El Camino a la Derrota
…
…
…
-Estoy embarazada- decía de manera seca la reina viendo al rubio con una mirada neutral.
-¿en serio?- preguntaba el rubio con una sonrisa a medias dibujada en su rostro.
-si… lo confirme hace un par de horas- rectificaba la chica lumbre sin ver a los ojos al rubio.
-bueno…- el joven sabía que esa era una cadena que tendría atada a su cuello toda la vida, la única salida era hacerse responsable -bueno, eso es genial- trato de ampliar un poco más la sonrisa pero no servía de nada, la reina no le dio tanta importancia como lo hacía antes.
-¿Qué haremos ahora?- preguntaba la reina con tono mandón como si quisiera que el rubio fuese su esclavo.
-bueno, pues… era la que queríamos ¿no?- decía el joven intentando que el entusiasmo de ser padre lo inundara de nuevo, cosa que por más que intentara no sucedió.
-sí, creo que si- decía la chica lumbre mientras el joven se levantaba del sofá para tomar su mano, obviamente era un "si" algo forzado.
-no cambiara nada, tú te quedas aquí mientras trabajo, esto jamás fue un problema… no te preocupes todo saldrá bien- decía el rubio abrazando a su reina. En aquel abraso se veía que aquel acontecimiento había cambiado muchos planes de los dos, había trazado un rumbo clandestino en la vida que aquella joven pareja.
Más tarde esa noche la chica lumbre estaba lista para dormir, pero el rubio llamo a la puerta de su habitación rompiendo la monotonía de las horas de descanso de su amada.
-¿todo en orden?- preguntaba la reina viendo al rubio con una almohada en la mano.
-no, solo… tengo mucho sueño- decía el joven mientras acomodaba su cuerpo en la cama justo al lado de su reina quien se confundió puesto que no era habitual que durmieran juntos.
La chica lumbre por no querer incomodar a su pareja solo no dijo nada y se quedó dormida hasta que su pareja quiso hacer posesión de lo que por derecho era suyo, abrazo a la reina por la espalda y susurro en su oído.
-necesito algo para dormir, ¿me ayudarías?- decía el joven queriendo capturar algo del romance que sentía por su amada.
-emmm, si claro, ¿Qué necesitas?- decía la reina tratando de sonar lo más normal posible.
-un beso…- esa palabra petrifico a la reina, la verdad no tenía la valentía para besar a su amado luego de estar pagando las consecuencias de su adulterio, sin embargo no podía olvidar que en algún momento su amado también le fue infiel, aquel acontecimiento seguía siendo excusa para justificar las traiciones de la chica con el vampiro.
Lo pensó y como con desprecio la reina se dio la vuelta y beso a su pareja como si esta fuese su amante, aquel que viene todas las noches y roba sus expresiones de placer, el rubio correspondió y sin ninguna insinuación más durmió abrasado a una reina que no pudo conciliar el sueño esa noche pensando en la entrega del joven y su gusto por las experiencias vividas con su amante.
Al día siguiente antes de que la chica lumbre despertara casi a las /30:am el rubio ya estaba de salida hacia su trabajo, salía despreocupado, sin sospechar nada… tan inocente como lo fue cuando era niño y como lo era antes de cumplir los 20 años.
Unos minutos más tarde la reina despertó y se dedicó a hacerse un poco de desayuno, la expresión de "shock" en su rostro era evidente puesto que no le había dicho todos los detalles al rubio sobre su embarazo, hablando del tema, muy puntual como siempre estaba el chico vampiro en la ventana de la chica lumbre, quien lo dejo entrar como de costumbre, solo que esta vez no era para nada más que hablar.
-buen día preciosa- decía el chico siguiendo la rutina que tuvo durante unas semanas con su amante.
-debemos hablar, no te quites la camisa- decía la reina viendo algo molesta al vampiro quien ya tenía sus manos en los botones de su camisa.
-¿hablar?, ¿sobre qué? ¿O qué?- decía el vampiro recostando su cuerpo en el sofá.
-estoy embarazada- decía la reina sin rodeos, la reacción del vampiro fue despreocupada, es como si no le importara, como si… planeara algo.
-¿en serio?, y dime, ¿Quién es el afortunado?- se mofaba el chico de la fortuna de la reina sonriendo.
-no juegues conmigo tu…- fue entonces interrumpida por el vampiro quien puso un dedo en sus labios.
-dime que le diste al tonto una parte del pastel…- decía el chico vampiro en doble sentido.
-si… el también- decía el reina bajando la mirada.
-bien, entonces problema arreglado- decía el vampiro besando sin permiso y de manera salvaje a la reina quien no oponía resistencia y aun en su estado se dejaba llevar por aquellas sensaciones que le provocaba aquel fenomenal joven.
Ms tarde después de aquel acto al reina quiso hacer énfasis en lo que había ocurrido producto de sus relaciones.
-¿Qué haremos ahora?- decía la chica lumbre algo preocupada.
-¿Cómo que "haremos"?- decía el vampiro con mirada de repudio hacia la reina.
-claro, tu estas metido en esto- replicaba la chica lumbre.
-pero no seré yo quien le mienta al tonto, no seré yo quien le diga que es hijo suyo, no seré yo quien finja estar feliz, no seré yo quien duerma con él y le de besos, no seré yo quien tendrá la panza como una pera de boxeo, entonces no digas "haremos"- concluía el vampiro para después terminar de colocarse la ropa.
La reina comprendía que las palabras de su amante tenían sentido, sin embargo por otro lado le pidió algo que particularmente necesitaba más allá del sexo, lo hizo antes de que el chico se fuera.
-ey…- llamaba la reina al vampiro quien volteo apenas a verla.
-¿Qué sucede?- preguntaba el chico antes de irse.
-¿Por qué no te quedas un poco?- decía la reina acariciando el lugar vacío junto a la cama, haciendo referencia a su falta de afecto.
-¿quedarme?- decía el vampiro confundido por aquella petición.
-si, a veces me siento sola cuando te vas después de "eso"- decía la reina viendo con ojos tierno al chico quien con una risa le dio un beso suave le dio una respuesta.
-quizá la próxima vez- decía el vampiro saliendo por la ventana no correspondiendo a la mirada amorosa que le ofrecía la reina, mirada que… le dio al rubio ya hace mucho.
Fue entonces cuando los sentimientos asediaron los ojos de la reina llenándolos de lágrimas porque sabía que el rubio a pesar de estar lejos le daba más que sexo, sabía que el amor con él era una palabra que podía significar mucho más que sexo, recordó los "cariñitos" que le hacía cuando eran jóvenes, detalles que solo buscaban enamorar a la chica y no llevarla a la cama, detalles que jamás podría aceptar de nuevo con la misma sinceridad que tenía antes de conocer al vampiro quien corrompió su hogar y su relación.
Por otro lado en el trabajo del joven el día casi llegaba a su fin. La vampiresa quien no dijo una sola palabra durante el día sin embargo no fue juzgada por el rubio quien le dedico las mismas palabras que el día anterior, como si nada hubiese pasado.
Una vez sonó el timbre todos se fueron a su casa, el rubio quiso despedirse de la vampira pero esta no respondió y solo se alejó volando, ya tomando el camino hacia su casa se encontró con la princesa algo alejada del castillo, ella llevaba consigo un par de paquetes, el joven y su solidaridad no le permitieron no ayudar a la princesa, tomo las cajas, saludo a la princesa y la acompaño hasta su hogar donde dejaron las cosas, la princesa muy agradecida con el rubio por su ayuda decidió ofrecerle algo de beber:
-¿te gustaría tomar algo?- decía la princesa sonriente frete a un rubio agotado.
-si claro… gracias- sonreía el rubio agotado buscando su teléfono celular en el bolsillo para revisar que no tuviese mensajes.
La princesa en medio de la situación vivida con el hermano de la vampiresa y la situación actual del rubio (que ella desconocía) decidió colocarle un poco de "sal al caldo", así que tomo un par de cervezas que tenía en su refrigerador.
-aquí tienes- ofrecía la reía sentándose en frente del rubio.
-¿cerveza?, excelente elección- reía el rubio al ver su bebida.
-no tenía nada más, ten cuidado con la viga sobre tu cabeza- advertía la princesa cosa que no escucho el rubio y pronto se daría cuenta de que le hablaba su compañera.
-emmm, ¿decías algo?- preguntaba el rubio quien estaba distraído pensando en lo que pasaría de ahora en adelante con su amada.
-no nada, ¿Cómo va el trabajo con Marceline?- preguntaba curiosa la princesa.
-muy bien, todo en orden- decía el rubio.
-sin problemas- respondía la princesa.
-jejej, afortunadamente no muchos- reía el rubio fue entonces cuando un mensaje entro en su teléfono haciendo que se levantara golpeando su cabeza contra aquella viga, aquel golpe hizo que cayera sobre la princesa. No hubo protestas por ninguno de los dos, ni del rubio por el golpe, ni de la princesa por la mano del joven en su pecho.
-ammm, lo siento- decía el joven dándose cuenta de la posición de su mano, sin embargo no la movió, es más, acaricio por un momento aquella zona hasta que escucho las suplicas de una princesa sonrojada quien le abría de nuevo las puertas de su corazón a sabiendas de que su relación con la chica lumbre no iba bien
-h… h… hazlo- decía entre suspiros la princesa colocando sus manos en su cabeza.
El rubio estaba encantado, obviamente los hombres son más propensos al deseo, sin embargo el rubio puso "los pies sobre la tierra" sabía que no era correcto hacer lo que significaría perder la confianza de su chica lumbre.
-lo siento, no puedo, creeme lo he pensado…. Pero no puedo- decía el rubio en un gran suspiro saliendo a toda máquina por la puerta, huyendo de sus deseos, viendo como meta el amor total de su reina quien estaba algo solitaria en su casa, la princesa se quedó sola, acomodo su ropa y sabía que algo no estaba bien… lo dejo pasar y cada vez se estaba enamorando de nuevo del rubio…
9 Meses después…
Continuara…
