Dos semanas más tarde, está en mi cama, a las cuatro de la mañana, temblando y con lágrimas en sus ojos. Tras un abrazo que dura demasiado para el bienestar de mi corazón, y unas palabras que suenan a "tranquilidad" y "todo estará bien", nos acurrucamos en la cama, con el silencio como único compañero, que nos abraza y alienta.

—Tengo una cita.—Susurra, en un tono quizás demasiado alto, cuando ambos estamos tumbados en mi cama. He intentando que salga de mi habitación, pero de alguna manera, cuando repite que ha tenido una pesadilla y que yo soy el único que consigo que se calme lo suficiente, es realmente difícil de ignorar, con sus ojos brillosos por las lágrimas, su cuerpo temblando por el frío de la noche y el simple hecho de pensar que ha salido de su casa a estas horas para venir ante mí, no puedo. No puedo echarlo.

—¿Una cita?— Las palabras vagan en mi boca, amargas y rígidas.

Debería ser feliz con ello, porque al menos, si tiene a alguien, mis esperanzas morirán por completo y será más y más fácil tenerlo alrededor. ¿No es eso todo lo que quiero, al fin y al cabo?

—Sí. Una cita.— Se acerca más a mí, y mi piel cosquillea allá donde él apoya su cabeza. En mi hombro, en el hueco de mi cuello, e incluso en mi pecho. Algo en mi corazón hace un extraño 'flup' y mi corazón se salta un latido. Deseo que él no lo note, y es que incluso yo puedo escuchar los latidos de mi corazón rebotando en mis oídos, y el hecho de pensar que él está apoyado en mi pecho a meros centímetros de mi revoloteado corazón, me llena de terror. Pero aún así no lo aparto. Porque tiene una cita. Porque posiblemente estará con alguien pronto. Besándose. Abrazándose. Durmiendo. Quizás incluso se mude con esa persona, a pesar de que siempre ha mantenido la promesa de que en un futuro cercano nos iríamos a vivir juntos.

Pero está bien.

Porque a pesar de que quiero decirle que no me deje, que siempre se quede conmigo, no lo hago.

Porque soy un Uchiha, y ellos no hacen eso. Incluso si mi cuerpo suplica por ello.

Porque es mi mejor amigo, y los amigos no hacen eso tampoco.

Así que me quedo quieto y sonrío, diciéndole que me alegro de ello.

Sonrío en la oscuridad, aún sabiendo que él no lo verá. Sonrío, Pero requiere un gran esfuerzo. Requiere muchísimo esfuerzo. Pero si no sonrío, lloraré hasta que mi corazón quede totalmente seco.

Ya no hay más palabras esa noche.

Él duerme. Yo miro al techo y pienso.

Y aún sonrío, porque de verdad no lloraré.