M: Adelante.
H:
Te traigo la comida, Mac. –Sonrío, mientras le enseño la
bolsa-.
M: ¿Has comprado en Beltway? –Me pregunta,
sorprendida-.
H: Si. Dos hamburguesas dobles de queso, agua y
patatas grandes. Para mi agua y una ensalada.
Paso, cerrando la puerta, y me siento frente a ella. Las bolsas en la mesa y la veo quitar en informe, para acercarse las hamburguesas. Me sonríe en forma de agradecimiento y comienza a desenvolver una. Después, saca las patatas y el agua, y se pone a comer, mientras yo hago lo mismo con mi ensalada.
M: No te tenías que
haber molestado, Harm. –Me sonríe, antes de morder su
hamburguesa-.
H: Tenía que comprar también mi comida, así que…
no me ha importado ir a Beltway.
M: Gracias. –De pronto, deja de
masticar y sonríe, como el que ha entendido un problema matemático-.
Ya sé porque es… Habéis visto que tenía todo cerrado, y
pensasteis que estaba de mal humor.
H: Bueno… Siempre lo haces
cuando estás enfadada, o no quieres que te molesten.
M: Hoy era
la segunda. –Sonríe-. Harriet y Bud han venido esta mañana
preguntándome si quería algo en especial para mi cumpleaños.
H:
¿Y les has contestado que…?
M: Que lo que quiero… -Suspira,
tristemente- … es imposible.
H: No hay nada imposible. –Le
sonrío, para animarla-. A lo mejor es que todavía no es el momento
para que lo que quieres, entre en tu vida. ¿No?
M: Lo que quiero
ya está en mi vida, Harm. Lo único que cambiaría de forma.
H:
No lo entiendo…
M: Déjalo. No sabría como explicártelo…
H:
Puedes intentarlo.
Parece meditarlo un rato, mientras continúa con su segunda hamburguesa. Tengo que decir, que en mi vida no había visto a nadie que se comiese dos hamburguesas en tan poco tiempo. Cuando termina, coge la bolsita de las patatas y me la acerca, preguntándome si quiero. Cojo un par de ellas y Mac me sonríe. Tengo la sensación de que acabaré, un día de estos, comiendo un menú de los que ella come.
H: Entonces,… ¿Me
lo explicas?
M: Está bien. –Suspira-. Lo que más quiero para
mi cumpleaños, sería saber que voy a poder tener una familia. Ya
sabes, un marido, hijos, un perro y una casa con una valla blanca.
–Sonríe-. Pero eso es imposible. Desde hace mucho tiempo no me
interesa ningún hombre salvo… -Y se para, sonrojándose-.
H:
¿Salvo? –Mi corazón se acelera al pensar en esa excepción. ¿Y
si fuera a mí a quien espera?-.
M: Nada… -Responde, bebiendo
agua-.
H: Mac, sabes que puedes decírmelo. Y el único motivo que
encuentro, para que no quieras decirme quien es, es porque ese hombre
soy yo. –Sentencio, y se atraganta con el agua. Cuando se ha
recuperado, me mira seria-.
M: ¿Y qué te hace pensar que ese es
el único motivo que puede haber? –Me pregunta, alzando una
ceja-.
H: Bueno, antes de que te atragantaras con el agua, no
estaba muy seguro. –Sonrío, victorioso-. Pero tu reacción me lo
acaba de confirmar.
M: ¿Y por qué crees que me he atragantado
por tu teoría? Me ha sorprendido que fueras tan sincero conmigo,
nada más.
H: Y, se supone que debo de tragarme eso. ¿No? –Se
queda muda, y continúo-. Te vuelvo a repetir, Sarah, que no hay nada
imposible.
M: ¿Tú crees? –Me pregunta, emocionada-.
H: Al
cien por cien. –Le sonrío-. ¿Sabes? Una buena amiga de la
academia siempre me decía que "nunca digas nunca". Y siempre he
pensado que llevaba razón. Todo puede pasar en esta vida.
