Mac continúa mirándome fijamente, con las lágrimas cayéndole a montones, sin hacer ningún movimiento y sin decirme nada. Estoy pensando si ha sido buena idea pedirle la mano ahora, o si habría sido mejor mentir y decir que ese anillo no era para mí, aunque… bueno, exactamente no se que le ha dicho Harriet, con lo cual… Suspirando, hago el amago de levantarme pero Mac reacciona, poniéndose de rodillas delante de mí.
M: ¿De
verdad quieres casarte conmigo, Harm? –Leo en sus ojos todo lo que
piensa, y continúo-.
H: Cariño, no me importa lo que hiciste en
el pasado. Todos cometemos errores, de ellos aprendemos y nos hacen
las personas que somos ahora. Quiero ser tu marido y el padre de tus
hijos. Quiero envejecer contigo, Mac. Te quiero. –Sin contestar, se
abraza a mí y comienza a reírse-. ¿Debo de tomar esto como un
sí?
M: ¡Claro que si, marinero! –Dice, rompiendo el abrazo y
besándome-. Si quiero, Harm. ¡Si quiero! –Después de un par de
besos, los dos nos levantamos y arreglamos nuestros uniformes. Cuando
acabamos, le sujeto la mano y coloco el anillo donde corresponde-.
Voy… voy al baño… quiero lavarme un poco la cara. –Sonríe-.
Creo que estoy soñando.
H: No, no lo estás. –Le devuelvo la
sonrisa-. Te espero en el despacho del almirante para decírselo.
Mac asiente y sale. Al hacerlo, observo como Harriet le escruta los dedos de mi prometida, y se queda blanca al encontrar el anillo. Desde la oficina de Coates, puedo escuchar a la teniente Sims gritar varios "¡Oh, Dios mío!", típicos suyos. Cuando entro y me siento frente al almirante, este le pregunta a Jennifer por el alboroto y ella se encoge de hombros.
Ch:
Cada día entiendo menos a mi personal. –Suspira-. ¿Quería algo,
comandante?
H: Si, verá… Yo… le he pedido matrimonio a la
coronel Mackenzie, señor. –Me mira intentado descubrir se no se
trata de una broma, y cuando lo logra, se le forma una gran
sonrisa-.
Ch: ¿Y ella que le ha dicho?
H: Me ha respondido que
sí. –Respondo, con una enorme sonrisa-.
Ch: ¡Enhorabuena! ¿Y
la afortunada?
H: Ha ido al servicio.
Ch: Bueno, pues mientras
esperamos… -Revuelve en su cajón y después saca dos sobres,
entregándome a mí uno-. Rellene el formulario y cuando acabe, me lo
da. El SECNA lleva esperando esta noticia desde hace años.
¿Desde hace años? Ahora soy yo el que se queda desencajado. Evidentemente divertido, el almirante me señala la mesa del café y camino hasta allí. Al menos, me alegra poder ver la cara de Mac cuando veo el papel.
Justo después de pensarlo, aparece en escena, con una sonrisa. Nuestro superior la señala una de las sillas frente a él y le tiende la mano. Mac se la acepta sin pensárselo, justo con la mano del anillo. Sin darle tiempo a reaccionar, el almirante la gira y lo observa.
Ch:
Tiene buen gusto, comandante.
H: La verdad es que la teniente Sims
me ayudó en la elección. –Dirijo mis ojos hacia Mac, quien me
mira estupefacta-.
Ch: No le he dado la enhorabuena, coronel.
–Sonríe-. Ya me ha contado el comandante Rabb las buenas
nuevas.
M: Gra… Gracias. –Responde, mirando de uno a otro-.
H: Ya está rellenado, almirante. –Le entrego la carpeta y
sonríe-.
Ch: Bien… Coronel, este es todo suyo. –Le entrega
uno parecido, y ella lo mira atónita-. Como ya le he dicho a Rabb,
el SECNA llevaba esperando esta noticia durante años.
M: ¿QUÉ?
–Pregunta. Si fuera un muñeco de los Looney Tunes, tendría los
ojos fuera de sus órbitas-.
Ch: Lo que ha oído. –Pulsa el
interfono-. Coates, entre con la libreta roja, por favor. –Al
momento, la suboficial está en el despacho, y le entrega al
almirante el pequeño cuaderno-.
J: ¿Puedo preguntarle qué pasa,
señor?
Ch: Quiero sabe quien ganó la apuesta, nada más.
–Sonríe, y Coates nos mira a nosotros, y luego a las manos de Mac,
donde ve el anillo-. El comandante y la coronel se han decidido a dar
el paso.
J: ¿Se casan? ¡Es fantástico! ¡Felicidades!
H:
Gracias, Jennifer.
Ch: Bueno… parece que fue la teniente Sims la
que acertó. –Mira a Coates-. Dígale que venga, Coates.
J: ¡A
sus órdenes, almirante!
¿Ella ha ganado qué? ¿Hicieron una apuesta? ¡Increíble! Entonces, todo el mundo sabía lo que ambos sentíamos desde hace… ¡a saber! Me giro hacia Mac y creo que debo de tener su misma cara.
Cuando Harriet entra, lleva una sonrisa enorme y todos notamos que apenas puede contener la alegría que siente. El almirante le da una sonrisa y le indica la tercera y última silla que queda libre.
Ch: Teniente… parece ser que usted tenía razón. Apostó por el mes en el que la coronel Mackenzie cumplía años, y así ha sido. Felicidades. Cuando salga, pídale a Coates la recaudación de la apuesta. Es toda suya. –Cuando se iba a marchar, el almirante la vuelve a llamar-. Y, por cierto, no comente nada con nadie. Me supongo que los novios querrán dar la noticia ellos. ¿No es así?
