Estaba sentado a su lado, en el cómodo sillón marrón, con el mando de la Play en mi mano, jugando a Fifa con Naruto, quien iba perdiendo por bastante. Y de la nada, él empezó a llorar. Alterado y sin saber qué hacer o porqué lloraba, me acerqué aún más a él, y solté en mando en la pequeña mesita de cristal que había frente al sofá.

—Hey, Naruto, no pasa nada si pierdes. Te puedo dejar ganar si quieres...—Susurré, tras abrazarlo y estar un rato en silencio, él sobre mi pecho y yo acariciando suavemente su pelo. Después de eso, todo se quedó en silencio, aunque él seguía sollozando en forma de susurros. Mi comentario le hizo reír, pero lo único que yo quería es que me contara que anda mal.

Quería preguntarle qué le pasaba.

Así que lo hice.

—Ahora en serio.—Continué, pegándolo aún más contra mí.—¿Qué te pasa?—Se sentía como si estuviésemos rodeados por una pequeña burbuja que solo nos arropaba a nosotros dos, y adoraba esa sensación.

—Mis padres... no dejan de discutir últimamente.— Se alejó un poco de mí, pero su mano aún seguía en mi rodilla, y su cabeza descansaba en mi hombro. Su respiración hacía cosquillas en mi cuello, haciéndome respirar con dificultad.— Y no es que haya encajado demasiado bien en el instituto.

Quería decirle que él era increíble, que todo pasaría, que sus padres se reconciliarían, y que en el instituto solo necesitaría tiempo, pues según me había dicho él al principio, se había mudado hace relativamente poco a la ciudad. Había entrado a mitad de semestre, y quizá por eso la dificultad. Quería decirle muchas cosas, pero no dije nada. Simplemente me quedé ahí, sosteniéndolo, agradecido de que confiara en mí, acariciando su rubio cabello con suavidad, y al final, él se quedó durmiendo entre mis brazos.

Sasuke quería que eso fuese así siempre, Naruto durmiendo sobre él.