Avanzan. Avanzan tan lentamente que es frustrante, pero dan pasos adelante. Van al parque, con sus manos unidas y en silencio. Sienten la brisa acariciando su cuerpo, y parece que la ciudad está solitaria, pero aún está todo ese bullicio de fondo. Se acercan unos pasos más, Naruto más próximo a Sasuke. Se aprietan las manos con más fuerza, pero siguen sin hablar.
Avanzan. Lentamente.
Llegan al parque, todo el verde delante de ellos, con pequeños tramos de colores gracias a las flores de fondo.
Chocan sus hombros y una pequeña sonrisa nacen en ambos.
Se miran, pero apartan rápidamente sus miradas, con miedo a cómo enfrentar eso o a qué significa.
—Hace calor.—Dice el rubio, porque tiene que decir algo o sus cuerdas vocales se olvidarán de hacer sonido.
—Mentira. Hace buena temperatura.—Asegura el mayor, aunque es mentira, por supuesto. Ni siquiera puede fijarse si hace frío o calor. No puede sentir nada más que la mano de Naruto sobre la suya. Y la verdad, es que está más que bien.
Caminan hasta el banco que ya ha sido bautizado como suyo, y sin decir nada, y sin soltar sus manos, Sasuke saca su mp3 del bolsillo derecho de su chaqueta y conecta los auriculares. Le tiende uno a Naruto y este lo acepta gustoso.
Y eso es todo lo que hacen, a las ocho de la tarde.
Sentados en un banco, con la reproducción de música en aleatoria, sus manos entrelazadas y sus cabezas apoyadas en la otra.
No se preguntan qué significa eso, ni que ocurrirá con ellos.
Tampoco de dónde a venido ese valor del día de hoy.
Porque las mariposas en su estómago son suficientes para hacerles callar. Y saben que quieren sentir más de esto, mucho más.
Pero el miedo no se ha ido, por supuesto.
Y ellos avanzan lentamente.
Pero han querido estar así durante mucho tiempo.
Y lo han hecho.
Sasuke tiene un cosquilleo en su garganta, un cosquilleo que suena a un "Te quiero", pero a pesar de eso, solo sacude la cabeza sutilmente, y empieza a acariciar el dorso de la mano del rubio, quien se siente tan relajado que simplemente podría dormir por toda una semana, sin pesadillas y sin aquello que durante tanto tiempo ha estado oprimiendo su pecho.
Y por suerte, no tienen que decir nada, pues de alguna manera, un gesto dice más que mil palabras.
Al menos, por ahora.
