Las Nuevas Banderas
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Mientras el rubio compartía con la que era la madre de la chica caos la jovencita iba hacia ellos con la intención de dañarles el rato.
-Holly estará bien, no creo que sea necesario hacer tanto drama- decía el rubio mientras veía como la "humanidad" de la chica caos aterrizaba frente a él.
-¿Qué estás haciendo aquí?... madre- decía la jovencita viendo a la chica lumbre quien realmente no se sentía exaltada por su presencia, es más le daba igual verla o no verla, después de todo sus asuntos habían quedado arreglados.
-vine a ver a Finn, ¿Por qué la pregunta? - en ese momento la cara de la chica caos se llenó de un sentimiento y de un color rojizo… ¡CELOS! De eso se trataba, claro como toda mujer supo reaccionar al darse cuenta que era lo que estaba sintiendo.
-Finn, necesito hablar contigo- decía desviando la mirada sabía que cualquier palabra de más podría comprometerla.
- ¿ya terminaste de leer? - preguntaba el rubio viendo a la chica sin levantarse del lado de la chica lumbre.
-no, solo… necesito que me ayudes adentro con un par de cosas- demandaba la jovencita queriendo que su padre metafórico se levantara de aquel lugar.
-está bien, Phoebe, ¿Por qué no nos acompañas? - decía amablemente el rubio frente a una chica lumbre que asintió y a una chica caos que estaba apretando sus puños.
La dama del alba aún no había notado los celos de su hija, sin embargo, esa era lo último que quería saber de ella.
Aquellas tres personas entraron al castillo. Una vez que la chica caos tuvo un momento a solas hablo con el rubio.
-¿Qué se supone que hace ella aquí?- preguntaba con algo de molestia en sus palabras.
-viene a ayudarnos- respondía el joven héroe también ciego frente a los sentimientos de su no hija.
-¿a ayudarnos?, se te olvida que casi le arranco la cabeza hace menos de dos semanas?- recordaba la chica caos aquel incidente con su madre.
-ella no viene a crear pleito, si lo hace se ira, viene porque le preocupa el asunto de Marshall, nada mas- decía con firmeza aquel rubio quien vea con ojos serios a la jovencita.
Fue entonces cuando la jovencita se dio media vuelta y regreso a leer, la princesa al ver a la chica lumbre la saludo como era costumbre hablaron un poco del tema y se dedicaron tomar café mientras la tarde se hacía presente.
-¿Por qué regresaste?, acaso, ¿quieres otra paliza?- decía entre risas la dama rosa.
-no, pero supongo que ya sabes que pasara si esos dos chupasangres ganan ¿verdad? - planteaba la chica lumbre.
-pues la verdad no había pensado en eso- decía la princesa viendo como la chica caos leía y el joven rubio estaba sentado haciendo lo mismo. Fue entonces cuando el suspenso se apodero de la voz de la chica lumbre y esta hablo más bajo para no ser oída.
-no te pierdas, todas tenemos el mismo objetivo, no puedes mentirme, se porque le ayudas a Finn y se porque Marceline está ayudando a su hermano con quien no se lleva muy bien que digamos- relataba la chica lumbre y entonces la tonalidad se puso algo tensa.
-no digas tonterías, lo que todas queríamos no tiene nada que ver con este conflicto- respondía la princesa aclarando sus ideales tras las mentiras.
-no te engañes, por alguna razón Marceline vino a atacarte a ti y a mi hija, sin ellas su plan se cumple, porque luego iría yo dejándole el camino libre para que esa zorra se quede con Finn- decía la chica lumbre revelando el plan de la vampiresa.
-jumm…- suspiraba la dama rosa comprendiendo el dilema.
-con todos los sentidos sabemos que Marshall no puede con Finn, entonces… todas vamos por lo mismo, deja de ocultarlo- la chica lumbre sabia hacia donde iban sus palabras.
-si alguna de nosotras llegase a emparejar con Finn… será porque el así lo quiere- afirmaba la chica lumbre recordando las palabras del joven héroe cuando ella le pregunto a cerca de sus intenciones con Holly.
-en ese caso, que gane la mejor…- decía la chica lumbre haciendo una especie de brindis con el café que tenía en la mano.
Por otro lado, la noche empezaba a tocar a la puerta fue entonces cuando un par de bostezos se hicieron presentes en el sistema respiratorio de la chica caos. El rubio al notar eso decidió darle una mano.
-¿estas cansada?- preguntaba de manera tierna prácticamente arrodillándose ante ella con una sonrisa cálida.
-así parece- respondía la chica caos cerrando el libro el cual estaba casi terminado.
En un momento rápidamente el joven levanto a la chica caos del lugar en donde estaba sentada, la tomo entre sus brazos y aun sonriendo se dispuso a llevarla hacia una de las habitaciones vacías del castillo ante la conversación que aun sostenían las dos damas quienes no notaron esta acción ni la salida de esta pareja del sótano.
-espera… ¿Qué haces? - balbuceaba sonrojada la chica caos.
-pues, te voy a llevar a tu habitación- afirmaba el joven héroe empezando a caminar mientras sonreía al ver la reacción de su no hija.
-no tienes que hacerlo- respondía apenada la chica caos sin querer ver a los ojos al que alguna vez fue su padre.
-jajá, pero si ya lo hice cuando eras pequeña, no tiene nada de malo que te cargué o si- en realidad la chica caos se sentía bien con tanta atención, se sentía como una princesa, sin embargo, no le gustaba recordar al rubio como su figura paterna ya que eso nublaba su mentalidad antológica la cual le daba sueños donde él y ella se amaban y creaban una familia.
Una vez el rubio bajo en la cama a la chica caos esta quiso preguntarle algo un enrojecida por el acto del héroe
-oye… Finn- aun no se había acostumbrado a decir su nombre ya que al verlo se venía la imagen de "papa" a su cabeza.
-¿si?- decía el rubio centrando su vista en ella para dedicarle su atención y una sonrisa no muy grande.
-dime… ¿Qué harás cuando termine esta absurda pelea? - preguntaba curiosa la chica caos puesto que quería saber sobre lo que su amor platónico quería estaba perdiendo su sentido de individualidad.
-bueno, estaba pensando en viajar, volver a buscar aventuras, sé qué hace mucho no lo hago, pero sería divertido salir de nuevo y sentirme joven, ya sabes, ser un irresponsable o como diría tu madre, un idiota- sonriente ofreció su respuesta a la pregunta de la jovencita quien sintió alegría de saber que no le interesaba volver a tener que ver con una chica.
-me alegra…- decía mientras la sonrisa que tenía en su rostro iba decayendo poco a poco.
El rubio estaba dotado con una mente poco brillante, sin embargo, tenía la fortuna de ver a través de la mirada de las damas, así que en un intento de hacerla sentir bien la invito a lo que sería una nueva aventura.
-¿Por qué no vienes conmigo?, a lo mejor podrías divertirte- sonreía el rubio viendo como la expresión en la cara de la chica caos cambiaba.
En la mente de la chica caos había un revuelto de sentimientos y teorías de filosofía, si sabía que el hecho de desperdiciar el tiempo en vagar por el mundo era aburrido, sin embargo, el hecho de estar con el compensaba, anulaba o rehacía una teoría la veces que quisiera. Por lo cual accedió sin ningún problema.
Después de una conversación que ni siquiera roso la sexualidad el rubio decidió salir de aquella habitación con destino a las afueras del castillo, la princesa y la reina de las llamas aún seguían en aquel recinto bebiendo café y compartiendo historias cual reunión de amigos se tratara, el rubio ignoro eso con una sonrisa se puso su chaqueta oscura y salió a caminar hacia una plaza que estaba desierta, sin ninguna sombra que perturbara la luz de los faroles solo estaba el rubio y su subconsciente.
En medio de tanto silencio el rubio se sentó en una banca de la plaza y sonrió viendo las estrellas que decoraban la penumbra del cielo de repente una presencia activo su sistema de alerta. Bajo su mirada para encontrarse con una muy elegante vampiresa quien estaba allí sin decir una sola palabra.
-Marceline…- decía el rubio sin moverse muy rápido, era casi como si estuviese saludando a la vampiresa.
-¿Qué es lo que quieres con esta pelea?- preguntaba la vampiresa quien estaba adornada por una bufanda roja.
-¿a qué viene esa pregunta?- respondía el rubio confuso por las palabras de la chica vampira.
-quiero una respuesta- demandaba la vampiresa sin el ánimo de atacar o mucho menos.
-quiero que estén en paz, para poder flojear como antes… estoy cansado de sus problemas- decía el joven como con desprecio ante el problema que habían creado los dos vampíricos chicos.
-yo te daré la solución si es lo que quieres…- decía la vampiresa confundiendo más al rubio.
-¿Cómo?- preguntaba el joven levantando una de sus cejas. Para después de oír la respuesta levantar ambas en señal de sorpresa.
-yo… te amo… quiero estar contigo, lo demás no importa- allí fue donde el apocalipsis empezó en la cabeza del rubio, tenía idea de que físicamente le atraía a la vampiresa, pero no tenía idea de que esa atracción fuera tanta, tanta que dejara su mente en blanco.
El rubio no tenía palabras no sabía cómo asimilar las cosas, ¿realmente esa era la verdadera personalidad de la vampiresa?, o solamente era un plan para molestarlo o distraerlo. Tenía muchas preguntas y a la vez no tenía nada que decir su lengua se encontraba ausente y sus pensamientos estaban en decadencia. De repente de la nada una palabra quizá no la más oportuna salió de sus labios.
-Marceline, no escuche bien lo que dijiste, ¿podrías repetírmelo? - decía con su mente en otro planeta.
-yo… te amo… quiero estar contigo- repetía algo avergonzada la vampiresa
-esto es algo muy repentino…- el joven no lo podía creer, era extraño que alguien como ella dijera este tipo de cosas, no se fiaba del color rojizo que llenaba sus mejillas, algo le decia en su corazón "no lo hagas" asi fuese verdad lo que la vampiresa le decia.
-debes… creer…- reafirmaba la vampiresa ante de ser interrumpida por el joven.
-esto no es divertido Marceline, deja de bromear por favor- decía el joven con una mirada seria en su rostro.
-¿Por qué me miras así?, te estoy diciendo la verdad, era necesario decírtelo-
-detesto a la gente que se engaña a si misma…- decía el rubio sepultando las esperanzas de la vampiresa en el suelo de aquella plaza.
-¿así que me estoy engañando a mí misma?- repetía la vampiresa el comentario del joven.
Fue entonces cuando el tradicional sonido de la bofetada lleno el silencio que había en aquel amplio lugar, la vampiresa estaba ofendida por aquel comentario. Aun con ese gesto el rubio no hizo más sino explicar que ocurría.
-como se te ocurre buscarme justo ahora solo por eso…- se explicaba el rubio lo que empeoro los sentimientos de la vampiresa allí presente.
-¿solo por eso?... ya veo, eres un idiota…- decía la vampiresa para bofetearlo nuevamente y salir volando de aquella plaza, al irse un par de lágrimas recorrían sus mejillas.
En ese momento el joven pensó que quizá solo quizá esa declaración seria en serio, sin embargo, no pudo pensarlo más tiempo, porque el hermano de esta había hecho acto de presencia.
-asi que te fue y te dejo… que perra ¿no? - decía el hombre vampírico burlándose de su hermana.
-¿quieres pelea?, te daré pelea- decía el joven sin intención de irse a los golpes con el chico simplemente de amenazarlo.
-amigo Finn, yo también tengo algo para proponerte si es que no quieres que esta burbuja estalle- decía el vampírico joven riendo como siempre
-¿ahora que?- no podía escuchar mas propuestas locas esa noche… ¿o si?.
…
…
…
Continuara…
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