Cárcel de In-felicidad
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Pasado un tiempo el rubio mantuvo una racha perfecta frente a las insinuaciones de sus amigas, sinceramente no supo en que momento el tiempo se fue tan rápido pesto que solo tenía los ojos en el amor incondicional de su amada y madre de su "hija".
Al momento del nacimiento el rubio se sentía bastante asustado no por su futuro sino por el estado de la pequeña y su amada chica lumbre. Como si costumbre fuera la princesa se estaba encargando de la situación de la mano de la esposa del hermano del rubio quien estaba presente afuera de la habitación con el aguardando el momento de las noticias buenas… o malas.
-¿crees que este bien?- decía el rubio caminando preocupado de lado a lado.
-bueno… esperemos que esta vez si- decía el hermano tratando de no hacer sentir con falsas esperanzas a su mejor amigo, puesto que la vez anterior le dijo todo lo contrario a lo que sucedió.
Salió la princesa de la habitación con una mirada baja casi como la de la otra vez, esto preocupo al joven quien la veía algo asustado, sin embargo, los sentimientos expresados en el rostro de la princesa no eran ocasionados por una segunda muerte, sino por los hechos que amargaban los latidos de su corazón dulce.
-¿Qué sucedió?- decía el joven con voz nostálgica.
-no, emm no sucedió nada, ven pasa- decía la princesa dándole espacio al joven para que este entrara a ver a su reina quien cargaba en brazos a la pequeña ilusión del rubio llamada "hija".
El joven se enamoró de nuevo, ver a aquella inocente criatura, a esa inofensiva bebe le ablandaba el corazón, llenaba de alegría las fosas de tristeza de la relación de sus padres, plantaba flores bellas en el desierto de la maldad donde era prisionera la verdad para así poner de rodillas a su "padre" quien entre lágrimas de alegría se aferraba a la vida y a la belleza de la que ahora era su hija.
-es hermosa- decía el padre viendo como su pequeña lo miraba a los ojos.
-es una niña muy sana, es idéntica a su madre… gracias al cielo- decía la princesa esto último como con desprecio pero en voz baja para no ser escuchada.
La reina solo miraba con sentimientos confusos al rubio y su alegría, no tenía manera de reaccionar ante detalles de amor tan sinceros, se sentía tan mal consigo misma que no dijo más, sabia la verdad detrás de todo el lio, sin embargo las mentiras eran el puente entre su vergüenza y la relación a proteger con el joven quien había demostrado amarla realmente.
Por otro lado afuera de la casa del joven había un par de vampiros discutiendo.
-no puedo creer que fueras tan desgraciado- decía a vampiresa con tristeza en sus ojos.
-así soy yo…- respondía arrogante el vampiro
-eso no fue un cumplido, ¡gusano!, ¿no entiendes lo que has hecho?- decía la vampiresa con lágrimas recorriendo sus mejillas.
-creo que tengo suficientes cientos de años para que estés molestando, hazte responsable de tu vida… yo me hare responsable de la mía- decía el vampiro viendo con odio a su hermana.
-se lo diré todo, no te vas a salir con la tuya- amenazaba la vampiresa a su hermano quien la tomo del cuello y con ojos demoniacos le devolvió la amenaza.
-tú dices una palabra… y no será solo tu amado quien sufra, ¿entiendes?- susurraba el vampiro enterrando sus garras en el cuello de su hermana.
La vampiresa impotente solo asintió quedándose callada. Después de aquella escena entro el vampiro a la casa para darle un detalle a su amante.
Al entrar fue visto de manera desagradable por la princesa y confusa por parte del rubio. Camino hasta la habitación sonrió y vio a la pequeña quien reía mientras jugaba con su primera sonajera.
-jaaaaj- reía demente el vampiro viendo a la jovencita –puedo oír los latidos de su corazón, mira te traje un pequeño obsequio- decía el vampiro entregándole un oso casi igual de grande al tamaño de la infante.
-bueno, es todo, felicidades tonto, amm, una cosa más…- en eso tomo a la princesa del brazo y la saco de la habitación para dedicarle unas palabras.
-suéltame, ¿Qué quieres?- decía la princesa algo molesta.
-quiero que mantengas tu boquita cerrada, nadie quiere funerales, creo que es lo más conveniente para todos, ¿me entiendes?- amenazaba el vampiro frente a una princesa algo confusa a la primera.
-¿de qué hablas?- decía a la princesa con tono molesto.
-eres científica, y sé que esa mueca de rabia es porque sabes que el tonto de Finn perderá su tiempo criando a mi hija, así que quiero discreción, ¿capichi?- decía el vampiro con un tono italiano mientras reía.
-eres un infeliz, tarde o temprano él lo sabrá, no podrás ocultarlo siempre- decía la princesa molesta con el chico.
-prefiero que sea tarde, entonces ¿cuento con tu discreción?- decía el vampiro levantando del cuello a la princesa quien gemía de dolor.
-n… no tengo razón para decirle… pronto l… lo sabrá- decía con la voz entre cortada la princesa para luego desplomarse en el suelo.
-gracias princesa como siempre tan comprensiva- decía el vampiro volviendo a la habitación, vio un poco más a la pequeña le sonrió a la reina y en poco tiempo ya estaba volando libre de nuevo por los cielos nublados de la ciudad.
Minutos después entro la vampiresa quien veía con algo de tristeza (alegría fingida) la escena de los padres con su pequeña hija sintió casi lo mismo que padecía la princesa, de alguna manera querían sacar todo a la luz, pero por otro lado no querían que el joven se echara a morir por su nueva perdida, al fin y al cabo hicieron prácticamente lo que dijo el vampiro verdadero padre de la pequeña.
Más tarde la pareja se quedó sola… primeras lecciones de amor incondicional y sincero para la reina quien veía algo triste como el joven era quien hacia todo por su pequeña; preparaba su biberón, cambiaba sus pañales, le cantaba canciones y la cubría con sus brazos evidencia de que nada en el mundo importaba más que esa niña.
-duerme mi pequeña… pequeña- decía el rubio para sí mismo mirando a la reina quien también confusa preguntaba:
-¿pasa algo?- decía al respondía la reina viendo al joven con cara de suspenso.
-es muy bonita claro, pero… ¿Cómo la llamaremos?- decía el rubio y de repente la mente la chica lumbre quedo absolutamente en blanco.
-no sé, yo no tengo idea- respondía la reina. En aquel momento la mente del rubio se ilumino y le bastó para decir lo que tenía pensado.
-puede que digas que es extraño o feo, pero gusta "Holly"- decía el joven arrullando a "su" hija.
-emmm, pues está bien- decía la chica lumbre sin querer opinar mucho sobre la niña que prácticamente era prestada.
-me gusta, va perfecta con mi apellido- decía el joven sonriente dándole la espalda a la chica lumbre. De repente aquella combinación de nombres retumbo como grandes tambores en la conciencia de la reina "Holly Mertens" ¿Qué pensaría el vampiro?, bueno, al fin y al cabo eso era culpa del mismísimo padre.
En la casa de la princesa todo era caos, en medio de su ira por lo sucedido la dulce chica estaba rompiendo todo, no sabía que hacer más que esperar a que todo se supiera. Sentía rabia por no poder ayudar al joven. En otro lugar la vampiresa estaba igual, no sabía que hacer más que golpear sus puños contra las pierdas… solo tiempo necesitaba la situación para irse a la mierda o para que todo fuese color de rosa.
Continuar.
