20:27 Horas
Apartamento de Harm
Al norte de Union Station, Washington DC

Aquí estoy, en mi apartamento, más nervioso que un adolescente en su primera cita. Ya tengo la cena preparada, la mesa lista y todo envuelto en un ambiente romántico. Velas, música suave,… No se me ocurre nada más que hacer, que estar esperando a que Mac llegue, dentro de tres minutos. Sé el tiempo que falta porque no hago otra cosa que mirar mi reloj. Dos minutos… un minuto… y… ¡Ya está aquí! Suena el timbre y sonrío. Ella siempre tan puntual, tal y como me había prometido.

Manteniendo mi sonrisa, e intentando ocultar mi nerviosismo, me acerco a la puerta y abro. Allí está ella, con un vaquero azul oscuro y una blusa amarilla. Está sencillamente espectacular. Con una gran sonrisa, me saca de mi embobamiento.

M: ¿Me vas a invitar a pasar?
H: Eh… sí, claro. –Sonrío-. Pasa.
M: Gracias. –Me aparto a un lado y cuando entra, se para en mitad del salón, observando todo-. Vaya… Está todo precioso… No me merezco tantas molestias, Harm…
H: No digas bobadas, Mac. –Camino hasta ella y le acaricio la mejilla-. Te mereces todo esto, y mucho más.
M: Te quiero. –Se pone de puntillas, y me besa-. Gracias… Por todo.
H: No ha sido nada, Sarah. –La sonrío, y señalo la mesa-. ¿Cenamos?
M: Por supuesto. –Se coloca las manos en el estomago, haciendo un puchero-. Tengo hambre.

Ambos nos reímos y avanzamos juntos hasta le mesa. Cuando llegamos, retiro una de las sillas para que Mac se siente. Me lo agradece con una sonrisa, y después camino hasta la otra silla, quedándome frente a ella. Cenamos totalmente en silencio. Ella no dice nada, y yo tampoco sé que puedo decirle. Al terminar, me levanto para recoger la mesa, y Mac hace lo mismo.

M: Deja que te ayude.
H: No hace falta, Mac. –La sonrío-. Puedo yo solo.
M: Lo sé. Pero creo que es lo menos que puedo hacer. –Suspiro, y ella sonríe-. Gracias.

Entre las idas y venidas de la mesa a la cocina, pienso en todo lo que podría decirle a Mac. También pienso en lo que podríamos hacer. Sonrío ante el pensamiento, provocando que ella me mire curiosa. Hago un gesto con la cabeza para quitarle importancia, y deja el trapo en la encimera. Sé que va a intentar sonsacarme mis pensamientos.

M: ¿Qué era tan gracioso, Harm?
H: Nada. –La sonrío-. Solo pensaba…
M: ¿Y puedo saber en qué pensabas?