Puente Aéreo
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El joven rubio y la princesa se estaban entregando mutuamente su humidad, era tan lento, tan íntimo que sentían como sus preocupaciones como; el trabajo, el estar solo, o simplemente tener que despertar al otro día se iban con el pasar de las horas de la madrugada, ambos abrasados y vivos gracias al calor del cuerpo del otro despertaban viéndose a los ojos como si el tiempo no les alcanzara para besarse, no despegaban sus labios en ningún momento solo hasta escuchar sonidos que provenían de la habitación del rubio.
-creo que debo irme- decía la princesa preocupada de que la vampiresa se despertara y viera lo que había pasado durante las horas que ella descansaba.
-emmm…- murmuraba apenas el rubio, resumiendo no quería estar solo. Pero recordó aquellas vez que la princesa le dijo lo mismo, no quería pasar una escena bochornosa.
-sucede algo…- decía la princesa curiosa con una cara tierna.
-no, no es nada…- sonreía el rubio suspirando mientras la princesa sonriente volvía a acercarse a él para besarlo y susurrarle al oído.
-si me necesitas… llama, no estás solo- decía la madura princesa entendiendo lo que le sucedía al rubio.
El rubio le devolvió la sonrisa, pero aun así no se sentía como si ya se le hubiera pasado el dolor. Al final la princesa se fue, la vampiresa despertó, el rubio le dio un saludo cálido y también la despidió, una horas más tarde el joven se encontraba solo…
Por otro lado en la casa de la reina la incomodidad dominaba cuando era la hora del almuerzo. Aquella extraña familia estaba reunida en la mesa, no hubo gracias, no hubo comentarios, un hubo miradas, solamente el sonido de los cubiertos rozando los platos y los pies inquietos golpeando el suelo. De repente una personalidad bastante firme quiso romper aquel hielo que había sobre la mesa, después de todo merecía un par explicaciones.
-¿Por qué decidieron hacerle eso a ese pobre rubio?- preguntaba sin nerviosismo en su voz la hija de aquella pareja que estaba al otro lado de la mesa.
-hay cosas que aún no puedes entender- decía el vampiro padre de la jovencita queriendo abrir un debate con aquella muy inteligente niña.
-¿"cosas que no puedo entender"?, no hay que leer un libro de filosofía para resumir que eres una vergüenza de padre- decía la chica viendo fría a su padre sin bajar el cubierto.
-basta jovencita- decía la chica lumbre queriendo detener los insultos de aquella pequeña genio.
-merezco por lo menos una explicación, no dejemos de lado que tú también eres una pésima madre- decía la chica sin bajar su mirada fulminante de los ojos de alguno de sus padres.
-como te atre…- gritaba ofendida la madre quien fue interrumpida por el vampiro.
-espera, entonces ¿quieres una explicación?- decía el vampiro con una mirada retadora, quería ver que tanto eran los balbuceos de filosofía que tanto hablaba.
-claro, a nivel familiar está claro, pero quiero saber, ¿Por qué lo hicieron?- decía la pequeña buscando una respuesta y preparando todo su arsenal de lectura y comprensión de la misma.
-lo hicimos porque nos dio la gana…- decía el vampiro y de repente hubo un "error" en los cálculos de la jovencita, no se esperaba esa respuesta de sin previo aviso la dejo sin palabras.
-eso… no tiene sentido- decía la pequeña ante aquella respuesta subjetiva.
-hay cosas en la vida que no tienen sentido- refutaba el vampiro y toda la física y la filosofía que la chiquilla había leído se estaban yendo por el ducto del agua.
Sin embargo, la chica caos tenía algo de su madre… el orgullo.
-claro, como no tiene sentido abandonar a una hija- decía para levantarse e irse a su habitación flotando.
-¿no crees que fuiste muy duro?- decía la reina al vampiro quien se quedaba con un gesto de indiferencia.
-ñee, debe entender que abra cosas que jamás le diremos por más que quiera insultarnos- decía el vampiro alzando vuelo también para acostarse de nuevo en la cama.
Fue en aquel momento en que la chica lumbre fue hacia la cama y algo melancólica quiso hablar sobre las preguntas de su hija.
-yo sinceramente no sé porque hice lo que hice- decía la reina sin ver al vampiro quien se puso algo tenso.
-bueno…- murmuraba el vampiro.
-¿Qué?- decía algo preocupada la reina viendo al vampiro.
-digamos que aquellos míticos poderes de hipnotizar a la gente se consiguen hoy en día- decía el vampiro.
-ah, ya veo, bueno, eso ya lo sabía, lo que no comprendo es como seguí diciéndote "si"- decía la chica lumbre dando a conocer que era consiente cuando su amante la hechizaba.
-jummm, de eso no tengo idea- decía el vampiro fanfarrón como siempre.
Ambos se quedaron pensando durante varios momentos sobre lo que acababan de decir, por otro lado la joven salía por la ventana en busca de una distracción llama "Finn".
El rubio algo distante del mundo caminaba por la plaza cuando la tarde estaba nublada casi a punto de llover, de repente vio a la vampiresa besándose con otro sujeto, algo en su cabeza no lo hacía sentir nada, ni envidia, ni rabia, solo siguió caminando y solo hasta que sintió una mano agarrarle el brazo se detuvo. Giro su mirada y vio a la vampiresa con su cara algo preocupada, a pesar de que tenían "derechos" no quería que su amante inocente se hiciera malas ideas.
-espera yo…- decía la vampiresa con su respiración agitada.
-¿pasa algo?- decía el rubio muy tranquilo, después de todo sus intenciones eran igual que las de la vampiresa.
-lo que viste, ¿estas molesto?- preguntaba imprudente la vampiresa, después de todo su sentido del tacto era como una lija.
-no, ¿Por qué estaría molesto?- decía el joven viendo al sujeto sin ningún tipo de emoción más que la seriedad.
-bueno, pensé…- decía la vampiresa pero el rubio la interrumpió…
-tu y yo no somos novios, ¿Qué nos debe importar que el otro se monte al que sea?- argumentaba el joven para seguir caminando.
La vampiresa se confundió un poco, después de todo no le gustaba que alguien más jugara su juego.
El rubio siguió caminado y se dio cuenta de que estaba empezando a llover, justo antes de que la primera gota tocara su ropa llego a su casa y entro rápidamente tiro su chaqueta y se sentó en el sofá, pasaron 0000,12 segundo para que el rubio viera a los ojos a su pequeña que estaba de visita.
-hola- decía la pequeña sonriéndole al joven quien dibujo en su rostro una sonrisa bastante cálida que le quito el frio en seguida.
-Holly-…
