Pertenencia inconsciente.

Un baldado de agua fría le caiga al rubio al oír la noticia, pero este no lo sentía de esa manera, sus ojos se llenaron de ilusión y con una sonrisa incrédula quería confirmar el acontecimiento.

-¿Qué?- decía el rubio extendiendo sus labios de lado a lado mientras sus cejas tocaban el cielo del asombro.

-así es, hace poco… lo confirme- decía la reina suspirando.

-no puedo creerlo, es increíble- decía el rubio agarrándose los cabellos en señal de desesperación, de alguna manera extraña estaba alegre, cada vez se sentía mejor con esa noticia. Su euforia se salió del contexto a tal punto que tomo de las manos a la reina y luego acaricio su vientre.

-ey, espera, escucha… esto no significa que estaremos juntos, significa que también será tu responsabilidad- sentenciaba la reina con ojos tristes.

-emmm, si claro, yo me hare cargo- decía el rubio con una sonrisa que despreocupaba a la reina pero que a la vez sabía que no podía responder.

-bien, eso era todo lo que quería decirte- decía la reina con ánimos de irse.

-claro- decía el rubio sin intención de incomodar a la chica lumbre.

Entonces se fue y como alma que lleva el diablo el joven termino su labor en el reino y se fue a su casa, tomo las riendas de madrastra malhumorada y dejo su morada como una tacita de té, entonces fue cuando decidió llamar a la que sería la madre de su retoño. Tomo su teléfono y sin pérdida de tiempo llamo al amor de su vida en un tarde-noche templada.

-¿hola?- respondía La voz de la chica lumbre al otro lado de la línea.

-hola, ¿Cómo estás?- respondía el rubio con la misma alegría de hace una horas.

-eres tú, ¿Qué sucede?- decía la reina con algo de fastidio.

-bueno, pensé que para hacernos esta tarea más sencilla… vinieras a vivir a mi casa- decía el rubio algo nervioso por la respuesta de su amada.

-¿¡que!?- respondía la princesa incrédula ante la propuesta del joven.

-bueno, me pareció buena idea- argumentaba el rubio.

-ya te dije, tu y yo no vamos a volver como pareja- decía fría la reina frente a aquella pregunta.

-no te estoy pidiendo matrimonio, lo digo para ahorrarme camino de aquí a tu casa, por si necesitas algo, por si te sucede algo, por si acaso sientes algo, hay que darle prioridad a las cosas- decía el rubio y del otro lado una sonrisa se dibujaba en el rostro de la reina.

-¿estás seguro de eso?- quería asegurar la reina.

-claro, es mi responsabilidad- decía el rubio ingenioso como siempre.

-¿desde ahora?, en unos minutos serán las 8pm- decía la reina viendo el reloj.

-¿paso por ti?- decía el rubio con su chaqueta a la mano.

Fue entonces cuando una sonrisa de incredulidad se dibujó en el rostro de la chica lumbre, no podía creer lo emocionado que estaba el padre de su hijo, de alguna manera lograba hacerla feliz.

-aquí te espero- y colgando el teléfono preparo un par de cosas en una maleta, sabía que iba ser difícil vivir así sola fue por ese motivo que cedió ante la propuesta del rubio, sin embargo esta vez no iba a bajar los brazos.

Fue en un abrir y cerrar de ojos que el joven llego a la casa de la chica lumbre y con todo y maletas la llevo hacia su nuevo "nido de amor", claro eso pensaba el rubio pero con su retoño, la verdad es que el joven estaba encimando mucho más el pequeño que su amor por la madre, era inconscientemente pero igual siempre un malentendido por parte de la reina. Una vez llegaron a la casa hubo algo que estremeció a la reina.

-bien, aquí dormirás- decía el rubio ofreciendo su cama y habitación.

-huele bien, ¿Qué es?- preguntaba la reina curiosa.

-tu velas aromatizantes claro- sonreía el rubio inocente pero la chica lumbre sabía que no debía confiar en nada de lo que hiciera o dijera el rubio.

-¿y donde dormirás tú?, no me digas que aquí conmigo- decía con ironía la reina.

-no, no. Yo dormiré en la habitación que edifique arriba, en ese estado no debes sentirte incomoda y menos para dormir- volvía a sonreír el rubio.

Ya más calmada la reina acomodo sus cosas y se recostó en la cama a eso de las 10pm, el rubio diligente como siempre decidió ver si todo estaba en orden.

-bien, veo que terminaste de acomodaste, ¿te gustaría comer algo?- decía el joven con perspectiva de cocinero en su cabeza.

La reina por no incomodar al rubio decidió negarse cosa que lamentaría después.

-no, gracias, voy a dormir- decía la reina cerrando la puerta ante un rubio conformista quien solo hizo una docena de galletas para dormir

Más tarde en aquella casa el hambre no dejaba descansar cómoda a la reina cuyos antojos solo se centraban en comer azúcar, estaba dando una y mil vueltas en aquella cama, de repente escucho un sonido el cual la hizo percatarse de que el rubio estaba despierto, con el reloj marcando las 2am, mucha hambre y una desconfianza por lo que hiciera el rubio se levantó a ver que planeaba dicho joven. Al abrir la puerta gritando en señal de "aja" se encontró con un rubio con un plato de galletas y leche dispuesto a entrar a aquella habitación.

-¿q… que haces?- decía la reina mientras giraba su cabeza confundida.

-bueno, como decidiste no comer, te traje un poco de galletas y leche, has de tener hambre, y no debe ser bueno para tu salud- decía inocente el rubio con una sonrisa la cual no era apreciada por la reina.

-…gracias- decía la reina consumiendo lo traído por el rubio.

-¿quieres algo más?, ¿no tienes frio?- decía el rubio preocupado.

-no te preocupes, estoy bien-decía la reina con una mirada seria hacia el joven que solo sonreía.

-bien, entonces me iré arriba, si necesitas algo, llamarme, ¿sí?- decía el rubio sonriente subiendo hacia su habitación.

Así transcurrió un parte de la madrugada, eran las 4am el sol aun no salía y el rubio seguía concentrado en un libro que había encontrado sobre "maternidad", con el total silencio que tenía pudo escuchar como la cama de la reina sonaba y sonaba, como si esta se estuviese revolcando en la misa, preocupado el joven bajo a mirar que estaba sucediendo, evidentemente la reina producto de los primero meses de gestación estaba dando vueltas en la cama , sin saber que era lo que le sucedía el rubio se subió a la cama e intento calmarla.

-Phoebe, ¿Qué sucede?, ¿Qué tienes?- decía el rubio preocupado.

-n… n… no es nada- decía entre sollozos la chica lumbre.

-¿Qué es?, dime que sucede- insistía el rubio al ver que el dolor no se detenía.

-n… ¡NADA!, sal de aquí- respondía agresiva la reina a oír el parloteo del rubio.

-¡COMO UN DEMONIO!, ¿Qué te sucede?, sino me dices como pretendes que haga algo, habla ahora- volvía a insistir el rubio igual de agresivo que la chica fue entonces cuando la chica cedió en medio de lágrimas.

-…me siento muy débil, e… e… tengo mareo, la cabeza me da vueltas- decía le reina mientras un par de lágrimas humedecían sus mejillas sonrojadas de la vergüenza.

Fue entonces cuando el rubio actuó de una manera casi heroica.

-tienes mareo, bien, afuera esto- decía el rubio deshaciéndose de las cobijas y sabanas las cuales sofocaban a la reina.

La reina seguía confundida a medida que el rubio proseguía con sus actos.

-si te sientes mareada el calor lo va a empeorar, ahora recuesta la espalda, a ver- fue cuando el joven acomodo con sus manos boca arriba a la reina quien se moría de la vergüenza. –bien, ahora levanta lo pies, vamos súbelos- fue entonces cuando el rubio coloco los pies de su reina sobre sus hombro.

-¿Qué haces?- decía la reina con un tono sumiso y con lágrimas que adornando su rostro.

-tranquila- respondía el rubio y pasados dos o tres minutos el mareo comenzó a desaparecer y la debilidad se convirtió en sueño

-está bien, ya me estoy sintiendo mejor- decía la reina con las manos en su pecho con el mismo tono sumiso de hace unos momentos.

-ok, ahora intenta dormir, mira, si vas a dormir hazlo siempre sobre el lado izquierdo, así no pasaras molestias ¿sí?- decía el rubio mientras dejaba que la reina se acomodara por si sola

Ya acomodada el sueño la ataco rápidamente, pero al darse cuenta de eso, la reina le dedico unas últimas palabras antes de caer dormida al padre de su hijo.

-gracias…- decía la reina amablemente mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro y esta caía dormida, el rubio quien apenas escucho esa palabra ya estaba dormido mirando al techo en aquella cama también, ambos durmieron plácidamente hasta que llego el amanecer y un grito que aterro al rubio despertándolo de pronto.

Continuara…