El Neo-Fénix

Camino a la casa del rubio la vampiresa sonreía por lo que el joven pudiese hacerle a su hermano puesto que ya era hora de que recibiera una lección.

Por otro parte la menor tras de la puerta llegaba a su éxtasis pero cabía resaltar que no era la primera vez que lo hacía por ella misma, su verdeos padres por del otro lado iniciaron otra ronda pero la jovencita decidió ya no observar más, ya estaba satisfecha.

No se habló más y los ojos del vampiro brillaban como era costumbre, había algo extraño es ese brillo, cosa que a la reina ya no le importaba. Una vez terminado el acto ambos se olvidaron de sus problemas y se acomodaron la ropa para volver a discutir sobre el tema de la paternidad.

-no creas que esto lo arreglara siempre que cometas un error- decía la reina acomodándose el cabello.

-siempre termina arreglando todo- respondía el vampiro recostándose contra la pared con sus manos en sus bolsillos.

-no siempre será así- decía la chica lumbre.

-ya veremos…- volvía el vampiro a responder arrogante.

Mientras tanto en el bosque camino a casa, el rubio y su nueva amante ya estaban a punto de llegar a la casa fue entonces cuando el paico invado el pecho de la vampiresa y esta se detuvo un momento.

-espera…- decía la vampira algo asustada.

-¿Qué sucede?- preguntaba el rubio algo confuso. En su pecho llevaba la valentía y la decisión de lo que iba a hacer.

-¿qué vas a hacer con Phoebe?- decía algo nervioso la vampira.

-tranquilízate, no voy a golpearla ni nada de eso, no soy tan idiota, solo tendremos una muy interesante conversación- decía con una sonrisa confiada el joven colocando su mano en la mejilla de su nueva amante.

-bien, vamos- decía la vampiresa decidida mientras que sin darse cuenta una persona más había entrado a la casa del joven sin que este se diera cuenta.

Había llegado el momento de soltar este confuso nudo de adulterio, como si el destino forzara a salir a un gato encerrado, el rubio llego a su casa y fueron 3 miradas las que lo recibieron; su reina, el amante de la reina, y la princesa quien había venido preocupada de donde estaría el joven.

-buenas noches- decía el joven soltando la mano de la vampiresa viendo fijamente a la chica lumbre.

-Finn- decían al unísono las dos damas que estaban adentro de la casa cuando de repente se escuchó una tercera voz.

-papa- decía la chica caos saliendo de su habitación para abalanzarse a abrazar a su "padre" cosa que el vampiro vio con desprecio pero que el rubio respondió con una sonrisa de envidia.

-hola nena- decía el joven devolviéndole el abrazo a la menor.

-Finn, ¿Dónde estabas?, estábamos preocupados- decía la princesa sonriente acercándose al rubio.

-estaba ocupado, arreglando un par de cosas, pero bueno, aquí estoy- decía el rubio sentándose en el sofá mientras la vampiresa cerraba la puerta.

-bien, creo que debo irme…- decía el chico vampiro amante de la reina queriendo huir de aquel lugar.

-espera, espera, acabe de llegar, y creo que ambos deben decirle algo a Holly- decía el rubio poniendo tensa la situación frente a una vampiresa nerviosa y una princesa de brazos cruzados esperando una respuesta.

-¿algo que decirme?, ¿Qué cosa?- decía la pequeña viendo a la pareja de amantes sentada al lado de su padre.

-no es nada Holly, papa está mintiendo, ¿verdad Finn?- balbuceaba la reina algo nerviosa.

-no, no es verdad, dile- insistía el rubio viendo con una mirada neutral a la madre de la pequeña.

-emmm- la chica lumbre no tenía salida, estaba atrapada, pero de repente la situación se puso más apretada.

-no te preocupes mama, leí sobre filosofía y humanidades, creo que puedo entenderlo- decía la chica caos dando a entender que su nivel de inocencia ya casi no existía.

-que lista eres, a ver tu, guapo, dile algo a la niña- decía el rubio dirigiéndose al vampiro quien tenía un gesto de incomodidad en su rostro.

-yo…- fue interrumpido por su amante.

-no, no, no, no, calla- decía la chica lumbre quien no quería decir una sola palabra.

-dile… o le digo yo- decía el joven colocando entre la espada y la pared a los padres de la jovencita.

-mama, puedes decirme ¿Qué tan malo puede ser?- decía la jovencita a sabiendas de que solo estaba enterada del adulterio y no de su procedencia.

Entonces la madre se resignó ante las miradas que había en aquella sala de estar y decidió confesar… una parte.

-yo… le fue infiel a tu padre- decía al reina viendo al suelo.

-bueno… eso no es tan malo- decía la chica caos tratando de pasar por alto aquello que de alguna manera había influido en su educación.

-ah sí, muy bien, pero me refería a otra cosa- decía el rubio viendo con desprecio la reina.

-¿Qué otra cosa?- se hacia la inocente la chica lumbre y su amante es como si no estuviese en aquella habitación.

-deja de fingir, díselo de una vez- demandaba la princesa llena de rabia.

-por favor princesa, deja que lo piense- decía el rubio adoptando una personalidad tan impredecible que producía miedo, nadie sabía que haría a continuación.

-¿Por qué decirle?, no es necesario Finn- decía la chica lumbre.

-dile- insistía el rubio.

-pero...- replicaba la reina.

-dile…- interrumpía el rubio nuevamente.

-esto es…- fue entonces cuando la paciencia del rubio se agotó y este se puso de pie gritando con firmeza y autoridad.

-al demonio, Holly, te presento a Marshall tu verdadero padre- decía el joven acercándose.

-¿Qué?- decía incrédula la chica caos y hubo cara de "uuuhhh" por parte de la princesa y la vampiresa.

-así es nena, lamentablemente no soy o suficiente hombre para tu madre- argumentaba el rubio.

-es imposible- entonces a la chica caos miro al suelo tratando de computar lo que había odio con todo lo que había aprendido en aquellos libros y tardo bastante en encontrar la respuesta.

-Holly no es lo que parece- decía la chica lumbre tratando de suavizar la noticia mientras el rubio solo veía tranquilo como se daba el caos.

-mientes… acabo de comprobar mis teorías, mi resultado sigue siendo el mismo… eres una mala madre, y tu… un pésimo padre, no ni siquiera eres padre, eso implica empeño, dedicación, no es cosa de una noche, eres un pobre diablo- decía molesta la chica caos.

Fue entonces cuando el rubio se acercó al vampiro y todos quedaron expectantes esperando una reacción violenta.

-te digo algo, me duele que sea hija tuya- decía el rubio viendo cara a cara al chico vampiro quien le sostenía la mirada.

-¿ah sí?- respondía retador el vampiro.

-pero duele más el saber que ella me quiere más a mí que a ti, de ese dolor, no tengo idea de cómo se, sin embargo el dolor que yo tengo ahora es algo así- decía el rubio sonriente para golpear al vampiro el cual se desplomo al suelo por aquel golpe.

-Marshall- decía preocupada la reina mientras la princesa y la vampiresa gozaban de la acción como aficionado en un estadio.

-eso… es lo que siento, recuérdalo- decía el rubio viendo al vampiro quien quiso levantarse a responderle el golpe, pero su hermana y la princesa lo defendieron.

-no es justo si te defienden tu esclavas- decía el vampiro frente a las dos damas quienes resguardaban al rubio.

-te voy a mostrar quien es esclava- amenazaba la vampiresa a su hermano.

-adelante, muéstrame- respondió el vampiro a su hermana quien saco una nava de su bolsillo.

-esperen, esperen, creo que es suficiente, ustedes supongo que quieres salir vivíos de esto ¿no?... los quiero fuera de mi casa… ¡A TODOS AHORA!- demandaba daba el rubio

Unos segundos después de la orden el vampiro salió volando como para esperar a la chica lumbre en la entrada. la reina en la puerta solo buscaba un simple "perdón".

-Finn, yo…- trataba de hablar pero para el rubio había quedado todo claro.

-yo creo que ya dijiste suficiente, explicación que te exima no existe, así que no intentes nada- decía el rubio.

-admite que tú también me has sido infiel, así por lo menos mi culpa no será tan grande- decía la reina trataba de el rubio confesara como ella ante los ojos de su hija quien también estaba afuera y que por constitución debía estar con sus padres hasta cumplir la mayoría de edad.

-desafortunadamente no lo fui, aunque sabiendo esto, debía haberte sido infiel hace mucho- refutaba el joven.

-ósea ¿Qué si lo fuiste?- decía la reina asombrada, de alguna manera creía en las palabras del rubio.

-¿Por qué no se lo preguntas a tus espías?, créeme que ganas tuve y bastantes, pero no te estaría reclamando su hubiese sido una mala pareja- se defendía el rubio.

-¿Qué pasara con nosotros?- preguntaba la reina.

-¿nosotros?, ¿tú y yo?, no, no hay "nosotros" esta vez, cometiste un error, error que de haber sido como el que yo cometí hubiese sido aceptable, pero me engañaste de la peor manera… eres una sucia- entonces la chica lumbre abofeteó al rubio quien no se lo esperaba

-eres un idiota…no te diste cuenta de que necesitaba atención- decía llorando la chica lumbre al igual que su hija quien estaba esperando con su padre a unos pasos de la misma.

-lo siento, al parecer engañarme con un hijo que no es mío es castigo por estar trabajando todo el día, ¿cree que es justo?, estas bien dañada- decía el rubio tocándose la mejilla adolorida para cerrar la puerta.

La reina se quedó afuera con la que era su familia, no quedaba más que irse a casa.

-andando Holly- decía la chica lumbre caminando hacia su antiguo hogar.

La chica caos con lágrimas en sus ojos simplemente acato las ordenes sin decir nada, estaba tan molesta, tan ofendida con sus padres que no les dirigió siquiera una mirada durante el camino, al llegar a casa de la chica lumbre una intensa tormenta adorno aquella noche triste de esa pequeña familia.

-puedes dormir en aquella habitación- señalaba la reina y su hija fue hacia allá cerró la puerta e intento buscarle un lado entendible a la situación para poder quitarse aquella tristeza de encima. Mientras tanto el vampiro buscaba consolar a la reina pero esta vez no de manera sexual.

-está lloviendo, será mejor dormir- decía el joven vampiro sentado en la cama de la habitación de la chica lumbre.

-¿te quedaras?- preguntaba sorprendía la reina.

-sí, no quiero mojarme- decía arrogante el vampiro y cansado solo se coló entre las sabana de la reina sin siquiera mirarla o tocarla, la chica lumbre se acostó junto a él e intento hacer florecer una escena romántica ya que ambos se habían salido con la suya.

La chica lumbre abrazaba al vampiro con dulzura sin intenciones lascivas pero este se mostraba indiferente e incluso incómodo con estos detalles.

-¿Qué haces?- decía el vampiro molesto por las caricias de la madre de su hija.

-pues dijiste "vamos a dormir", y hace frio- argumentaba a la reina y entonces el vampiro casi de manera vulgar le respondió.

-estoy cansado, si tienes frio toma toda la manta, pero déjame descansar- murmuraba el vampiro para quedarse dormir, entonces la chica lumbre recordó aquella ternura del joven, a la hora de dormir, a la hora del almuerzo, e incluso hasta para discutir extraño de alguna manera la manera de trato de su ex pareja, su corazón no pudo más con los recuerdos y con una almohada sobre su rostro lloro recordando que su vida estaría mejor con el joven rubio a su lado.

Por otro lado en la casa del rubio pasaba algo peculiar. Aquellas damas al ver la tormenta decidieron hacerle una petición algo extraña al rubio.

-¿quedarse?- decía el joven algo extrañado por la pregunta.

-sí, está lloviendo y ya sabes, vivimos lejos- argumentaba la princesa.

-bueno, pueden quedarse en mi habitación, yo dormiré en el sofa, creo que fueron muchas emociones por hoy- decía el rubio algo cansado de todo lo que le paso durante este extraño día.

Más tarde habría otra interesante conversación.

Continuara.