Pre – Divina Comedia
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El rubio había visto todo lo que tenía que ver, no dijo una sola palabra, en cada paso que daba se sentía el desprecio que llevaba consigo, estaba tan enojado que no quería explotar por respeto a su "hija", volvió a la mesa donde estaba su hermano y su hija, la vampiresa por alguna razón no estaba, el rubio solo pensó en devolverle la jugarreta a la chica lumbre, sabia en su conciencia que de todas las maneras le había sido fiel a ella desde que Holly había llegado a su vida.
-Jake, ¿Dónde está Marceline?- preguntaba ansioso el rubio, la ira estaba dominando su sistema nervioso.
-dijo que iría a su casa, se veía enojada, al igual que tú, ¿pasa algo hermanito?- preguntaba curioso el mejor amigo del joven.
-no, Holly, quédate esta noche que el tío jake, ¿sí?, debo hacer algo importante- decía el rubio sin medir sus palabras pero muy seguro de lo que iba hacer.
-claro papa- sonreía la pequeña obviamente su inocencia seguía siendo la de una infante… por ahora.
-Jake, que duerma temprano, si llueve dale algo de leche, le asustan los rayos, en la mañana iré por ella- y como alma que lleva el diablo aquel joven se fue corriendo, pero estaba vez no era huyendo, iba en busca de lo contrario a su libertad.
Después de eso el hermano del rubio sonrió viendo a la niña para luego encontrarse con la chica lumbre quien estaba algo desordenada acompañada por el vampiro aun quien quería ver a su hija por primera vez.
-Jake, jake, ¿has visto a Finn?- preguntaba algo agitada y nerviosa la reina. El vampiro quien estaba viendo a la pequeña se quedó estático un momento.
-No sé a dónde fue, se veía algo enojado, ¿y ustedes en que guerra estaban?, se ven terribles- decía el hermano del joven sin sospechar nada.
-no puede ser, ¿A dónde iría?- se preguntaba la chica lumbre preocupada de lo que pudiese hacer.
-ey, hola… soy Marshall- se presentaba el vampiro arrodillándose para ver el rostro de su hija.
La niña sonrió al ver la expresión del vampiro y con toda inocencia se presentó justo como papa le había enseñado.
-Hola… soy Holly- decía con una sonrisa de oreja a oreja la menor, su padre biológico recordó ese "horrendo" nombre y se molestó con su amante.
-aggg, si Holly, ¿Cómo estás?- preguntaba el vampiro mientras veía a la reina con desprecio.
-no ahí tiempo, debemos buscarlo, vamos Holly, iremos a casa- fue entonces cuando la pequeña argumento para no ir con su madre, puesto que evitaba tener contacto con ella cuando papa no estaba, pues; siempre terminaban peleando.
-Iré con el tío Jake a su casa, papa dijo que el iría por mi mañana en la mañana- decía la menor viendo a su madre a los ojos.
-No, no, vamos a casa, tenemos cosas que hacer- decía la chica lumbre tomando a su hija de la mano, el vampiro quien veía la escena algo confuso los siguió a casa.
El hermano del rubio no puso problema puesto que ella era la madre de la niña, asi que la responsabilidad había salido de sus manos.
Mientras tanto la menor junto con sus verdaderos padres estaba entrando a la casa del rubio, quien había desaparecido misteriosamente.
-debemos encontrar a Finn, cuanto antes- decía la reina tomando el teléfono, para llamar a la princesa, la pequeña solo subió flotando hacia su habitación, su padre quien la estaba viendo le llamo la atención su manera de comportarse y quiso saber más de esa pequeña quien le había robado el corazón en dos ocasiones, así que la siguió hacia su habitación.
-ey, ¿Qué haces?- preguntaba el vampiro con voz sumisa entrando a la habitación de su hija biológica.
-nada, solo estoy acostada- decía la menor levantando la mirada para ver al vampírico chico quien estaba en su habitación.
-Dime algo, ¿te gusta vivir aquí?- preguntaba el vampiro curioso, pues sabía que teniendo esa edad no iba a mentir y menos a un desconocido.
-bueno, en las mañanas y tarde es algo aburrido, pero en la tarde-noche no lo es- decía sonriente la pequeña.
-¿y eso porque?- decía el vampiro sentándose en el sueño escuchando a su hija y sus molestias.
-porque papa sale del trabajo- mencionaba la niña quien al mencionar a su supuesto progenitor se llenaba de felicidad.
-ya veo, "papa sale de trabajar"- decía el vampiro con algo de envidia en sus palabras cosa que no detectaba la niña.
-sí, él siempre me enseña cosas, me hace reír, es un hombre bastante agradable, claro no siempre podemos divertirnos, a veces sale muy tarde entonces, esos días suelen ser aburridos- decía la pequeña.
-ya veo, ¿y no te diviertes con mama?- preguntaba el vampiro cruzando los brazos.
-mama, solo me da órdenes, jamás quiere divertirse, es como si viviese enojada, claro algunas veces es mi culpa- decía autocritica la pequeña.
-jummm, me parece extraño, ¿y que te ha enseñado papa?- preguntaba el vampiro curioso.
-papa, me ha enseñado, valores, cosas básicas, algo de matemáticas y también de ciencias sociales- decía la niña. El vampiro sabía que el aprendizaje de los vampiros a esa edad era algo fuera de serie, que con un vista a un libro podían ser científicos e ingenieros, por eso se preocupaba por la educación de su pequeña.
-ya veo, jejeje no vayas a tocar los libros que ahí en esa biblioteca ¿sí?- decía el vampiro preocupado de que su hija fuera a saber de filosofía política y otras cosas que la harían madurar muy rápido.
-ok- decía la pequeña curiosa de que esos libros tuvieran algo interesante, ya sabrán ustedes como es el gusto de los niños por lo que desconocen.
El vampiro bajo de aquella habitación con sus puños apretados estaba molesto con la reina y pronto habría una faena más interesante aun cuando el rubio llegaba a una casa y la reina estaba colgando el teléfono para llamar a la vampiresa.
Continuara.
