Amor Amateur

Un grito lleno el espacio, y una tempestad furiosa fue la que despertó al rubio quien espantado salto de la cama preocupado por lo que pudiese pasarle a la reina y su hijo.

-¿Qué sucede?- decía asustado el joven por aquel grito que al parecer provenía de la reina.

-¿q… que haces?- decía la chica lumbre con sus mejillas sonrojadas.

-¿Qué cosa?- decía el joven confundido mirando hacia todos lados.

-¿dormiste aquí?- decía la reina sorprendida.

-ah, sí, sí, pero no pasa nada, estaba agotado y tú también, ¿te gustaría desayunar?- decía el rubio levantándose para dirigirse a la cocina.

Ya pasada la mañana, la tarde y unos cuantos meses y el corazón de la reina se estaba volviendo más blando en cuanto los detalles del rubio eran cada vez más honestos y desinteresados, el rubio estaba concentrado en una cosa, su bebe, pero fue una noche en el quinto mes cuando este infante acerco un poco más a sus padres.

Ya casi se acercaba la hora de dormir, la reina estaba en la cama recostada y el rubio como siempre estaba al pendiente de la misma trayendo y haciendo todo lo que la reina le pidiese.

-bien, ya están cerradas la ventanas, ¿quieres algo más?- decía el rubio sonriente como siempre.

-No, creo que estoy b…- fue entonces cuando al reina sintió un movimiento extraño, la tradicional "patadita" de su bebe el cual se estaba moviendo. Su emoción fue tal que quiso que su padre lo sintiese. –Finn, ven, ven- decía la reina y cuando el joven se acercó esta tomo su mano y la postro en su vientre, el rubio exaltado por el momento se arrodillo en la cama y postro su oído en el vientre de su reina y dichoso sonreía al escuchar los movimientos de su hija.

Fue un momento muy hermoso, entonces cuando el rubio levanto la mirada se encontró con los ojos soñadores y una sonrisa sincera de parte de la reina quien solo disfrutaba de la compañía del joven.

Ambos dejándose llevar por el calor de un "hogar" fueron lentamente acercando sus rostros hasta que ambos juntaron sus labios, el joven era coincidente de lo que estaba pasando así que solo siguió besando a la reina mientras entrelazaban los dedos de sus manos. Así estuvieron durante un tiempo, hasta que el aire no les permitió seguir y la incomodidad los separo cual suegra molesta.

-ummm, lo siento- decía el rubio sonrojado.

-e…está bien- respondía la reina también apenada por la acción

-emm, buenas noches- decía el rubio saliendo de aquella habitación inseguro de lo que había hecho. La reina por su parte sentía que ese calor de hogar que emanaba de un responsable y muy amoroso joven era lo que le hacía falta a su hijo, además como son las noticias de hoy en día todo el reino sabia como era la situaciones la reina y como era de incondicional el amor del rubio por la misma y su hijo.

En la mañana muy temprano el rubio debía salir a comprar un par de cosas que necesitaba su reina, al momento de anunciarse la incomodidad recorrió todo su sistema nervioso.

-emmm, Phoebe…- decía nervioso el joven.

-¿sí?- respondía la reina.

-tengo que salir- decía el rubio.

-está bien, no tardes mucho- y el rubio tomo unas tarjeta y salió de casa vestido muy formal como siempre.

Llego a la casa de su hermano y su esposa y con júbilo les entro una de aquellas tarjetas para luego sentarse a hablar con su compañero de infancia.

-¿Cómo anda la chica y tú pequeño?- decía el hermano del rubio dándole la tarjeta a su esposa.

-bien, muchas atenciones, eso si- decía el rubio sonriente.

-¿pequeño o pequeña?- decía la esposa del hermano del joven leyendo la tarjeta la cual los invitaba a la celebración del acontecimiento del embarazo.

-eso solo lo sabremos el día que llegue- decía el rubio sonriendo.

-jajaj ya veo, te gustan las sorpresas, ¿Cómo te ha ido con la reina?, ¿todo está en orden?- preguntaba el hermano del joven.

-todo bien, sin estrés, lo de siempre…- decía el rubio sonriente.

-desde que ella está embarazada no ha cambiado tu expresión de chico con regalo de navidad- decía el hermano del rubio haciendo referencia al cambio de actitud que tuvo en este tiempo su hermano.

-bueno, no era mentira, no es un cambio, es que ella de verdad me gusta, todo el mundo dice lo mismo y no es un cambio, solo me estoy haciendo responsable de ella y ya- argumentaba el joven.

-¿y porque la celebración?- preguntaba la esposa de su hermano frente a la invitación.

-bueno, investigue en internet y pensé que era obvio una fiesta para celebrar eso- decía el rubio.

-"baby shower"- decía la esposa de su hermano con una expresión curiosa.

-sí, eso creo, entonces ¿irán?- decía el rubio.

-claro, no me lo perdería jejeje- decía el hermano del joven riendo.

-tengo que repartir las demás, los veo luego, nos vemos después- decía el joven saliendo de aquella casa para dirigirse hacia el reino de la princesa.

Por el camino a una que otra persona le daba una tarjeta de invitación, el pueblo ya conocía al rubio y desde que se oyó la noticia de que sería padre su reputación sobre la responsabilidad creció, puesto que no hacía más que hablar de ello, llegó al castillo y se dirigió justo hacia el laboratorio de la princesa.

-princesa…- decía como en tono de canción entrando lentamente para no interrumpir a la princesa en sus estudios.

-¿mmm?- volteaba la princesa a ver quién estaba en la puerta.

-hola, ¿Cómo estás?- decía el rubio sonriente. La princesa cerró su libro y se dispuso a escuchar cada palabra de lo que tuviese que decirle el rubio.

-bien claro, ¿todo en orden?- decía sonriendo la princesa.

-sí, sí, mira- decía el rubio acercándose a la princesa para darle la tarjeta de invitación.

-¿Qué es esto?- decía la princesa curiosa.

-es una invitación, pronto llegara el chiquitín y quería invitarte- decía el rubio sonriente.

-suena interesante- decía la princesa dando una sonrisa cálida como si se tratase de una gran noticia.

-si es eso, creo que no es más- decía el rubio devolviéndole la sonrisa a la princesa mientras le daba la espalda para salir.

-…todo el mundo lo dice…- decía la princesa casi susurrando.

-¿Qué?, ¿Qué cosa princesa?- preguntaba el rubio.

-tu emoción por ser papa… tu amor… todo- completaba la princesa algo nostálgica.

El rubio algo nervioso por el alago solo rascaba su cabeza asintiendo.

-ahhh, si claro jejeje- reía el rubio.

-… me alegra- decía la princesa con la cabeza baja.

-¿pasa algo princesa?- cuestionaba el joven viendo la reacción de su ahora amiga.

El rubio se acercaba poco a poco a ver si conseguía respuesta, fue entonces cuando la princesa coloco su mano en el rostro del rubio quien se exalto.

-pasa… lo de siempre- decía la princesa colocando nervioso al rubio mientras se acercaba para besarlo.

-¿lo de siempre?- decía el joven acomodando sus labios para recibir el beso, fue entonces cuando una imagen de su reina apareció dándole una bofetada, justo antes de que unieran sus labios el rubio detuvo dicha acción recordando lo que de verdad quería.

-no- decía el rubio apartando con sus manos el cuerpo de la princesa -esto, no debe pasar, de ninguna manera puedo permitir esto- se negaba el joven a sus pasiones terrenales dirigiéndose lentamente hacia la puerta

-ya veo, aun así ten en cuenta que la mujeres somos criaturas más injustas… recuérdalo- la princesa al ver que su intento no había resultado hizo como si nada hubiese pasado y se sentó a terminar sus estudios.

Ya había pasado el remolino para el rubio quien sin razón alguna fue hacia su casa para poder sacarse esa imagen de su cabeza, no sería una noche larga ya que había algo que tenía satisfecha a una intensa reina cuyos antojos azotaban a la puerta.

Continuara…