Disclaimer: todo el mundo de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling.


Campítulo 4.

Hermione no se podía creer lo que estaba haciendo. Ella. De camino a una fiesta. Una fiesta universitaria. Para calmar sus remordimientos, decidió escribir a Ron mientras iba por el camino arbolado hacia la plaza central donde había quedado con los de
su clase. Sólo esperaba que el pelirojo no fuese tan testarudo como siempre y tuviese el móbil a mano.

"Hola! Como ha ido el primer día sin nosotros? Aquí clases eternas, me tendré que poner al dia en la biblioteca. Esta noche hay una fiesta de presentación. Me pasaré por allí con Hannah, la recuerdas? Estaba en nuestro curso de Hogwarts y ahora también estudia Sanación. No se nada de Harry, por lo visto los tienen confinados en la academia hasta nuevo aviso. Todos bien. Un beso, te quiero. Hermione"

Estaba tan abstraída que llegó en un momento a la plaza, y cuando levantó la vista, no se podía creer lo que tenía delante. El lugar estaba a rebosar de alumnos, parecía que la universidad entera se congregaba ahí, y los grupos eran muy diversos. Por
todos lados las farolas estaban decoradas y los banderines colgaban de lado a lado de la plaza. El agua de la fuente iba cambiando de color, y muchos acercaban vasos a la catarata. En un momento determinado, Hermione se dió cuenta que la bebida que
salía tenia color a vino, y después cambió a cerveza, y a otros líquidos que claramente no eran agua. Cuando consiguió llegar al principio del camino Oeste, donde había quedado con los otros, vió a los swahilis engalanados con túnicas de motivos tribales,
mientras que Hannah, enfundada en un vestido de color rosa chillón y unos tacones vertiginosos, se reía escandalosamente de los comentarios que sus compañeros le hacían.

-¡Disculpad el retraso! Me he costado decidirme. No estoy demasiado acostumbrada a este ambiente. - Se saludaron efusivamente y se dirigieron charlando hacia el bar donde se iba a celebrar la fiesta. El nerviosismo ante la primera degustación de la vida
universitaria se notaba en todo el grupo.

-¡Vamos! - dijo animadamente Tendaji, agarrando a Hermione del brazo, hecho que provocó una reacción extraña en la bruja. No sabía si le había dejado claro que ella tenía pareja, pero a lo mejor estaba reaccionando de manera exagerada ante un simple contacto.
Seguramente era el choque cultural. - Hagamos unas copas de la fuente antes de entrar. Me han dicho que los de segundo año han encantado la fuente y va cambiando de bebida cuando nombras tu preferencia.

El grupo estuvo bromeando y bebiendo diferentes copas hasta un punto en que la embriaguez ya era evidente. Los diferentes alumnos iban juntándose y separándose, haciendo las presentaciones mas diversas a través de juegos en los que no faltaba la bebida.
En un momento, el grupo en el que estaban había crecido, ya que se habían incorporado algunos de su clase de Sanación.

Hermione había dejado el nerviosismo atrás y se lo estaba pasando en grande con el descaro de todo el mundo. Había reconocido a diversos estudiantes de Hogwarts que habían hecho el camino hacia la universidad con ella el día anterior. Reconoció a muchos
que estaban en grupos de Relaciones Internacionales y de Derecho. En un momento de lucidez agridulce, pensó que la guerra había hecho estragos, pero al mismo tiempo había animado a muchos de su año a apuntarse en la universidad persiguiendo carreras
relacionadas con la ley y el orden. Ella misma tuvo su epifanía después de la Batalla de Hogwarts, y allí mismo decidió consagrar su vida a curar y salvar a todo el que pudiese.

-¡Novaaaaatoooos! - coreó un grupo de segundo año desde el centro de la plaza.- ¡Novaaaatos!- Muchos se añadieron al canto para después alzar a un chico por encima de sus cabezas, el cual se dirigió a los grupos de recién llegados.- Habéis llegado hasta
aquí. Habéis pasado la peor de las admisiones universitarias. Habéis escogido seguir estudiando. Pues eso, mis queridos novatillos...- el chico sonrió en una mueca picarona.- ¡SE MERECE UNA FIESTA! Una fiesta, con reto además. Al entrar por esa puerta
os darán una hoja con el emblema de la universidad. Tenéis que hablar como mínimo una persona de cada una de las quince facultades. Recordad que los aurores estan en cuarentena así que no están incluídos en el reto. No podréis salir del bar si no
tenéis quince firmas en la hoja. ¡Mucha suerte y que la noche no termine!

Al instante el grupo de segundo año empezó a saltar y a dirigirse hacia el bar que estaba a sus espaldas. Enseguida el grupo de Hermione se puso en la cola que se había formado para entrar y en pocos minutos accedieron por la puerta del barucho de la
esquina. Era evidente que el local tenia algún tipo de propiedad mágica porqué era imposible que todas las personas que se arremolinaban en la plaza pudiesen caber allí dentro. Al entrar con la hoja en mano, pensó que La Ladera era sin duda
el nombre adecuado para el recinto.

El techo estaba encantado y mostraba una negra noche plagada de estrellas, con la luna llena en lo alto. Desde allí, el exterior parecía una triste plaza iluminada mientras que allí estaban en la naturaleza. No se veía el final de la sala, pero daba la
sensación de estar en una inmensa pradera franqueada por árboles. El suelo era de hierba y el olor a césped recién cortado se mezclaba con un olor dulzón a vainilla que provenía de la izquierda. Allí se encontraba, entre unos arboles que se entrelazaban
formando un arco inmenso, la barra del bar, larga y repleta de bebidas que emanaban ese olor dulzón. A pesar del ambiente bucólico, la música los envolvía y el ambiente era similar al de un festival.

Hermione no se podía creer lo que estaba viendo, era un espectáculo y de golpe le invadió una sensación de euforia que le hacía querer gritar. Estaba extasiada y siguió al grupo al centro del baile, donde estuvo horas riendo y bailando con sus nuevos
amigos.

Su lado competitivo no estaba nada aplacado por el alcohol, cuyo efecto la armó de valor para ir completando la hoja. Cuando sólo le quedaban dos firmas para ganar su salida del local, se acercó a un grupo de brujas que estaban riendo y coqueteando con
unos chicos sentados en la barra.

-¡Ginny!

-¡Oh Hermione! - al reconocerse las dos amigas se abrazaron. Hermione se dió cuenta que la peliroja iba con unas copas de más, y al mismo tiempo se dió cuenta de lo que conllevaba: una diatriba hacia su aspecto.- ¡No sabía que vendrías! Oh por favor si
pareces una vieja. Hermione, ¿cómo me haces esto? -la morena se cogió el pelo, intentándoselo componer.- De este fin de semana no pasa que arreglo esto. ¡Mira! Te presento a mis compañeras de clase.

Tras más de una hora de alabos, risas, cotilleos y bebidas, todas las ansiadas firmas estaban ya en el papel y este se había convertido en una consumición gratis en la barra. El alcohol seguía corriendo y llegó un punto en que Hermione se dió cuenta de
su estado y decidió marcharse. El día siguiente había clase, no podía exponerse a quedar mal, y todo lo que había bebido le estaba haciendo mella. Se despidió fugazmente de sus compañeros, rechazando cualquier tipo de ofrecimiento para llevarla a
su habitación, y se dirigió hacia el exterior.

Respiró el aire frío de la noche, saboreando el contacto de sus pies ahora descalzos con el mármol de la plaza, y dando tumbos, se dirigió hacia su habitación. Allí la esperaba su cama calentita, y un vial para aplacar los efectos de todo el alcohol ingerido
esa noche. Mientras enfilaba el camino sus emociones empezaron a acumularse ya que esa felicidad inmensa que sentía estaba teñida por picos de tristeza y rabia. ¿Porqué Ron no le había contestado? ¿Era egoísta sintiéndose tan feliz estando sola y
disfrutando de esta nueva experiencia? Evidentemente lo echaba de menos, pero no podía negar que estaba pasándoselo en grande. En Hogwarts habían tenido tantas reglas y una educación tan estricta, que ahora toda esta libertad era reconfortante. Su
mente divagaba de la euforia que sentía, hacia Ron, con quien estaba enfadada en ese momento no solo por no haber querido formar parte de esta nueva experiencia con ella, sinó porque no le había contestado. Pero ese enfado no le duró ni dos minutos,
ya que la tristeza la invadió al darse cuenta que esa noche tendría que dormir sola y lejos de su amor.

Todos sus pensamientos se congelaron inmediatamente cuando llegó delante de su puerta. Allí, en el suelo, había un bulto que parecía una persona dormida. El terror se apoderó de ella, y cogiendo la varita se acercó sigilosamente. No se veía capaz de desaparecerse
en el estado que iba, pero se armó de coraje para acercarse hasta esa sombra e intentar acceder a su habitación. El remolino de ropa murmuraba incoherentemente y no fue hasta que le vió la cara, que no reconoció al rubio que estaba tirado delante
de su puerta.

-¿Malfoy?¿Que haces durmiendo delante de mi habitación?

-¡¿Tu habitación, sangre sucia?! - los ojos del mago estaban fuera de sus órbitas y se incorporó titubeante y balbuceando. Si Hermione olía a vino, el rubio apestaba a Whisky de Fuego.- Ésta es MI habitación, pero no me deja entrar la muy estúpida. -
El chico propinó unas patadas a la puerta.

-Malfoy, Malfoy.¡Párate!- ella lo cogió del brazo y lo estiró lejos de su puerta, que estaba siendo acribillada. Al estirarlo, los dos perdieron el equilibrio y se cayeron de bruces.- La tuya es la siguiente, borracho.

Los ojos del chico se abrieron como platos al darse cuenta de su error. Se rindió y dejó de forcejear. Su rostro tenia una expresión de abatimiento, pero Hermione no supo descifrar si era simplemente el alcohol acumulado, o si al mago le pasaba algo.
Sin duda, le había visto esa cara antes, pero no le apetecía recordar donde.

-Nos hemos pegado una buena fiesta, eh Malfoy- Le bufó ella, intentando quitárselo de encima.

-Cállate. -le escupió él levantándose con paso inestable y mirándosela por primera vez de arriba a abajo.- Lo que haga yo o no en mis noches,a ti qué coño te importa. Será que tu no vienes de zorrear por ahí, ¿verdad?- le espetó en tono acusativo.

-Me importa si aporreas mi puerta, y como tú dices, no te importa de donde venga. - se defendió ella, ofendida por el comentario. - De todos modos te diré, que no soy de las que van a "zorrear", como tu dices, pero será que sólo conoces ese tipo de chicas.
Yo estoy muy contenta con Ron, y puedo salir de fiesta sin tener que tirarme a nadie. Anda, tira, y vete a dormir la mona.- Justo en ese momento, Hermione lamentó haber dicho eso, porque un colérico Draco Malfoy la había empotrado contra la puerta
y se le había puesto a dos centímetros de la cara, cortándole el paso con los brazos firmemente contra la pared a escasa distancia de sus orejas, las cuales ardían ante la proximidad.

-Ca, lla, te, quiero oírte más, eres un suplicio.

Después de espetarle eso, el chico le cogió la cabeza mirándola fijamente. No le hacía daño pero sus ojos plateados transmitían tanta rabia, que Hermione apartó la vista ante tal visión. Le intimidaba su cercanía y con toda esa furia, se pensaba que iba
a arrancarle la cabeza de cuajo. En lugar de eso, le hizo subir la vista haciéndole una leve fuerza desde la mandíbula y cuando recuperó el contacto visual con ella, se lanzó para oprimir los labios con los suyos. Le empezó a comer la boca con avidez
y hoscamente, con muy poco tacto y recorriendo hasta el último rincón de su cavidad con la lengua. Sus manos se movieron de la cabeza para cogerle las caderas y estrecharlas contra su pelvis, claramente excitada ante el contacto. Segundos después,
se separó de ella como quien hubiese recibido una descarga eléctrica y se marchó hacia su habitación, abriéndola a golpe de varita y cerrándola con un portazo sin mirar atrás. Cegada por una oleada de fuego que le había invadido las venas, Hermione
seguía en el pasillo, estupefacta y encastada en la pared, como si la acabasen de abofetear y con la sangre hirviéndole en las venas. ¿Qué acababa de suceder?


N.A.: Si. Si, si, acaba de pasar. Primer día de clase y ya la tenemos armada.

Espero os esté gustando.