Peleas Injustas.
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Las palabras del rubio dejaban sorprendida a la reina, pero esta no cambiaba su expresión neutral la cual llevaba consigo un dolor inmenso debido a la perdida.
-no entiendo- decía fría la reina.
-él bebe no era lo único que importaba… tú también eres mi responsabilidad- decía el rubio explicándose.
La reina no respondía, quien sabe cuánta infinidad de dolor había en esa expresión fría.
-sabes que no te faltara nada mientras estés conmigo, quédate… no puedo dejarte ahora- decía el joven.
-no creo poder amar algo de nuevo- decía la reina dolida recostándose en la cama abrasada al joven.
-no, no, no, quedarte aquí no conlleva que me ames, quedarte aquí… significa que ambos nos recuperaremos de esta, y que todo va a estar bien- decía el rubio acariciando el cabello de su reina.
Entonces fue cuando la reina se dio por vencida y pegando su rostro al pecho del rubio lloro como una niña, sacando toda esa tristeza que sentía por su hija y que nadie más podía ver.
-es injusto- decía la reina entre sollozos.
-lo sé, lo entiendo, yo… siento lo mismo- decía el joven abrasando a la reina quien seguía llorando con el fin de desahogarse.
Después de unos minutos de llantos la pareja abrasada se quedo dormida
Al día siguiente las cosas eran nostálgicas en aquella casa, sin embargo no hubo una sola lagrima, si, la pareja estaba dolida pero simplemente llorara era algo que no querían hacer. Ambos se levantaron, hubo desayuno, no hubo muchas palabras, cada vez si iban distanciando más y más aquella pareja… cumplida una semana las cosas empezaron a aclararse un poco.
Un día como cualquier otro la reina estaba un poco distraída, así que decidió salir a caminar para olvidar un poco lo sucedido hace unos días.
-saldré un rato- decía la reina tomando su abrigo para salir en esa tarde-noche
-¿A dónde iras?- decía el rubio mientras limpiaba, eso de hacer el aseo lo distraía de su perdida. Es por eso que era frecuente verlo limpiando por toda la casa.
-solo saldré a caminar- argumentaba la reina con su típica expresión neutral.
-ten cuidado, no tardes mucho la cena estará pronto- respondía el joven mientras volvía a su tarea.
Entonces se fue, cuando el sol besaba el este, sin mucho en que pensar se fue y recorrió la plaza durante esa templada tarde-noche del mes de septiembre, tomo asiento en una banca de aquel lugar viendo a todas las personas, de repente un rebelde chico flotando en el aire quiso llamar su atención.
-bonita noche, ¿no te parece?- con voz arrogante y personalidad fría decía un chico vampiro justo arriba de donde estaba sentada la reina.
La reina quien era conocedora del vampiro y sus "hazañas" así que solo intento ser lo más sociable posible.
-si claro… muy bonita- decía la reina algo distraída. Fue entonces cuando el chico se sentó a su lado intentando animarla.
-me entere de lo que paso… lo siento- decía el vampiro con un poco de "tacto fingido" en su voz.
-sí, no importa, finalmente ya no hay vuelta atrás- suspiraba la chica lumbre frente a la consideración aparente del vampiro. De un momento a otro con total normalidad el chico saco un cigarrillo y su típica "amabilidad" lo llevo a ofrecerle uno a la reina.
-¿quieres uno?- decía el vampiro con su típica expresión de chico malo con total desinterés de la vida o salud de la reina.
-emmm, no lo sé- decía la reina algo curiosa por aquella nuevas sensaciones.
-vamos, te quitara el frio, y… es bueno para pensar más claramente- insistía el vampiro sonriente.
Dudosa pero muy curiosa acepto aquel narcótico, lo encendió y poco a poco empezó a inhalar su perdición, el humo en sus pulmones le daban el mareo y la "sensación" de que todo estaría bien lo cual hizo que la reina riera al sentirlo.
-se siente raro jeje- decía la reina sonriendo mientras sus ojos empezaban a adormecerse.
-ven, vamos a dar un paseo- decía el vampiro levantándose de aquella banca impulsado por las ganas de divertirse.
-¿a dónde iremos?- preguntaba la reina acercándose al chico mientras reía, después de todo el efecto de relajación en aquel narcótico era bastante.
-tu déjamelo a mí…- decía el vampiro llevando de la cintura a la reina hacia un lugar donde olvidara sus problemas.
Por otro lado el rubio en la casa ya había servido la cena y su reina aun no llegaba, fue entonces cuando la vampiresa hizo acto de presencia.
-¿Por qué tan solo tonto?- decía la vampiresa sonriendo sentándose en la silla que estaba frente al rubio en aquella mesa.
-no estoy solo, Phoebe no tarda en llegar- decía el joven viendo a los ojos a la chica vampiresa.
-¿te sientes bien?, digo por lo de tu pequeño- decía la chica sin ningún sentido del tacto.
-no quiero hablar de eso- decía el joven levantándose para irse a sentar en el sofá.
-se ve que te has convertido en todo un hombre de casa- decía la chica haciendo burla al oficio que tenía el rubio con tal de no recordar su perdida.
-bah, no me importa- decía el rubio recostándose en el sofá cubriendo su cara con su brazo.
-¿te gustaría ir a divertirte?- decía la vampiresa con voz coqueta frente a un ya responsable y bien definido rubio.
-no, Phoebe llegara pronto- respondía firme el joven frente a la propuesta de la vampiresa.
-deberías olvidarte de ella dos segundos- decía la chica vampira.
-¿Por qué razón?- decía el joven detectando un poco de celos en las palabras de la chica.
-estas aquí todo el día, deberías salir, divertirte ¿no crees?- argumentaba la vampiresa queriendo convencer al joven.
-mi hija murió hace poco, no tengo tiempo para divertirme, tengo mucho que hacer- decía el rubio cambiando de tono desinteresado a molesto.
-pareces el esclavo de esa reina, sal un momento, solo seremos tu y yo- decía la reina besando el oído del rubio quien se estremeció al sentir los labios y lengua de la vampiresa.
-Marceline… vete por favor- decía el rubio y su voz producía un miedo seco en la vampiresa pues esta no sabía que vendría después de aquellas palabras.
La chica solo balbuceo un poco para alejarse lentamente hacia atrás… fue en ese momento cuando la reina entro por la puerta principal con sus ojos enrojecidos y con una sonrisa despreocupada… "era evidente con quien había estado" pensaba la vampiresa al sentir ese olor.
-Marshall…- decía la vampiresa oliendo a lo lejos el aroma de los cigarrillos del joven vampiro.
-eres tu…- decía la reina cambiando su expresión al ver a la vampira mientras el rubio solo estaba acostado en el sofá.
-pensé que no llegarías- decía el joven sentándose en el sofá muy tranquilamente.
-hablaremos después niño...- decía la vampiresa saliendo volando por la ventana dejando al joven con un gran problema en la sala de su casa.
El rubio quien estaba algo cansado no quitaba sus manos de la cara… simplemente no vio la cara que traía su reina.
-¿Qué se supone que pasa aquí?- decía la reina con furia…
-¿de qué hablas?- decía el rubio levantando la mirada para encontrarse con unos ojos llenos de ebriedad –wow, ¿estuviste bebiendo?- decía el rubio algo molesto.
-ni se te ocurra cambiarme el tema. Así que me doy media vuelta y ya está en nuestra casa esa… zorra- decía la reina muy molesta.
-aquí no pasó nada, pero tu… estas ebria- decía el joven levantándose del sofá para confrontar a la reina quien estaba muy enojada, era como una batalla de titanes.
-no hables, ¿así que "nada"?, si quieres dime cuando tenga que irme así invitas a la chica que quieres- refutaba la chica lumbre alzando el tono de su voz.
-ella estaba aquí para lo mismo de la fiesta del bebe… pero- fue interrumpido por la reina quien seguía atacándolo a grito herido.
-¿ah sí?, ¿Qué te regalo?, ¿su "tesorito"?- decía la chica lumbre de una manera vulgar, bien sabia el rubio que el enojo las botellas y la compañía no iban de la mano, por lo que decidió declinar frente a aquella discusión.
-no podías beber, menos en tu estado, pero no voy a hablarte estas más que ebria, estas borracha- decía el rubio dándole la espalda a la chica lumbre lo que hizo que esta se enojara más… de hecho demasiado.
En un acto de ira la chica lumbre tomo uno de los platos de la mesa y golpeo al rubio con este para dirigirse a su habitación molesta por lo ocurrido dejando al joven en el suelo.
-uggg, tiene la mano pesada- decía el rubio mientras la sangre tiznaba sus cabellos. Pronto se dio cuenta de que debía ser atendida esa herida -lo que faltaba- ya había algo a que dedicarse a esta noche pensaba el joven mientras sacaba un botiquín de una alacena.
Continuara…
