Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 8

― Por favor cielo, necesito que tengas más mesura para mostrar tus sentimientos ―susurré en su oído.

Ambos estábamos en la cocina preparando la cena. Era el día de descanso de Bree y por ende vagaba por la sala de estar haciendo limpieza.

Bella se giró, se puso sobre la punta de sus pies y me dio un fugaz beso en los labios.

Era impulsiva. Arriesgada. Y con una energía inagotable cuando se trataba de cocinar, nada era complicado cuando su mente se sumergía entre recetas e improvisaciones culinarias.

Era alegre y espontánea, pero con un carácter férreo cuando se trataba de defender su punto de vista. Tal vez por ello me mantenía cautivo desde hacía más de dos semanas.

Era el tiempo que teníamos ocultando lo nuestro. Dos semanas.

― Me gusta consentirte ―respondió al tiempo que soplaba un beso y miraba de reojo hacia la entrada―. ¿Qué haremos hoy?

Resoplé por la nariz y me recargué en la encimera a la vez que cruzaba los brazos.

Empezaba a molestarme que tuviéramos que salir a escondidas. Bella merecía ser presentada ante todos como mi pareja y no llevarla a lugares apartados y lejos de la ciudad para no ser descubiertos. Al menos era lo que habíamos hecho estos días, en el tiempo que ella tenía libre siempre salíamos a comer a restaurantes escondidos y olvidados de la población.

― Lamento hacerte esto ―murmuré entre dientes―. Sé que escondernos no es muy sano…

― Es de mala educación hablar en susurros ―articuló Bree al entrar, se acercó dando pequeños saltos y envolvió los hombros de Bella con su brazo―. ¿Qué están preparando? Huele delicioso.

― Salmón al chipotle ―respondió Bella― tu favorito.

― Gracias pequeña, me encargaré de poner la mesa.

Con ese anuncio mi hija salió de nuevo dejándonos solos.

― Mi Coronel parece asustado ―Bella musitó con una risita―. Anda, ayuda a Bree que yo ahora sirvo.

Me dio una fuerte palmada en el trasero. Volteé a verla y le advertí con la mirada que me las cobraría, desde luego que lo haría. Ya teníamos dos semanas juntos compartiendo arrumacos y besos calientes que me dejaban con ganas de más.

Ella realmente tenía que conocer quien era el Coronel Cullen.

La cena fue amena. Me di cuenta que se conocían tan bien que con solo compartir miradas sus ataques de risa se volvían escandalosos. Me llegué a sentir un poco incómodo, no podía negarlo. La razón era darme cuenta de su juventud.

Mi maldita conciencia vivía en un estado depresivo-obsesivo cuando se trataba de Bella.

― Pa… papá de verdad me preocupas.

Parpadeé al escuchar la voz de Bree. Mi hija me observaba sonriente desde su posición en la mesa, frente a mí.

Soltó una ligera risa.

En ese momento fui consciente, cómo el pie de Bella se deslizó con suma suavidad por mi muslo. Miré hacia abajo, tragué.

¿Qué demonios estaba haciendo?

Tomé una larga bocanada de aire y atrapé su pequeño pie con mi mano. Lo hice antes de que se diera cuenta que estaba más que dispuesto a todo.

Aprecié el rostro de Bella y ella tenía un semblante entre divertido y travieso.

― Disculpa, Bree, ¿qué decías? ―Traté de que mi voz fuera firme y no demostrar que un simple roce me tenía al borde de la lujuria.

― Te estoy diciendo que saldré con unos amigos y probablemente llegue un poco tarde. Me gustaría que no me esperarás ―comentó―. Por favor, dime que no te pondrás como ogro. Estoy convenciendo a Bella de que asista con nosotros y ella se niega.

Bajé un poco la mirada. Para ser exactos al pie de Bella que seguía sobre mí y mi mano lo seguía acariciando.

Bree no era una chica de fiestas ni salidas nocturnas. Ella estaba enfocada en sus estudios y trabajo, probablemente le hacía bien salir un rato, además no era como si me estuviera pidiendo permiso.

― Sí, está bien ―dije― solo avísame cuando vengas en camino, no importa la hora que sea.

Ella se puso de pie y corrió a abrazarme. Dejando besos en mi rostro.

Me quedé sin moverme mientras mi hija me llenaba de cariño. Si ella supiera que el pie de su amiga seguía frotándose en mí, seguramente nos echaría a patadas. O lo que era peor, se alejaría de mí para siempre.

Respiré hondo y alejé el pie de Bella para envolver con mis brazos a Bree.

Me sentía tan hipócrita.

.

Luego de que Bree se despidiera cerré la puerta y lo primero que hice fue buscar a Bella en su habitación.

― Cielo, ¿estás dormida?

La habitación estaba en completa oscuridad; me dejé guiar por la poca luz que se filtraba por la cortina y me acerqué a la cama que estaba cerca de la ventana.

Me incliné hacia el colchón en busca de Bella.

― ¿Me está buscando, Coronel?

Me estremecí al escuchar su voz detrás de mí. Escuché su risita melódica en mi oído y juré por mi vida que hasta el último de mis vellos se erizó.

Me volví a ella. Mis ojos se habían ajustado a la poca luz y podía apreciar su rostro; acuné su rostro con mis manos y llevé algunos mechones húmedos detrás de sus orejas.

― Tenemos la casa sola ―murmuré al acercarme a su cuello, respiré su olor. Arrastrando mi nariz por la garganta y hombros, deseoso de más. Tomé su cintura y la apreté contra mí―. Podemos aprovechar el tiempo.

Bella enredó sus manos en mi cuello y empezó a jugar, enterrando sus dedos en los cabellos de mi nuca. Suspiré.

― Tómame.

Exhalé ruidosamente al escucharla. Era jodidamente exigente y no solía titubear. Era lo que más admiraba, su determinación.

― No traigo preservativos ―apelé a mi conciencia. Buscaba el último pretexto para detener esta locura.

Sus dedos perfilaron mi rostro demanera suave que suspiré.

― Estoy con la pastilla, te juro que estoy limpia. De hecho eres el…

Silencie sus labios con mi dedo.

― No habrá retorno, cielo. ―Mis palabras eran más para entender en lo que me estaba metiendo.

― Estamos juntos ―pronunció al momento que su dedo se introducía en mi boca.

Estrellé mis labios en los suyos. Acto suficiente para saber que no podía negarme a nada que ella quisiera porque yo también necesitaba saborear su piel.

La estreché con fuerza. Bella automáticamente envolvió mis caderas con sus piernas cuando caminé con ella a la primera pared que pude apoyarme.

Nos besamos con ferocidad. Una de mis manos me servía para apoyarme y la otra no dejaba de acariciar la piel de sus muslos. Su pequeño camisón se había corrido hacia arriba, quedándose expuesta y haciéndome ver que no usaba nada más debajo de esa fina tela.

― Bella… ―articulé antes de enterrar mi rostro en el valle de sus senos.

No le di tiempo a nada porque una de mis manos estaba en busca del punto exacto que necesitaba. Adentré un dedo en su interior, ella gimió y yo me volví loco.

La estimule un par de minutos antes de bajar mis pantalones junto con mi bóxer.

Apoyé mi frente en la suya.

― Por favor ―rogó.

Entonces le di lo que necesitaba, lo que ambos queríamos. Y embestí profundamente en su interior arrancandonos un jadeo a ambos. Ella era estrecha, tan jodidamente lo era.

Sostuve su cara y la besé mientras mis caderas seguían haciendo lo propio.

Era una maldita locura. La más grande que había hecho en mi vida y no podía arrepentirme.

― Bella eres tan hermosa ―jadeé hipnotizado.

Las muecas de su rostro me tenían ensimismado.

― No pares… ―pidió.

No era capaz de detenerme. No lo hice hasta que el último vello de mi piel se erizó y mi corazón palpitó con mayor fuerza que parecía querer detenerse.

Terminé. Lo hice exactamente cuando Bella lo hizo.

Había eyaculado en su interior. Llenándola de mí y dejándola agotada; su cuerpo sin fuerza se dejó caer sobre mí.

Sonreí. La aferré con fuerza y la llevé a la cama.

Suavemente la recosté y me tumbé junto a ella, pegándola a mi cuerpo sudoroso. Besé sus labios y entrelacé nuestros dedos.

― ¿Te arrepientes? ―Preguntó al ver que no articulada palabra.

― No ―la apreté más a mí―. Estoy pensando en todos estos meses que ya te deseaba.

Ella suspiró.

― Eres tan difícil. Sabía que te gustaba, pero te aferraste a negarlo.

― Si tuviera tu edad diría lo mismo ―expresé.

― Sabes… pensé que eras más caliente.

Me alejé, sacando mi brazo debajo de ella y me apoyé sobre mi codo para verla.

― ¿Qué dices? ―Increpé―. Cómo te atreves, jovencita. Tengo toda la jodida experiencia de dejarte hasta sin poder caminar.

Bella empezó a reír, cubriendo su cara con ambas manos.

― Demuéstramelo ―me retó al tiempo que acunó mi rostro.

Nos besamos nuevamente.

Nos dimos la vuelta en la cama hasta dejarla bajo mi cuerpo. Ahora la haría pagar por la tontería que había pronunciado frente a mí.

.

― Bella, ¿estás despierta?

Escuché a lo lejos la voz de mi hija.

Me removí sobre la mullida superficie en busca de una nueva postura cómoda, mi mano tentó un cuerpo caliente.

Abrí los ojos. La habitación estaba en total claridad dándome cuenta que seguía en la cama y no precisamente en la mía.

Me senté de golpe al escuchar los leves golpes en la puerta. Angustiado, miré a mi lado y el cabello castaño de Bella cubría su espalda desnuda.

»Bella, necesito el secador de cabello, ¿puedo pasar? ―añadió Bree moviendo el picaporte de la puerta.

Fui consciente de cómo mi respiración se atascó en mi garganta.

Bree nos iba a descubrir.


Hola, espero el capítulo sea de su agrado. Estoy teniendo dificultades para poder escribir, disculpen si llego a tardar, que estoy haciendo lo posible por actualizar a pesar del poco tiempo que dispongo. Ahora díganme, ¿creen que Bree los descubra?

Infinitas gracias por sus comentarios: NarMaVeg, Adriana Ruiz, Diannita Robles, Adriana Molina, Adriu, Car Cullen Stewart Pattinson, Isis Janet, jupy, Maribel 1925, saraipineda44, Pepita GY, Flor McCarty-Cullen, Dulce Carolina, Daniela Masen, Lili Cullen-Swan, ALBANIDIA, NaNYs SANZ, Noriitha, Ary Cullen 85, belen2011yani, Cassandra Cantu, Jade HSos, francicullen, Lupita Pattinson Cullen, Marbelli, marisolpattinson, PaolaValencia, Patito feo, Elizabeth Marie Cullen, Aledo, Antonella Masen, Coni Salinas Ríos, sandy56, Kasslpz, Patty, Rini Chiba, mrs puff cocoa blizzard, Lizdayanna rociolujan karo29, Cinthyavillalobo, Maiisa, Estefania Rivera y comentarios Guest

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