Capítulo 10.
-Voy a ir a tomar el aire un rato, me estoy agobiando con tanta gente. ¿Vienes?
Asintiendo con la cabeza, siguió a la chica que ya estaba empezando a marcharse. Al ver que la seguía, le estiró una mano para llegar juntos hasta fuera. Ese agarrón cogió a Draco desprevenido y se dejó arrastrar hasta la puerta. Por dentro se preguntó qué querría ella de esa noche. Seguramente era que los malditos Gryffindor eran así de cariñosos e invasivos, pero no podía dejar de pensar si ella también había valorado una noche de desenfreno. Y Merlín sabía que por él no sería que no… Acostumbrado a verla con ropa amplia y aburrida ahora había descubierto que la chica tenía cuerpo. No era una persona que se arreglara para seducir, ni que se preocupara por ser atractiva. Y esa despreocupación la hacía apetecible. "En tiempo de guerra..." Las rubias sin sesera ya le sentaban bien pero Granger, eso sí que podía ser un buen entretenimiento para la noche. La chica sorteó los borrachos que estaban fuera y se dejó caer en una silla que estaba justo en el borde del asfalto, bajo un árbol donde empezaba la plaza, seguida de cerca por Draco, a quien no le había soltado la mano hasta entonces. Si el bar estaba abarrotado, aquí fuera no era muy diferente. Los estudiantes se agrupaban en diferentes lugares, bebiendo y riendo.
Con un rápido movimiento de varita, acercó otras dos sillas que les sirvieron para reposar los pies y con otro, sacó una chaqueta del diminuto bolso para abrigarse. Ambos empezaron a beber de la cerveza de mantequilla que habían cogido justo antes de salir observando la multitud en silencio. Fue Draco quien lo rompió, girándose bruscamente hacia ella con muchas preguntas en la mente.
-¿Por qué Sanación?
-¿Por qué Pociones?
-Yo he preguntado primero.
-Ya te lo puedes imaginar…
-Bueno, puedo imaginar que después de todo sigues teniendo un complejo de salvadora que necesitas sacar de alguna manera: aliviar dolor en la gente y tal. Y además supongo que a pesar de eso, y aún sin ese factor, necesitas la adrenalina de nuevos retos. Ya en el colegio te obsesionabas con los trabajos. Te gusta tener puzles nuevos cada día para resolver. Pero entre lo que yo pueda pensar y tus motivos, puede haber un abismo.
-Touché. No sabía que me prestaras tanta atención en el colegio…- Draco resopló ante la pulla de la chica, tomando un largo sorbo de su botella.
-Soy competitivo, Granger. Tengo que saber qué hacen mis rivales..
-Tu chica se va- apuntó ella con la cabeza. No sabía qué quería decir hasta que vió que la chica con la que había estado hasta entonces se iba acompañada de un chico con la camiseta de los Natts, el equipo de Quidditch de la universidad.
-Bah, no iba a terminar en mi cama igualmente, así que…- Por dentro Malfoy sonrió. Ella sabía que había estado con esa chica hasta que la había ido a buscar. Granger también lo había estado mirando.
-Hablando de eso… ¿No sabes hacer un Muffliato?
-¿Qué?
-Entiendo que te desahogues en mujeres y alcohol, de algo se tiene que morir… Pero da mucha grima oírte gemir…
-¿Escuchando a través de la pared, Granger? Qué pervertida...
-No seas imbécil.- Hermione le dió un leve golpe en el brazo, enrojeciendo.- He hecho dos Silencios diferentes, pero resulta que tus amigas van para sopranos, porque el ruido entra desde el pasillo por la puerta...
-Que te puedo decir, soy una fuente de placer y no se pueden contener.- Draco levantó una ceja sugestivamente.- ¿Y tu que? ¿Eres gritona, Granger? No te he oído por falta de ejercicio o porque tú sí que haces Muffliatos?
Hermione se puso la botella en la boca y no dijo nada. Los ojos se le estaban inundando de lágrimas. Draco se dio cuenta que había metido la pata hasta el fondo.
-¿Por eso has llorado toda la semana? ¿Weasley?
-¿Qué te importa?
-Me importa porque estás llorando-
-No lloro- lo interrumpió ella mirando hacia el otro lado y limpiándose los ojos
-Y un buen caballero no deja llorar a las señoritas-
-¿Desde cuando soy una señorita para ti?
-Así que para. O me veré obligado a llevarte a la cama.
-¿QUÉ?- Hermione se giró de golpe hacia él espantada para verlo reír a carcajada limpia.
-Yo no dicto el protocolo, sólo sigo las normas de cortesía.
-Eso es lo que os enseñan a los sangre limpia antes de ir a Hogwarts?
-Eso, etiqueta, modales, genealogía.…- Draco no bromeaba. Durante 7 años había tenido que aprender las normas de la aristocracia, a quién saludar y cómo, maneras en la mesa, las normas de etiqueta, con quién sólo practicar y con quien procrear... Tenía escalofríos sólo recordar la horrenda profesora que tenían, los golpes que recibía si no lo hacía bien, y los eventos en la mansión dónde tenía que demostrar ser un buen señorito.
-No me extraña salieras así…
-¿Así como?
-Así de consentido, gruñón, mujeriego y malcriado, obviamente- le espetó ella con un bufido.
-¿Siempre eres así de borde? No me extraña que Weasley saliera por patas…
Hermione se levantó de golpe de su sitio y lo miró con desprecio.
-No puedes hacer eso conmigo, Malfoy. Conmigo eso no funciona. -Draco la miraba con cara de póquer. Solía tener esta habilidad de echar a perder las cosas diciendo cosas inoportunas, y sabía que había ido a poner el dedo en la llaga, pero tampoco se iba a disculpar.- No puedes comerme la boca, ser borde, después ser simpático y sentarte conmigo en la biblioteca. Darme conversación, invitarme a copas y ser encantador, para después insinuar que quieres pasar la noche conmigo, y terminar insultándome. No soy una de tus conquistas, no quiero serlo, ni tampoco quiero terminar en tu cama, egocéntrico. Por una vez que pareces ligeramente agradable, vas y vuelves a ser...tú. No has cambiado nada. Mira, aquí te quedas. Gracias por las cervezas y por la charla. No importa se vuelva a repetir.
La morena se marchó de vuelta a la entrada del local y desapareció de su campo de visión. La sutileza no era su fuerte, y Draco sabía que lo había estropeado, tanto si esperaba solo compañía para la noche, cómo si quería ser su compañero de estudio. A parte del interés que tenía en quitarle la ropa, ese motivo también lo había llevado a acercarse a ella en primer lugar. Necesitaba la ayuda de la chica en algunas asignaturas y eso no lo podía negar. Pero en ese momento, más que con los objetivos académicos, su cerebro estaba pensando que esa noche apuntaba que iba a dormir sólo, y eso no le apetecía.
Al entrar otra vez en La Ladera se dio cuenta que Hermione estaba bailando, como si nada hubiera pasado, con su amiga la mini-Weasley y los gorilas. El mismo que le había estado poniendo las manos encima antes estaba ahora ahí, cogiéndola de la cintura bailando algo parecido a la salsa. Draco tenía que apreciar como mínimo el desempeño del chico, que no había necesitado nada de tiempo para plantar otra copa y con frutas en la mano de la chica. Eso le hizo hervir la sangre, no sólo porque sabía las intenciones ulteriores que cargaban, sino porque él sabía que si se lo hubiera comprado ella, sería una cerveza de mantequilla, que para algo le había confesado que era su bebida predilecta.
Se pidió un Whiskey de fuego mientras la miraba bailar despreocupadamente con su amiga y los diferentes chicos, para terminar desplomándose malhumorado en los sofás al lado de Blaise y la morena, quienes prácticamente estaban haciéndolo allí mismo. Buscando un objetivo con quien pasar la noche Draco dejó que sus ojos se desviaran hacia su vecina. El flirteo, la adrenalina de la conversación y las pullas con alguien que estuviese a su nivel intelectual habían servido de estimulante para hacerla un objetivo para esa noche. Sobretodo sin olvidar ese vestido azul y ese moño que la hacían parecer de revista. No se había dado cuenta de la figura de Granger hasta que la vió despertándolo esa noche en que la había besado. En cierta manera podría considerar que no era que estuviera interesado, pero sí intrigado. Y ahora, nada.
-Alguien se está colgando... Y tú, más que nadie, tendrías que saber que no toca...- le espetó Blaise casi leyéndole la mente y sonriendo mientras seguía mordiendo el cuello a su amiga. El rubio seguía observando a Hermione, quien ahora bailaba con otro chico con la camiseta del equipo de Quidditch. Draco juraría que lo conocía de algo, pero no le veía bien la cara.
-No es lo que tú crees. Más que nada, es curiosidad. ¿Han dejado sueltos a los del equipo esta noche o qué?
- Han llegado hace unas horas de jugar un partido contra otra universidad - intervino la morena tomando un respiro de devorar a Blaise.
Él dejó ir un bufido en señal de desaprobación mientras se terminaba la copa y seguía mirando. Era frustrante pensar que todo ese flirteo había caído en saco roto.
-La curiosidad mató al gato, Draco.- Blaise lo conocía, y sabía que si a su amigo se le metía un objetivo entre las cejas, no lo iba a dejar estar. Ya en Hogwarts vivía para conquistar.- Yo de ti, no me metía en ese berenjenal.
Blaise tenía razón. Y era hora de pasar a la acción antes que se acabara la noche, o que se desplomarse por la cantidad de whiskeys que se había tomado. No sabía cómo Granger seguía aguantando el ritmo. Él le sacaba unas cabezas y se notaba pasado de vueltas. Vió de lejos un grupo de amigas que aún no habían sido invadidas por los jugadores y decidió que era hora de volver al juego. Eso iba a ser pan comido. Con una arrolladora sonrisa y recorriendo con la yema de los dedos la base del pelo, se acercó a la más guapa del grupo sin ningún tipo de reparo.
Pelo largo, liso y cobrizo, alta,atlética, labios voluptuosos, ojos color miel y un pequeño rasguño en la nariz del partido de esa tarde. Sin duda Draco había apuntado bien, porque esa noche se llevaba a su habitación a la cazadora checa de los Natts. Había tardado poco más de una hora en invitarla a dejar el local con él después de acercarse a ella e intentar seducirla. La chica no tenía un pelo de boba y fué difícil conseguir que se ablandara. Pero allí estaban, de camino a los dormitorios besándose, hablando de los mejores modelos de escobas y de tácticas de Quidditch. Ese podría ser uno de los mejores polvos que Draco había pegado desde que estab en la UMI.
Al llegar a su piso riendo, abrazándola posesivamente por encima de los hombros y mordiéndole los labios, Draco la empotró contra la pared justo enfrente de las escaleras, levantándola mientras ella rodeaba las largas piernas alrededor de la cintura del chico sin parar de devorarse lujuriosamente. En un instante, ambos se dieron cuenta que no estaban solos en el pasillo y que había dos otras personas al final, en la misma posición, ajenos a su presencia. Sofocando su risa en los labios del otro, Draco la agarró fuertemente de los muslos, y acercándose aún más a ella para darle a conocer la reacción física que estaba sufriendo ante su contacto, empezó a morderle el lóbulo de la oreja.
-¿Quieres conocer las sábanas de las que te he hablado?
La chica asintió y ambos avanzaron por el pasillo acercándose a la pareja que habían visto desde lejos, para comprobar que no eran otros que Granger y el jugador musculoso con el que la había visto antes. Mientras Draco intentaba pasar de largo, a su lado empezó a reír sin parar y dio dos golpecitos al Natt en la espalda. Airados por haber sido interrumpidos, la pareja paró, y el chico, sin soltar a la morena que estaba sosteniendo por los muslos, se giró para ver quién se atrevía a interrumpirlos. Granger palideció al ver que había sido descubierta infraganti por el vecino, pero Draco no supo identificar su expresión cuando vió que él también estaba acompañado. No sabía si la cara le había cambiado porque había sido descubierta a punto de meter en su habitación a un chico al que acababa de conocer, o porque él iba abrazado a una chica espectacular y en proceso de hacer lo mismo. Los otros dos, ajenos a las miradas penetrantes entre los vecinos, se reconocieron por las camisetas negras con el escudo.
-¿Ol? ¡Oh vaya!
-¿Lenka?
-Mira Draco, este es Oliver Wood, guardián de los Natts.- Dieron una cabezada para reconocer la existencia del otro, sin quitar las manos de donde ambos las tenían. -Hermione Granger, ¿eh? ¡UUUAAHH! ¡Esperate a mañana en el entrenamiento! ¡Cox no se va a creer que lo hayas conseguido!
- Veo que tú también has truinfado.. Nos vemos en el campo, ¿vale? Cuidala, rubito.
Draco estaba airado con las implicaturas que habían dejado ir los dos compañeros. Quería arrancarle la cabeza al flaco, que no había soltado ni un milímetro de Granger durante toda la conversación. ¿Qué quería decir con "lo has conseguido"? ¿Hacía mucho que la perseguía? Y evidentemente, iba a hacer gritar a Lenka toda la noche! Así que vaya cosas decía el imbécil este. ¿Quién se creía llamándolo rubito? De todos modos, decidió que no era ni su lugar ni el momento y sin decir más, Draco retomó el camino cogiendo a la jugadora de la cintura y situándose detrás de ella la hizo avanzar hasta su puerta. Dándole sensuales besos en la base del cuello mientras abría la habitación y ella entraba, se giró una última vez para verlos aún en la misma posición, sólo que Granger tenía la cabeza enterrada en el cuello y Draco lo podía oír susurrándole cosas al oído. Estaba viendo cómo una chica preciosa e inteligente se desnudaba al lado de su cama, reclamando que entrase, así que no iba a dejar que Granger le amargara la conquista, pero aún así, antes de entrar no podía estarse de lanzar un último dardo envenenado a la morena con quien había estado flirteando toda la noche.
-No gritéis mucho, ¿queréis? Tengo una vecina muy refunfuñona que no para de quejarse cuando otros disfrutan de la noche.
N.a.: No me odiéis demasiado. Un abrazo :))
