EP 25: Desierto ardiente

Brunhilde apenas pudo procesar lo acontecido, y su mente era un remolino de emociones confusas. Su media hermana Juana de Arco les había dado la delantera en este torneo, pero ahora mismo se encontraba entre la vida y la muerte producto de las heridas provocadas por un enemigo misterioso, y ahora, Zeus estuvo a punto de cancelar todo el torneo por la furia que le provocó presenciar la muerte de su madre, pero Mefistófeles le impidió salirse con la suya con ayuda de su maligna astucia.

Esta situación despertaba en ella un sentido de alarma. ¿Por qué Mefistófeles arriesgaría su vida por sus hermanas? Sin embargo, el convenio de traerlas de regreso a la vida, valía la pena lo suficiente como para obviar esto de momento.

La esbelta Valquiria se dirigió a su aposento en soledad (ya que Göll se había quedado en el hospital para velar por Juana) al llegar a su estancia, se concentró en el mural de los representantes faltantes para tomar la mejor decisión.

La humanidad llevaba la delantera y deseaba mantenerla así. El problema radicaba en que desconocía quien sería el siguiente titán en atacar, y peor aún, si el misterioso enemigo volvería a aparecer.

Cuando analizaba los rostros en las imágenes de sus representantes sintió un olor nauseabundo a azufre y supo de inmediato de que se trataba.

—¡¿Qué haces aquí, Mefistófeles?!

—Que aburrida eres. Quería sorprenderte—dijo el demonio con tristeza falsa.

—Ya lo has hecho—respondió Brunhilde bruscamente—Hacerle esa jugarreta a Zeus y plantarle cara frente a todo el Olimpo, admito que no cualquiera lo haría.

El demonio se sonrojó visiblemente e hizo una reverencia exagerada contorsionando toda su cintura.

—¡Vivo para complacerte amada mía!

—¡Ya para con eso! no engañas a nadie ¿lo sabias? —cortó tácitamente la valquiria con brusquedad —No sé a qué juegas y no tiene caso preguntártelo, pero mientras tengamos un objetivo en común seguiré tu plan.

—Me duele que pienses así de mi —respondió el demonio, pero rápidamente se calló al ver como Brunhilde lo fulminaba con la mirada.

—¿A qué has venido? No tengo tiempo para tus mentiras. Debo pensar en quien será nuestro próximo representante.

—Pues he venido a ayudarte con eso, querida mía. Tenemos un enemigo con el que no contábamos y ciertamente solo hay un humano indicado para hacerle frente...Mi muy estimado aprendiz, Merlín.

Brunhilde observó fijamente al demonio con seriedad absoluta y trató de mantener su serenidad.

—¿Qué es lo que sabes de ese extraño sujeto que se apodero de Rea?

—Me sobreestimas mucho querida, yo no sé...

—¡¿QUE DEMONIOS SABES DE ÉL?! —Dijo la valquiria eufórica de furia mientras se había abalanzado sobre Mefistófeles con su espada en la garganta del demonio. —¡NO LO VOY A REPETIR!

El caído observaba con sorpresa la mirada desquiciada que tenía la valquiria en ese momento, pero rápidamente se liberó de aquel poderoso agarre con la ayuda de sus alas de oscuridad que inhabilitaron a la mujer momentáneamente.

—Tranquilízate amada mía, me temo que mi información es insuficiente como para ayudar a tu Juana, así que no hay motivo para enemistarnos.

Brunhilde forcejeaba inútilmente contra aquel agarre de las alas demoniacas, pero supo de inmediato que Mefistófeles no le ayudaría aun si lo amenazara, así que se tranquilizó y logró zafarse de aquel agarre.

—¿Ya mejor? —preguntó el demonio con una sonrisa empalagosa.

Brunhilde dio la espalda al infernal ser de mala gana y continuó analizando los rostros de sus representantes faltantes, centrándose en el rostro juvenil del hechicero Merlín.

—¿Qué te hace pensar que él podrá enfrentarse a este misterioso ser que doblegó la voluntad de una titánide?

—Simple. Por qué se de quien se trata.

OOO – OOO - OOO

El desierto del Sahara es considerado como el más grande del mundo abarcando alrededor de una decena de países africanos ubicados al norte del continente.

La temperatura que puede registrar este desierto puede alcanzar hasta los 59 grados Celsius, siendo así, un verdadero infierno en la tierra. Sin embargo, esta temperatura estaba siendo superada con creces con la aparición de un extraño ser en medio del desierto.

La criatura tenía una apariencia antropomórfica. Media al menos dos metros de altura y su piel era completamente dorada. Sus piernas estaban cubiertas con una especie de faldón de llamas azules, su torso desnudo mostraba una musculatura definida y su melena larga y barba estaban hechas de fuego dorado. Sin embargo, lo que más llamaba la atención de su apariencia, era la aureola de fuego blanco incandescente que levitaba sobre su nuca.

El titán miraba con desprecio la luna diurna.

—Ni siquiera te atrevas a entrometerte conmigo. —dijo el ser sin apartar la mirada de la luna. —Cuando acabe aquí, me encargare de ti.

Este extraño comportamiento fue capturado por las cámaras celestiales del Valhalla quienes estaban enfocando al misterioso titán desde las alturas.

—¿Ese es nuestro siguiente oponente? —preguntó Brunhilde con la ceja arqueada en señal de incredulidad al ver el tamaño de aquel titán a través de la pantalla de su habitación.

—Vaya, vaya las cosas se pondrán muy serias ahora—respondió Mefistófeles con una inusual seriedad en su voz.

—¿A qué te refieres? —pregunto Brunhilde extrañada.

—Según lo que he leído en las bibliotecas del infierno, existió un grupo reducido de titanes cuyo tamaño era similar al de un humano porque todo su poder estaba condensado en su forma reducida. Es decir, entre más "humanizado" sea un titán, más poderoso será.

Brunhilde se estremeció al oír aquello, sin embargo, tras haber escuchado la identidad del misterioso enemigo al que se enfrentó Juana, se tranquilizó un poco al percatarse que aún no había llegado la hora de enfrentarlo.

—Bien, guardare a Merlín para enfrentar al titán oscuro del que me hablaste, y si este sujeto es quien yo creo que es, entonces tengo en mente al oponente ideal—exclamó la valquiria con una sonrisa de confianza.

En ese instante, el titán miro directamente a la cámara clavando su mirada gélida en todos aquellos que miraban la pantalla.

—Ni siquiera se atrevan a mandar a un humano en su lugar, basura de dioses. Todo aquel que no sea un dios, morirá al momento de venir aquí. —tras decir esto, las llamas azules de su faldón se extendieron a velocidad vertiginosa inundando el desierto con un calor abrazador y calcinante, incinerando al instante todas las criaturas terrestres y aéreas de la árida zona.

Algunos dioses en el Valhalla soltaron jadeos de sorpresa ante la amenaza del titán, ya que se habían sentido intimidados por aquel extraño despliegue de poder.

—V…vaya esto es bastante inusual…—Exclamó Heimdall con nerviosismo —¿Haremos caso a su demanda, Señor Zeus?

—En lo absoluto—respondió el padre del cosmos de manera despreocupada con un gesto de su mano—Eso es un trabajo para los humanos—añadió con un claro tono de malicia.

—Y así será—anunció Brunhilde con tono triunfal mientras entraba de manera imponente a las tribunas del coliseo al mismo tiempo que una ola de calor golpeaba a los presentes de imprevisto.

—Ningún titán podrá exigirnos nada a nosotros. Los dioses dictamos las reglas en la existencia, y esa basura lo aprenderá a las malas. —exclamó el dios Ra con autoridad suprema haciendo vitorear de emoción a los demás dioses presentes.

—¡Entonces el torneo de la Titanomaquia continuara ahora mismo! —dijo Heimdall con renovados ánimos de ímpetu. —¡La sexta ronda está a punto de iniciar!

Los dioses rugieron eufóricos de emoción tras aquellas palabras y comenzaron a vitorear a sus campeones.

—Los titanes buscaran recuperar su supremacía como la raza más poderosa que alguna vez existió en la tierra, y para ello, han enviado a uno de sus representantes más letales a esta ronda. Alguna vez fue conocido como el regente del sol, el titán que traía la mañana en su carroza ardiente y cuyo poder rivalizaba con los mismísimos dioses, el gran Señor del astro ardiente, el titán ¡HEEEELIIOOOOOSSS!

Una ola de murmullos recorrió los palcos divinos cuando las pantallas enfocaron la imponente figura dorada del titán, quien salió de su ensimismamiento cuando vio en el horizonte un enorme destacamento de chacales antropomórficos que llevaban sobre su hombro un magnifico trono portátil en el que iba sentado una extraña figura femenina.

—Los humanos han alcanzado una inesperada ventaja sobre nosotros —continuó Heimdall con solemnidad —Sin embargo, se enfrentan a un formidable oponente. ¿podrá esta joven emperatriz mantener la ventaja de la humanidad? Con ojos tan profundos como los misterios del Antiguo Egipto y una belleza inigualable que cautiva a los dioses mismos, ella emerge del pasado glorioso como una reina guerrera indomable. Su figura esbelta y grácil oculta un espíritu feroz y astuto que ha desafiado a imperios y conquistado corazones a lo largo de los siglos...su nombre es ¡CLEEEEEOOOOOPATRAAAAAAAA!

La gente en los palcos de la humanidad saltó de algarabía al ver como la hermosa mujer bajaba con gracia de su trono envuelta en un magnificas telas negras.

—¡La sexta ronda entre humanos y titanes inicia ahora!