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Ligero cambio en la historia: vamos a vivir la noche a través de otros ojos. Creo que a partir de ahora iré alternando los puntos de vista. ¡Ya me diréis si ha sido a mejor o a peor! Espero os guste.


Capítulo 09.

Cuando Draco llegó, La Ladera estaba abarrotado y no cabía ni un alfiler. El ambiente cargado, la música ensordecedora y los contrastes de música lo hacían sentirse bien. Ese local lo había cautivado desde el primer dia de universidad. Cuántas noches había pasado allí... En la barra más alejada de las dos que tenía el bar siempre encontraba a Blaise Zabini oteando las posibles presas.

-¿Dónde te habías metido? Llegas tarde Esta noche en el menú tenemos especial de rubias. A las 3 en punto hay un corrillo para atacar. - Él le pasó un vaso al rubio mientras señalaba a las chicas que quería conquistar esa noche.

-Al contrario que tú Blaise, que estás en esa patética excusa de carrera que se hace llamar Relaciones Internacionales, tengo que estudiar y hacer entregas...- Draco aceptó la bebida, mientras se reclinaba con los codos en la barra observando a las chicas que su amigo le había indicado.

Realmente una le llamó la atención, al mismo tiempo que se dió cuenta de lo aburrida que debía ser. Encajaba perfectamente en su prototipo de chica para una noche. Si es que le quedaba prototipo al que ceñirse. En lo que llevaba de curso había estado con todo tipo de chicas: altas, bajas, morenas, rubias, pelirrojas… La lástima era que ni se acordaba de la mitad de caras, así que siendo un objetivo tan claro, Draco pensó que sería mejor no ir a por ella, ya que no le gustaba la posibilidad de repetir y que ella pensase que era algo más que un lío de una noche.

-Me aburren. Son todas calcomanías.

- Nunca me acuerdo que eres extremadamente selectivo. Se te van a terminar las guapas en breves. Mira, esas vienen hacia aquí.

Los amigos acostumbraban a dejarse llevar por la noche y a no forzar lo que pudiera pasar. Su pasado lo precedía. Los cuchicheos, las miradas de sorpresa o de asco de algunas personas ya formaban parte de su día a día. De todos modos, ser el chico malo de la película también tenía sus ventajas. Se aseguraba una chica diferente cada noche sólo apareciendo en el local, y poner cara de hastío mientras bebía lánguidamente en la barra. Siempre había tenido su público, y Draco lo sabía y explotaba.

A su derecha Blaise ya había empezado a hacer pasos estratégicos con una bruja alta de tez morena. Sin duda Balise sí que seguía un cánon. Draco estaba a punto de vaciar la segunda copa cuando lo añadieron a la conversación y le presentaron a la amiga de la conquista de Blaise y se activó para ofrecer su sonrisa más despampanante dejando a la chica cautivada. Mientras los otros dos bailaban intensamente, restregándose y desnudándose con los ojos en la pista, él optaba por hacerle perder la cabeza moviéndose lentamente con la música y susurrándole al oído, acercándose a ella cada vez más. No sabía ni cómo se llamaba pero ¿acaso importaba?

Mientras estaban de vuelta en la barra del bar, habiendo pedido las cervezas, y sentado en un taburete, Draco estaba sujetando su conquista entre las piernas abiertas, rodeando la cintura desde detrás y susurrando carantoñas que sabía que la llevarían directa a su cama. Entre algunos de los besos que le iba dando por el cuello, sin quererlo sus ojos terminaron de golpe en una espalda desnuda. La espalda, de un aspecto inmaculado que hasta apetecía lamer, estaba manchada por una mano grande y posesiva. No muy lejos de donde estaban ellos, y dando los últimos sorbos de un cóctel anaranjado se encontraba su vecina, con un brazo imponente rodeándola celosamente. La chica hacía una risitas filtrantes al mastodonte que tenía a su lado, y dándole empujones amistosos mientras él le lanzaba miradas lascivas y le susurraba sandeces al oído.

No era muy diferente de lo que él mismo estaba haciendo, pero lo llenó de desprecio e ira. Se había pasado un fin de semana oyendo a Granger llorar, y toda la semana viéndola arrastrarse por los rincones. Ahora de pronto estaba aquí como si nada pasara, borracha y ligando. No sabía qué había pasado con el pobretón de Weasley, pero lo podía intuir. No era que tuviese un especial afecto a la chica, ni que se estuviera despertando el hermano mayor que llevaba dentro, más bien, la morena le producía una mezcla entre indiferencia y curiosidad. No era tan imbécil de seguir anclado en esos viejos esquemas, en ese gran paradigma en que todo el mundo lo encasillaba. Ni pensaba fuera superior ni inferior, pero en ese momento apreciaba el esfuerzo que había hecho. Nadie le había tendido una mano en son de paz en todo el curso. Excepto ella.

La guerra lo había cambiado. La muerte, el miedo constante, el horror que había vivido… Había caído en la banalidad del mal, en la ignorancia y el miedo, hecho que lo había llevado a entrar en el esquema social que sus padres querían. Pero él no era así. El sexto curso lo había carcomido por dentro: planear el asesinato de alguien era doloroso, pero el constante miedo a que el Señor Oscuro hiciera algo a su família…Y después la guerra, la pérdida de su amigo en la Sala de los Menesteres, el miedo y la huída de esa noche… Draco se dio cuenta ese día que tanto su madre como él habían sido manipulados, y movidos en un tablero de ajedrez como peones de una partida que no era la suya, y que el jugador no sentiría el menor remordimiento por sacrificarlos. No quería seguir pensando en eso, pero ahí estaba, vívido en su mente. Todos eran humanos, todos tenían algo de luz y algo de oscuridad dentro. Le sentaba mal que no vieran más allá de sus antecedentes y su nombre, aunque se lo hubiera ganado a pulso,, y por eso él lo blandía como bandera. Ser un Malfoy conllevaba ciertas responsabilidades, ciertas convenciones aristocráticas a las que ni quería renunciar ni se lo planteaba, pero aún así, no creía que el mundo no necesitara un cambio urgente. No odiaba realmente a la bruja, ni pensaba realmente que fuera inferior. Pensaba que había sido educado en unos prejuicios que no le ayudaban en nada. No sabía bien qué se le removía en el estómago al ver a Granger acechada por un grupo de chicos, pero sabía que no le hacía ninguna gracia y que no le era indiferente. Suponía que era porque ella había sido la única persona que se había parado a recogerlo del suelo. Recordaba bien haberla besado, recordaba el olor a vainilla y champú que la chica desprendía. Había sido un arranque de pura lujuria y desafiamiento, pero cada vez que se acordaba, su cuerpo le pedía más.

Que hubiera estado tan melancólica y a la vez centrada en los estudios lo había atraído hacia ella durante esa última semana. Evidentemente no iba a cambiar sus hábitos de insultarla y hacerle el vacío, pero cuando se sentaba a unas mesas de ella, se sentía a gusto. Acompañado, y no abandonado, que era como se sentía desde que estaba allí.

-¿Quieres ir a seguir bailando, Draco?-le musitó la chica que tenía entre los brazos, y a la que había seguido acariciando mientras se había ido por las ramas pensando.- ¿O prefieres vayamos a algún sitio más… privado?- la indirecta de la chica no le había pasado por alto, pero él tenía claro qué quería estar haciendo en ese momento.

- ¿Qué te parece si nos sentamos aquí un rato, nos terminamos la copa, y me cuentas algo más sobre ti, preciosa? - Podía estar distraído, pero seguía siendo un caballero. Se sentaron en una zona de sillas, siendo seguidos de cerca por Blaise y la otra bruja morena. Todos empezaron a parlotear pero la mirada de Draco seguía clavada en la otra morena, que seguía rodeada de gente, con la mirada vidriosa del alcohol, las mejillas encendidas y un halo que no sabía distinguir bien de qué era. Realmente tendría que hacerse más recogidos así, porque le estaba dando un aire sexy y desenfadado que le hacía la boca agua. No podía parar de mirarla, de bebérsela con los ojos. Y esa boquita redonda y sugerente...¡Qué diantres le estaba pasando!

-¿Estás bien? Quieres salir a tomar el aire?- la chica con la que estaba de pronto entró en su campo de visión.

- No. Estoy bien. Sólo me había distraído…-se acercó a ella y empezó a besarla desfogandose.

Intentando quitar la imagen de Granger de la cabeza, agarró fuerte a la chica y sus lenguas se encontraron, pero él seguía con los ojos abiertos, mirándola, sonriente y demasiado cerca de ese imbécil con el que iban a clase… Las noticias corrían deprisa. Todo el mundo sabía que volvía a estar en el mercado. Y el pescado fresco era el más solicitado…

Blaise y su amiga volvieron a entablar conversación con ellos, después que Draco se desfogarse, pero ahora las ganas que tenía eran aún mayores, pero no con la insulsa con la que había estado hasta ahora. De lo que tenía ganas era de empotrar a Granger contra la pared, llevarla a la habitación y sacarle esa excusa de vestido que llevaba. Nunca había estado en sus genes ser pasivo y ver cómo las oportunidades le pasaban por delante de los ojos, así que decidió que era hora de tomar cartas en el asunto. La curiosidad era demasiada. Se levantó sin siquiera despedirse ni anunciar su intención de ir a por una copa, y fue directo hacia la barra, sacudiéndose el pelo y tirando de la camisa para alisarla. Iba directo hacia justo donde estaba ella sin tampoco tener muy claro qué le diría cuando llegase allí. Eso le pasaba por ser así de impulsivo… Pero la curiosidad lo carcomía. Con ambos codos, se dejó caer en la barra justo detrás de ella.

-He pensado en esa invitación, Granger. -Le espetó medio gritando entre el ruido mientras indicaba al camarero que quería dos chupitos y haciendo que la morena se girara. Ella sonrió ampliamente y Draco no supo si era por el alcohol o por él. - Y bueno, porqué no... Mi benevolente madre siempre dice que debo hacer más actos de caridad e invertir mis galeones en asociaciones de pobres...

-¿Hay algo en mi que te haga pensar que no puedo pagarme yo sola las copas, Malfoy? -Le dijo ella sacando la cartera. A pesar del tono seco de esa frase, la chica parecía divertida y eso lo hinchó como un pavo. Podía notar cómo se acercaba a él y dejaba de banda a los gorilas con los que estaba. - Te he invitado yo a venir, así que estas las pago yo.

-No te pienses estoy aquí por ti, bonita. Estoy aquí con Blaise. - señaló la zona de butacas donde la chica de antes lo saludaba fervorosamente y Blaise y la morena se devoraban.

-¿Zabini? ¿De Hogwarts? ¿Vaya sorpresa…. No sabía que había…- de pronto su rostro se ensombreció y tiñó de sorpresa..

- ¿Sobrevivido? Sí, no suele ser demasiado habitual en las guerras,¿ eh?...

-Aquí estamos nosotros,¿ no? Para probar que sí que se sobrevive y que además se pervive- la chica se dejó invitar y alzó la bebida que el rubio le ofrecía. - ¿Te lo imaginabas? ¿Llegar a la universidad?¿ Aprender todo esto?- la chica estaba excitada con estar estudiando unos años más. Típico de Granger… De pronto se dió cuenta que estaba divagando y paró en seco- ¿Por qué brindamos?

-¿Qué tienes en mente?- le dijo él sugestivamente

-Sapere aude- le respondió ella sonriendo pícaramente.

- ¿Por el lema de la universidad?- sólo a ella se le podían ocurrir otras cosas…

-No. Por atreverse a saber. A ir más allá. Por haber sobrevivido y estar prosperando. Y por atrevernos a conocernos.- La morena vació el vaso de golpe. Aguantaba bien el alcohol y Draco no sabía si pensar que eso era bueno o era malo.- ¿Tregua?

-¿Qué quieres, Granger? ¿Quieres que nos cepillemos el pelo cada noche y nos contemos nuestros secretitos en la cama mientras tomamos un chocolatito con nubes?- La risa irónica lo invadió y mientras le lanzaba la pulla le chocó la mano que ella le tendía y se la agitó mientras ella sonreía ampliamente- Vamos a tomarnos otra ronda. Para celebrar la tregua y estas cosas que se hacen en los bares.

-Quiero que seamos Draco y Hermione por una noche, y dejar de lado el colegio, la guerra y todo.-La chica se recompuso, se tiró del vestido y arreglándose el pelo, le volvió a tender la mano sonriente por segunda vez.- Hola. Mi nombre es Hermione.

-Draco Malfoy.- Respondió él dándole la mano y lanzándole su sonrisa más descarada. Si supiera el destino de la mayoría de chicas que se le habían presentado en la barra de un bar, Granger no estaría presentándose así. ¿O a ella también le picaba la curiosidad? - ¿Y dime, Hermione, estudias o trabajas?

Draco le soltó la mano mientras pedía otra ronda al camarero, haciendo que ella se inclinara para comentarle algo más de cerca, posando su pequeña mano en su hombro, mientras le hablaba contra la oreja para hacerse audible entre el estruendo del local. No estaba acostumbrado a esas confianzas y aún se le hacía extraño que la gente lo tocara. En su casa nunca habían sido de demostrar afecto. Draco había aprendido en Hogwarts que unas carantoñas lo llevarían más lejos, pero siempre las veía como un medio para un fin. No algo que diera desinteresadamente.

Aún así, no podía estarse de comprobar lo que sus ojos le habían prometido. Reposó la mano en la curva de la espalda posesivamente provocando que la chica se acercara ligeramente hacia él. Habría esperado que se apartara en seco, pero no lo hizo, creando así un abrazo extraño que mantuvo hasta cuando se estiró para coger los nuevos vasos llenos. Era evidente que todos los del grupo con los que ella había charlado hasta entonces estaban con los puños estrechos celosos y frustrados. De todos modos, Draco no estaba seguro de haber oído nada de lo que le estaba diciendo. Su cerebro se había perdido en el tacto que experimentaban las puntas de los dedos, apreciando lo sedosa que era la piel de la chica.


Qué, ¿cómo creeis que a va terminar esto? Estoy valorando unas cuantas posibilidades… Os dejo con un cliffhanger, lo sé, pero voy a intentar tener el siguiente listo en breve. Un abrazo!