M: ¿Listo para marcharte a casa, piloto? –Me pregunta, apoyada en la puerta-.
H: Un segundo… -Termino de meter las cosas en el maletín y la sonrío-. Ahora sí. ¿Nos vamos? –Asiente-.
M: ¿Qué tal te ha ido con la lista?
H: Ya está todo resuelto. –Sonreí-. Solo queda mi regalo.
M: No hace falta que me regales nada, Harm. Con el paso que hemos dado es más que suficiente.
H: Mac. –Digo, parándome al lado de su coche-. Déjame comprártelo. Realmente lo vamos a necesitar, así que… -Sonrío-. No tienes opción. –Mac suspiró-.
M: Está bien, haz lo que quieras. ¿En tu casa o en la mía? –Sonrió-.
H: En la tuya. –Le devolví la sonrisa-.
M: Entonces, te esperaré en el portal.

Así llegamos al día siguiente. Durante toda la mañana estuve recorriendo tiendas buscando el regalo perfecto para Mac. Vi multitud de ellos, pero ninguno terminaba de convencerme. Menos mal que ayer le cogí prestado un anillo a Mac, o ahora estaría en peor situación. Como segunda y última opción, no tuve más remedio que llamar a Harriet. Lo único que le dije fue que la esperaba en el centro comercial y que era urgente.

Después de esperar media hora, Harriet apareció con una preocupación que, para mi gusto, era un poco exagerada. Cuando se puso a mi lado, cogió un poco de aire y me miró seriamente.

Ha: ¿Qué es lo que ocurre, comandante?
H: Para el favor que te voy a pedir, es Harm. –Sonreí-. Necesito tu ayuda para elegir una cosa.
Ha: ¿Qué cosa, se… Harm?
H: Un anillo de compromiso. –Sentencié. Al escucharlo, Harriet palideció-.
Ha: ¿Se… Te… Te vas a.. Casar? –Preguntó, sin pestañear-.
H: Si y… bueno… no me decido por el anillo. –Sonreí-. Es la primera vez que compro un anillo de estos así que… ¿Me ayudarás?
Ha: Claro… -Cuando se recompuso, me miró seria-. ¿Puedo preguntarte una cosa?
H: Adelante.
Ha: ¿La coronel sabe que… bueno, que te vas a casar?
H: Oh… ella no lo sabe. –Sonreí-. Es un secreto.
Ha: ¡Y menudo secreto! –Susurró, aunque no sé si lo entendí bien-.
H: ¿Decías algo?
Ha: Eh… si. ¿Vamos a la joyería?

Después de estar mirando durante una hora cajas y cajas de exposición con anillos de compromisos, nos decidimos por uno de oro blanco de 18 quilates con siete circonitas brillantes. Harriet se quedó prácticamente enamorada del anillo, y me dijo que seguro que le encantaría a la futura prometida, fuese quien fuese. Como regalo por ayudarme a elegirlo, la invité a comer en un restaurante del mismo centro y cuando terminamos, nos fuimos de vuelta al JAG.

Hace cinco minutos vi a Harriet ir al despacho de Mac, con un par de informes. No sé qué es lo que le habrá dicho, porque de pronto me mira con cara de muy pocos amigos, y se levanta. La veo disculparse de Harriet y la teniente me mira, articulando un "lo siento" con los labios. Después, Mac entra como alma que lleva el demonio en mi despacho y baja todas las persianas.

Pido mentalmente a cualquiera que esté a menos de 100 metros que interrumpa este momento, diciendo que el almirante me llama o algo peor, pero no ocurre y ahora tengo una marine bastante, o demasiado enfadada delante de mi escritorio, con los brazos en jarras y observándome. Coge aire, lo suelta… repite otra vez lo mismo… y después habla.

M: ¿Cuándo pensabas decírmelo? –Dice, decepcionada-.
H: ¿El qué? –Pregunto, haciéndome el tonto-.
M: ¿Cómo que el qué? ¿Crees que soy idiota? –Me pregunta, y antes de continuar coge aire. Veo como le brillan sospechosamente los ojos y me levanto-.
H: ¿El qué, Sarah? –Susurro, mientras la abrazo por la espalda-.
M: El anillo de compromiso para tu novia, Harm. Pensaba que estábamos avanzando. Te creí cuando me dijiste que me querías y… -Se para, dejando que las lágrimas caigan-.
H: Y aún te quiero, Mac. –Sonrío, al entender lo que Harriet ha debido de decirle-. Harriet te ha dicho que me ayudó con el anillo, y tú has sacado conclusiones precipitadas, ¿no? –Ella asiente-. Sarah… -La doy la vuelta, obligándola a que me mire a los ojos-. No hay ninguna otra mujer, Mac.
M: ¿De verdad?
H: Si. –Me acerco hasta el cajón de mi escritorio y saco la cajita-. Quería hacerlo esta noche, delante de todos pero… las cosas, cuando estamos los dos involucrados, nunca salen como planeamos, así que… -Me pongo de rodillas y abro la caja-. Has compartido conmigo momentos muy importantes en mi vida. Me has ayudado en muchas ocasiones. Fuiste conmigo a Rusia para buscar a mi padre. Estuviste a mi lado cuando descubrí que el sobrevivió a su accidente. Me apoyaste cuando decidí volver al servicio activo… Has estado conmigo en las duras y en las maduras. Hemos discutido, nos hemos reconciliado… pero siempre hemos estado el uno para el otro. –Me aclaro la garganta, y continúo. Mac lleva llorando desde que me he arrodillado delante de ella. Por eso, Sarah Mackenzie, ¿me harías el honor de ser mi esposa, y permitirme pasar el resto de mi vida a tu lado?