasuke desestimando las palabras que había pronunciado durante su discusión, —y os amo por ello— pues así la había conocido.

La gran mayoría de los matrimonios reales se basaban en la igualdad; dos príncipes de alta alcurnia que eran emparejados en pro de una alianza política que habría de unir sus reinos, en otros casos se mantenía este proceder solo que emparejando a una princesa con un rey si este necesitaba herederos o una dama que lo ayudase en la administración de sus dominios, y contados eran los casos en que una reina viuda debía desposarse con un rey que ascendía al trono. El caso de Sasuke y Sakura era igualmente particular porque ella era quien había aportado legalidad a su matrimonio y posesión del trono portugués tras su fallecida hermana Takara, Sasuke solo había sido Duque de Viseu al momento de comprometerse con ella, no era el heredero al trono sino la única opción de evitar una guerra civil o una crisis que llevaría a ello, mientras que Sakura había sido la hija de una reina legitima emparentada con la estirpe portuguesa por su abuela la fallecida reina Sumiye de Portugal, y aunque nadie lo señalase Sakura siempre tenía un estatus superior al de su esposo pese a este ser rey, porque ella era hija, nieta y bisnieta de reyes. Alzando una de sus manos para acunar el rostro de su esposo y trazando sus facciones con sus dedos, Sakura suspiro al reafirmar que sin importar el paso del tiempo Sasuke continuaba pareciéndole el hombre más guapo y dulce sobre la faz de la tierra, importaban los humanos errores que cometiera, porque lo amaba con todo su corazón, instándolo a ponerse de pie pues no sería digno de su persona que alguien lo viese a sus pies.

—¿Sabéis algo del almirante Iwagakure?, ¿Sigue siendo Almirante para empezar?— inquirió Sakura regresando al tema de su pasada discusión mientras lo veía erguirse.

—Para vuestra alegría, si, y he decidido replantearme las acusaciones contra él— respondió Sasuke viendo el brillo de la alegría adornar los pozos esmeralda de su esposa. —Me escribió una carta en que dice que planea embarcarse a Goa, siempre que de mi permiso— agregó extrayendo la carta de la manga de su jubón y tendiéndosela a su esposa.

Recibiendo fascinada el documento, Sakura lo desdobló y leyó el contenido ansiosa de tener noticias del Gran Almirante de Portugal, estampando una sonrisa aún mayor en su rostro al saber que lord Han Iwagakure se encontraba mejor de salud, lo que esperaba pudiera permitirle viajar hacia Goa en las próximas semanas, y aunque interiormente Sasuke tuviera sus reservas y pretendiese reemplazar al Gran Almirante con lord Killer Bee, eligió postergar esta decisión un tiempo más, ya habiéndole escrito para que regresara. Lo que Sasuke y Sakura no podían saber que es el viaje del Almirante Han Iwagakure hacia Goa se vería truncado pues, pese a su breve mejoría, su salud empeoraría—por lo que hizo redactar su testamento, nombrando a una delegación de capitanes, altos funcionarios y miembros de un consejo para que decidieran los asuntos en la India—y finalmente fallecería el 16 de Diciembre de 1515, tras haber escrito una carta para su rey implorando misericordia y protección para con su familia, a la par que asegurando su lealtad para con su soberano. Muy respetado y alabado como conquistador en la India, la ciudad se había levantado en gran llanto y muchos habían salido a las calles para presenciar la procesión de su funeral, siendo enterrado en la Iglesia de Nossa Senhora da Serra en Goa, que había sido construida en 1513 por orden suya para agradecer a la Virgen por su escape de la isla de Kamaran, siendo posteriormente sepultado con todos los honores como correspondía a un representante del rey.

Portugal perdía a su mayor Almirante, pero no lo sabría hasta meses después.


Castelo de Sao Jorge, Lisboa/Noviembre de 1515

Regresar paulatinamente a la vida en la corte había sido difícil para Sakura, su ultimo embarazo y parto había sido el más extenuante de todos, todo había ido bien pero su cuerpo había tardado más en reponerse tanto de la hemorragia como de la fiebre que había durado varios días, pero afortunadamente había podido continuar despachando a los embajadores y nobles de la corte desde sus aposentos hasta regresar a sus obligaciones, confiándoles a sus hijos los deberes que sentía no poder realizar porque después de todo ya casi serian adultos según el criterio de la época y debía confiar en ellos. Acompañada de sus doncellas que la dejaron a solas, la reina Haruno ingresó en su habitación privada para su momento de oración, ataviada en un elegante vestido de seda esmeralda—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—estampado en bordados florales de hilo de plata, de escote alto y cuadrado ceñido a su figura por un ajustado corsé, falda de una sola capa y mangas holgadas que se ceñían por muñequeras negras que finalizaban en holanes blancos, y sus largos rizos rosados estaban pulcramente recogido tras su nuca y peinados sobre su coronilla por una trenza en forma de cintillo resaltando unos largos pendientes de oro y esmeralda con una lagrima de perla al final a juego con el broche que pendía de su escote. Pretendiendo aproximarse a su reclinatorio donde se encontraba su rosario aguardando por ella, la reina se sorprendió al hallar a su confesor y amigo Fray Jugo Otogakure aguardando por ella.

—Fray Jugo— reconoció Sakura inclinando respetuosamente la mirada ante su confesor y viceversa. —¿De qué queréis hablarme con tanta urgencia?— inquirió suponiendo que importante debía ser la cuestión para hablar con ella en su intimidad.

—Se trata de vos, Alteza— respondió de inmediato Fray Jugo a su sorprendida reina. —Debéis evitar quedar de nuevo embarazada o correrías un gravísimo peligro— informó teniendo el mayor tacto posible en su tono de voz.

—No comprendo, mi último embarazo fue maravilloso— negó la reina Haruno confundida, —es cierto que tarde en recuperarme, pero es un gaje en el oficio de una reina...— esbozó una sonrisa nerviosa, intentando convencerse de que era un error.

—Alteza, es cosa segura, si no hacéis algo ahora moriréis pariendo o lo haréis poco después— interrumpió el fraile dando un paso más cerca de ella. —Vuestro físico me ha suplicado que os lo haga saber, vuestro cuerpo está agotado— insistió no consintiendo que ella lo ignorase por más tiempo o ello podría tener fatales consecuencias.

Como físico que era, lord Dan Kato no soñaría nunca en dar órdenes a su reina sino que debía confiar en que ella sabría lo que era mejor pues desde sus primeros partos le había hecho saber que de encontrarse en una situación peligrosa lo mejor sería simplemente recurrir a la abstinencia con el fin de evitar un embarazo que pudiera poner su vida en riesgo, pero ya que su reina había continuado con una casi ininterrumpida rutina de embarazos dando a la corona real y la dinastía Uchiha heredero tras heredero varón, era evidente que ella solo estaba pensando en el bien del reino y no el suyo, por lo que lord Dan Kato había expuesto la situación a la única persona que esperaba pudiera hacerla entrar en razón, su confesor. Aunque no era la primera vez que escuchaba que un parto podría poner en riesgo su vida o que la misma podía correr peligro si volvía a embarazarse demasiado pronto, esta vez nada preparó a Sakura para la descomunal fuerza del golpe contra ella, apenas y había regresado a la corte, en aproximadamente un mes o más terminaría su cuarentena e interiormente ya deseaba volver a sentir el tacto de su esposo sobre su cuerpo, sabía que Sasuke siempre la desearía sin importar lo que pasara…pero ¿Cómo continuar ahora sabiendo que eso solo habrían de ser recuerdos? Volver a embarazarse involucraba morir y solo sería posible evitar un embarazo si Sasuke no volvía a visitar su cama pero, ¿Cómo negárselo si era lo que ella misma deseaba? Era tan doloroso de imaginar que sintió una lagrima deslizarse por su mejilla.

—¿Cómo me pone a prueba Dios de este modo?— pregunto Sakura al aire con voz quebrada. —Me debo a mi esposo y a este reino, y ahora me exige que no cumpla mis obligaciones con ninguno de ellos— era incomprensible en su subconsciente.

—Antes que a nada o a nadie, os debéis a nuestro señor— obvió Fray Jugo recordándole su deber como cristiana.

—¿Y por qué me hizo reina y mujer?— cuestionó la Haruno elevando su voz con frustración. —Tengo tanto miedo...es el más cristiano y amante esposo, pero temo alejarlo, que busque lo que yo no puedo darle y acabe perdiéndolo para siempre— suspiró en un sollozo y enterrando el rostro entre sus manos. —¿Cómo decir adiós a esos días felices, que aún más me lo parecen cuando sé que no han de volver?— nuevas lagrimas se deslizaron por sus mejillas por tan solo pensar en ello.

—Es la voluntad de Dios— insistió el fraile entendiendo su dolor pero señalando aquello que era ineludible, su comprensión, —cometeríais un grave pecado, si por vuestros temores arriesgáis vuestra vida— señaló viéndola apartar la mirada pero esperando que pudiera entender. —Solo tenéis un camino; resignaos y confiad en Dios— como cualquier alma cristiana. —Si lo deseáis, hablaré con el rey...— surgió de poder ser de ayuda.

—No, me avergonzaría que lo hicierais— negó ella no concibiendo la idea siquiera. —Por favor, dadme tiempo, yo se lo diré— pidió intentando convencerse de ello.

Asintiendo en silencio y comprendiendo las razones de su reina cuya entrega al reino era tan conocida como alabada y siendo además la maternidad un asunto de Estado, Fray Jugo no tuvo problema en entender que lo que su reina necesitaba era tiempo a solas, reverenciándola respetuosamente y procediendo a retirarse, esperando o deseando que nada impidiese a su reina entender las consecuencias que tendría ir en contra de todas estas señales. Escuchando las puertas de sus aposentos abrirse y cerrarse tras su confesor y encontrándose verdaderamente a solas, Sakura se volvió hacia su reclinatorio ante cuyo altar se encontraba la cruz, arrodillándose y sosteniendo su rosario que entrelazo entre sus manos, bajando la cabeza y sintiendo como una penitente, deseando respuestas y orientación del Dios y señor en quien tanto crecía, cuya voluntad había acatado sin cuestionarlo hasta el día de hoy, mas sintiéndose enormemente perdida en el momento presente y sin saber cómo proceder pese a tener todas las indicaciones, porque nada estaba claro en su mente sino que muy confuso. Intento aferrarse al hecho de que aún quedaba alrededor de un mes antes que la cuarentena post parto se acabara, ese era su límite y quizás incluso podría dilatar el tiempo un poco más intentando encontrar una respuesta o declaración apropiada para su esposo, ni siquiera deseando ver la desilusión en sus ojos por la idea de no volver a compartir la cama ni hacer el amor. Solo esperaba poder encontrar la fuerza suficiente para no cometer una locura en su lugar…


Hacerse ver entre el pueblo era una labor que los soberanos debían tomarse muy a consciencia, usualmente los reyes podían pretender que vivían en un mundo aparte del resto de sus súbditos, más en ocasiones en que la gloria imperaba y donde bien podrían distanciarse o encerrarse en su capullo de privilegios, pero no en el caso de Sakura que había aprendido desde muy pequeña de su madre la reina Seina la importancia de tener la gracia y aprobación de su pueblo en su reinado, y desde su llegada a Portugal Sakura se había decidido a ser digna del amor y respeto que le profesaban sus súbditos, tratando de que estos fueran tan felices como ella y viceversa. Fue con ese propósito que el rey y la reina se hicieron ver por el pueblo, junto a sus hijos el príncipe Itachi y las Infantas Sarada y Mikoto, tras visitar y supervisar las obras del aun en construcción Monasterio de los Jerónimos, sonriendo o inclinando la cabeza al paso de la gente que los vitoreaba con gran jubilo y emoción; siempre galante y digno de admiración, el rey Sasuke vestía un elegante jubón de seda cobriza—debajo una camisa negra de cuello alto y cerrado—de cuello en V con opacos bordados dorados, de mangas ligeramente abullonadas que se tornaban ceñidas en las muñecas, pantalones marrón claro y botas de cuero, teniendo un toisón alrededor del cuello y sobre el jubón portaba un abrigo de igual color, sin mangas y forrado interiormente en piel color negro, portando una boina marrón oscuro con una pluma sobre su cabello azabache azulado ligeramente despeinado.

—¡Dios bendiga al rey!

—¡Dios bendiga a la reina!

Los gritos de la gente no hicieron más que tornarse en verdaderos alaridos de euforia al ver a la reina, todos conociendo de sobremanera sus donaciones a los más pobres, su caridad con los necesitados o sus incontables muestras de afecto para con quienes más lo necesitaban, prendando de su belleza y dulce sonrisa así como del sonrojo que pintó sus mejillas mientras observaba la reacción de la gente a su presencia, manteniendo su mano entrelazada con la de su esposo el rey, deteniéndose en su camino al carruaje para corresponder al afecto de la gente. La reina portaba un elegante vestido azul pastel que pasaba desapercibido en su mayoría bajo un pesado y largo abrigo de piel marrón oscuro con cola que permanecía abierto, de mangas ligeramente anchas, con guantes de cuero marrón oscuro cubriendo sus manos, y sobre su cabeza—cuyo largo cabello rosado estaba pulcramente recogido tras su nuca—se encontraba una boina portuguesa de seda azul pastel con bordados florales en lila y violeta, decorada por una pluma blanca que se mecía ligeramente con el viento. Usualmente la reina Sakura era la primera en admitir que el protocolo existía para dar seguridad a los miembros de su familia, pero en esa ocasión y para dejarse ver se negó a subir al carruaje sino que en su lugar emprendió regreso sobre el lomo de su yegua purasangre, montando al lado de su esposo el rey quien como siempre siguió ciegamente su criterio. Portugal vivía un constante estado de florecimiento gracias a todos los logros y descubrimientos obtenidos, y había que disfrutarlo…

De regreso en el Castelo de Sao Jorge, la reina Sakura se reunió en privado con sus hijas en sus aposentos, quizás fuera el ser consciente de lo frágil que se había vuelto su vida lo que la hacía disfrutar de todas estas alegrías, o porque su leal confesor Fray Jugo Otogakure le había advertido a donde podría conducirla un nuevo parto, pero Sakura sintió que debía comenzar a sostener conversaciones cada vez más serias con sus dos hijas mayores en la intimidad de sus aposentos. La reina Haruno portaba un bello vestido celeste grisáceo—debajo una enagua blanca de cuello en V y mangas ceñidas en las muñecas—de escote cuadrado con un corte en V y hombreras azules, mangas acampanadas que llegaban a cubrirle las manos y falda de una sola capa, con el contorno del escote, los hombros y el dobladillo de las mangas bordados de perlas, y su largo cabello rosado se hallaba pulcramente recogido tras su nuca y peinado en una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla resaltando el collar de dos vueltas de perlas que caía sobre su escote con dos letras S, a juego con los pendientes de plata y zafiro en forma de lagrima que brillaban contra la luz. De entre sus dos hijas, Sarada seria quien tendría mayores deberes y expectativas, pues Sakura estaba barruntando seriamente la posibilidad de concretar una boda entre ella y el joven Archiduque Boruto Uzumaki, hijo y heredero de su hermana Hinata y que un día se convertiría no solo en rey de las Españas sino además en Emperador del Sacro imperio Romano Germánico.

—El día de hoy fue maravilloso— sonrió Mikoto observando a la nada y mostrándose obnubilada.

—Sentir el cariño de toda la gente es revitalizante— correspondió Sarada sintiendo pleno su corazón.

—Y no lo olvidéis— asintió la reina Sakura, feliz de las emociones que sentían sus hijas. —El propósito de dejarnos ver entre el pueblo es despertar su admiración, ser dignos de su amor, porque un soberano nunca está por encima de sus súbditos hasta ser tan feliz como su súbdito más infeliz— un soberano debía ser estricto con sus súbditos para que respetasen la ley, pero también bondadoso para merecer su amor.

Sakura dudaba que otra madre pudiera estar tan orgullosa de sus hijas como ella misma, viendo que estaban dejando de ser niñas para convertirse en hermosas mujeres; su hija mayor Sarada portaba un elegante vestido de seda azul zafiro—debajo una enagua blanca de escote en V con cortos holanes en las muñecas—de escote cuadrado con bordados dorado en el contorno, en el dobladillo de la falda abierta en A dividiendo la superior de la inferior, en las mangas abullonadas con cortes en los lados que exponían unas mangas inferiores, ceñidas en las muñecas, y su largo cabello azabache caía tras su espalda, adornado por una diadema de tipo cintilo compuesta de múltiples broches de oro con zafiros en el centro, como aquellos que estaban entrelazados con sus largos rizos, y alrededor de su cuello reposaba una guirnalda de perlas con la inicial de su nombre, la letra S de la que pendía una lagrima de perla. Su siempre recatada hija menor Mikoto portaba un vestido también azul solo que de un tono grisáceo, de escote redondo—debajo una enagua de cuello redondo y mangas que finalizaban en largos holanes que llegaban a cubrirle las manos—, con el corpiño bordado de perlas en el centro, las mangas tenían cortes en los lados, anudándose a lo largo de los brazos y finalizando en mangas acampanadas, y la falda se dividía en una inferior en A bajo el vientre, con sus largos rizos rosados peinados para caer tras su espalda y despejar su rostro, haciendo destacar unos pequeños pendientes de oro con una perla en forma de lagrima.

—Hijas mías, los hombres tienen sus responsabilidades y nosotros las nuestras, pese a que tengamos el mismo corazón— mencionó la reina Sakura observando entre seria y dulcemente a sus hijas. —Pero es nuestro deber tomar las decisiones más difíciles porque nacemos preparadas para ello— no eran reconocidas por ello pero las mujeres siempre tomaban las decisiones más duras. —Aferraos a estas palabras— pidió entendiendo que les pedía demasiada compresión siendo tan jóvenes, pero ese sería el deber de sus vidas.

—Sí, madre— respondieron ambas Infantas al unísono y observándose entre sí por el rabillo del ojo.

Despidiendo de ese modo a sus hijas, no queriendo distraerlas de sus deberes como el estudio de idiomas, música, bordado o el simple hacerse cargo de la múltiples obras de caridad que administraban pese a los jóvenes que eran—Sarada de doce y Mikoto de once—, Sakura observó sonriente la forma en que sus dos hijas la reverenciaban respetuosamente—siendo su reina pese a ser también su madre después de todo—y las siguió con la mirada mientras ambas le daban la espalda y abandonaban la estancia, hablando entre sí por lo bajo y que la enterneció, recordándole sus días de inocencia en Castilla y su entrañable vínculo con su hermana Mirai. Pero la nostalgia de los días pasados tuvo un efecto contraproducente, elevo a la superficie todos los sentimientos que habitualmente podía contener bajo reglas del protocolo aprendidas de memoria, volviéndola muy emocional y haciendo que estuviera casi al borde de las lágrimas, sintiendo un escalofrío en su interior y recordando la pasada advertencia de su confesor, pero el escalofrío no fue por ella, por temor a la muerte o por siquiera imaginarse en una cama desangrándose por un parto fatal. No, su preocupación estaba destinada a sus hermosas hijas que dentro de solo unos tres o cuatro años tendrían la edad para aventurarse a lo desconocido como ella, las había educado para cumplir siempre con su deber, sabía que se entregarían a su destino con valor y fuerza, pero…¿Cómo pedirles que pusieran en riesgo sus vidas por llevar un hijo en el vientre como podría ocurrirle a ella?

Sakura temía más que nunca por el futuro.


Castelo de Sao Jorge, Lisboa/Enero de 1516

Decir era más fácil que hacer, y no fue hasta ese momento que Sakura lo entendió; quizás fuera le hecho de que su padre el rey Pein—a quien nunca había sido particularmente cercana, pero que era su padre después de todo y a quien guardaba un profundo afecto—había muerto en los últimos días o bien la muerte del gran Almirante Han Iwagakure de la que finalmente se enteraba el reino—habiendo fallecido en Diciembre del año anterior—o el hecho de que ella aún se encontraba muy sensible emocionalmente tras el nacimiento de su hijo Naka, pero todo confluyo en una fatídica noche en que su esposo había acudido a verla como siempre…solo que la cuarentena había terminado y en todo el tiempo transcurrido ella no había encontrado tiempo para decirle la verdad. Todo había comenzado con un beso que había dado paso a otros más y antes de darse cuenta se encontraba envuelta en un torrente de fuego del que no pudo ni encontró las fuerzas para salir, suspirando el nombre de su esposo mientras Sasuke la desvestía y antes de darse cuenta ambos ya se encontraban recostados sobre la cama y envueltos entre las sabanas pero sin que nada se consumase aun, presas de aquel juego por parte de Sasuke quien descendió sus labios a lo largo de su cuello hasta el valle entre sus pechos, aprisionando uno de sus pezones entre sus labios y haciéndola gemir mientras cerraba los ojos, sintiéndose ella al borde de las lágrimas, deseando tanto decirle la verdad pero temiendo censurar su proceder y detener eso para siempre.

—¿Qué sucede, Sakura?— inquirió el Uchiha al sentirla estremecer, alzando la mirada hacia ella. —¿Por qué lloráis?— secó cuidadosamente la lagrima que casi resbaló por su mejilla.

—De felicidad— sosegó la Haruno con la voz quebrada de emoción. —Estoy loca, tan loca como mi hermana Hinata— suspiró sin saber si era así pero sintiéndose de ese modo.

—¿Por qué creéis estar loca?— preguntó Sasuke entre confundido y muy preocupado por toda la emocionalidad que veía en sus ojos.

—Porque os amo hasta la locura— justificó Sakura entendiendo lo lejos que estaba dispuesta a llegar por lo mucho que lo amaba. —Estoy loca porque deseo que seáis solo mío; loca porque no quiero que busquéis en otra lo que yo se daros y me sobra; loca porque aspiro engendrar y parir vuestros hijos; loca de amor— no quería dejar de ser suya ni quería que el dejara de ser suyo.

No había una sola cosa que no estuviera dispuesta a hacer por su esposo y ello incluía arriesgar gustosamente su vida o perderla, claro que no era su intención que se llegara a tanto pues interiormente confiaba en que, de no estar escrito ni ser lo justo, Dios no la llamaría a su reino si esta noche—o las que siguieran—llevaba a un embarazo, puede que fuera una decisión torpe pero no iba a negarse a su esposo, no esa noche ni ninguna otra porque su deber siempre había sido—desde niña—convertirse en su esposa y amarlo con todo su ser. Era egoísta, pasional, impuro o lo que fuera pero deseaba desesperadamente ser suya, tenerlo en su interior y, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros para acercarlo hacia sí, podía sentir que él tampoco podría esperar más, lo confirmo al bajar brevemente la mirada y observar su miembro completamente erecto por ella. Aunque sorprendido por la vehemencia en las palabras de su esposa así como por todas las emociones que veía en sus ojos, Sasuke sonrió ladinamente, conmovido por la fuerza de los sentimientos de Sakura a la par que ingenuamente desconociendo lo que ocasionaría consumar esos sentimientos, sosteniendo lenta y posesivamente la cadera de su esposa con una de sus manos y usando la otra para guiar su miembro hacia su intimidad, y ante lo que Sakura no pudo negarse, abriendo las piernas para situarlas a ambos lados del cuerpo de su esposo, permitiéndole tomar y hacer lo que quisiera con ella.

—Creo que mi criterio de rey es suficiente para decir que no estáis loca— difirió Sasuke sin apartar la mirada del hermoso rostro de su esposa. —No doy la misma interpretación que vos a la palabra loca— agregó en voz muy baja y acercando su rostro al suyo para reclamar los labios de su esposa que arqueó el cuello correspondiéndole de inmediato.

En medio del beso Sasuke empujó su miembro lentamente en el estrecho interior de su esposa que se arqueó contra él, rompiendo el beso y gimiendo melodiosamente, moviendo sus caderas contra las suyas y sintiéndolo penetrar hasta la empuñadura, él gimiendo roncamente mientras volvía a reclamar sus labios, retirándose lentamente para volver a embestir profundamente, ambos sintiendo su necesidad y excitación mutua. El ritmo fue lento mientras Sasuke sostenía las caderas de su esposa, intentando llegar tan profundamente dentro de ella como le era posible, Sakura envolviendo sus piernas alrededor de sus caderas en respuesta, bajando la mirada entre la unión de sus cuerpos y rompiendo el beso solo para gemir de placer, amando la sensación de tenerlo en su interior y sabiendo que él sentía lo mismo mientras gruñía contra el costado de su cuello. Aunque el ritmo del acto fue considerablemente más lento en relación con otras oportunidades, Sakura disfrutó enormemente de ello pues le permitió sentir la longitud y grosor del miembro de su esposo, y le permitió disfrutar de la sensación de ser total y completamente llena por su esposo cuyo nombre gimió sin disimulo entre sus embestidas, no importándole en absoluto si aquello era una locura porque sencillamente era la única forma de demostrarle completamente a su esposo lo mucho que la amaba. Temblando de placer y gimiendo el nombre de su esposo al sentirlo embestir acompasadamente contra su interior, Sakura acunó torpemente el rostro de Sasuke entre sus manos.

—Os amo más que a mi vida— suspiró la Haruno entre gemidos de placer, —más que a este reino, más que a mis hijos, por encima de todo lo que hay en este mundo...—tuvo que detenerse para sonreír, viendo el mismo amor, deseo y veneración en los ojos de su esposo. —Que Dios me perdone— pidió únicamente en voz alta pero sin arrepentirse.

Obnubilado tanto por la belleza como por las declaraciones de su esposa, habiendo entendido desde hace tiempo lo mucho que ella lo amaba y cuanto estaba dispuesta a hacer por él, Sasuke sintió que realmente no lo comprendía en profundidad hasta ese momento, viendo cuan etérea se veía debajo de él, con sus largos rizos rosados esparcidos sobre las sabanas, su hermoso rostro iluminado por la luz dorada de las velas, sus pechos presionados contra su torso y sus piernas envueltas alrededor de sus caderas mientras él se retiraba lentamente para volver a embestir, viendo el placer en sus ojos aumentar a cada momento. Arqueándose contra su esposo quien recorrió los lados de sus cuello con sus labios, Sakura no pudo evitar gemir incontrolablemente ante las sensaciones y la tensión que comenzaron a surgir en lo más profundo de su interior, pudiendo sentir no solo su propio disfrute y sino el de Sasuke junto con su intensa atracción mutua mientras sus cuerpos continuaban deleitándose en su placer compartido, lento pero increíblemente apasionado y lleno de deseo el uno por el otro, saboreando la sensación de sus cuerpos moviéndose perfectamente juntos, creando una sensación de máxima conexión e intimidad. Ambos pronto comenzaron a sentir la acumulación mutua de presión que sabían los conduciría al orgasmo, fundiéndose en un nuevo beso, gimiendo contra los labios del otro, sin dejar de mover sus cuerpos al encuentro de tan placentera sensación, Sakura arañando los hombros y espalda de su esposo.

Moviendo caderas de adelante y atrás con más fuerza, Sakura envolvió fuertemente sus piernas alrededor de las caderas de él, todavía queriendo tomar tanto de Sasuke dentro de ella como le fuera posible, y pronto tuvo su orgasmo, temblando mientras se arqueaba contra él y gimiendo su nombre, sintiendo como el placer fluía a través de su vínculo, envolviendo sus brazos alrededor de la espalda de Sasuke quien no tardó en alcanzar su propio orgasmo, derramando su semilla profundamente dentro de ella. Embistiendo lentamente contra el interior de su esposa de forma irregular y descuidada entre las ultimas olas del clímax, saboreando la sensación de ser completamente uno solo y del placer que les provocaba el acto, recostándose sobre el cuerpo de su esposa, Sasuke suspiró su nombre mientras enterraba su rostro en el valle entre sus pechos, besando uno de los hombros de su esposa con profundo afecto y envolviendo sus brazos alrededor de ella en un abrazo. Incapaces de moverse, no sabiendo si demasiado afectados por la fuerza del orgasmo o si simplemente deseando permanecer así y en brazos del otro por más tiempo, Sasuke y Sakura respiraron pesadamente y sintiéndose completamente agotados por su divino acto sexual, el Uchiha permaneciendo en el interior de su esposa quien meció ligeramente sus caderas hacia las suyas y disfrutando de ser uno solo mientras él se recargaba en sus brazos para alzar la mirada y presionar su sudorosa frente contra la de ella que sonrió al encontrar sus miradas, fundiéndose en un nuevo beso…


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi y agradeciendo como siempre su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "El Sentir de un Uchiha", luego me tomare un descanso de una semana porque si que lo necesito por mi trabajo, y por último actualizare "El Clan Uchiha" :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi), a dickory5 (agradeciendo su consideración para con mi trabajo y dedicándole la historia en señal de afecto), a kazuyaryo (agradeciendo infinitamente el poder contar con su apoyo y dedicándole esta historia por lo mismo) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (33 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (46 años)

-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal -Sarada Uchiha como Isabel de Portugal

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Saboya -Naka Uchiha como Duarte de Portugal

-Idate Morino como Diego de Silveira -Emi Uchiha como Isabel de Viseu

-Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina) -Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos

-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (30 años) -Kiba Inuzuka como Enrique VIII de Inglaterra (24 años)

-Temari Sabaku como Beatriz de Melo -Moegi Kazamatsuri como Inés da Vila

-Han Iwagakure como Afonso de Albuquerque -Killer Bee como Lopo Soares de Albergaria

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón

-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla -Boruto Uzumaki como Carlos V de España

-Takara Uchiha como Isabel de Aragón -Miso Uchiha como Leonor de Viseu

Discusión, Almirante e Inminente Desenlace: la discusión que represento al inicio del capitulo es ficticia pero esta inspirada en el hecho real de que la reina María de Aragón intentó abogar por el Almirante Afonso de Albuquerque—representado por e personaje de Han Iwagakure en el ficy que junto con Vasco de Gama fue uno de los navegantes y/o exploradores que más hicieron por la gloria de Portugal, con la diferencia que Afonso tuvo enemigos en la corte portugués y que intentaron hacerlo caer, mas teniendo como defensora a la mismísima reina. Como menciono en el capitulo, finalmente el Gran Almirante fallecería con su salud deteriorada y la corte portuguesa no sabría de su muerte hasta meses después, pero el rey probaría ser un hombre honorable protegiendo a la familia del Almirante y dando—en el futuro—un gran honor al hijo de este. Finalmente y múltiples veces en el capitulo represento que inminente final que se acerca para Sakura cuyo cuerpo no tolerara otro embarazo, pero ella no es capaz de decirle la verdad a su esposo por temor a alejarlo, lo que tendrá graves consecuencias y que si bien puede parecer tonto, fue algo real ya que pese a recibir advertencias de su salud, la reina María volvió a quedarse embarazada, lo que terminaría con su vida.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3