M:
¿Estás preparado para algo serio? –La pregunta me sorprende, y
decido coger el toro por los cuernos-.
H: Estoy listo, Mac. Si tú
no lo estás, esperaré. –Sonrío-. Aunque, creo que esta
conversación la deberíamos tener en otro lugar.
M: Si, claro…
-Dice, un poco decepcionada. Sin darle tiempo, cojo su mano y
la acaricio-.
H: Mac, no estoy echándome para atrás. No quiero
continuar girando alrededor tuyo, sin intentar algo más.-Vuelvo a
sonreír-. Te quiero, Sarah.
Me mira con los ojos llenos de lágrimas y me devuelve la sonrisa. Me levanto de mi silla, y doy la vuelta alrededor del escritorio, hasta acercarme a ella. Extendiendo mi mano y cuando ella la coge, tiro para levantarla. Después, la rodeo por la cintura y la beso suavemente. Ella responde de igual manera y al final nos terminamos separando para respirar.
M:
Yo también te quiero, Harm. –Me acaricia la mejilla-. Y tienes
razón, este no es el mejor lugar para continuar hablando.
H:
Bueno… realmente yo no venía a… ya sabes… a sincerarme
contigo. –La sonrío-. Harriet y Bud me pidieron que te preguntase
si quieres algo en especial para tu cumpleaños.
M: Te acabo de
decir que… -La interrumpo-.
H: Algo que puedan comprarte, Mac.
Sé que me has dicho que quieres una casa con una valla blanca, un
perro, niños y un marido. –Le sonrío-. Eso puedo cumplírtelo
yo.
M: Usted siempre tan modesto, comandante.
H: ¿Tanto se
nota? –Sigo la broma-. Entonces, ¿te puedo invitar a cenar en mi
apartamento, sobre las ocho y media?
M: Me encantaría. –Sonríe-.
Gracias por las hamburguesas, Harm. Si no hubieras venido habría
comido un bocadillo de la maquina.
H: ¡Qué harías sin mí,
marine! –Veo su cara, bastante molesta, y decido huir-. Voy a
continuar con el… tengo muchos informes así que… ¡Hasta luego,
Mac!
Y salgo de allí, prácticamente corriendo. Temo que de ello dependa mi vida. Cuando salgo, veo a Bud y Harriet, con el almirante, saliendo del ascensor. Haciendo como que no les he visto, me escondo en mi despacho, esperando que ninguno de los tenientes me pregunte nada. Abro la primera carpeta que encuentro, y hago como que estoy leyendo.
De pronto, unos golpes en mi puerta me sorprenden y al levantar la vista, me levanto de golpe. El almirante está frente a mí, y yo me pongo firme.
Ch:
Comandante, a mi despacho. ¡AHORA!
H: Si, señor.
