N.a.: No pensé en decir que estoy en el extranjero y manejando dos teclados con diferentes configuraciones, así que si hay alguna cosa rara culparemos al teclado ;)
Gracias por todo el feedback recibido! Espero seguir leyéndoos. Un abrazo.
Capítulo 08.
El vacío que sentía dentro del pecho la quería hacer llorar, la llevaba a querer aislarse en su espacio sin salir, refugiada debajo el edredón, su único consuelo. ¿Y después de esto, qué? Pero sólo el silencio le respondía. Había hecho un Muffliato en la pared para ni oír a Malfoy con sus amigas ni que nadie la oyese a ella sollozar. Si alguien le hubiera preguntado, sabía que la voz no le habría salido. Quería llorar, pero no sentirse vencida, quería dejarlo ir, pero no sentirse sola. Llevaba desde el día anterior sin salir de su habitación, reclusa y cerrada en su dolor, sin hacer ademán de levantarse. De vez en cuando le entraba un arrebato de pena y lloraba a moco tendido sin cesar. A mejorar ese estado tampoco ayudó que tuviese películas románticas en su habitación y se pasase horas mirándolas en bucle y preguntándose si alguna vez tendría un amor así. El sábado dejó paso a un domingo soleado, nada típico en los grises días de octubre, y cuando el sol entró por la ventana, Hermione supo que tenía que dejar de castigarse por lo sucedido y que se debía poner a trabajar.
Después de una ducha rápida, bajó al césped de la residencia, donde se encontró un bullicio de gente que aprovechaba el buen tiempo. Algunos volaban en sus escobas tímidamente, mientras que otros practicaban diferentes hechizos. Bajo un árbol, un grupo estaba atento y anotando frenéticamente mientras una chica vertía pequeñas cantidades de un líquido verde en otro naranja. Hermione rió abiertamente cuando se dió cuenta de la gran diferencia que había entre los jardines de Hogwarts y estos: aquí ya no era la única que se pasaba el día estudiando. Todos los que estaban allí, también veían el compromiso y la necesidad de estudiar para llegar a lo más alto en sus carreras.
El sol le calentaba la espalda y de lejos se oía un ukelele acompañado de una voces que transmitían toda la paz de las islas idílicas. Había decidido no sumirse en su propia miseria, así que después de un rato de estar tendida en la hierba disfrutando de la brisa, la música lejana y el cielo azul, se puso a estudiar. Era una sensación muy reconfortante, estar en la luz del día estudiando. Había transfigurado su mochila en una mesa baja para poder estar sentada en el suelo con los libros desperdigados por encima de la mesa. El trabajo a medio hacer sobre "Las influencias de la esencia de díctamo en el hipotálamo y la consecuente segregación de endorfinas" la absorbió durante más de una hora, pero aún así, llegado un momento, no pudo estar de levantar la cabeza al notar que la estaban observando. En la línea de árboles, sentado en el suelo justo donde terminaba la sombra ofrecida por el bosquecillo estaba su vecino, observándola quieto como una estatua de mármol, pluma en mano y libros esparcidos a su alrededor. Su rostro no mostraba expresión alguna, pero tenía los ojos clavados, fríos, asépticos y desenfocados, pero fijos. Ella lo miró largo y tendido, aguantando la mirada, desafiante.
Mientras le escrutaba el rostro, pensó si el desenfocamiento de sus ojos se debían al alcohol, o a que divagaba en sus pensamientos. Verlo, sentado allí, le hizo recordar el olor a Whiskey de Fuego y a esa colonia que sólo él usaba. La tenía fijada en el cerebro, esa oleada intensa de almizcle, ámbar y vainilla que la había rodeado y atontado durante ese beso. Oh, el beso... Se había sentido mal durante una semana por haber traicionado a Ron. Pero ahora que pensar en el pelirojo le producía una punzada en el pecho, ese beso parecía haberle sucedido en otra vida. Eso sí, tenía que admitir que el rubio era bueno. Hermione no sabía cuánto tiempo se había quedado mirándolo, con la vista perdida, pero sí sabía que el recuerdo del olor le gustaba. Un rápido asentimiento por parte del rubio le hizo saber que la saludaba y la sacó de su anonadamiento. ¿De verdad la estaba saludando Draco Malfoy? Con un rápido parpadeo se dió cuenta que ella había estado pensando en él, en sus labios, en su olor… De pronto se sintió mal al pensar que no hacía ni dos días que se había dado cuenta que había perdido al amor de su vida, y ya estaba pensando en otros.
Un relámpago pelirrojo de pronto inundó su campo de visión.
-Me pensaba estarías en Londres, Herms- le dijo Ginny mientras se desplomaba a su lado, comiendo galletas y llenando la mesa de migas. La morena sintió una punzada de dolor en el pecho, que le hizo apartar la vista del rubio, quien no había roto aún el contacto visual.
-Veo que no te han llegado las noticias- Le respondió. Lentamente, y conteniendo estoicamente las ganas de llorar, Hermione le contó lo que había pasado, mientras la pequeña de los Weasley seguía comiendo mientras farfullaba con la boca llena maldiciones contra su hermano. Escucho todo el relato haciendo pequeños comentarios y aplaudiendo en la parte del puñetazo, pero así como Hermione avanzaba, se exaltando.
-Si llego a estar yo… Espera a que mamá se entere… ¡Ese zopenco no sale vivo de la madriguera cuando Molly Weasley se entere que ya no eres su nuera! Oh Herms no sé cómo nos ha pasado por alto a todos, y cómo te ha podido hacer esto. No te merece. No te merece y punto. Tienes que animarte. Es mi hermano pero no lo vale, y tú te mereces mucho más.
-Le echo de menos…
-Pero, ¿realmente lo echas de menos?- dijo la bruja mientras sacaba la varita y convocaba una botella de zumo de calabaza y abrazaba a su amiga.- ¿Lo echas de menos a él, o a la idea del amor? -eso dió de lleno en el corazón de Hermione.- Tanto tú como yo sabemos que Ron no es precisamente… vaya, que tiene la capacidad sentimental de un calamar. No creo que te diese todo el cariño que te merecías. - La morena la miró a los ojos, viendo que Ginny estaba vertiendo su corazón y diciéndole lo que había callado durante dos años.- Mira, no digo que no te quisiera durante este tiempo, ni que mi hermano sea mala persona. Sólo quiero que sepas que Harry y yo hemos visto como tu te desvivías por él, y él no te daba nada. Ron se había acostumbrado a recibir, pero no a dar, y no creo que te hubiera hecho demasiado feliz.
Esas palabras aliviaron el corazón a Hermione. No sólo había sido su impresión, sino que era verdad. Todo lo que había pensado, toda la negligencia que sentía, había estado desde un principio en su relación. Hermione abrazó fuertemente a su amiga.
-Creo que tienes razón, y lo que echo de menos es a alguien que me diga buenos días, que me abrace por las noches, que se interese por mi vida y quiera formar parte de ella. Pero Ron hace tiempo que había dejado de ser esa persona.
-Así me gusta. A ver, ¿cuando quieres salir de fiesta a celebrar tu nueva soltería y cazar algún futuro médico? Sé que te encantó el local al que fuimos a principio de curso. ¿Te acuerdas del césped? ¿Y las bebidas? Tenemos que probar esas bebidas que cambiaban de color...
-Será que no tengo otra cosa a hacer en la vida Ginny… - esa chica era inagotable, y sabía que no se podría escapar de una noche haciendo el paripé.
-Muy bien, el viernes que viene. Hecho. Yo llamo a todo el mundo.
-Esto va a ser un desastre….
La semana le pasó relativamente rápido. Tenían mucho trabajo y los primeros parciales se acercaban. El plan infalible de estudios que seguía Hermione cada año estaba dejando de funcionar. Las horas en la biblioteca se acumulaban, y las de sueño disminuían. Por más que lo intentase, no había noche que no viera subir su pila de trabajo más de lo que disminuía. De todos modos, eso ya le iba bien. Durante el día tenía que pensar en sus clases, y por la noche normalmente se quedaba dormida leyendo o escribiendo, hecho que no le permitía pensar en Ron. Había recibido cuatro cartas suyas, pero las había quemado todas sin ni siquiera abrirlas.
Su rutina era igual que la de muchos alumnos, quienes todos comían generalmente en silencio, sumidos en sus libros, excepto Ginny claro, y después habitaban las bibliotecas hasta altas horas de la noche. De todos modos, entre la gran masa, Hermione no pudo evitar ver a Malfoy cada noche sentado a escasa distancia de ella. El chico no levantaba la cabeza de sus pergaminos, pero a la chica no le pasó por alto que cada día el rubio llegaba poco después de ella, se sentaba en una mesa contigua a la suya, y seguía allí cuando ella se marchaba. Se intentó recordar que también tenía exámenes y trabajos, pero no podía dejar de preguntarse por qué escogía esa mesa.
Cuando llegó el viernes, y huyendo de Ginny, Hermione se refugió en la biblioteca para terminar el trabajo sobre la poción Crecehuesos que tenía para el lunes. No podía creerse que se le hubiera escapado esa entrega y que fuese con el tiempo tan justo para la entrega. Después de la última clase cogió un sándwich y se escabulló antes que su amiga la obligase a ir de fiesta. Cuando llegó a su sitio habitual entre las estanterías de pociones lo encontró ocupado por un grupo de chicos, así que se movió a la mesa que su vecino había estado ocupando toda la semana. Sabía que si llegaba podía haber un enfrentamiento, pero imaginó que Malfoy haría lo mismo que ella, moverse sin decir nada.
No había pasado más de una hora cuando ese olor intenso que últimamente su cerebro adoraba cada vez que lo olía, la anonadó haciendo que se sintiera culpable otra vez.
-Ésta es mi mesa. -le dijo la grave voz desde el lado opuesto del tablón.
-No veo tu nombre en ninguna parte.- replicó ella sin levantar la mirada de su trabajo, intentando contener su shock. - Además, compartir es vivir. ¿O eso no entra en la guía docente de Slytherin?
El chico no dijo nada. Lo lógico sería que se hubiese movido a otra mesa, a otro sitio. Pero simplemente dejó caer su mochila, y se sentó en la silla de delante de ella. Ella lo miró intensamente, sin terminar de creer el movimiento que había hecho él.
- Draco Malfoy compartiendo mesa conmigo. Definitivamente la unviersidad lo cambia todo.
-No te excites demasiado, Granger. Detrás de mí está el estante de libros para hacer el trabajo de Introducción a la medicación. Mi vagancia supera el asco.
-¿Aún en antiguas rencillas, Malfoy? Pensaba que habías dejado toda esa supremacía sanguínea en la Batalla de Hogwarts cuando decidisteis desertar…
-Viejas costumbres...- El chico se dejó caer en la silla sacando sus libros y plumas.- El instinto de preservación de los Slytherin, que por cierto nos viene de serie y no nos tinene que enseñar, no es blanco y negro, Granger. Si eres tú contra el mundo, todo es una gran área gris.
Hermione podía entender eso. Los Malfoy podían haber creído en Voldemort y defender su absurda causa, pero en último momento, no creía que estuvieran convencidos de estar haciendo lo correcto. Los vio irse. Los vio abrazarse. Simplemente pasaron el trámite y a la mínima se pusieron a salvo. Bajó la vista y se sumió otra vez en su análisis. El chico también se puso a ello y no cruzaron ninguna palabra en tres horas.
El ruido frenético de ambas plumas era lo único que cortaba el silencio. Llegado un punto Hermione ya no era consciente que había una persona al otro lado de la mesa. Estaba tan sumida en su trabajo que no se dió cuenta de la sensación de bienestar que la rodeaba. El olor, el sentir a otra persona al otro extremo de la mesa. La compañía. No fue hasta demasiado tarde que se dió cuenta que lo estaba mirando fijamente, intentando trobar en su memoria la última vez que no se había sentido sola. Se había acostumbrado a la soledad, pero la sensación que le proporcionaba el chico era cálida y reconfortante.
-Sé que soy guapo Granger, pero para de mirarme fijamente. Se te pone cara de acosadora. - Malfoy se pasó los dedos por el pelo, cogiendo la petaca y dando un sorbo largo mientras hacía una sonrisa sardónica.
- No te estaba mirando, cabezón arrogante. ¿Es alcohol eso? ¿No crees que deberías parar de beber para hacer los trabajos?
-¿No crees que deberías meterte en tus propios asuntos?
-Imbécil
-Sabelotodo
-Borracho
-Acosadora
-¿Me vas a invitar a un sorbo como mínimo por estar aguantándote?
Los dos se miraban intensamente después del flirteo inconsciente de la chica. No podía descifrar qué ocurría detrás de esa fachada marmórea. Pero sabía que él estaba también allí. Sin terminar de entender que los había llevado a sentarse uno enfrente del otro. A buscarse. Hermione no podía parar de mirar los labios humedecidos del chico. No podía parar de pensar en recorrer los dedos entre la melena rubia y empotrarlo contra una estantería. Estaba desvariando. Debía parar. Volvió a bajar la vista al libro que estaba consultando y hizo caso omiso de su vecino, quien seguía mirándola.
-¡HERMIONE JEAN GRANGER!
-SHHHHHHHH!- Ta la biblioteca pidio silencio y miró atónitamente hacia la puerta desde donde se había proferido ese grito. Botella en mano, una bolsa enorme y vestida para matar, estaba la pequeña pelirroja que se dirigía con mirada hostil hacia su amiga.
-Oh Merlín…
-Hermione. Tienes 10 minutos para ir al baño, cambiarte, tamizar esa locura de pelo que me llevas y ponerte los tacones y el maquillaje que te he puesto aquí. ¡Hoy salimos quieras o no!
-Ginny cálmate… ¿Qué hago con los libros?
-Se los dejas a tu compañero de estudio y ale. - De pronto, Ginny abrió los ojos como platos, y dió dos pasos atrás con la voz encallada en el cuello. Se acababa de dar cuenta de quién eran los ojos grises que la miraban con una mezcla de desprecio y entretenimiento.- ¿Malfoy?¿ Qué diantres haces aquí? ¿Y desde cuando estudias aquí?¿No deberías estar pudriéndote en Azkaban con tu papi?
-Es mucho más divertido estar aquí viendo tu patética excusa para sentirte deseada. -El chico señaló el pequeño vestido negro y escotado de la pelirroja. - Not bad, Weasley. Dos tallas más grandes de pecho te sentarán mejor.
-¿Estás estudiando con él?
-Técnicamente no. -intervino Hermione.- Sólo compartimos mesa. Pero sí, Malfoy está en algunas de mis clases.
- Esa información no me había llegado…
El chico bebió un sorbo largo y tendido, mientras Hermione evitaba ambas miradas y Ginny tiraba de ella.
-Hermione, levantate ya, envía tus libros a tu habitación, y vámonos. No tienes porque respirar el mismo aire que este mortífago..- la envió de golpe al lavabo y Hermione decidió no discutir con su amiga en esa situación. Mientras se marchaba a ponerse lo que la pelirroja había escogido, que seguramente no sería para nada de su estilo, la dejó recogiendo los libros y discutiendo con el rubio.
-¿Ya puedes respirar tú con eso que llamas vestido? Siempre puedes venir a conocer a qué juegan los niños malos.
-Malfoy si me acerco a ti alguna vez será para ponerte un bozal.
-Hmm, además pervertida. ¿Le das con el látigo a tu cara rajada?
-Ogh, púdrete Malfoy.
-No te daré ese placer. Y ahora, ¿qué tal si te largas a mendigar un poco de amor a los pobres desgraciados que decidan mirarte y me dejas en paz de una vez?
Hermione salió tirándose del vestido. No entendía porque Ginny se empeñaba en hacerle llevar ese tipo de vestidos. Demasiado estrecho para su gusto y sólo hasta medio muslo. Por suerte había sido un poco coherente y lo había escogido en azul y con cuello alto, aunque después tuviera toda la espalda abierta. Se había negado a ponerse tacones y un exceso de maquillaje, pero sí que se hizo un moño desenfadado par contener la melena. Podría ser peor.. pensó ella para sus adentros.
-Ya estoy. - le dijo a la pelirroja mientras se estiraba del vestido.
-Perfecto, pues ahora recoge y vamonos.
La pelirroja se giró en redondo sin nisiquiera despedirse del rubio, y fue avanzando hacia la puerta mientras su amiga recogía los libros y movía la varita para desvanecerlos.
-¿Te han dado con una bludger, Malfoy? - le preguntó Ginny riéndose. Malfoy no había movido un músculo desde que la chica había salido cambiada. La miraba fijamente, sin inmutarse ni decir nada, y con su habitual cara de póquer, pero ella podía notar los ojos grises analizando cada línea de su cuerpo mientras recogía el bolso. Nunca se había sentido tan desnuda.
Sus ojos se encontraron, y la única reacción del rubio, al que ya podía ver notablemente afectado por el alcohol, fue solamente levantar una ceja interrogante. No sabía cómo reaccionar a ello, así que apartó la vista rápidamente.
-Sé que me voy a arrepentir por esto, pero si quieres Malfoy, puedes venir a tomar algo. Beber en compañía suele ser mejor...
-¿Hay algo en mi que te indique que me puede interesar lo más mínimo venir?- Hermione airada, se incorporó, y sacando un brío de valentía se lo miró sonriente, levantando también una ceja sardónica como él había hecho.
- No haberme quitado los ojos de encima desde que me he cambiado no es un mal indicador, Malfoy. Tendrías que ser un poco más simpático, te sentaría bien.
Con eso, la chica se giró en redondo y salió a toda velocidad de la biblioteca, antes que él pudiera ver que se había sonrojado después de lanzar esa pulla. Eso había sido muy impropio de ella, pero la noche prometía y de golpe se sentía con ganas de salir de fiesta y olvidarlo todo, estar bien y hacer vida universitaria normal. Como si eso fuese posible en la UMI…
