Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Ohkubo Atsushi ©

2. Gula

La música daba un ambiente lúgubre al salón. Aunque tampoco es que estuviera siendo una bomba la fiesta.

Por un lado había dos o tres bailando a paso de tortuga en una esquina, pero más que bailar parecía que estaban en un entierro con esas pintas negras que llevaban. Aunque él tampoco se quedaba corto, llevando ese esmoquin negro que resaltaba tan bien con su pelo blanco.

Al menos eso era lo que le habían comentado sus compañeros al verle entrar por la puerta, sin estar seguro de si se estaban quedando con él o se lo decían en serio.

Tampoco es que le importara mucho la verdad. Al menos estaba allí tranquilo, descansando de los duros entrenamientos que los profesores les estaban obligando a hacer, con un buen plato de comida sobre su regazo.

Por lo general no era muy comilón, pero cuando se le presentaba la oportunidad sabía aprovecharla tan bien como Black Star o Patty.

Aunque en realidad prefería estar engullendo alguna alma. No había nada más apetitoso en el mundo que aquello, y mataría por estar rodeado en ese instante por cientos de ellas. Tirando en un diván tranquilamente, y con Maka dándole almas de la mano.

Soul babeaba ante la situación.

Era un sueño imposible para él, pero aún así tenía la vaga esperanza de que se hiciera realidad.

- Eh, Soul, ¿en qué estás pensando? –le distrajo una voz.

Saliendo de su ensoñación, levantó la mirada para encontrarse con el rostro de su compañera sintiendo un nudo en el estómago al instante.

- Eee… hmmm… ¡en lo agradable que está siendo la fiesta! –respondió sin pensar para tratar salir del paso.

- Ah –dijo simplemente, al parecer no muy convencida -. ¿Te apetece bailar?

- Sabes que no bailo –replicó el peliblanco -. ¿Por qué no se lo pides a Chrona?

- ¿Con quien crees que he estado bailando todo este rato? El pobre no se ve capaz de pedirle a alguien que baile con él, y no podía dejarle solo –le explicó -. Al final he conseguido juntarle con Tsubaki mientras Black Star ataca la mesa de la comida. El estómago de ese no parece tener fondo.

Soul giró la cabeza hacia la esquina que Maka le señalaba, dónde un melena azul sobresalía ligeramente por encima de las mesas de comida, ahora casi vacías. Una gota empezó a caerle por la sien.

Desde luego, el estómago de ese era un pozo sin fondo.