Sigo a mi superior hacia su despacho, intentando recordar que es lo que debí hacer mal. Que yo recuerde, no perdí ningún caso en los tribunales. Es más, los últimos dos que tuve los gané fácilmente, y eso que uno de ellos era contra la aún comandante Krenick. Tampoco he discutido con Mac. ¿Será eso lo que querrá preguntarme? Mientras continúo con mis pensamientos, llego a la oficina del almirante, cerrando la puerta detrás de mí.

H: Presentándose el comandante Rabb, como ordenó. –Digo, mientras me pongo firme-.
Ch: Descanse, comandante. –Me responde, señalándome una de las sillas-. Quería preguntarle sobre la actitud que tiene la coronel hoy. ¿Han discutido y nadie se ha dado cuenta?
H: No señor.
Ch: ¿Entonces?
H: Creo que tiene que ver con su cumpleaños, almirante. Los Roberts han estado esta mañana en su despacho preguntándole sobre los regalos.
Ch: Entiendo… ¿Y qué sabe al respecto? –Me pregunta, después de un rato en silencio-.
H: ¿Señor? –No sé lo que quiere que le diga-.
Ch: Si, ¿le ha dicho si quiere alguna cosa en especial?
H: No he conseguido sacarle nada, almirante. Cuando la he preguntado, lo ha ignorado por completo.

Está mal mentir, y más si es a tu jefe. Pero, ¿qué le digo? "Señor, lo que la coronel quiere por su cumpleaños es un marido, hijos, un perro y una casa con una valla blanca. ¿Sabe en qué tienda puedo comprar algo de eso?". Bueno, el animal si sé donde, en una tienda de mascotas. Pero, claro. Por nada del mundo pienso dejar que otro hombre ocupe el lugar de marido y padre de sus hijos.

Ch: Entonces, dedíquese a sonsacarle cualquier cosa. ¿Queda claro? –Me dice, rompiendo de golpe mis pensamientos-.
H: A sus órdenes, almirante.
Ch: Y, por lo que más quiera. No la haga enfadar. Puede retirarse.

Asiento, y salgo por la puerta, mucho más confundido de lo que entré. No solo los Roberts quieren saber qué es lo que quiera Mac, si no que ahora, también el almirante. ¡Es increíble! ¿No puede preguntárselo otro? Veo a Coates que me sonríe, mientras se acerca a mí. Cuando está a mi lado, me saluda, y me pregunta lo mismo que todos.

Co: Comandante, ¿sabe si la coronel Mackenzie desea algo en especial para su cumpleaños?
H: Aún no lo sé, Jennifer. –Suspiro, mientras la devuelvo la sonrisa-. Pero intentaré enterarme.
Co: Le estaría muy agradecida, señor. No quiero regalarle nada que ya tenga o no quiera.
H: De nada.

Y camino, prácticamente volando, hacia el despacho de mi compañera. Claro está, antes he pasado por el mío, y he cogido una carpeta, fingiendo que voy a trabajar con ella. Noto los ojos de toda la oficina posados en mí, y eso me desespera. Llamo a su puerta, y sin esperar respuesta entro. Mac me mira confundida, y me siento en una silla.

H: ¿Crees que podría quedarme aquí el resto de la tarde?
M: ¿Y eso?
H: Creo que soy la salvación para la oficina.
M: ¿Ya estás haciendo gala de…? -La interrumpo-.
H: No, esta vez es enserio. Todos me preguntan si sé algo de lo que quieras por tu cumpleaños. Hasta el almirante me ha preguntado por ello.
M: ¿De verdad? –Dice, sorprendida-.
H: Para eso me había llamado a su despacho. Me ha ordenado sonsacarte algo, aunque me lleve toda la tarde. –Respondo, mirando mi informe-.
M: No sé porque todo el mundo tiene tanto interés en regalarme algo. Ya me han hecho el mejor de todos, dejándome formar parte de sus vidas. –Sonríe, agachando la cabeza-.
H: El mejor regalo es que tú estás en sus vidas, Mac. Por eso ellos quieren regalarte algo que puedan comprar. Ya sabes, ropa, perfumes,…
M: Supongo que debería preparar una lista, con algunas cosas. ¿No?
H: Ajá. –La sonrío-. Pero, no pongas lo del perro, por favor.
M: ¿Por qué? –Me mira, y sé exactamente cuándo lo comprende, porque sus ojos comienzan a brillar y me sonríe-. ¿Tú…?
H: Aunque podrías decirme más o menos como lo quieres. Ya sabes, grande o pequeño. Si quieres que sea de alguna raza en especial,…