Hola mis queridos lectores.

Nuevamente estoy aquí, junto a un un nuevo y tardado capítulo de Plumas Sagradas, deseando que me disculpen por la tan catastrófica tardanza :´(

Bueno, bueno. No les quito más lineas ;)

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Lo que se aproxima


Una niña dormía plácidamente, cubierta por ligeras sábanas con estampa de conejitos. Apenas y tenía 13 años.

Varios años había soportado el dormir mientras que varias personas la observaban, personas que no tenían una parte de su cuerpo, o que llevaban su ropa desgarrada, que no tenían ojos, que lloraban en silencio, que tenían agujeros en el cuerpo o que simplemente estaban tiradas en el suelo observándola; con sus tripas deslizándose de su interior.

Siempre observándola.

De niña gritaba mucho, se volvió depresiva. Tomaba pastillas. Oh, como odiaba estar internada. Allí las visitas eran peores.

Pero esta noche, no había quien le molestara. Se sentía feliz.

―Oye…

De un salto, se apartó del filo de su cama, arrinconándose en la pared. La estaba observando. Estaba con sus brazos recostados al filo de su cama, acostó su rostro sobre estos.

―Qué quieres.―dijo temblorosa, éste no tenía siquiera un moretón.

―Verte.

Oh, no otra vez, tan bien que estaba.

―Todos hacen eso siempre. ¿Por qué?

El chico era mayor que ella, tal vez unos 19 años.

―Porque eres preciosa.

―Y los demás…―miró alrededor de su habitación. Nadie.

―Los espanté. Ellos sí que son acosadores. Ten cuidado porque ellos han estado absorbiendo tu energía vital.―su mirar oscuro no dejaba de seguir un solo movimiento de ella, intimidándola.

―Como los espanto…―preguntó preocupada.

―Teniéndome a mí, aquí.

Se despertó. Un recuerdo nuevamente. Desde que se había levantado, descubriéndose bajo una manta roja, había tenido bastante sueño.

―Otra vez despierta―le susurró el de cabello azabache. Cargaba a la chica de cabellos de fresa sujetándola desde sus muslos, recargando ella su cuerpo contra su espalda.

―Soñé la vez que nos conocimos…

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El vibrar de un celular en medio de una habitación oscura fue capaz de despertarlo. La luz de los edificios traspasaban tenuemente los ventanales de dicho cuarto. Un gruñido se pudo escuchar, las sábanas se removían.

―Justo ahora…―se quejó.

Extendió uno de sus brazos desnudos y cogió dicho aparato.

―Que…―no vibraba el suyo.

―Ni Judas puede vender tan bien como un celular. ¿No?

Se levantó de golpe, esa voz.

Una persona iluminada por la luz de la ciudad se mostraba desde la oscuridad de una de las esquinas.

―Qué haces aquí.

―Solo deseaba ver en qué condiciones vivías.―dijo con una sonrisa leve en los labios.―no esperaba menos de un angelito guapo como tú.―dijo sarcástico, pero la mirada expectante del rubio lo volvió nuevamente a su actitud inicial― Los superiores quieren que te deshagas de esa artimaña. Tienes demasiada benevolencia con criaturas asquerosas como esas.

Sus filosos ojos negros no dejaban de mirar al Uzumaki.

―No, tiene que encontrar la salvación.―Se irguió el rubio mostrándose desafiante. Su pantalón de algodón caía sobre sus pies.

―Hmp. Te voy advirtiendo que dicha salvación puede ser la desdicha para ti.―su cabello plateado se iluminó al sumergirse más a luz.

―…Dios no castiga al que ayuda al prójimo. Tus palabras no tienen coherencia.

―Oh, claro que las tienen. Te advertiré de algo sumamente catastrófico…―se acercó peligrosamente al portador del Kyuubi, acercando su rostro al oído de éste―el amor puede ser la mayor desgracia…

El ojiazul parpadeó, una pequeña pluma se mecía en el inexistente viento de su cuarto.

¿A qué se referiría?

Ahora sí, su celular vibró.

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Una chica de cabello rosado miraba todo pasmada. Estaba en un cuarto de hospedaje junto al chico de cabello negro, mirándola con detenimiento, sentado en el borde de la cama.

― ¿No piensas dormir?―sugirió el chico.

― Es que…yo si he muerto…yo me acuerdo haber saltado de ese puente―dijo en trance, mirando al vacío.

―No me gusta que hables de ese tema―le riñó el ojinegro.

―Creí que eras un fantasma…al igual que los otros…como es que―se acercó a él, extendiendo su mano para tocar su rostro , él espero paciente― ¿Eres real?―una caricia leve ocasionó el nublar de los ojos negros de ese hombre.

―Oh, nena, claro que lo soy―se acercó a ella, quedando a pocos centímetros de sus labios. ―pero tienes que dormir.

― ¿No desaparecerás mañana?, ¿No despertaré de un estado de coma en el hospital?―preguntó con cierto toque de desesperación en su voz.

―Que imaginación tan dramática. No, no desapareceré, nunca.―enfatizó con una clase de gruñido desde la garganta al sentir como deslizaba ella esa mano traviesa por su cuello.

―Prométemelo―insistió.

Sus labios se unieron. No iba a prometerle nada, mejor era el sonido de sus labios saboreándose mutuamente. Lentamente la recostó en esa cama de alquiler.

Ella notoriamente lo olvidó esa noche.

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Un chico, de cabellera negra sujetada en una cola alta, tecleaba a frenéticamente. Su laptop era la única fuente de luz de ese lugar. En mitad de la noche, editaba el artículo de mañana.

El título era: Están entre nosotros

Oh sí. Este artículo iba a ser muy controversial. Ja.

―Puedo notar tu aura muy alegre.

¿Qué?

Shikamaru giró su silla hasta estar de espaldas a su laptop. Miró con clara incomodidad a su acompañante nocturna.

―Nadie te dio el pase para que entraras a aposentos privados.

―Oh, claro. Entiendo. Pero eso no explica el que no quieras que entre a otras habitaciones de otras personas, en general a chicos nocturnos. Como tú.―su cabello dorado y corto estaba atado en dos colas altas. Su mirar intenso ocasionaba cierta tensión en el aire. Subió sus piernas sobre la cama del Nara, cruzándolas.

―No me gusta lo que juegas.―reclamó el pelinegro.

―No estoy jugando.

―Para que has venido.

―Tenía deseos de verte―una sonrisa burlona se asomó sobre los labios de la joven. Le estaba tomando el pelo.

―Dime, que tengo trabajo que hacer.―se giró nuevamente y comenzó a teclear, retomando su trabajo.

Unos brazos delgados, cubiertos por la única yukata que llevaba encima, se enredaron sobre el cuello del joven. Este bufó.

―No estoy enojado contigo―susurró el joven, cansado. ¿Acaso tenía cara de amargado? Pudo sentir una sonrisa formarse de parte de ella.

―Vine porque tengo información valiosa. ― lo soltó y nuevamente se sentó sobre la cama del Nara. Este se levantó y se sentó a su costado.

―Que has descubierto. Temari

―Hubo un escape de energía maligna al atardecer. Algún ser demoniaco poderoso debe de haber salido del infierno.―se miraba las uñas mientras que contaba lo que había sentido―En cuanto a los cambios a los que te referiste por el cráneo Egipcio que posee Ino. Diría que ella tiene razón. Algo malo está por venir. Pero no es de abajo. Ellos ya han salido hace mucho a destruir este mundo. Hablo de los de arriba.―la mirada de Temari viró directamente a los ojos negros del Nara, en silencio. Silencio que el decidió cortar

―Quieres decir que…

―Se aproxima una guerra dimensional.


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Ojojojojojojojojojojo

Los dejo con la malanueva D:

Nos leemos y que el dattebayo los acompañe ;)

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