Un Baldado de Agua Fría

A la mañana siguiente la reina despertaba aun con muchas preguntas en su mente, para ella saber que el vampiro se interesara en ella así como el rubio lo hacía era lo más importante porque hasta ahora no era más que su esclava lasciva. La chica lumbre se levantó le dio un baño a su bebe y estuvo toda la mañana con esa incógnita de amor que deseaba su corazón.

Por otro lado el joven despertaba con una sonrisa en su rostro, la vampiresa al notar que el rubio estaba despertando se alejó cuidadosamente y salió de la habitación para luego escuchar como este chico gritaba al darse cuenta de la hora.

-ahhhh- gritaba de sorpresa el joven al ver la luz que entraba por debajo de la cortina.

-¿pasa algo chico?- decía inocente la vampiresa desde fuera de la habitación.

El rubio se levantó, abrió la puerta, y vio a la vampiresa con el cabello revolcado y como si las palabras se le escapasen de la mente el rubio hablo si pensar.

-wow, que linda… mañana- decía el rubio algo tenso viendo la figura de la vampiresa la cual le sonreía.

-si claro, ¿Qué sucedió?, ¿Por qué los gritos?- preguntaba curiosa la vampiresa.

-se no hizo tarde para el trabajo- decía la rubio buscando sus zapatos.

-no te preocupes por eso, no creo que pase nada malo… somos amigos de la dueña- decía la vampiresa.

-bueno, no estoy seguro- decía el joven sentado en la cama mirando hacia el suelo.

-mira, tienes buena reputación en aquel empleo, inventa una excusa, por un día no creo que sea el fin del mundo- argumentaba la vampiresa sentándose al lado del rubio.

-bueno, creo que no hará daño descansar un día- suspiraba el joven.

-así se habla, quédate un poco a descansar- entonces la vampiresa se recostó y el rubio la vio con deseos, con los mismos deseos con los que veía a su reina. Por un momento se dejó llevar por sus instintos, colocó su cuerpo sobre la vampiresa y esta lo vio con placer.

Por un par de segundos las respiraciones de estos dos personajes estuvieron muy muy cerca, y fue entonces cuando la vampiresa rompió el hielo.

-dime… ¿Qué te detiene guapo?- preguntaba la vampira rosando su nariz con la de su amante.

-m… mi familia- respondía el joven alejando un poco su cuerpo cosa que no permitió la chica.

-escucha… quédate conmigo, hazme tuya, te prometo que no será una decisión en vano- demandaba la vampiresa ansiosa de los caprichos del joven.

-no puedo…- decía entre suspiros el joven.

-¿Por qué no?- preguntaba la vampiresa acariciando el rostro de su amado.

-es por ella, no quiero fallarle… ni siquiera a phoebe- decía le rubio haciendo referencia a su hija y luego a su reina.

Fue entonces cuando la vampiresa se levantó y le dio la espalda con una sonrisa.

-eres, una hombre único, sin embargo cuando pase algo, vendrás a buscarme… y las puertas de mi corazón estarán abiertas- decía la vampiresa sonriendo para bajar hacia la cocina.

Unos minutos más tarde el rubio también bajo y quiso conversar sobre aquello.

-¿a qué te referías con eso?- preguntaba algo serio el rubio.

-a que, no importa el tiempo que pase… mi alma inmortal tiene un solo dueño- respondía seca la vampiresa.

-bueno, yo… tengo que irme- decía el joven para irse hacia su casa.

Y después de unas horas otra alma vampiresa llego a aquella casa donde estaba la chica.

-¿Qué quieres Marshall?- decía la vampiresa reconociendo el aroma de su hermano.

-este aroma, no es solo tuyo- decía el vampiro recostado en el sofá mientras su hermana seguía en la cocina.

-tienes razón, así como el que tú traes no es solo tuyo- refutaba la vampiresa.

-puede que sea una casualidad, pero si lo admito, lo traigo a pesar de no haber hecho más que una simple visita a mi pequeña- se defendía el vampiro.

-no me interesa- decía la vampiresa sin dirigirle la mirada aun.

-¿Qué hay de ti?, ¿te divertiste con el tonto?- decía el vampiro arrogante como de costumbre.

-definitivamente no te incumbe- respondía fría la chica.

-¿Cómo sé que no se revolcaron?- decía el vampiro viendo el peinado poco ortodoxo de su hermana.

-¿cómo se si tú no lo hiciste?- se defendía la vampiresa.

-jummm, touché, bueno creo que es hora de irme, tus historias me aburren- y entonces se marchó, y en la mente de la vampiresa se dibujaba una sonrisa, sabía que de todas maneras, el algún día iba a caer.

Mientras tanto en la casa del rubio había algo inusual, cuando el joven entro a su casa se encontró con una niña, que ya caminaba y hablaba casi claro, al verla el joven pensó que se trataba de otra niña, sin embargo la chica lumbre se encargó de explicarle que era su hija.

-¿ella es mi hija?, ¿eres holly?- preguntaba incrédulo el rubio viendo a la niña sonriente.

-estaba cocinando después de la mañana y creció así como si nada- decía la reina sin encontrar una respuesta lógica.

-esto, es… nuevo, creo que llamare a la princesa- decía el rubio y entonces la chica lumbre se tensó un poco.

-¿ah sí?- decía nerviosa la reina.

-sí, ella sabrá que está pasando, no es normal- reía algo incómodo el rubio.

Mientras tanto la pequeña sonreía viendo a sus "padres".

Continuara.