Las estaciones cambian, la gente… no
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Muchas preguntas surgían en la mente del rubio quien veía a su pequeña flotando en la sala de su casa, lo primero que hizo antes de cualquier cosa como era costumbre fue… saludarla.
-Holly, ¿Cómo estás?- decía el joven abrazando a la que antes era su pequeña, es como si hubiese regresado de un largo viaje, y aun así no la quería soltar.
-estoy bien… jejej pero me estas asfixiando- decía la joven bajando el tono de su voz sintiendo el abrazo del que supuestamente era su padre y a quien veía con ojos de respeto… por el momento.
-lo siento, ¿Qué estás haciendo aquí?- preguntaba el rubio girando la cabeza algo confuso por la visita de la joven.
-bueno, emmm, quise venir a verte, después de todo la situación está… pésima- decía la jovencita cuya conversación sonaba como la de un adulto.
-lamento que hayas oído todo eso- se disculpaba el rubio por aquella "escena" que había protagonizado aquel día.
-no, de hecho era necesario- decía la jovencita recordando aquel momento tan incómodo.
Más tarde la conversación se convirtió en juego mientras preparaban algo de comida, hubo risas, peleas guerra de comida y demás, ambos la pasaban bien, hasta que de pronto un cometario hizo que la incomodidad reinara.
-jajajaj, pásame la sal- decía el rubio y como si fuese costumbre una palabra hizo que reinara el silencio.
-claro… ten papa- entonces "pup" hubo un silencio sepulcral, nadie hablo, fue como si hubiese para todo.
-jeje, gracias- decía el joven intentando romper la tensión con una sonrisa falsa.
Terminaron de cocinar y subieron a la azotea, intentaron olvidar lo pasado en la cocina y siguieron hablando.
-¿Cómo está tu madre?- decía el joven viendo al cielo y la pequeña se sorprendió al escuchar esa pregunta.
-bueno… se ve algo, no, más bien se siente extraña- decía la pequeña levantando la mirada igual que el joven.
-jeje, bueno, espero que este bien- decía el rubio indiferente frente a los sentimientos.
-leí mucho sobre filosofía, antes se castigaba esto con pena de muerte, ¿dime como te cayo la noticia?- preguntaba curiosa la jovencita al lado del rubio.
-bueno, sinceramente no esperaba que pasara algo así, pero supongo que si lo habrá hecho de seguro tendrá sus razones- decía el rubio suspirando.
-¡NO!, no hay razones para justificar algo así, dime la verdad, ¿le has sido infiel?- preguntaba algo histérica la pequeña.
-realmente pude haberle sido infiel, pero… no quería decepcionarte, lamentablemente no le fui infiel- decía el rubio con una sonrisa leve.
-fuiste un excelente padre, un compañero incondicional, se lo de la bebe… aun así estuviste a su lado, estuviste a mi lado, con cansancio de trabajo venias a enseñarme el "A, B, C", con tus manos lastimadas de mover cajas regresabas a casa a hacer la cena con una sonrisa en tu rostro… no es manera de pagarle a una persona así de fiel- decía la jovencita colocándose de pie.
-pero, no soy tu padre, es Marshall- decía el rubio sonriendo.
-padre… padre es aquel que te cría, no el que te engendra, ese tonto que esta recostado en la cama de mi madre, es un "signo de interrogación" en mi vida, jamás voy a apagarte todo lo que has hecho por mí- respondía en seco la pequeña viendo al joven con ojos de admiración.
-bueno, me siento alagado, pero aun así tu lugar es con ellos, no conmigo- decía el rubio dejando claro que legalmente no quería tener problemas con el vampiro.
-no es problema, no existe prohibimiento que me impida visitarte como un amigo- decía la jovencita con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Qué pensara tu padre?- preguntaba el rubio viendo incrédulo a su no hija.
-que ni se atreva a pensar, no creas que no soy violenta, cuando una persona no entiende con palabras existen varios métodos valkirianos para hacerlo entender- decía la jovencita con una sonrisa violenta casi demoniaca como un vampiro.
-qué bueno, de alguna manera me recuerdas a Marceline, ah es cierto, es tu tía- decía el joven riendo recordando el árbol familiar de la jovencita.
-bueno, supongo de alguna manera me alegra que ella sea parte de mi loca familia- decía la jovencita.
-claro- respondía el joven sin mucho que decir.
-dime algo ¿te gusta mi tía verdad?- decía la pequeña con una sonrisa como de celos cosa que el joven no noto.
-¿Qué?, jajajaj, bueno es bastante atractiva, pero no, ella no es de mi interés- decía el joven con una risa incomoda.
-¿Qué hay de la princesa?- volvía con una sonrisa socarrona la jovencita con los ojos cerrados y una ceja levantada.
-supongo que pienso lo mismo que con Marceline- decía el rubio sintiéndose algo arrinconado.
-jejej, bueno son mujeres muy maduras, bueno hablaremos después, se hace tarde y mama seguro se molestara- decía la niña alzando vuelo para besar la mejilla de su nuevo "amigo" y luego irse hacia su casa.
El rubio se quedó un momento pensando en esa figura que tenía aquella que ya no era su hija, por más extraño que sonara se veía bastante atractiva, luego recuerdos de la infancia de la misma le hizo olvidar aquellos pensamientos pervertidos que tenia de la jovencita.
Mientras tanto en la casa de la princesa empezaba a llover y el día se estaba acabando. La princesa salía de su laboratorio y de repente se encontró con la vampiresa quien estaba esperando afuera.
-Marceline, ¿Qué haces aquí?- preguntaba sorprendida la princesa.
-vine a ver que hacías- respondía la vampiresa viendo hacia otro lado.
-bueno, ya esta tarde, será mejor que te vayas a tu casa- decía la princesa bostezando había trabajado todo el día.
-quiero saber cuáles son tus intenciones con Finn- decía la chica vampira viendo fijamente a los ojos de la princesa.
-eso… no te incumbe- respondía la princesa seca, no quería que su competencia se enterara de sus intenciones.
-quiero saber, se supone que estábamos juntas en esto- decía algo preocupada la vampiresa.
-Finn, no puede partirse en dos, prepara tus cartas y juega, la tregua termino- decía la princesa entrando a su habitación para terminar la conversación.
Entonces empezaría un juego donde el centro de la diana era el joven y la parte de afuera, eran roses de media noche.
Continuara…
