Título: Eurus

Summary:La noche en la que nací llovió, había rayos por el cielo y el caer de los truenos se escuchaba hasta en los lugares más escondidos del mundo.

La mayoría de los personajes pertenecen a Cassandra Claire, los demás son inventados por algunas personas de grupos de rol.

Los dejo con la lectura.

Capítulo 2: El juego comienza.

Acostada en el suelo mientras dibujo unas lindas lapidas, con el nombre de Lexy y Axel. Me levanto del suelo cuando escucho que abren la puerta; escondo los dibujos bajo el colchón y tomo mi libro sobre al arte de la guerra y hago como que lo leo.

-Eurus—Dice mi padre abriendo la puerta, alzo la mirada para verlo a los ojos. Noto un destello en sus ojos, nunca lo asocio a ninguna emoción. Ya que ninguna es real al cien por ciento.

-¿Sí?—Me levanto del suelo, coloco mis manos frente a mí con el libro en ella.

-Te he traído un pequeño regalo.—Saco una pequeña rosa negra por detrás de su espalda, la tomo sintiendo una extraña sensación.—Es una rosa mágica, nada la destruye… ni el fuego mismo.—Alzo la mirada mostrando algo así como sorpresa, un genuina sorpresa. Bajo la mirada de nuevo a la rosa, ni el fuego mismo la puede destruir.

Golpeo el muñeco con fuerza, puedo sentir mis puños crujir al contacto. Me alejo un poco y me quito la venda, mis nudillos sangran; suelto un suspiro y le doy una patada haciendo que la parte de la cabeza salga volando. Escucho el sonido estruendoso que hace al caer al piso, volteo a ver la pieza sonrió. Me acerco a ella y la levanto para tirarla en el cesto de la basura.

Salgo del cuarto de entrenamiento, he estado entrenando gran parte del día. Ayer toco correr durante casi medio día con las gotas frías de la lluvia caían sobre nuestros cuerpos, el que suceda un desastre natural nunca ha impedido mi entrenamiento.

Toco las paredes de la casa sintiendo la textura, lisa pero defectuosa; como el ser humano y los Nefilim; juego con uno de los cuadros, en el estoy yo con una sonrisa en el rostro mientras sostengo una espada de madera; es uno de mis primero entrenamiento tendría dos años de edad, ya caminaba y decía algunas palabras algunas con coherencias y otras no tanto.

Continuo la caminata a mi cuarto sin detenerme mucho, por el silencio de la casa deduzco que mi padre no está en la casa o el reformatorio como yo le digo. Lo único que se escucha en casa son los sonidos de algunos demonios que están en sus "calabozos", están mejor instalados que yo en esta mierda a la que me ha obligado llamar hogar durante 10 años, después del incidente de Hettfordshire.

Entro a mi cuarto y me siento en la cama, suelto un suspiro cerrando mis ojos. Aun puedo ver los perros como si apenas hubiera pasado ayer, corríamos por la playa como si nada nos importará, ellos se comportaban de otra manera, como si no fueran perros… si no personas, como unos niños jugando en la playa. Interactuaban como hermanos, y me hacían sentir una más del grupo. Con otro suspiro me levanto de la cama, camino hacia el tocador y abro mi caja musical, cierro los ojos disfrutando la música.

Réquiem del gran Mozart, muevo mis dedos como si estuviera tocando el piano.

En mi mente aparecen una a una las hermosas notas que forman la complicada melodía. Comienzo a girar por la habitación bailando un poco de ballet; giro justo cuando la parte del clímax está llegando, justo en esos tonos altos se escuchan risas en el pasillo, me acerco a la cajita y la apago; espero dos segundos antes de volver a escuchar las mismas risas, reconozco una de ellas… Mi adorado padre, la otra es de mujer. Salgo de mi cuarto con cuidado y veo a mi padre sosteniendo a una pelinegra de la cintura, alzo una ceja y cruzo mis brazos.

—Eurus… hip…. —Ruedo los ojos por la voz de mi padre, noto que sus parpados están caídos y las ojeras en su rostro me dicen que no ha dormido bien.—…Te…hip… doy… 100 dólares… —Alza el dinero y ruedo de nuevo los ojos, rasco mi frente.

—Bien, no termines la oración, ya sé que quieres. —Doy dos pasos hacia ellos y la chica me mira divertida—Tu nombre, eso es lo que tengo que adivinar… Bien comencemos—La miro de arriba abajo, minifalda… sentido de la moda, pero de lo más corriente.—Sentido de moda, moda de prostíbulo. Tu top es al menos, tres tallas más pequeño que lo que realmente eres… Tus pestañas postizas parecen haber salido de la cañería, esos dos detalles me pueden decir muchas cosas… Crianza, lugar de donde eres… Pero tu cabello justo con tus ojos son lo que te delatan—Me acerco más a ella.—Por la mirada de orgullo que tienes al estar junto a mi padre… eres avariciosa—Por su rostro cruza la sorpresa, voltea a ver a mi padre pidiendo ayuda—No lo hagas, Britney—Ella vuelvo su mirada hacia mi sorprendida—Eres de los ángeles, eso lo sé por tu cabello… la mayoría son rubias, pero una pelinegra es algo que les gustaría ver ahí… así que te tiñes. Eliminas posibles nombres, tienes entre 20 y 18 años; Britney estaba en la cima… así que muchas chicas de esa edad se llaman así—Mi padre suelta una carcajada y me tiende los 100 dólares.—Gracias, ahh y por cierto Britney… Yo no me acostaría con un hombre, que puede ser mi padre…—Abro mi puerta—Ya sabes lo que dice, difusión erectil—Cierro la puerta justo para escuchar a mi padre soltar una carcajada.

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Como todos los días me levanto antes de que el despertador suene, me pongo unos jeans negros, un top del mismo tono y unas botas con tacón. Tomo un latigo y mi estela para salir en busca de mi padre, se siente una calma tan grande… mi padre no está.

Me acerco a la sala, un papel color hueso descansa en la mesita de noche, lo tomo sin sorpresa.

Eurus, salí a hacer unas cosas. Vuelvo en unas horas.

Tu padre, Sebastian Morgenstern.

Ruedo los ojos, dejo la nota y me siento cansada en el sillón. Esto es una vil broma.

Bueno hay que ver el lado positivo de todo esto, puedo salir y ver lugares que siempre los veo con mi padre o… Puedo ir a Idris, que por alguna extraña razón no me deja ir.

—"De Tin Marín, de Do Pingüe… Cúcara Mácara títere fue… yo no fui, fue Teté… pegale, pégale, que ella fue"—Juego con mis manos y las muevo de una lado a otro—El juego a hablado, tomo las llaves del departamento y camino hacia la salida.

Idris, es fácil llegar hasta allá.