N.A. Gracias a todos los nuevos seguidores y favs que tiene la historia. :)
Disclaimer: todo el mundo Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Capítulo 6. Un viernes cualquiera
El fin de semana parecía no llegar y el tedio de la semana se apoderó de Hermione. En cada asignatura, dos horas de clase magistral más dos de práctica. Cuando llegaba la noche el cerebro le hervía, pero no podía estudiar, no por el hecho de estar cansada,
sino por las constantes sonatas de Malfoy. Había intentado darle una reprimenda, había aporreado su puerta, su pared, todo. Pero no había manera de dejar de oír los gemidos. Tres días le pasaron como una eternidad, y su único refugio era la biblioteca
o el bar. El trabajo ya se le amontonaba y las horas que tenía de día, las intentaba pasar allí o durmiendo. Por lo visto Malfoy era de noches, pero por la mañana daba tregua, así que Hermione pudo dormir hasta las 11 los tres días, estudiar en la
biblioteca y por las noches ir a tomar cervezas de mantequilla con sus compañeros. Su viernes empeoró exponencialmente cuando durante la clase de Anatomía, donde empezaron ya directamente con el reconocimiento y explicación de los huesos, recibió
un mensaje de Ron:
"No puedo venir. Tengo lo compensaré. Ron."
Habían estado enviándose mensajes, y hasta ese momento parecía bastante seguro el plan, pero en un momento, todo el fin de semana al traste. En ese instante la frustración la golpeó como una oleada. Oír a su querido vecino hacía mella en su sueño, pero
también en su cabeza. Deseaba que Ron llegase y poder bajar toda la líbido que había acumulado involuntariamente, a parte de también cubrir sus necesidades sentimentales y ver a su pareja, claro.
Era obvio que como ser racional que era podía dejar de lado esa frustración y salir esa noche a la fiesta que habían organizado los de Seguridad Mágica. Habían diseñado una especie de ginkana por toda la universidad y la fiesta de después prometía, pero
no iba a dejarse llevar por el instinto animal que la impulsaba a responder a las insinuaciones de Tendaji. Ahora ya era más que evidente que no todo era parte del choque cultural, y que había estado acercándose a ella más y más durante estos días.
Tenía que quitarse eso de la mente, porque debía su fidelidad a Ron, su pareja, y no quería tener otro desliz tonto como la primera noche. Estaba decidido: esa noche se quedaba en su habitación, peli y manta.
-¿Cómo, no vienes? - le dijo su amigo en choque, cuando terminó la clase y ella anunció sus planes.
-No, me voy a quedar en la habitación, estudiando o mirando una película en pijama.
-¿Quieres compañía?
-No, no, no- se apresuró a decir ella y la sonrisa pícara del chico se conviritó en una mueca de tristeza- Quiero también un poco de soledad, que en una semana no hemos parado de hacer cosas. Pasároslo bien y nos vemos uno de estos días para tomar unas
cervezas, estamos en la misma planta, así que si hacéis plan me avisais, ¿vale?
Seguramente estaba entrando en un vórtice de reclusión bastante peligroso, pero Hermione se conocía, y sabía ver los indicadores de sus picos de aislamiento, así que intentaría buscar el equilibrio. Esa noche, necesitaba su soledad, y sabía que esa sería
una noche silenciosa y de tranquilidad, porque el día anterior había oído a una chica durante Pociones Aplicadas invitando a Malfoy a la fiesta. Seguramente llegarían y armarían el escándalo de siempre, pero Hermione planeaba estar dormida mucho antes
de que eso pasara.
La ducha le sentó como agua de mayo, dejándola totalmente relajada. La verdad es que se había acostumbrado rápido a la vida en la residencia, y claramente el sistema de lluvia de la ducha había contribuido a ello. Salió del baño envuelta en su bata mientras
se secaba el pelo, y miró a su alrededor: la estrecha habitación estaba bastante desordenada, y la mesa de trabajo era un desastre, la primera semana y ya estaba inundada con papeles y libros, pero aún así tenía la sensación de estar en casa.
Una lechuza enorme le picó en la ventana y se acercó a ella para recoger su pedido. Le hacía mucha gracia que la universidad tuviese tan bien compaginado el mundo muggle con el mágico. El restaurante chino del pueblo enviaba la comida a través de lechuzas,
el wifi funcionaba a la perfección, los móviles tenían cobertura... La verdad era que no podía pedir nada más. Bueno sí, que su novio estuviese un poco más adaptado tecnológicamente y le respondiese algo más que sílabas. O que le cancelase… Pero seguramente
había surgido algo en el ministerio y por eso no había podido venir.
Poniendo el dinero en la bolsita que colgaba de la pata derecha del ave, recogió su menú de arroz tres delicias y ternera con champiñones mientras se recolocaba la bata, estremecida por la brisa que entraba por la ventana. La lechuza ululó graciosamente
y la negra noche se la tragó.
Su vestido de noche iba a ser el pijama de algodón fino que más le gustaba, ancho, viejo y destartalado, pero que le transmitía calma y tranquilidad. Cenar en pijama mirando una película, no tenía precio. Mientras comía y los créditos iniciales iban pasando,
pensaba en Ron, y en què debía estar haciendo, pero a la vez dándose cuenta que en ese momento era completamente feliz y estaba extática. ¿Quién se lo habría creído hacía dos años, que todo saldría bien, que podrían seguir adelante y tener una vida
"normal"?, pero sí, allí estaban casi todos, estudiando, avanzando, y sin mirar atrás, sólo intentando recomponerse y volver a lo que nunca habían tenido: paz.
La comida china le había sentado genial y una sensación de calor le inundaba el estómago. Casi sin mirarse dos veces los libros para no tener remordimientos, se metió debajo el edredón, y con un movimiento de varita giró la pantalla para verla mejor.
Su vida no estaba nada mal, era muy afortunada, pero la sensación de arropo y calor que desprendía el edredón, así como el olor que hacía su almohada, eran de lo que más le gustaba en el mundo. El único problema era que dormía mal por las noches con
sueños de muertes y horrores de la guerra, por lo que cada vez sentía más miedo de la hora de ir a dormir, pero antes de dormir intentaba vaciar la mente, y cuando la oclumancia fallaba, leía un libro o ponía la televisión. Ese hechizo si que era
infalible.
De pronto, sacándola de su ensoñación, un golpe seco retumbó en la puerta. La manilla no paraba de moverse y se podían oír golpes y gruñidos al otro lado. El corazón se le desbocó y los rostros de los mortífagos le pasaron por la cara. ¿Venían a buscarla?
¿Cómo habían llegado ahí?. La puerta se estremeció por tercera vez. PUM. Un golpe seco contra el suelo, y el ruido paró.
Pasaron los minutos, y esperó en tensión y con la varita apuntando hacia la puerta, pero nada sucedía. Respirando profundamente, se acercó a la salida, aún con la varita en mano y abrió con impulso, parándose en el umbral para observar sus alrededores.
Por segunda vez, ante la puerta había un bulto, pero en esta ocasión no se inmutaba. Malfoy estaba ante sus pies, sin producir sonido o movimiento alguno.
Hermione se lanzó para ver si respiraba o estaba herido, pero el único golpe que encontró fue el que recibieron sus fosas al agacharse al lado del rubio, ya que el chico apestaba a whiskey de fuego.
-Por las barbas de Merlín, Malfoy… ¿Qué te has hecho?- la morena no podía sentir más lástima por ningún ser humano en ese momento. ¿Por qué siempre llegaba alcoholizado? ¿Tenía un problema con la bebida?
Rebuscó por los bolsillos de la capa del chico para encontrar su varita y poder accionar el mecanismo de la puerta vecina. Después de oír un leve "clic", elevó el cuerpo inherte del rubio para llevarlo a su habitación. Mientras su cuerpo flotaba, Hermione
pensó que no debía ser tan amable, ni debía estar tan preocupada por él. Con lo cruel que había sido con ella a lo largo de los años y aún iba a ayudarlo… Pero no podía no hacer nada, su corazón la llevaba a tener que ayudarlo, no podía dejarlo allí
y volver a su cama como si nada sucediera. Al entrar por la puerta vió que la habitación era idéntica a la suya, y lo primero que hizo fue dejar al chico en la cama, mientras volvía a por los restos que le habían quedado de la poción antiresaca del
martes. Seguro que algún efecto tendría contra ese estado de embriaguez, o eso esperaba de todo corazón, porque no sabía qué más hacer.
Preparada con un cubo, le vertió todo el contenido del vial en la garganta y esperó. En menos de un minuto, Malfoy abrió los ojos y se lanzó hacia un lado para vomitar todo lo que había ingerido. Hermione le aguantó el cubo con una mueca asqueada ante
el olor del alcohol macerado en vísceras, pero estoicamente esperó a que su vecino terminara. Poco después le tendió un pañuelo y un vaso de agua, mientras él lo aceptaba sin mirar siquiera arriba. Cuando se volvió a tender sobre la cama, exhausto
por el vaciado, miró para ver quién lo había cuidado.
-¿Tú? ¿Qué haces aquí?
-Malfoy, tienes que dejar de desmayarte delante de mi puerta y aprender que la tuya es la del final.
-Granger, ¿qué haces aquí?- repitió él, mirándola desde la cama mientras ella cerraba la bolsa.
-Ya te lo he dicho, te he encontrado ante mi puerta.- ¿Por qué no podía ser ni un poco amable?- Ya me voy, y aunque no quieras mi consejo te lo voy a dar: deja de beber tanto, porque no vas a terminar la universidad si sigues así. Da gracias que no te
he llevado a la enfermería, seguro te habrían expulsado.
-No te he pedido nada, sabelotodo. No te metas en los asuntos de otros. La puerta está detrás tuya.
-De nada, Malfoy. Un placer como siempre. - Hermione se giró para salir, pero no podía aguantárselo, y aunque él la insultara, no podía irse sin decírselo, así que se puso al lado de la cama donde estaba tumbado y explotó.- ¿Qué te crees que haces? ¡Te
vas a matar bebiendo así! ¡No sé a qué juegas Malfoy, pero en una semana te he visto así dos veces, sin poder ni llegar ni a la habitación! La universidad te expulsará, no terminarás pociones nunca, y no vas a hacer nada de provecho en tu vida. ¡Aprovecha
que vas encaminado otra vez, y no lo tires todo por la borda por aparentar!
El chico se incorporó rápidamente y se encaró con ella.
-¡¿APARENTAR?! ¿Qué sabes tú de mi, Granger? ¿Quieres saber porque bebo? ¿LO QUIERES SABER?- estaba tan enfurismado que le estaba gritando a pesar de tenerla a unos escasos centímetros de la cara.- ¿Acaso no tienes pesadillas tu? ¿No oyes los gritos cada
vez que apagas la luz?- su voz se acababa de convertir en un susurro.- ¿No ves sus caras? Por eso bebo. Porque es el único modo de acallar los sueños. Eso, o follar hasta el agotamiento.- Sentándose en la cama, el chico recobró la compostura y cuando
la miró, tenía una sonrisa irónica en la cara.- Tanta heroína de guerra, tanta mkali, como te dicen los swahilis, pero a ti también te oigo por las noches, Granger.
Hermione estaba pálida y a punto de caerse. No sólo eran ella y sus amigos quienes tenían pesadillas. Harry siempre había gritado en sueños, Ron había empezado justo después de la batalla, y ella… lo había intentado cerrar, pero no podía.
-Malfoy, yo…- El chico se tumbó sin esa aura de enfado, de ira que momentos atrás hacían que Hermione se sintiera intimidada. En esa habitación, sólo quedaba tristeza.
-Vete. Vete y haz lo que hagas tú para poder dormir, porque a mi ya me has amargado la noche.
-¡Inútil, podrías haber muerto de un coma etílico!
-¿Y qué quieres a cambio? ¿Otro besito? ¿No te bastó uno? - La chica enmudeció y paró en seco. Se acordaba. ¿Lo había hecho adrede? Tenía los ojos cerrados y no mostraba ningún tipo de expresión. - ¿Piensas estar toda la noche aquí de pié, Granger?
-N-no.- trastabilló ella.- Me voy. - Mientras salía de la habitación, se giró una vez más hacia el vecino, a quien de pronto veía con otros ojos. - Valeriana. Bebo valeriana antes de ir a dormir, y leo o practico la oclumancia. Tenía entendido los Malfoy
erais unos buenos oclumantes.
Sin más se dirigió a su habitación, con la cabeza a punto de explotarle. Suerte que esta tenía que ser una noche tranquila.
