Escucho las palabras de Sakura, llenas de sinceridad y positivismo. Pero por más que intento concentrarme en ellas, no puedo. Mi cerebro se apaga en cuanto ella susurra un "deberías intentarlo", seguido de un "vuestra amistad es demasiado fuerte para romperse" y al final un, "¿y si murieses hoy, te gustaría que las cosas quedaran así?". La respuesta es más que obvia, por supuesto. No. Claro que no quiero que las cosas se queden así. No puedo. Pero, ella se equivoca. Sí, puede que nuestra amistad sea fuerte, pero ninguna amistad, por más fuerte que sea, puede soportar el peso de un corazón roto. Y cuanto más cercana es la relación, mayor es el peso frente al rechazo.

Quiero decirle, explicarle que las cosas no son tan fácil como la gente lo ve desde fuera, pero no puedo. Así que me quedo con la mente sumergida en un vórtice de pensamientos que solo suelen acudir a mí por la noche, mientras ella suspira con pesar, como si ella fuese la que está pasando por la situación. Y lo está, pero desde otra perspectiva muy distinta. La de fuera. Donde no hay dolor real, donde no hay pérdidas mayores. Donde no hay nada que palpar, algo que te pueda angustiar hasta tal punto que no queden lágrimas.

Porque ella no entiende. Naruto no es solo un amigo. Naruto no es solo un amor que me ha golpeado durante años. No. Naruto es aquel chico que conocí un día cualquiera. Naruto es la primera persona con la que me lancé a hablar realmente cuando no era más que un 'niño grande', como solía decirle a mis padres. Naruto es sinónimo de valor para mí, hacer cosas que jamás me imaginaría hacer. Siempre he sido el chico callado, con música alta en mis auriculares, al que nunca le ha gustado socializar más de lo suficientemente estricto. Y en cambio, cuando lo conocí a él, conocí a muchísimas personas, hablé tanto que a veces me dolía la garganta, e hice cosas que jamás pensé que haría.

¿Quién va al parque a media noche, solo para ver las estrellas, cogidos de la mano, porque Naruto no se siente bien y empieza a pensar lo pequeño que somos frente al infinito del Universo? ¿Quién se escapa en mitad de una clase, solo porque recibe un texto de Naruto diciendo que está en la puerta y que muere por tomar helado y ramen? ¿Quién se lanza a un lago desde una altura demasiado alta, solo porque es divertido hacerlo? ¿Quién va de vacaciones porque 'ellos me lo están suplicando, papá, y ya sabes que a un Uchiha le encanta que supliquen'?

Yo. Naruto. Sakura. Sai. Shikamaru. Todas las personas cercanas que se han ido adhiriendo a mi vida sin ni siquiera planearlo.

Y ella no puede entender eso.

Porque yo tampoco lo hago, si realmente me pongo a pensar en eso.

Porque claro que amo a Naruto.

Pero no es solo amor. Es algo que abarca mucho más.

Y no puedo perder ese mundo.

Sí. Quiero decirle que lo amo, que me gustaría tener todo lo que tenemos ahora, pero también desearía besarlo sin tener miedo. Me gustaría coger su mano y que no solo significase un gesto de amistad.

Pero no lo hago.

Y a pesar de todo, si consigo que nuestra amistad vuelva a nacer, o a mantenerse como está, todo estará bien.

(...)

De nuevo, a las cuatro y veintisietes minutos de la madrugada, Naruto está en mi puerta, con su cara de cansancio, sus ojos medio cerrados y su boca en una mueca. No digo nada, aunque cada parte de mí está pidiendo que haga una broma sobre la situación. En cambio, abro la puerta y él sube directamente las escaleras hasta la segunda planta, sin ni siquiera pronunciar palabra ni permiso. Se mete en mi cama, siempre en la parte derecha de esta, por supuesto, y espera a que esté a su lado.

Y estas sin embargo, son las situaciones en las que mi mente se parte en dos completamente. En las que necesito gritarlo como lo hice aquella vez, dejar que las palabras que bailan en mi garganta, finalmente sean libre y encuentren la paz aún si son o no escuchadas, o correspondidas. Porque en algún punto se transformarán en un agujero negro, como Sakura me ha asegurado varias veces, que me comerá vivo.

Así que, finalmente, cumplo uno de mis deseos, después de meses sin permitirme nada.

Quiero decirle a Naruto que lo amo.

Así que lo hago.

Mientras él está durmiendo, apoyando su cabeza en mi hombro, con su boca medio abierta y su respiración constante, dejo que las palabras se deslicen entre mis labios, en nada más que un susurro, que solo es escuchado por estas cuatro paredes.

—Te amo...

Y al menos, aunque está durmiendo y no puede escucharme, me he sentido plenamente libre durante unos segundos. Pero no es hasta cuando pasa un segundo que el sentimiento me golpea. Duele. Aún duele guardarse el secreto. Pero el peso se ha hecho algo menos pesado, y eso es suficiente.

Porque aún puedo mantenerlo a mi lado, como mi mundo, y he podido confesarle lo que realmente siento por él.

Siendo un cobarde y esperando hasta que esté dormido, pero lo he hecho.