Trastorno Tripolar

Allí sin nada más que hacer se quedó una vampira impotente flotando frente a la ventana de una princesa algo preocupada también.

-¿Qué es lo peor que podría llegar a hacer el?- preguntaba la princesa algo somnolienta

-ya lo hizo… la pregunta es "¿Qué es lo peor que Finn le pueda hacer?"- decía la vampiresa molesta.

-¿segura de que "lo hizo"?- decía la princesa algo asombrada.

-ese aroma no miente, no es como el de la otra noche, él siempre es bastante imprudente, ya no sé qué esperar de ese tonto- decía la vampira algo alterada.

-debemos esperar… se acabaron nuestras misiones- decía la princesa frunciendo el ceño.

-debemos dejar de lado el tema, por lo menos hasta que sucedió sea notorio… sino lo perderemos todo- decía la vampira con un gesto de inconformismo.

-eso no tardara mucho… ya vete de aquí- el cansancio domino a la princesa y la rabia a la vampiresa quien para desahogarse tuvo que golpear un par de rocas en las montañas durante el resto de aquella noche.

Mientras las horas seguían pasando el reloj la reina estaba haciendo la limpieza a su "escena del crimen" suspiro, bajo al primer piso, y vio al rubio recostado en el sofá con ojos de rabia, quizá por lo que le dijo su amante, ella trataba de imaginar al rubio engañándole con otra mujer entonces fue la excusa perfecta para huir de la culpa de haber cometido adulterio aquella noche…

Pasada la noche la mañana en aquella casa el ambiente se tornaba un poco tenso al hablar de compromiso, el rubio trato de evitar a toda costa ese tipo de conversaciones y ocupada su tiempo muy bien toda la tarde en su trabajo, la reina no se quedaba atrás las cosas que hacía en su casa cuando el joven no estaba, eran no aptas para niños.

Los días en el trabajo del joven eran demasiados monótonos tanto que ya ni aburrimiento sentía, era preferible estar cansado en aquel almacén que estar en casa y soportar alguna situación tensa que en momentos había en la casa, ejemplo claro de eso fue la noche de un viernes cuando el rubio volvió a su casa antes de lo previsto.

-estoy en casa- decía abriendo la puerta en tono algo incómodo.

La reina infraganti agradeció haber estado haciendo su locura de amor en el cuarto del baño de manera que el chico pudo salir volando por la ventana antes de que el joven subiera a ver que estaba pasando.

-¿Qué tal te fue?- decía la chica lumbre acomodándose el cabello mientras salía del baño con una sonrisa falsa.

-lo de siempre- respondía el rubio sin mucho entusiasmo, no tenía intención de preguntarle nada más así que se dirigió a la habitación…

Más y más se fueron distanciando el joven y su reina… ya pasada una semana fue cuando las cosas en el trabajo del joven se ponían bastante interesantes y en la casa de la chica lumbre algo complicada.

Llegado un lunes en la mañana el rubio llego a su trabajo como siempre feliz de escapar de ese ambiente de su casa y para su sorpresa se encontró con la chica vampira.

-Marcy, ¿Qué haces aquí?- decía el chico quitándose su chaqueta.

-le pedí a la princesa una ayuda para conseguir dinero… y me puso aquí- decía la vampiresa mostrando el logo del almacén en la gorra sobre su cabeza.

-ya veo… bien, espero no hagas muchos estragos- decía el joven para que ambos pusieran manos a la obra.

Así pasaron las horas para el rubio y su nueva compañera que una vez que llego la hora del almuerzo decidieron charlar un poco… cosa que interesaba mucho a la vampiresa.

-¿y cómo te va con tu chica?- decía la chica abriendo una lata de soda.

-algo pesado- decía el joven.

-¿Por qué lo dices?- preguntaba curiosa la vampiresa.

-no es igual que cuando empezamos… la noto más alejada, creo que esta relación se acabó- decía el rubio haciendo que la vampiresa casi vomitara su bebida al oír eso cosa que disimulo muy bien para seguir charlando.

-¿en serio?- decía la vampira con sus ojos asombrados.

-bueno, ya no siento nada, además desde lo del incidente del bebe creo que ya no debo estar más con ella- relataba el rubio.

-¿entonces porque sigue viviendo contigo?- decía la vampiresa alzando el tono de su voz.

-ey… no la iba a echar en la calle cuando recién perdió a nuestro bebe, quería que ella saliera adelante, pero creo que… ya se salió de mis manos- decía el joven con una mirada baja.

En medio de aquella interesante conversación la campana sonó y entonces ambos regresaron a su labor… la vampiresa tuvo una sonrisa hasta que los dos salieron del trabajo.

Ya terminada la jornada la vampiresa tomaba rumbo a su hogar hasta que uno de los jefes de sección le aviso que debía ir a recoger su cheque a una oficina, la vampira quien estaba distraída por la gran noticia de su amor platónico olvido eso, así que regreso a la oficina. Camino hacia dicho lugar la chica noto que ya no había nadie y que única oficina con la luz encendida estaba casi al final del pasillo, entro, y noto que había alguien más buscando algo… era el rubio.

-ey… hola- decía la vampiresa gentil al ver que era su amigo.

-Marcy, ¿qué sucede?, ¿Por qué estás aquí?- preguntaba el rubio sin para de buscar lo que tenía que encontrar.

-olvide mi paga y el jefe antes de irse me dijo que buscara aquí- se explicaba la vampiresa.

-oh, bueno, yo busco lo mismo, ven ayúdame- decía el joven y así ambos empezaron a buscar.

No había incomodidad, bueno, no por parte del rubio quien consideraba muy amiga a aquella vampira, la verdad no tenía paciencia para otra relación y esa noche seria prueba de eso.

En medio de la búsqueda la bufanda de la vampira se enredó en el broche de la chaqueta del rubio haciendo que sus rostros quedaran muy juntos, el rostro de la vampira se llenó de color, su mejillas sentían un calor muy acogedor, pero el rubio solo sentía como si estuviese frente a cualquier otra persona, la vampiresa rodeo con sus brazos el cuello de su amor pero este muy sensato supo cómo librarse de aquel sello llamado "beso".

-Marcy…- decía el rubio mientras estiraba su mano para alcanzar un sobre a la espalda de la vampiresa.

-¿sí?- decía la chica sin saber que pasaba a su espalda.

-encontré los sobres- decía el rubio separándose mientras susurraba de la vampiresa, quien quedo algo apenada por aquella acción de negación.

-Finn…- decía la vampira insistiendo con su amor tomando de la mano al joven.

-lo siento… tengo que irme- decía el rubio saliendo de aquella habitación lo más rápido que pudo, acababa de entender que de alguna manera las relaciones podían llegar a ser un dolor de cabeza.

La vampiresa se quedó sola… aunque sabía que aunque no le había dado esperanza tampoco se la había quitado y que pronto estaría de nuevo con aquel humano que hacia latir su fallecido corazón.

El rubio salió de aquel gran almacén algo frustrado, llego a su casa se recostó en el sofá y para su mal suerte su reina le tenía lo que en ese preciso momento eran malas noticias. Recostada en la puerta del baño la reina le dedico una mirada algo serio y sin ninguna expresión.

-amm hola- decía el rubio al verla allí parada sin mucho entusiasmo como siempre.

-estoy embarazada-…

Continuara…