Huevos de Pascua
La tarde siguiente Ron y Hermione fueron a despedir a Harry a los vestuarios. Aunque no le dijeron nada los dos se preguntaban si volverían a verlo en una sola pieza.
Después de desearle suerte se fueron a las gradas dónde estaba Neville esperándolos. El chico les preguntó por qué se veían tan nerviosos, Ron y Hermione intercambiaron miradas, pero no le respondieron y Neville entendió que era mejor no insistir.
El día anterior ella y Ron estuvieron practicando el maleficio de las piernas unidas por las dudas. Hermione no confiaba en que un hechizo tan básico fuera a detener a Snape por mucho tiempo, pero siempre podían maldecirlo y ganar tiempo para salir corriendo.
- ¿Recuerdas el conjuro? - le preguntó por tercera vez en el día.
-Ya te dije que sí Hermione, no fastidies- respondió Ron malhumorado.
-Lo siento, estoy nerviosa- se disculpó mientras se secaba las palmas de las manos contra la ropa - ¿Viste la cara de Snape? Se lo ve de malas...-
- ¿Cuándo vimos a Snape de buen humor? Tranquila Harry va a estar bien, además Dumbledore vino a ver el partido -
-Tienes razón, Dumbledore no dejaría que nada malo le pase ¿no? ¡Oh, mira! Ya salen-
Antes de darse cuenta los jugadores entraron a la cancha y se acomodaron en sus puestos, la Quaffle flotó en el aire y el partido comenzó. Snape estaba favoreciendo a Hufflepuff descaradamente, pero por suerte Gryffindor estaba jugando un gran partido, dificultándole la tarea. Hermione sentía el corazón latiendo en los oídos, por momentos Harry se lanzaba en picada y a ella se le cortaba la respiración por la expectativa.
Incluso desde donde estaban ellos podía ver qué Harry tenía los nudillos blancos, por la fuerza con la que estaba sujetando la escoba -Por dios que no pase nada malo- pensaba para sus adentros con las manos cruzadas en su pecho.
- ¡Vamos Harry! - gritó con todas sus fuerzas cuando su amigo salió disparado detrás de la Snich.
Hermione nunca había visto volar tan rápido a alguien toda su vida.
Ni siquiera alcanzaba a distinguir una cara en el manchón rojo. Pasó a unos centímetros de Snape, que ya estaba por hacer sonar el silbato para cobrar una falta a Fred y de pronto se detuvo, alzando la mano en alto con la Snich entre sus dedos.
Todo el estadio estalló en gritos, incluso Hermione no pudo contenerse y se unió a los festejos entre gritos y saltos. Era un récord absoluto, nadie recordaba que se hubiera atrapado tan rápido antes.
- ¡Ron! ¿Lo viste? ¡Ganamos! ¡Gryffindor es el primero! - En medio de los festejos Hermione alargó la mano hacia su izquierda, donde se suponía que estaba Ron, pero no encontró nada.
Volteó a buscarlo y se quedó congelada por un segundo con la imagen que encontró.
Neville estaba peleando con Crabe y Goyle (si, al mismo tiempo) y tenía los puños levantados en guardia delante de su cara, listos para lanzar un golpe; Ron estaba rodando por el suelo agarrado de los pelos con Malfoy por debajo del asiento de Hermione. Ella estaba subida arriba del banco y no recordaba en qué momento del partido había llegado hasta ahí.
Sacudió su cabeza para despejar sus ideas y miro a Harry, tenía una sonrisa radiante en la cara que contrastaba con la expresión de amargura de Snape.
Un rato más tarde, después de que Hermione se recobró de la confusión y Ron de los golpes, bajaron a festejar junto con toda la multitud. La fiesta duro casi una hora en la que no pudieron dejar de saltar y cantar. Harry, que ahora era el héroe de Gryffindor, fue arrastrado por la multitud hasta quedar fuera de su vista en varias oportunidades.
Cuando la fiesta terminó y la emoción fue desapareciendo Hermione y Ron encontraron a Harry que aparecía desde un rincón del bosque.
- ¡Harry! ¿Dónde estabas? - gritó ella. La voz le salió entre chillona y rasposa y carraspeó para nivelarla.
- ¡Ganamos! ¡Ganamos! - gritaba Ron mientras golpeaba a Harry en la espalda.
- ¿Qué te paso en la nariz? - le preguntó el moreno al ver el hilito de sangre que le colgaba.
-Ron se peleó con Malfoy- le explicó Hermione.
- ¡Tendrías que haberme visto le puse un ojo negro! Neville golpeó a Crabbe y Goyle él solo ¡Estuvo genial! Al final lo noquearon, pero Madame Pomfrey dijo que despertará pronto-
-Vaya- respondió Harry alzando las cejas - Escuchen tengo algo importante para contarles-
Los arrastró a ambos hasta el castillo y se negó a decir nada hasta llegar a un lugar donde no pudieran escucharlos. Harry entró en el primer salón que encontró vacío y cerró la puerta con fuerza detrás de Ron y Hermione.
- ¿Ya podemos hablar? - preguntó confundida por la urgencia.
-Un momento- respondió el moreno. Revisó bien todos los rincones, abajo de los escritorios y dentro de los armarios.
- ¿Qué crees que está buscando? - le preguntó Ron después de un rato.
-No lo sé ¿la cura para el spattergroit?-
-Lo siento, necesitaba asegurarme de que Peeves no está escuchando a escondidas-
Harry les contó que había encontrado a Snape hablando con Quirrell sobre cómo se podría sortear a Fluffy. Al parecer Quirrel estaba siendo obligado a ayudar a Snape a conseguir la piedra, lo que era lógico porque un profesor de defensa contra las artes oscuras debería ser capaz de pasar a través de los hechizos que defendían la piedra.
-O sea que todo depende de la voluntad de Quirrel para resistirse a Snape- dijo Hermione preocupada.
-En caso no creo que dure mucho- finalizó Ron.
Sorprendentemente Quirrell era más fuerte de lo que pensaban porque con el paso de las semanas, si bien se veía más delgado y pálido, no había cedido ante Snape. Por lo menos eso es lo que suponían ellos, ya que el humor de Snape estaba peor que nunca.
El mundo seguía girando y a pesar de todo el asunto de la piedra filosofal y Nicolas Flamel las clases y las tareas no se detenían. De vez en cuando, en los recreos, pasaban por el pasillo del tercer piso y pegaban la oreja a la puerta para intentar escuchar algo, pero no había novedades. Por las noches, cuando todos se iban a dormir, se quedaban un rato hablando sobre que deberían hacer ahora con toda la información que tenían, pero no se ponían de acuerdo.
Hermione había reducido la frecuencia con la que le mandaba cartas a sus padres con la excusa de no tener tiempo para escribir por culpa de sus exámenes. No lo hacía por maldad, sino porque no sabía sobre que hablar. Pasada la novedad de las primeras semanas de clase, todo se volvió muy repetitivo y rutinario, y la única cosa diferente que había hecho no era algo que se pueda contar. Se sintió terrible cuando ellos le respondieron que no se preocupe y que se concentre en sus estudios, una parte dentro suyo estaba esperando que le reclamen o se quejen, pero eran tan comprensivos como siempre.
Para distraerse de toda esta situación había empezado a organizar sus horarios (y los de Harry y Ron) para repasar para los exámenes. Cinco veces a la semana como mínimo, se reunían en la sala común o en la biblioteca durante unas horas y estudiaban para los exámenes. Ron en especial rezongaba todo el tiempo, pero al final del día, cuando lleguen los exámenes, iba a agradecérselo.
-No puedo creer que estemos haciendo esto, todavía faltan años para los exámenes finales- se quejó Ron como todos los días.
-Faltan solo diez semanas- lo corrigió ella- además esos exámenes decidirán si puedes o no pasar a segundo ¡son muy importantes! Deberíamos haber empezado a estudiar hace un mes-
-Ni siquiera necesitas estudiar, si ya lo sabes todo-
-No seas ridículo Ronald no es posible saberlo todo-
Cuando las vacaciones de pascua llegaron tenían una pila enorme de tarea esperándolos. Hermione se había vuelto particularmente intensa en sus prácticas, sobre todo para encantamientos. Sabía que Harry y Ron estaban cansados de las tareas, porque se lo repetían todo el tiempo, pero agradecía que se queden con ella mientras estudiaba.
-Ya estoy cansado ¿Podemos ir a dar una vuelta? - preguntó Ron una de esas tardes mirando con ojos soñadores por la ventana.
Hermione levantó la vista pensando en decirle que se calle, pero se arrepintió cuando vio el cielo azul. Era el primer día de buen clima en meses y ella también estaba cansada de estudiar -Si claro ¿Por qué no? - le respondió cerrando el libro que estaba leyendo.
Harry y Ron abrieron mucho los ojos, mirándose entre si sin poder creer lo que estaban escuchando.
- ¿Vamos a ver a Hagrid?- propuso Harry con ojos brillantes.
-Vamos- respondieron Hermione y Ron al unísono y los tres partieron camino a la cabaña del guardabosques.
La cabaña de Hagrid estaba a unos doscientos metros de la entrada principal del castillo.
Hermione levantó la cara de frente al sol cuando sintió el calor de sus rayos. Durante el otoño y el invierno rara vez había sol en Hogwarts, la mayoría de las veces el cielo estaba gris y cubierto de nubes, aunque no llueva. Los días soleados eran un bien preciado para los alumnos, que aprovechaban para hacer actividades al aire libre.
Cuando llegaron a la casa de Hagrid Harry golpeó la puerta con el puño. Unos segundos después apareció el gigante con cara de susto apuntándolos con una ballesta.
-Oh son ustedes- dijo aliviado- lo siento, no esperaba visitas, nunca se puede ser bastante precavido. Vengan y pasen rápido- dijo mientras los empujaba hacia dentro.
- ¿Para quién es la ballesta? - preguntó Ron.
-Es para protección personal, han estado pasando cosas extrañas en el bosque prohibido-
- ¿Extrañas cómo? - preguntó Harry.
-Eso no es de su incumbencia. No estarán aquí para sacarme más información sobre Nicolás Flamel ¿No? - respondió con recelo.
-Oh no, averiguamos eso hace siglos- presumió Ron- también sabemos lo de la piedra Filoso...-
- ¡Shhh!- lo interrumpió Hagrid- ¿Están locos? no pueden ir por ahí diciendo esas cosas en voz alta-
-Pero estamos en tu casa- le remarcó el pelirrojo.
-Bueno... Aun así, alguien podría estar escuchando tras la puerta...-
-No creo- insistió Ron.
Hermione, distraída por la conversación, no sé había dado cuenta hasta ese momento de que en la cabaña había algo raro. A pesar de que afuera no hacía frío estaba prendida la chimenea - Hagrid hace mucho calor aquí adentro- le dijo.
-Si... Ehm... Bueno ¿Quieren un té? - cambió de tema.
Los tres chicos se miraron entre si confundidos y se sentaron a tomar el té. Ninguno tocó los bocaditos de comadreja.
-Hagrid, aparte de Fluffy ¿Hay algo más custodiando la piedra? - preguntó Harry después de un rato.
-Ya les dije que no es de su incumbencia, aparte ¿Qué les hace pensar que yo sé eso? Incluso si supiera algo no se los diría-
Harry y Ron suspiraron, frustrados por la negativa.
-Oh vamos Hagrid- dijo ella con la voz más melosa que le salió, poniendo en práctica sus dotes actorales- entiendo que no quieras contarnos, pero es imposible que no lo sepas. Tú sabes todo lo que sucede aquí y Dumbledore confía en ti más que en nadie-
Para cuando ella terminó de decir eso el pecho de Hagrid estaba inflado como un globo y les pareció que, detrás de toda la barba, se había sonrojado.
Harry y Ron la miraban con sorpresa y orgullo.
-Bueno... Supongo que no tiene nada de malo contarles esto, verán yo le presté a Fluffy y varios profesores también hicieron encantamientos protectores, estaban la profesora Sprout, Flitwick, McGonagall, Quirrel, Snape y el mismísimo Dumbledore-dijo confirmando las sospechas que ellos ya tenían.
- ¿Snape también? - preguntó Harry sorprendido por ese nuevo dato.
- ¿Siguen con eso? Ya les dije que no es así, además ¿Por qué ayudaría a protegerla si quiere robarla? -
Por la expresión en la cara de Harry y Ron sabía que estaban pensando lo mismo que ella - Para robarla más fácil -
-De todas formas, es una pérdida de tiempo, todos esos hechizos y trampas son innecesarios, nadie podrá pasar a Fluffy. Los únicos que sabemos cómo hacerlo somos Dumbledore y yo-
Ninguno de los tres estaba del todo convencido, pero decidieron no insistir, Hagrid no les daría más información por el momento.
- ¿Podemos abrir una ventana? Me estoy derritiendo- preguntó Ron cambiando de tema.
-Ehm... Lo siento, no puedo- dudó mirando de reojo a la chimenea.
Automáticamente los tres voltearon hacia allí. En el centro de la chimenea, apoyado entre brazas, había un enorme huevo negro.
-Hagrid... ¿Qué es eso? - preguntó Harry.
-Es un ehm... este...-
- ¡No puede ser! Yo ya sé lo que es ¿de dónde lo sacaste? -gritó Ron acercándose al huevo.
-Lo gane jugando a las cartas la otra noche en el bar con un extraño, sospecho que se alivió al librarse de él-
-Y no es para menos, no es legal tener dragones-
- ¿Es un dragón? - preguntó Harry con los ojos muy abiertos.
-Bueno, lo será dentro de unas semanas- respondió Hagrid.
- ¿Y qué piensas hacer cuando nazca? - dijo Hermione. Nunca había visto nada parecido en su vida, era de un negro profundo y a su vez brillaba por el fuego. Si lo veías de cerca podías distinguir las pequeñas escamas que formaban el huevo.
-Bueno, he estado investigando y debo alimentarlo con brandy y sangre de pollo cada media hora, el huevo necesita estar caliente hasta que salga del cascarón. Este es un Ridgeback noruego, son bastante raros porque respiran fuego desde bebés, tuve suerte de conseguirlo- dijo alegremente.
-Si sabes que tu casa es de madera ¿cierto? -le retrucó Hermione, pero Hagrid estaba demasiado ocupado presumiendo su huevo con Ron y Harry como para prestarle atención.
No tardaron mucho en salir de la cabaña porque no podían soportar el calor. Hermione les propuso ir hasta la orilla del lago negro a respirar aire fresco y Harry y Ron aceptaron, igual de acalorados que ella.
-Lo que nos faltaba, un huevo de dragón, debimos habernos quedado estudiando- protestó Ron después de descansar un rato.
-Nunca creí que escucharía esas palabras salir de tu boca- le dijo Hermione alzando las cejas con sorpresa.
-Debe ser por el estrés- respondió el pelirrojo recostándose sobre la hierba.
-No podemos dejar a Hagrid solo, alguien va a darse cuenta tarde o temprano y se meterá en problemas- opinó Harry.
- ¿Y dónde se supone que vamos a esconder nosotros un dragón? - preguntó Hermione de mal humor.
-Mejor esperemos, con suerte Hagrid se dará cuenta y se lo devolverá al anterior dueño- comentó Ron.
-No lo creo, Hagrid siempre quiso un dragón, me lo dijo cuando nos conocimos- opinó Harry.
-Volvamos al castillo, será mejor que sigamos estudiando mientras podamos- dijo Hermione, y los tres volvieron a regañadientes a la biblioteca.
