NOTA: Yo sé que es algo tarde, pero bueno, esta historia la escribo como proyecto para una clase de escritura que recién me inscribí. obviamente no me pertenecen los personajes, son propiedad de Disney. si tienen un comentario o propuesta son bienvenidos, les agradecería mucho.

NOTE: I know it's a bit late, but hey, I'm writing this story as a project for a writing class that I just enrolled in. Obviously the characters do not belong to me, they are property of Disney. If you have a comment or proposal you are welcome, I would really appreciate it.


Capítulo 12

3….2…..1….

- ¡La familia Madrigal! -

Gritaron todos al unísono, mientras posaban para la fotografía familiar. El flash iluminó sus rostros cuando la imagen fue tomada por la cámara, en medio de los aplausos de la gente del pueblo.

Todo pareció moverse en cámara lenta para Richter, la felicidad de los Madrigal contrastaba con la mirada de decepción de su morena, que una vez más había sido echa a un lado por su familia. Mirabel ya estaba acostumbrada, sin embargo, está vez había sido diferente, podría haberlo esperado de cualquiera, menos de sus padres.

Ellos ni siquiera se habían dado cuenta de su ausencia, por un momento pensó que iban a detener todo, que iban a decir que faltaba un miembro importante de los Madrigal, pero solo sonrieron a la cámara. Y claro, ella no era importante.

-Seguro pensaron que ya estabas en el grupo Mirabel, hay que ir a decirles que tomen otra-le dijo el peli blanco, tratando de restarle importancia al asunto, pero no hubo respuesta.

-Si quieres puedo ir a decirles que tomen otra foto, porque igual se olvidaron de mí- Richter no sabía que más decirle, lo único que se le ocurrió fue tratar de bromear con el asunto, pero una vez más, no hubo respuesta.

La mirada de la chica estaba pegada a su familia, parecía que estuviera en un trance, solo la mueca de dolor confirmaba que aún están consciente.

- ¿Mirabel? ¿Estás bien? - por fin la pregunta la sacó del trance, Richter vio como colocaba su máscara de optimismo, sin embargo, esa máscara no cubría el lamento de sus ojos.

-si si, estoy bien, yo solo estaba contemplándolos brillar…..- las palabras fueron muriendo poco a poco en su garganta, no sabía cómo ocultar todos los sentimientos que parecían querer salir de su pecho. -sabes Richter, tengo que ir al baño, espérame aquí, no tardo- concluyó nerviosa, siendo lo único que se le ocurrió para poder escapar de allí, no quería que el albino la viera romperse.

Si huida fue cortada cuando Richter la tomó de la mano -espera, entiendo que te sientas mal, pero es mejor ir a enfrentar lo que tanto te hace daño-

-Nada está mal ¿Ok?, Solo que no quiero estar aquí, por favor Richter, quiero estar sola un segundo- le dijo la morena con los ojos vidriosos, estaba a punto del llanto, por lo que él la soltó, no la iba a obligar a quedarse.

Mirabel salió corriendo, dejando a Richter con la boca abierta, quería correr tras ella, quería abrazarla y decirle que todo estaría bien, pero no podía. No podía protegerla de esto, no podía hacer nada más que estar ahí para cuando lo necesitará; esto era entre ella y su familia, decidió que le daría su espacio hasta que ella se quisiera abrir con él.

La fiesta siguió su curso, todos bailaban al ritmo de la banda, en el centro de la pista, los mayores protagonizaban con sus mejores pasos. Félix y Pepa tenían una competencia amistosa con Julieta y Agustín para ver quién se lucía más; Mariano charlando con Isabela y Antonio luciéndose junto con sus amigos.

Richter se había mantenido al margen, preocupado por Mirabel, solo veía el espectáculo, sentado en un tronco como banco improvisado. A ese punto ya toda la fiesta se había trasladado a la habitación del festejado, tanto la banda como la comida y bebidas.

- ¿por qué esa cara? - Camilo apareció en su campo de visión, llevando un plato lleno de arepas y en la otra mano un vaso con jugo. Sentándose junto a él, le ofreció lo que llevaba.

-Por nada, solo que no estoy muy acostumbrado a esto de las fiestas- le mintió, mientras aceptaba una arepa, tenían tantas ganas de "reclamarle", de preguntarle porque trataban así a Mirabel, pero se mordió la lengua, apegado a su tácita promesa de no involucrarse.

-Sabes, todos estábamos muy nerviosos de que a Antonio no se le manifestará su don, realmente todos se quitaron un peso de encima. Me alegro que haya sido un don no muy útil para la comunidad. - eso último le había llamado la atención al peli blanco.

- ¿A qué te refieres con eso? - le preguntó intrigado.

-La abuela es muy exigente con nosotros, sin embargo, dones como el de Luisa, son perfectos para hacer tareas para el pueblo. Eso nos pone un peso muy grande en los hombros, me alegra que Antonio no vaya a tener una losa tan pesada-

Eso solo confirmó las sospechas de Richter, no solo Mirabel tenía que cargar con el peso de no tener un don, todos los demás debían cargar su propia piedra, de menor o mayor medida.

- ¿Y no han pensado en hablar con Alma?, He visto lo estresada que se pone Luisa, y como

Isabela quiere siempre ser lo más perfecta posible para no decepcionar a su abuela, como

Dolores termina tan agotada y con jaquecas de tanto escuchar lo que pasa en el pueblo-

-Yo no me atrevería, y ellas tampoco, nos han educado desde siempre a siempre servir a la comunidad, y no nos quejamos, solo quisiéramos que la Abuela lo tomara con un poco más de calma- Finalizó el cambia formas. Que de un salto se puso de pie. - pero bueno, ya basta de quejas, vamos a bailar con los demás, ya quita esa cara bro, hoy es una noche para

celebrar-

Prácticamente jaló al albino a la pista, dónde fueron recibidos por el resto de los Madrigal. Richter no era un experto, pero se sabía mover; bailó unas cuantas de piezas con las mujeres Madrigal. Primero con Julieta, luego un par con Isabela y Dolores etc. Una cumbia comenzó cuando ya solo le faltaba bailar con la mujer más fuerte del mundo.

-¿Me concede esta pieza galán?- la musculosa mujer le dijo en tono de broma, extendiendo la mano como si los roles se hubieran invertido. -con gusto mi lady- le siguió la corriente.

Comenzaron a moverse al ritmo de la música, Richter dejó que la mujer guiara los movimientos. -No lo haces mal Richter, por tu aspecto, uno pensaría que estás más tieso que una tabla, pero vaya que me sorprendiste-lo tomaré como un cumplido- dijo entre risas el albino.

-¿No has visto a Mirabel por aquí?, Creería que estaría contigo-

Richter estuvo a punto de inventar una excusa, cuando Luisa perdió el equilibrio, estando a punto de caer, si no fuera porque el joven la sostuvo de los brazos. -¿qué ha pasado? ¿Estás bien?- le preguntó preocupado.

Luisa lo miró con miedo en los ojos, parecía que le costaba mantenerse de pie, pero solo duró un segundo, casi al instante, la fortaleza regresó a sus extremidades, recuperando la compostura.

-No pasa nada, me resbalé, eso es todo-

Richter estuvo a punto de debatir cuando la voz de Mirabel llamó la atención de toda la fiesta.

-¡La casa está en peligro! ¡La casa está en peligro!- irrumpió gritando la morena, haciendo que la música se detuviera. -las tejas se caían y vi grietas por todos lados; Casi se apagó la vela- entrenado en un pánico contagioso, que se extendió en todos los presentes.

Alma la miró con ojos entrecerrados, como no creyendo lo que escuchaba; viendo cómo las cosas se podían salir de control, decidió ir al grano -Enséñame - dijo con voz fría.

Inmediatamente todos salieron detrás de Alma y Mirabel, fuera del cuarto de Antonio, hacia el recibidor, pero cuando llegaron, nada de lo que había dicho la chica era visible. Todo estaba en su lugar, las paredes en perfectas condiciones, y las tejas en su lugar, la luz de la vela mágica se veía impávida en su lugar en el cuarto de Alma.

-¿Qué? No…. Es…. Yo vi las grietas, las vi por todas partes…. La casa estaba en riesgo, la vela estaba…. – con cada palabra se ponía más nerviosa, sabía cómo se vería esto, necesitaba que le creyeran -¿Abuela? Yo vi…-

-Suficiente- Alma le detuvo con un gesto de su mano, su voz estaba en un tono bajo, con una advertencia implícita. No dando pie a más explicaciones. -No hay nada malo con la casa Madrigal, la magia está fuerte- dijo, volteando a ver al público nervioso. – y los tragos igual- bromeó para eliminar la tensión.

-pongan música, todos a bailar- finalizó la matriarca, haciéndole señas a Luisa para que trajera el piano. Así, todos regresaron al festejo dentro del cuarto de Antonio, dejando solo dos personas con Mirabel.

Tanto Julieta como Richter se le quedaron mirando con preocupación. Haciéndoles señas a ambos para que la siguieran a la cocina. -tu mano está goteando sangre Mirabel, vamos-

Sin decir una palabra, los dos adolescentes siguieron a la mujer a la cocina, nadie decía nada, ninguno se atrevía a romper el silencio.

-Si todo fue mi imaginación, ¿como fue que me corté la mano?- dijo por fin la chica una vez llegaron a su destino, mientras se recargaba en la encimera; mientras Julieta prendía el fogón y Richter se sentaba en una silla. -yo jamás podría dañarle la noche a Antonio, ¿En serio eso es lo que creen?- cuestionó a ambos.

-Lo que creo es que hoy ha Sido un día difícil para ti- Julieta fue la primera en hablar, provocando un bufido de su hija

-Yo solo trataba de proteger a mi familia, tal vez no sea súper fuerte como Luisa, o tan hermosa como la señorita perfecta Isabela y su hermoso cabello de ensueño, yo solo….. ya no importa- terminó con la cabeza gacha, sentía que las lágrimas le picaban, tenía tanta impotencia guardada.

Julieta se le acercó lentamente para tomar su mano, mientras cacita les acercaba una arepita y el salero, dándole una pequeña espolvoreada, se la entregó. -ojalá pudieras verte como yo lo hago, eres perfecta tal cual eres; eres tan especial como cualquier otro en esta familia-

Otro bufido sarcástico brotó de la morena, enseñando lo obvio cuando, después de darle una mordida a la arepa, la cortada se esfumó, dejando piel lisa, como si nunca hubiera estado ahí. -tu sanaste mi herida con una arepita con queso-

-Yo sané tu herida con mi gran amor por mi hija- Julieta abrazó con fuerza a Mirabel, la chica se resistía, en parte porque sabía que su madre solo estaba tratando de distraerla, y también porque le daba vergüenza saber que un par de rojos bicolores las estaba observando. -con su maravillosamente bello corazón y lindas gafas. Te amo cosa linda- le dio un último abrazo, antes de que Mirabel se escapara.

-¡Ya mamá, yo se lo que vi!- levantó la voz un poco más de lo que Mirabel hubiese querido, el rostro de su madre cambio del cariñoso al preocupado.

-Mira hija, mi hermano Bruno perdió el camino en esta familia…. Solo no quiero que te pase lo mismo- la voz de Julieta dejaba ver lo doloroso que seguía siendo para ella la desaparición de su hermano, Mirabel sabía que su preocupación era genuina, pero eso no significaba que su madre la entendiera.

-Tal vez sea mejor que te vayas a dormir, mañana te sentirás mejor- finalizó, dándole un ligero apretón en el brazo, para después retirarse, no sin antes darle una mirada de súplica al albino cuando pasó a su lado. Quizá el podría decirle algo que hiciera diferencia en su hija.

-¿Y tú no vas a decir nada?- cuestionó la joven.

-No tengo mucho que decir, solo que te creo- Richter se levantó de la cómoda silla y caminó hacia la morena. -sé perfectamente que nunca inventarías algo así, y menos con el propósito de arruinar la noche se tu primo-

Mirabel por fin soltó las lágrimas que había estado conteniendo con su mamá, abalanzándose a los brazos de Richter, quien la recibió con gusto cuando ella enterró su rostro en su pecho.

-No tienes idea del miedo que tenía de que nadie me creyera, en especial tu, es un gran peso menos encima.- su voz salió entre cortada por el llanto, Richter solo se limitó a acariciar su cabello para reconfortarla. -y cuando no dijiste nada, creí que tu igual pensabas lo mismo que todos-

-claro que no Mira, te creo al 100%, y te ayudaré a descubrir que está pasando- la separó un poco para poder mirarla, sonriéndole, mientras le limpiaba el camino de lágrimas con el dorso de su mano. -pero eso será mañana, hay que irnos-

-si, quizá mamá tenga razón, con un poco de sueño me sentiré mejor, muchas gracias por creerme Rich- antes de que se retirara, una mano la detuvo a media vuelta.

-claro que no, iremos a la fiesta- la chica inmediatamente iba a comenzar a rechistar, pero el la silenció con un dedo en sus labios. -iremos, porque así la gente verá que no te escondes, que no tienen razón al no creer en tu palabra. Además, quiero ver si enserio los tragos están tan fuertes como tu abuela presume-

Antes de que pudiera decir algo, la tomó de la mano y la llevó por toda la cocina, pasando por el comedor hacia la sala de estar, subiendo la escalera, para llegar a la recién estrenada puerta.

-Richter no creo que sea buena idea, no quiero sentir las miradas de todos. Va a ser muy incómodo- dijo la chica, mirando la madera iluminada.

-sip, te van a mirar…. Al principio, pero es un mal necesario, si te sientes nerviosa, solo aprieta mi mano con fuerza y céntrate en mi- le contestó Richter sonriendo, esa sonrisa la convencería de lanzarse por una montaña del encanto sin dudas.

Fiel a su palabra, Richter la tomó de la mano y la condujo dentro de la mágica habitación. La música llenaba la estancia y todos se movían al ritmo de la marimba.

-Te dije que no irá buena idea, todos me miran como si fuera una loca- Y era cierto, la gente la miraba con extrañeza, mientras se abrían camino entre la gente del pueblo.

-Y yo te dije que es un mal necesario, cuando vean que no te afecta, se les pasará. ¿Confías en mí?- le preguntó.

-Totalmente- le contestó la chica casi de inmediato, viendo su respuesta prácticamente involuntaria, rápidamente ocultó su sonrojo, dirigiéndose a la mesa de comida, tomando un vaso y llenándolo con lo primero que vio.

-Maldición, la abuela no bromeaba con eso de los tragos, parece fuego líquido- casi escupía el contenido de su boca, haciendo una mueca con el sabor amargo que le quedó después de un solo sorbo.

-¿Enserio? A ver dame eso- Richter le quitó el vaso de la mano, dándole un trago profundo al líquido. -mmm no está nada mal, nada como un buen tequila-

-¿Es enserio?-

-¿Qué? Es verdad- Richter no era un bebedor rutinario, solo había tenido su parte de alcohol, en los lugares en los que se había visto forzado a vivir, la gente no veía si eras joven o no, y a veces no había mucho más de dónde elegir.

-Es asqueroso, deja eso ahí, si te ven, te vas a llevar una buena reprenda- Lo regañó Mirabel, volteando nerviosamente a todos lados para estar segura de que nadie de los Madrigal los haya visto.

-Ok, pero solo si me vamos a la pista- el albino le dijo, con una sonrisa traviesa.

-claro que no-

-O vamos Mirabel, las fiestas son para divertirse- le ofreció la mano.

Mirabel no se sentía de mucho humor, además, tanto su abuela como Isabela estaban en la pista, y no quería tener que encontrárselas. Pero, ¿Por qué tendría que esconderse si no había echo nada malo? Richter tenía razón.

-Está bien guapo, pero solo un rato- le confirmó, tomando su mano, el joven solo sonrió asistiendo.

En efecto, cuando llegaron al centro, se toparon con Isabela y Mariano bailando. Si hermana la miró con una mezcla de enfado y fastidio, la guapa mujer no entendía como tenía la vergüenza de aparecerse como si nada hubiera ocurrido.

-Parece ser que sigues con malas compañías Richter- Isabela quería provocar a su hermana, así que tiró a matar tan pronto como estuvieran cerca.

-Al contrario, Isa, no hay mejor compañía- Richter habló casualmente, mientras comenzó a moverse al ritmo de la música, sabiendo muy bien que Mirabel iba a caer derecho en la trampa de su hermana.

-Hola Mirabel, gusto en verte, no había tenido la oportunidad de saludarte en toda la noche- Mariano ayudó a calmar las aguas también,

-Es verdad Mariano, igual es un gusto saludarte, aunque te compadezco un poco por lo que tienes que soportar-

Mirabel le regresó el golpe a Isabela, iba a ser el comienzo de una batalla si las cosas seguían ese rumbo.

-¡Chicas basta! Enserio quiero disfrutar la noche, pueden hacerme un favor, no les pido que se lleven bien, pero podrían siquiera ignorarse la una a la otra- La voz de Richter era dura, claramente no era una petición; la atmósfera se había vuelto más densa con sus palabras, su don respaldando su punto.

Ambas asintieron de mala gana, lanzándose una última mirada de desprecio.

Con el paso del tiempo, los demás jóvenes Madrigal se unieron al baile, primero fueron Camilo con dolores, y al final Luisa también. Casi parecía que el incidente de antes no había ocurrido; entre bromas y risas, la fiesta se hacía vieja, poco a poco los invitados se fueron retirando, cansados pero felices de que todo había salido bien dentro de lo esperado.

-Muy bien, está es la última pieza que la banda va a tocar. Después de esta canción, la fiesta se dará por terminada. Démosle un último aplauso a Toñito y de parte de todos los Madrigal, les damos las gracias por venir- Alma dio el anuncio, mientras los invitados que quedaban aplaudían, la mujer mayor tomó asiento en la mesa de comida, junto con sus dos hijas y sus esposos.

Una canción lenta comenzó a sonar, pocas parejas seguían en el centro de la improvisada pista de baile.

-¿Me concede esta última pieza madame?- Richter le preguntó de forma galante a la morena, mientras hacía una reverencia en broma.

-sería un placer caballero- le contestó entré risitas.

El joven la acerco más a él, mientras colocaba una mano en su cintura y ella lo tomaba del hombro, uniendo los dedos de su mano derecha con la de el. Poco a poco comenzaron a mecerse al ritmo lento de la melodía.

-Sé que ya te lo dije antes Richter, pero muchas gracias por todo, si no fuera por ti, estaría llorando sola en mi habitación- Mirabel lo miró directo a los ojos.

-Gracias a ti Mira, como le dije a Isabela, no hay mejor compañía- le respondió, con una sonrisa de lado.

Una vez más la joven sintió como el rubor le subía por las mejillas; Richter la soltó, solo para colocar ambas manos de la chica, mientras el la tomaba de la cintura y la acercaba aún más.

Por mucho que la pusiera nerviosa estar tan cerca del albino, Mirabel no quería que terminara la canción, lentamente descansó la mejilla contra su pecho, escuchando sus latidos al compás de la melodía, el se limitó a enterrar la nariz entre los rizos de su cabeza y aspirar su aroma.

Ambos estaban en su burbuja, ya no existía nadie más que ellos dos, ni siquiera notaban las atentas miradas desde la mesa de comida.

-vean eso, ¿No se ve ven lindos?- Pepa les preguntó a los otros.

-Muy lindos- secundó Julieta, con una sonrisa de oreja a oreja. -estoy muy contenta de que la noche terminara así-

-Hacen bonita pareja- Fue el turno de Félix. -¿que opinas tu Agustín?-

-No lo sé, solo estoy feliz de ver a mi bebé contenta, Y agradecido con Richter por levantarle el ánimo. Después de lo que pasó hoy, todo salió bien al final-

-Milagrosamente si, después de la escena que hizo Mirabel, es un milagro que la noche haya salido bien- interrumpió Alma con disgusto.

Tanto Julieta como Agustín se miraron con tristeza, sabían que Alma no iba a olvidar el incidente a corto plazo.

-por favor mamá, solo intenta no ser tan dura con Mirabel, entiéndela, hoy ha sido un día Muy difícil para ella-

La matriarca no dijo más nada, tenía la mirada fija en la pareja de adolescentes bailando, no le había puesto atención al recién llegado en toda la noche.

Un sentimiento extraño se instaló en la boca del estómago de la mujer, ese abrigo se le hacía familiar, algo en como se veía el joven albino despertó algo dentro de la mujer, pero ni ella sabía de qué se trataba. Tendría que averiguarlo.

El día que tanto habían esperado y temido, había llegado a su fin. La música se detuvo y dos pares de ojos se miraron fijamente. Un pensamiento compartido.

"Te quiero"