Rosa y Espina.

Con una vampiresa dormida en su cama y con toda la confianza del mundo el rubio iba camino a su siguiente "deber". Camino hacia el reino de aquella dulce princesa con una sonrisa pícara pero disimulada en su rostro, al llegar vio que muchas personas estaban trabajando en la plaza muchas de estas pidieron su ayuda, el panadero le solicito que le ayudase con un par de trabajos más y así estuvo toda la tarde cuando estaba a punto de esconderse el sol el rubio fue hacia donde estaba la princesa para presentarse.

Entro y nada más guiñándole un ojo a la secretaria paso desapercibido hasta su laboratorio donde estaba aún trabajando en uno de sus raros experimentos. Entro sin previo aviso estableciendo su presencia como de costumbre.

-aquí estoy princesa- decía el rubio acomodándose su cabello el cual se había desordenado por culpa del duro trabajo que le asigno el panadero.

-¿hasta ahora llegas?, el panadero necesitaba que…- entonces fue interrumpida por el joven rubio quien se acercó a la mesa donde estaba la princesa.

-ya eh terminado con eso- decía el rubio viendo a los ojos a la princesa.

-aja…- y entonces la princesa se hipnotizo con los ojos y la camisa sudada del rubio.

Entonces el rubio se dio cuenta que la tenía donde quería, pero debía ser sensato, en ocasiones pasadas esta princesa solía rechazarlo, solo que esta vez… eso no va a pasar.

-sí, ya le ayude al panadero con lo que necesitaba, con día mas de trabajo la plaza estará lista- decía el rubio alejándose de la mesa y secando el sudor de su frente con su camisa dejando por un momento expuestos sus abdominales.

-si ya veo- la princesa seguía en su trance, podría decirse que la atracción de esta princesa había crecido desde que el chico le es tan indiferente.

-bueno, me iré a mi casa, es hora de…- de repente un relámpago cayo adorno de ruido la habitación, había empezó a llover, el rubio se dirigió a la ventana y con una cara de desconcierto suspiro.

-zaz, creo que no podré ir a casa- decía el rubio mientras veia por la ventana, detrás de él había una princesa lamiéndose los labios.

-bueno, esperare afuera a que termine la tormenta- decía el joven dirigiéndose hacia la puerta.

De repente los ojos de la princesa se llenaron de ilusión y sus palabras no pasaron por su cerebro.

-pero hace frio, deberías quedarte y darte un baño- hablaba como si la boca se le hiciera agua, de una u otra manera veía al rubio como una especie de postre.

-pues, dame un momento- en eso tomo su teléfono y envió un mensaje corto y que sabía que al fin de cuentas su pareja vampiresa ni iba a leer. –ok, solo necesito una habitación y un baño- sin tiempo que perder la princesa fue en busca de un lugar para el joven rubio se sintiera cómodo, y entonces la encontró.

-bien, aquí está todo, si necesitas algo solo llámame- decía la princesa intentando no ver al rubio a los ojos.

-gracias- hasta allí fueron los intentos por intentar enredar a la princesa en su juego, después de todo sabía que era una tarea compleja, lo que no sabía es que… todo tiene sus límites.

Al momento de salir la princesa junto con sus alterados y deseosos gustos decidió no ir más allá de un paso de la puerta, daría cualquiera de sus años por ver debajo de la camiseta del joven y no quito su vista de aquella fina línea que traspasaba esa puerta y hubo una palabra que encendió su motor. "pero… no traje ropa para cambiarme", podía caerse el mundo, pero la princesa no quitaría su vista de esa puerta mientras el rubio se desvestía.

De un momento a otro el rubio vio como una sombra se movía tras la puerta, entonces con su camiseta en sus manos decidió lanzarla hacia dicha línea por donde estaba viendo la princesa, sabía que era difícil convencerla de hacer algo "para adultos" sin embargo jugar, era un lujo que el joven siempre se daba.

-ya te vi… curiosa- reía el rubio para que la princesa le escuchase.

La princesa sonrojada y con su corazón latiendo al 100% pensó que estaría en problemas por observar al chico. Entonces decidió entrar a disculparse, intento hacerse la inocente así que entro tapando sus ojos con su mano.

-ey… lo siento, ¿necesitas algo?- decía muy apenada como si nada hubiese pasado la princesa.

-claro, necesito algo, abre los ojos no tengo nada que ocultar- claramente no tenía nada que esconder, después de todo sería un desperdicio no mostrar su bien trabajado cuerpo pensaba el joven rubio.

Cuando la princesa abrió los ojos no pudo evitar sonrojarse a tal punto que esta vez no se le escapo un detalle al rubio.

-bueno, ahí algo emmm… necesito toallas- decía entre balbuceos el rubio para poder entrar en el juego.

Entonces la princesa se acercó al baño a comprobar si esto era cierto, mientras tanto el rubio había pagado la luz de la habitación… entonces empezó el juego.

El rubio sigilosamente abraso a la princesa por la espalda y esta atónita por la acción del joven no dijo una palabra hasta que el chico con su pie cerró la puerta de aquel cuarto de baño.

-déjame quererte hoy- susurraba el rubio en el oído de la princesa quien se derretía escuchando esas palabras.

Pocas palabras y más acción se necesitaron para que la princesa y el joven estuviesen desnudos en la ducha donde había pequeñas bromas, besos en el cuello y la típica frialdad del rubio frente a las reacciones de su pareja.

En aquel bello ambiente donde el agua caliente fluía por el medio del amor de aquella pareja la princesa no conocía que eran esas sensaciones tan agradables y tampoco conocía la discreción, sus gritos además de ser deleite para el rubio se estaban convirtiendo en un problema ya que eran muy fuertes.

-princesa… tu voz- decía el rubio tomando a la princesa por la cintura para detener sus movimientos.

-l…lo siento- decía la princesa colocando su mano junto a la del rubio.

-no te preocupes, yo me encargo de todo- y entonces el rubio como siempre buen amante beso con pasión y arrebato a su pareja mientras volvía a moverse de una manera armónica, esto impidió que la princesa continuara dando su expresión de satisfacción.

El joven sabía que esta oportunidad era única, al recordar las muchas veces que había soñado con la princesa su movimiento adquirió más firmeza y entonces la princesa en medio de tanta lujuria comenzó un deseo infernal de súplica por más y más de ese sentimiento que la hacía perder la cabeza.

-m…mm…mas, quiero más- gritaba la princesa a medida que el rubio iba disminuyendo su ritmo de movimientos

Entre más y más lujuria pedía el sistema nervioso de la princesa más lento se estaba moviendo el joven.

-¡más!- demandaba la princesa viendo a los ojos al rubio cuando este respondía a esta mirada con sonrisa pícara.

Entonces comprendió la princesa que debía "reactivar" al rubio de otra manera, entonces lo beso de la manera más indecente y poco a poco el joven respondía con movimientos lentos. El beso se detuvo y aquella sonrisa extraña seguía dibujada en el rostro del rubio, era una sonrisa como de "meta cumplida", el joven pensó entonces que era hora de terminar con lo que inicio.

Fue entonces cuando el movimiento rápido y fuerte regreso a las caderas de la pareja, la cual se movía de manera rítmica como si el compás fuese el corazón de una sola persona, siguió y siguió el rubio con el mismo ritmo pero pasaba algo inusual, la princesa parecía tener resistencia de un ladrillo, en solo un par de minutos el rubio ya estaba agotado y la princesa con ganas de más, de alguna manera consiguió el rubio que la princesa llegara a su clímax, tarea que implico muchos; besos, caricias y un poco más de agua de la regadera. Claro su recompensa fueron las uñas de la princesa rasgando su espalda.

"si, si y si" escuchaba el rubio mientras su amante se derretía del cansancio en sus brazos. La princesa solo sentía como la satisfacción recorría todo su cuerpo, era algo que su "ciencia" no explicaba era… su primera vez.

Ya en la cama de aquella habitación el rubio solo intentaba conciliar el sueño mientras que su pareja no hacía más que repetirle lo "increíble" que había sido para ella, claro, casi diez años de rechazos al final termino en algo bueno, pero hubo una petición que sorprendió al rubio.

-oye- decía la princesa llamando la atención de su pareja.

-¿mmm?- murmuraba el rubio.

-mas… quiero más- decía la princesa con una sonrisa de pastel. En la mente del rubio habitaba una voz que decía "¿¡que!?" y otra que era un estallido de euforia, pero como siempre el casanova de 20 supo que responder.

-te recuperas rápido… hechicera- decía esto último susurrando al oído de su pareja.

-eso creo- reía la princesa abrasando al rubio.

-por cierto, ¿Qué sucedió con quien iba a trabajar hoy?- decía el joven tratando de cambiar el tema y de ponerle un poco los pies sobre la tierra a su pareja.

-ah, es cierto, lo olvide, mañana debes ir a ayudarle a traer un par de cosas de su reino- decía la princesa recordado sobre la "compañera" de trabajo del chico.

-bueno, no me molesta ir pero creo que a ella si- decía el rubio recordado su nombre.

-no te pedí que fueras a pedirle matrimonio, solo ayúdale con lo que necesite, pronto será una reina entonces no creo que sea tan inmadura- decía la princesa algo celosa de la otra chica quien había tenido relación el rubio hace unos años.

El rubio noto los celos de su pareja y le produjo gracia después de todo no era el tipo de persona que le pusiera mucha atención a esos detalles invisibles para los hombres.

-aja claro, bueno tengo que irme- decía el rubio buscando su ropa.

-¿A dónde iras?, apenas son las 2am de la madrugada.

-ayudare a mi hermano con algo que me pidió, no te preocupes iré después con Phoebe- decía el rubio con la convicción que expresaba que no había de que preocuparse.

-no pero… quédate aquí… conmigo- decía la princesa recordado lo que habían hecho.

-lo siento pero le prometí a mi amigo que le ayudaría, después puedo venir si quieres- decía el rubio levantando los hombros en señal de ignorancia. La princesa intento comprender y al final el rubio ya estaba encaminando a casa.

Cuando estaba llegando hubo alguien que lo abordo como si se tratara de un asunto de dinero, era la vampiresa quien lo empujo quedando sobre él.

-¿Dónde estabas todo el día?- decía la chica viendo con algo de preocupación al rubio.

-a mí también me da gusto saludarte, dame espacio Marcy quiero dormir- decía el rubio quitándose a la chica de encima.

-¿Por qué tardaste tanto?- decía la chica vampira olfateando al rubio cuando este estaba acostado en la cama.

-estaba ayudando a la princesa y su extraño reino, mañana iré a ayudar a otra- decía el rubio intentando conciliar el sueño.

-¿Por qué hueles a esa resbalosa?- decía la vampiresa con celos y rabia en sus palabras.

-estuve con ella todo el día, ¡TRABAJANDO!, es obvio que el olor se te pegue a la ropa- decía el joven defendiéndose de una manera ingeniosa.

-jummm- suspiraba la vampira desinteresada.

-piensa lo que quieras, tengo sueño adiós- decía el rubio cubriéndose con las cobijas, entonces la vampiresa dejo de lado sus especulaciones y lamino el oído de su pareja incitándolo a una madrugada de emociones fuertes bajo las sabanas.

-¿a qué reino iras mañana?- decía la vampiresa desviando el tema.

-a ese reino de fuego, Marcy en serio tengo sueño, mañana arreglamos- frio como siempre había ganado la conversación dejando a la vampiresa enojada en el techo esa madrugada nublada.

Continuara…