Era una noche de febrero, una fria noche de febrero donde bajo las decoraciones de rosa, rojo y blanco, las chicas bailaban con sus parejas de San Valentín. Sin embargo, mi vista se enfocaba en quien estaba sola en una mesa, observando a la multitud. Sus ojos perla se enfocaban en la pista, mientras que con sus dedos jugaba con una rosa. Su nombre era Hinata, y era, sin dudas, la chica más linda del colegio; no solo por su físico, sino por su temperamento dulce e inocente.

Desde el primer momento en que la vi, estuve perdidamente enamorado. La observaba todos los días, desde que entraba, hasta que salia del colegio, hasta que llegara a su casa; siempre se aseguraba de ello. Amaba todo de ella, sus ojos, su cabello, ¡oh dios, su cabello!, adoraba cuando sacuadia su cabello, estaba seguro que lo hacía por y para mi.

Aunque muy poco hemos hablado, amo su voz. Hoy al menos podía dejarle un regalo de San Valentín.

-Tu cita te dejó plantada?- le pregunté, acercándome

-Supongo, Uchiha-san- respondió con un suspiro-. Ni siquiera sé quien es, solo que me dejó esta rosa en mi casillero. Traía una carta atada, que decía: "Para la chica más linda de colegio".

-Ah, suena a que tienes un admirador secreto- bromeé, dándole un codazo en su hombro; ella sonrió con timidez y sus mejillas se enrojecieron. ¡Diablos!, esa sonrisa se sintió en mis pantalones. -Ponche?- le ofrecí, extendiéndole uno de dos vasos.

-Gracias- me dijo agarrándolo.

Continuamos la conversación mientras observábamos a los demás bailar al ritmo de la música que se tocaba. Luego de quince minutos, Hinata empezó a desorientarse.

-Oye, estas bien?- le pregunté mientras ella se inclinaba con su cabeza en sus manos.

-No... No estoy segura- se quejó-. De pronto... me siento mareada.

-Ven- le dije, ayúndandola a levantarse. -Vamos afuera para que respires algo de aire fresco-

Afuera del gimnasio, me arrodillé a un lado de Hinata mientras ella trataba de recuperar su compostura.

-Creo... que necesito irme a... casa- alcanzó a decir.- Llamaré a mis padres; no puedo... manejar así.-

-Bien, entonces. Que tal si yo te llevo a casa?-

-Está seguro? No quiero... ser una carga.-

-No tengo nada mejor que hacer- contesté, encogiéndome de hombros.

Ella murmuró una respuesta afirmativa en tanto la guiaba a mi auto y le colocaba el cinturón. A medida que encendía el auto y lo sacaba del estacionamiento, mi corazón golpeaba mi pecho con emoción; estaba ansioso por llevar a la chica más linda del colegio a casa.

-Gracias, de nuevo... por ayudarme- habló con dificultad antes de que sus ojos se cerrasen.

-Lo que sea por mi alumna favorita.- sonreí