La gente iba y volvía en el lugar, bebía y comía, reían y cantoneaban al compás del ritmo de la alegría que llevaban en su interior los muchachos jóvenes que pasaban su tiempo esperando la hora de volver al trabajo.

Itzel y Matthew veían a los hombres hablar y se quejaban de las carcajadas que soltaban ese trío de petulantes.

¿lo harán a propósito? - la castaña cuestiono con su rostro de desagrado, y bebió un poco de su tequila.

Algunos quieren mucha atención- el muchacho sirvió un poco mas de la bebida en el baso de la chica, y le regalo una sonrisa y una pequeña risa tímida.

Martín, descripción perfecta. - soltó un suspiro y se dejo relajar en la barra, ganándose un suspiro de su compañero también. - ¿cuando vienes a comer al final? - irrumpió el silencio con unas energías renovadas.

En la tarde ¿te parece? - la castaña contagio sus energías al joven rubio, ignorando los gritos que comenzaban a soltar el trío que estaba a unas cuantas mesas de ellos.

¿Hoy no cierran temprano? - la chica salto de emoción, termino la bebida en su vaso y comenzó a buscar su celular.

El descanso es desde las 5 hasta las 7 y salimos a las 11. tu hermano se va a quedar en el turno nocturno, así que. - corto la frase, ya que la otra comenzó a teclear en su celular, subió la vista hacia el y la volvió a bajar con una sonrisa en su rostro. Igual, ya los dos habían decidido todo.

Cada uno siguió su camino, Itzel salio del bar prácticamente saltando y Matthew se dirigió a la mesa de los 3 ruidosos a servir un poco mas de cerveza.

Se veía feliz. - Antonio ayudo a levantar unas cuantas botellas de cervezas que habían dejado, y le sonrió con euforia.

Bueno, se va a encontrar con Martín, no es raro. - una sonrisa tímida y servicial asomo en su rostro respondiendo a la de Antonio. Recogió las botellas que faltaban, y se dirigió detrás de la barra y dejo las botellas de vidrio marrón en la basura. Vio como los tres muchachos se marchaban y fue a avisar a los últimos trabajadores que estaban detrás del local que se podían marchar. Al salir del local se encontró con Vincent fumando su pipa esperándolo al lado de la entrada del local, volteando a verlo y soltando el humo a un lado para no molestarlo al notar su presencia.

Y así encaminaron sus pasos al parque que estaba cerca del lugar, mientras hablaban, mientras reían, al igual que los tres idiotas que caminaban en dirección contraria, como Itzel en dirección a la panadería italiana a la que iba con Martín, reían como el sol que les brindaba calor ese día. Risas intensas como el sol, ese día tranquilo y cotidiano, relajado y caluroso, que contagiaba sus energías a los que tocaba con su rayos dulces.