Fuego y Miedo

Llegada la noche de aquel extraño día la jovencita llegaba a su casa y antes de entrar por la ventana se dio cuenta de lo que estaban haciendo sus padres, si reacción fue una repulsión instantánea.

-que enfermos están- decía la pequeña sin querer entrar a esa casa para oír eso toda la noche.

Frustrada por aquel acto de imprudencia de los mayores la pequeña decidió devolverse a la casa de su "no" padre. Ya era algo tarde y el rubio en su cama estaba justo en el tercer sueño, profundo en su cansancio el joven dormía plácidamente desplomado en aquel colchón.

Por otro lado la princesa estaba desvelada, estaba buscándole una respuesta a aquel cuestionamiento que le había hecho la vampiresa, ¿Qué significaba eso?, ¿tenía que ver con estar con el rubio?, demasiadas preguntas que intentaba solucionar aquella damisela rosa con la complejidad de las matemáticas. Cayo dormida antes de encontrar la respuesta, después de todo era bastante tarde.

Volviendo a la casa del joven la pequeña estaba regresando tronando los dedos en señal de aburrimiento. Como si aún viviese ahí entro sin previo aviso y se encontró con el joven dormido y desparramado en aquella cama mientras dormía.

-debe ser agotador llevar una vida que no es tuya- murmuraba la jovencita viendo al rubio dormir quien alcanzo a escuchar lo que pronuncio la chica caos.

-mmm, ¿Qué estás haciendo aquí?- decía el joven sin abrir los ojos mientras se acomodaba en la cama.

-vaya oído- decía la chica caos sorprendida.

-bueno, no pensaras que era tu madre quien se levantaba cuando llorabas, ¿es muy tarde?, ¿Qué sucede Holly?- respondía el rubio sentándose en la cama para ver a la jovencita.

-es una larga historia emmm… no hay nadie en la casa de mama- argumentaba con una mentira la chica caos demostrando las habilidades de su madre.

-bueno, entonces, déjame sacar un par de mantas, quédate aquí, iré al sofá- decía el joven y su acompañante no lo dejo levantarse de la cama.

-no, no, no, no te molestes, ¿crees que pueda dormir aquí?, así no te incomodare- decía inocente la chica caos.

-bueno…- dudaba el joven sin sospechar nada.

-ok- entonces la chica se acomodó al lado de joven e intento dormir cosa que el rubio no le costó hacer. Más tarde por el aburrimiento la chica caos abrazo a su compañero de cama mientras este estaba "dormido", obviamente el rubio tenía un sueño muy ligero y escucho todo lo que la chica caos le susurró al oído pensando que este estaba dormido.

-¿ya te dormiste?, me sentiré sola- decía la pequeña abrasando la espalda del joven.

El rubio quien sentía los brazos de la chica solamente fingió estar dormido, no quería que pasara nada, después de todo se sentía incómodo al sentir contacto con la que antes era su hija. La chica caos solo siguió con su actuación intentando atraer la atención de su padre metafórico.

-hueles bien, aun usas ese perfume que tanto me gusta- decía la chica caos casi sobre las espalda del joven quien se empezaba a poner nervioso, de alguna manera no quería pero por otro lado su instinto salvaje lo quería llevar a cometer una locura.

Quince minutos pasaron desde que la chica caos empezó a apretar sus pechos en la espalda de su padre metafórico, cavia resaltar que su figura de fémina se había desarrollado demasiado, casi parecía de la edad de su madre, y las ideas en su cabeza demandaban estar con el joven quien merecía tener su virginidad y por ende su vida. Al ver que no consiguió éxito al intentar tentar al joven decidió desahogarse por sí misma, lastimosamente el joven tenía el sueño tan ligero que oía el rose de la piel de sus manos con la de su feminidad, oia los suspiros de placer que emitía aquella jovencita que nada tenía que envidiarle a ninguna mujer.

El rubio estaba en una guerra entre lo moral y sus deseos, quería poseer el cuerpo de la que fue su hija y estar con ella para siempre, pero temía que las personas le vieran mal por haberse comprometido con su hija la cual aún no llegaba ni a los 10 años de edad física. También tenía un gran temor por lo que pudiese pasar después de todo sabía que las relaciones de "hasta que la muerte nos separe" ahora solo hacían parte de los cuentos. Mientras el joven seguía en su debate la chica caos seguía en su faena, disfrutando del aroma del rubio quien apretaba sus puños intentando no sucumbir ante la atractiva propuesta que se le presentaba, intentaba recordar imágenes de aquella jovencita que lloraba y había que cambiarle el pañal pero solo podía imaginar a una mujer completamente desconocida quien pedía a gritos un poco de atención.

"No puedo más" dijo una voz dentro de la mente del joven, una erección era señal terrenal de que los problemas habían empezado, la chica caos se dio cuenta de ello y tomo su fuese de su pertenencia lo apretó con una mano junto con la ropa que tenía encima.

-¿Qué te puso así?- decía la chica caos sujetando por encima de la ropa la masculinidad del joven quien estaba atónito ante el acto de su hija metafórica.

Solo balbuceos se oían por parte del joven quien coloco sus manos en sus ojos en señal de vergüenza mientras la jovencita desnudaba la parte inferior de su cuerpo.

-wow, ¿Por qué la vergüenza?, al parecer no tienes nada que esconder- decía la jovencita mientras su piel se encontraba con el miembro desnudo del rubio quien se ruborizo al sentir las manos de la chica caos.

Dos minutos y treinta y cinco segundos bastaron para que el joven articulara una palabra.

-espera… si sigues así… yo- al parecer la chica caos dominaba de cabo a rabo el acto tomando la iniciativa cosa que además de excitar al rubio lo estaba poniendo nervioso.

-adelante, mientras estés aquí, puedes hacer lo que quieras…- decía la chica caos con una voz sumisa pero firme, quería dejar en claro que ella seguía dependiendo de aquel que fue su padre y que días después la amaba aún más.

El joven pensó, y pensó, y pensó… así mismo la chica caos lo saco de sus dudas.

-porque cuando un hombre ama a una mujer es como si le empezara a parecer que lleva tiempo dormido, pensando que estaba vivió, yo te prometo contigo… envejecer- decía con el brillo en sus ojos, el brillo de la virginidad, el brillo de la sinceridad y el del amor, el brillo que daba rienda suelta a la sexualidad del joven quien doblego a la chica caos en seguía y se dispuso a amarla con todas las leyes que esto conllevaba porque después de todo… lo valía.

Todo comenzó con un beso, suave y certero, que luego se transformó en uno más dulce y duradero, ambos se miraban y con los ojos sostenidos se decían que se amaban, el ambiente era genial, era una habitación donde había un deseo animal acompañado con la dulzura de una caricia celestial, no había tregua y contratiempos, a medida los sollozos se convirtieron en gritos, los dos como si de una guerra de halagos se tratase se decían de todo al alba y al ocaso.

-es que yo quiero ser el que nunca olvida tu cumpleaños, quiero que seas mi rosa y mi espina aunque me hagas daño, quiero ser tu carnaval tus principios y tus finales, quiero ser el mar donde puedas ahogar todos tus males- decía el rubio abrazado a su nueva amante.

-quiero que seas mi "tango de Gardel", mis "octavillas", mi "media luna de miel", mi "Blues", mi "octava maravilla"- respondía con un baile entre la ciencia y la poesía la chica caos sonriente ante las palabras del joven

Como si fueran espinas que su corazón rebito aquellas frases hermosas con los movimientos de sus caderas, la chica caos se sentía completa, acompañada, quien sabe sus ganas de hacerlo podrían haber venido de antes…

Un baile de almas al borde de una luna escondiéndose por el horizonte, con las ventanas empañadas y las manos entrelazadas aquella pareja no durmió, pero tampoco siguieron con su "asunto" solamente, lo discutieron…

Continuara…