H: En… -Qué calor
hace ahora, ¿no?-. No es nada malo, Mac.
M: Dímelo… por favor…
-Me sonríe. Levanta la mano y la deja sobre su corazón-. Sea lo que
sea prometo no reírme.
H: Esta bien… -Al final cedo, otra vez-.
Estaba pensando en lo que podría pasar cuando terminemos de recoger
la mesa… Ya sabes… -Me paso la mano por la nuca, y observo el
suelo, el cual me parece muy interesante-.
M: Estabas pensando en
si nos acostaríamos, ¿no? –La miro medio sorprendido, medio
espantado. ¡Lo dice como si fuera lo más natural del mundo!-. No
tiene porque pasar hoy, Harm. Si tú no quieres…
H: Ese es el
problema. –Digo, serio-. Yo sí que quiero que pase, pero no estoy
seguro de que tú…
Mac se acerca a mí sonriendo, y me besa. Cuando nos separamos, me coge de la mano y tira de mí hasta la habitación.
13:50 Horas,
Miércoles
Cuartel General de JAG
Falls Church, Virginia
Hoy, como ayer, siento las miradas de toda la oficina sobre mí. Aunque yo diría que son más insistentes. A parte, Harriet lleva toda la mañana paseándose del despacho de Mac al mío. Según ella, algo ha tenido que pasarnos para que tengamos esas sonrisas, y las oscuras ojeras en nuestra cara. Cada vez que me lo pregunta, le digo que no ha ocurrido nada, pero no logro convencerla. Creo que las mujeres tienen un sexto sentido para estas cosas.
Claro que, hace bien en no creérselo. Si que pasó algo. Algo increíble. Por fin, después de tantos años, Mac y yo hemos conseguido estar en la misma longitud de onda. Lo que hicimos ayer, durante casi toda la noche, fue mucho mejor a como yo me lo había imaginado. Ninguna mujer con la que había estado antes me había dejado a la vez tan satisfecho, como insatisfecho.
Unos golpes en mi puerta me sacan de mis pensamientos. Doy el permiso para que Coates, que es ella la que ha llamado, entre. Me comunica que el almirante quiere verme, y me temo lo peor. No bastaba con Harriet, si no que ahora también me va a interrogar mi jefe. Por si acaso, llevo la lista que tan generosamente me ha preparado Mac. Al final, hemos acordado que el perro si esté incluido. Ella cree que con la casa, los gastos de la boda y los futuros gastos de los niños, tendré bastante. De todas formas, ya tengo en mente lo que voy a regalarle.
H: ¿Quería verme,
almirante?
Ch: Así es. –Me sonríe, indicándome con la mano
una de las sillas libres-. Siéntese. ¿Ha podido averiguar algo?
H:
Si señor. –Le doy la lista, mientras sonrío orgulloso de mi
hazaña-. La coronel me ha hecho una lista con lo que le podría…
mos regalar por su cumpleaños.
Ch: Una colonia, un maletín,…
-Continúa leyendo, hasta la última opción. Entonces, levanta la
cabeza hacia mi sorprendido, y me pregunta-. ¿Un perro?
–Asiento-.
H: El perro que tenía la coronel se lo dio a Chloe.
Ahora vive con ella en el rancho de sus abuelos.
Ch: Entiendo…
Bueno, diga a los demás que yo le regalaré el maletín. –Sonríe-.
Puede retirarse, comandante.
H: A sus órdenes, almirante.
Me devuelve la lista, después de haber tachado el maletín. Mac no ha especificado mucho lo que quiere. Más bien lo ha simplificado. Miro el papel y vuelvo a leerlo. Colonias, el maletín, joyas, libros, artículos para el baño y el perro. Lo más importante me lo he pedido yo, así que no habrá problema. Además de que tampoco somos tantos los que le vamos a regalar algo. Solo el almirante, Coates, los Roberts, Sturgis, Varesse, Galíndez y yo. No sabemos si podremos localizar a Webb. Después de Paraguay… no hemos vuelto a saber nada de él.
M: ¿Qué quería el
almirante? –Me pregunta Mac, desde la puerta de su despacho-.
H:
Saber si ya te había sacado algo. –Sonrío-. Ha escogido un regalo
de la lista.
M: ¿Cuál?
H: ¡Mac! –Le digo, fingiendo
horrorizarme-. Es una sorpresa. Si te lo digo, no tendrá gracia.
M:
Fingiré sorprenderme. –Sentencia-.
H: No es lo mismo.
M: Por
favor… -Niego con la cabeza, y justo en ese momento aparecer
Harriet, sonriéndonos-.
Ha: Comandante… puedo hablar con
usted.
H: Claro… -Me giro a Mac-. ¿Me esperas y vamos a comer
los dos?
M: Perfecto. –Sonríe, y se da la vuelta-.
Ha: ¿Ha
conseguido sacarle algo a la coronel?
H: Tengo una lista con lo
que quiere. –Respondo, cuando estamos en mi despacho-. Lo que está
tachado está pedido. –Le doy la lista-.
Ha: Ajá… -Dice,
leyendo el papel-. ¿Quién le va a regalar el maletín?
H: El
almirante.
Ha: Ajá… -Continúa, y después busca un bolígrafo-.
Nosotros le regalaremos el perro. –Sonríe, entregándome la
lista-. ¿Alguna raza en especial?
H: Bueno… No ha especificado…
pero me supongo que será uno de raza grande. Golden, Labrador,
Pastor Alemán,…
Ha: ¿Y un Bóxer? La perra de nuestra vecina
ha tenido cachorros. Son Bóxers puros y con Pedigrí. Nos ha dicho
que nos lo dejaría a mitad de precio, si nos interesábamos….
¿Hembra o macho?
H: Creo que un macho…
Ha: Está bien.
–Sonríe-. Se lo diré a Bud.
A los cinco minutos de que Harriet se haya ido, aparece Mac por la puerta. Me sonríe y ambos nos vamos a comer. A la vuelta, más de lo mismo. Jennifer Coates me esperaba en la puerta, con una gran sonrisa. Después de que la enseñase la lista, se pidió comprar los artículos para el baño. Según ella, una de sus amigas trabajaba en una tienda especializada, y podría prepararle una cesta variada.
Ahora, solo quedaban el sargento Galíndez, Sturgis y Varesse. Estoy seguro que Stur se encargaría de alguna colonia, Varesse de alguna joya y el sargento, le compraría un libro.
A última hora ya estaba todo lo de la lista tachado. Solo quedaba que me ocupase de mi regalo. Nadie, ni si quiera Mac, sospechaban de cual podría ser. Aunque tendría que ir a preguntarle al almirante si me daría un permiso para mañana, por la mañana. La tienda a estas horas está cerrada.
