Quemando Amor.
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Terminada la madrugada un sol tenas entraba por la ventana del rubio quien despertó con desprecio hacia la luz la cual le quitaba poco a poco el sueño. Quiso pensar en cómo estaría la vampiresa pero no le dio importancia a sus berrinches inmaduros así que solo tomo una ducha se vistió y se dispuso a salir. De repente al salir la vampiresa le hizo un gesto desde arriba de la puerta en señal de enfado, el rubio no quiso darle cuerda a ningún tipo de discusión.
-buenos días- decía el joven fulminante como siempre.
La chica vampira no respondió entonces el rubio entendió que ese era un juego para dos, tomo su teléfono y llamo a la princesa de la noche anterior solo para molestar a la vampiresa.
-¿hola?- decía la voz dulce de aquella princesa del otro lado.
-voy en camino princesa, solo quería avisarte- decía pircaron el rubio viendo a los ojos a la vampiresa mientras esta apretaba los puños en señal de rabia.
-está bien… oye- decía la princesa antes de colgar la llamada –crees que puedas venir esta noche- susurraba en tono sensual pero algo nervioso la princesa y el joven se ruborizo al oír eso, pero como siempre supo tomar las riendas de la situación.
-¿Por qué no?, allá nos vemos- punto final el joven colgó su teléfono y la princesa del otro lado no hacía más que dar vueltas en su cama ideando una y mil maneras para robarle el aliento a su nuevo amante.
Por otro lado el rubio quería medir los niveles de interés de su amante vampira.
-bien, me tengo que ir- decía el joven abriendo la puerta y en eso se escuchó una voz diferentísima, era de un tono sumiso que se asemejaba al de una noche de luna llena donde el rubio la escucho nada más entre suspiros de placer.
-…lo siento…- se escuchaba entonces el rubio supo que la vampiresa iba por buen camino.
-esta noche, por favor usa algo decente- decía el joven cerrando la puerta dando a entender que al anochecer pasaría algo interesante… quizá sexo, pero todo eran sorpresas con el rubio y su extraña pero atractiva personalidad.
Camino al rarísimo reino de las llamas el rubio aprovecho para pensar un poco sobre las relaciones que mantenía con cada una de las chicas, solamente se escuchó un "pfff" como conclusión, respuesta y cuestionamiento frente a todo lo que estaba pensando.
Una vez en su destino el rubio prosiguió hacia los adentros del castillo, su cara era reconocida por los guardias y uno que otro raro habitante de esa zona. Camino hacia la habitación principal y entro sin previo aviso, estaba consciente de que era un sin vergüenza por estar con más de una mujer entonces lo demás no le importaba, y allí la vio, una princesa… mejor ya una reina, la dueña y señora de las flamas exótica una e intocable, cosa que siempre supo el rubio, después de todo habían salido en un par de ocasiones. Lo que no sabía era que esta chica tenía en funcionamiento una personalidad temeraria, casi igual a la del rubio, sin piedad y en ocasiones fría.
-Princesa flama- decía el rubio viendo a ex pareja con mirada coqueta, pero esta respondió como lo haría el joven convirtiendo aquella habitación en un campo de batalla.
-"Reina" flama para ti humano- decía la princesa jugando con sus mechones de cabello sin mostrar una sola señal de alegría. Por el momento era un juego de nervios, el primero que riera sabía que estaría perdido.
-se ve que has cambiado- decía el rubio con sus manos en los bolsillos, sabía que el quedarse viéndola a los ojos sería una desventaja, por el momento el joven no tenía la ventaja del "local".
-y se ve que tú también- analizaba de arriba abajo la figura del rubio y sus ya "20" años de madurez.
-no todo en mi cambio- decía el joven tratando de dejar claro que a pesar del tiempo no distinguía la belleza de esta reina con la de ninguna otra.
-¿ah no?, ¿Por qué lo dices?- sonreía levemente la reina cosa que la hizo perder el juego en dos segundos, juego en donde el rubio quería divertirse y luego salir de ella como a botella de agua. Sabía que un poco de teatro combinado con ambiente haría que la ahora reina cediera a sus encantos, tiempo nada más le separaba de eso.
-bueno, las viejas costumbres no mueren- bromeaba el rubio dando una cálida sonrisa la cual le trasmitía felicidad a la reina la cual parecía aun mantener sentimientos de verdad por el joven. Al ver esa reacción uno una especie de dolor en el pecho del joven, no era común sentir ese tipo de calor en el pecho, sin darle importancia decido ir al grano.
-la princesa me comentaba que necesitas ayuda con un par de cosas- decía el joven queriendo desviar el tema y esa extraña sensación en su pecho.
La reina algo distraída y con sus mejillas sonrojadas se concentró e intento dejar esos sentimientos para después.
-sí, son un par de cajas y unas tablas para el escenario, ven, te mostrare- decía la princesa abriendo una puerta en la pared de su habitación donde tenía todas las cosas, eran un par de tablas algo largas y tres cajas así que pronto las acomodaron en la habitación y… era hora de irse.
-bueno creo que es todo- decía el rubio viendo a la reina con su mirada baja.
-creo que si- decía la chica lumbre.
-¿estarás en la fiesta de mañana?- sonreía nervioso el rubio.
-no lo sé- respondía la chica insegura.
-vamos, no será divertido ir solo- invitaba amablemente el rubio lo que hizo que los ojos de la chica lumbre se encendieran de ilusión haciendo que esta riera de nuevo.
-ok, ahí estaré- sonriente respondía la chica lumbre, de repente una tabla traicionera se desplomaba al suelo golpeando a la reina haciendo que esta cayera al suelo. De inmediato el joven se arrodillo para ayudar a levantar a su ex pareja.
-¿estás bien?- decía el rubio mientras la chica lumbre se tocaba la cabeza en señal de dolor –estoy… bien- y entonces sus miradas se encontraron tan cerca que sus corazones experimentaron un latido extraño y único, no se dijo nada, el galán del rubio tomo la iniciativa y beso a la reina, pero debido a que algo lo saco de sus casillas este decidió apartarse de los labios de su ex pareja.
-amm, perdón- decía el joven con su ex amada aun en sus brazos.
-¿perdón por tener esos sentimientos?- decía la reina volviendo a unir la miel de sus labios, pero el rubio sentía que de alguna manera no era lo correcto.
-espera, yo… esto es…- balbuceaba el rubio recordando a la vampiresa y a la princesa cosa que estaba fuera del lugar en aquel acto.
-shhh- susurraba la reina mientras continuaba besando a su ex amado y en un impresionante giro de eventos dicha reina de las llamas estaba sin vestido encima del cuerpo del rubio quien frente a esos sentimientos raros y deseos incontenibles no hizo más que disfrutar.
De una u otra manera el rubio se movía como siempre, pero había algo que no estaba bien, el panorama eran gemidos y suspiros, pero el joven lo veía como besos injustos, como carisias cobardes, por un lado quería devorar a la reina la ex pareja pero por otro lado su "estilo" galán quería hacerlo de otra manera, de una manera que… no era la correcta.
La reina deseosa gastaba sus energías en disfrutar al máximo dicha situación, sus manos se apresuraban para demostrarle al rubio que era buena y por no sentirse menos besaba con alma y vida para que este llegara a su clímax, cuando le tocaba al rubio, ella sentía que le faltaba convicción, que le faltaba emoción, carácter, ganas, ¡FUEGO!, de una manera u otra buscaría la forma de encenderlo en su corazón. Entonces muy creativa y amante real en un acto muy romántico la reina tomo la cabeza del rubio la acerco a su pecho…
-escucha, la sinfonía que compones en mi corazón, es sincera, es algo que hace doler a las mentiras, y sentirlo… es la cosa más maravillosa si lo disfrutas…a tu amera- y reacciono como un niño al oír la campana de la escuela, como un bebe al llamado de mama. Abraso a su pareja y casi con lágrimas en los ojos beso su cuello y relato a su oído.
-reina yo… quiero amarte hasta que tengamos 63, aun así siento que puedes romper mi corazón en 23, pienso en cómo la gente se enamora de manera misteriosa, ha sido parte de mis planes, contigo me caigo de amor, debes saber que…- fue interrumpido por un beso de su nueva amante.
-yo… me siento igual, tu sonrisa estará siempre en mi memoria- besos, abrazos, caricias, mordidas, cosquillas y risas hacían parte de la noche perfecta, donde ambos se movían bajo la luz de miles de estrellas. No había cabida para la imperfección, ambos se quedaban congelados en recuerdos inmortales donde la felicidad era un recuso necesario.
No basto una vez, no bastaron tres veces, tan fuerte e indeleble era su amor que el limite el cual era el techo lo habían roto hace mucho, ambos enfrentaban a sus corazones enfurecidos de ganas, ambos reclamaban al tiempo todo aquello que no habían vivido, ante el límite de sus cuerpos no fue suficiente el amor que se entregaron, muchas fueron las horas que estuvieron en aquella cama donde ambos se ahogaron en arrecifes de luces.
No era sexo, era el mito del amor, era felicidad, era realidad entre una pareja que batía record en amarse, frente a eso, ninguno de los dos pretendía que el otro lo fuese a olvidar, lo habían hecho en la oscuridad con sonrisas en sus rostros, frente a los ojos de los demás no significaría nada pero ambos sonreirían al recordarlo. Era como un sueño tanto lo habían querido lo habían soñado y hoy se vieron como se les antojo por lo menos durante unas horas.
El rubio quería desnudarle hasta la sombra, la reina quería que él se envolviera con su fuego y así fue como ambos llegaron al misterio del universo al tocar el clímax del verdadero amor, nada que se le pareciera se comparaba, sus labios aun después del acto seguían deseosos besándose sin control amándose lento casi al borde de desgastarlos no pudo haber mejor vez… que su primera vez pensaba la reina.
Exhaustos ambos ni siquiera podían describir lo que habían hecho, de alguna manera se habían encendido tanto que el rubio por primera vez se sintió complacido.
En aquella habitación de todas la peor pero como palacio lo veía su amor decidieron esperar unas horas más a recuperar las energías.
-yo… no sé qué decir- decía el rubio colocando su mano en su rostro para no derramar ni una sola lagrima.
-si no sentía eso no me habría dado cuenta de que soy… realmente tuya- decía la reina y su caballero de repente no contesto.
-es de mala educación escuchar y no responder- entonces el joven tomo la mejilla de su amada y entonces la beso con el poco de miel que tenía en los labios…
-"te amo"… es lo único que quiero decir- decía el rubio haciendo que su flamante amante se acercara más a él.
-es injusto que digas eso ahora… sin embargo las mujeres somos criaturas más injustas… recuérdalo- decía la reina besando de nuevo a su dulce caballero.
Ya había pasado mucho tiempo desde que rubio había llegado a aquel reino así que al darse cuenta de ellos decidió vestirse lo más rápido posible frente a su amada quien solo lo veía con una mirada caída, esta vez, era algo diferente cada gesto, cada detalle, era de vital atención para el joven.
-¿pasa algo?- decía el rubio levantando la mirada de su amada.
-te iras- decía algo triste la chica lumbre.
-pero no voy a tardar- sonreía el rubio contagiando a su amada para que esta se quedara a descansar en su cama.
Y tropezando se fue cantando el rubio hasta que al salir del reino sintió de nuevo como la realidad lo golpeaba de una manera bastante dura.
Continuara…
