Acabamos de meter todo en el coche y nos despedimos. Mac suspira pesadamente, provocando que la mire con una gran sonrisa. Ella hace lo mismo y cierra los ojos. No sabe lo hermosa que se ve de esa forma.

M: ¿Me dirás cual es mi regalo? –Me pregunta, abriendo un ojo-.
H: ¿No puedes esperar a llegar a mi apartamento?
M: ¿Y por qué tendría que esperar si puedes decírmelo.
H: ¿Y entonces no dejaría de ser una sorpresa?
M: ¿Vamos a continuar contestando con preguntas? –Responde, mirándome con los dos ojos bien abiertos-. Está bien. Esperaré.
H: Gracias. –Le sonrío-.

Cuando llegamos, Mac sale prácticamente corriendo hacia el edificio, mientras yo cierro el coche y recojo los regalos. Subo cargado y la encuentro esperándome con una gran sonrisa en la cara. Se acerca hasta mí y me besa, antes de coger al perro. La veo disfrutar con el animal y no puedo evitar sonreír. Con ese ánimo entramos y deja al bóxer en el suelo, el cual comienza correr por todos los sitios, olisqueando cada cosa que le llama la atención.

M: Me encanta.
H: Si… -Suspiro-. Los perros son muy graciosos cuando son pequeños.
M: ¡Oh! No me refería al perro. –Sonríe-. Me refería a nosotros. –Levanto una ceja y ella se ríe-. Si… ¿Sabes? Siempre te vi como el último hombre en mi vida.
H: ¿En serio? –Estoy sorprendido, y alagado. Si, la verdad es que yo tenía la esperanza de ser el último hombre en su vida-.
M: Ajá. –Se gira para mirarme y continúa-. ¿Y mi regalo, marinero? Ya estamos en tu apartamento.
H: Siéntate, te lo traigo ahora mismo.

No penséis mal. No se trata de eso. Ayer recordé algo que ella me dijo, y pensé en hacer unas compras de última hora. Claro está, tuve que llamar a Clayton Webb para que me dijera la talla de zapatos que Mac usa. Al principio dudó un poco en decírmelo, pero conseguí sonsacárselo. Con la información, fui a una tienda y le compré unos que en mi opinión, le van a gustar.

H: Toma. –Respondo, entrando en el salón con una caja-. En realidad son dos.
M: ¿Dos? –Me quita el paquete igual que lo haría un niño pequeño en navidad y comienza a abrirlo. Cuando lo ha desenvuelto y quitado la tapa, me mira y sonríe. Después, saca las dos zapatillas y su sonrisa se agranda-.
H: ¿Te gustan? –Mac asiente, al borde del llanto. Sé que es de alegría, pero aún así…-
M: ¿Y este? –Pregunta, sacando el otro paquete. Es más pequeño, con lo cual entraba en la caja de zapatos. Lo abre, y ahora si deja salir las lágrimas-. Es… Es… Es preciosa.
H: He quedado con la de la inmobiliaria mañana antes de comer. –Sonrío-. Nos la enseñará entera. Tiene piscina, cuatro habitaciones, un despacho, cocina,… ¡Ah! Y un jardín para el perro.
M: No sé qué decir… -Me mira, antes de tirarse sobre mí y besarme apasionadamente-.
H: ¿Eso es que te gusta?
M: ¡Me encanta! –Vuelve a besarme, y cuando se separa, juguetea con mi camisa-. Solo queda una cosa.
H: Los niños. –Sonrío-. Bueno… eso nos llevará más tiempo.
M: ¿Si comenzamos a buscarlos ahora? –Susurra, y yo solo puedo tragar saliva-. Así seguro que tardaremos menos.
H: Por una vez, estoy de acuerdo contigo, marine.
M: Entonces… Vamos.

Los dos nos levantamos, dejando al perro tumbado en el salón. Si alguien me hubiera dicho que esto podría pasarme… No le creería.

(Al día siguiente…)

M: ¡Harm! ¿Llamas a tu madre o quieres que cojamos un avión y se lo dices en persona?
H: No es mala idea. Así, si intenta hacerme algo, podrás defenderme. –Se acerca a mí con el móvil en la mano, y lo estira hacia mí-. ¿Ahora?
M: Ahora. –Sentencia, con su tono de marine. ¿Quién puede decirle que no cuando se pone así-. Para asegurarme, pon el altavoz.
H: Mac…
M: No acepto un no por respuesta.
H: Está bien… -Marco el número y pongo el altavoz. Mac me mira satisfecha y ambos esperamos a que la persona al otro lado responda-.
F: ¿Diga?
H: Frank, soy Harm.
F: ¿Harm? ¿Qué tal te va todo?
H: Bien. ¿Está mi madre por ahí?
F: Si. Te la paso. –Se escucha como la llama y después, ella contesta-.
T: ¡¡Hijo!! ¿Qué tal estás? ¿Ha pasado algo?
H: La verdad es que si. –Mac me golpea y me quejo-. Auch… Mac.
T: ¿Mac? ¿Está contigo en tu apartamento?
M: Buenos días, señora Burnett. Encantada de escucharla.
T: Lo mismo digo, Mac. Y llámame Thris, lo de señora me hace sentir más vieja. –Las dos mujeres se ríen y solo puedo contemplar, alucinado, la escena-. Entonces, ¿qué es lo que pasa? ¿No estarás en el hospital, verdad?
H: Tengo algo que decirte, mamá. –Sonrío, igual que Mac-. Voy a casarme.

De pronto, se instala un silencio en el otro lado de la línea, y me preocupo. ¿Será que mi madre se ha desmayado? Esperamos durante unos minutos, y entonces ocurre lo inevitable.

T: ¿Y, quién es la afortunada?
H: Es Mac.

Ahora sí. Escucho a mi madre llamar a gritos a Frank, el cual debe de entrar corriendo donde esté mi madre, y se acerca a ella. Le oímos preguntarle a mi madre que es lo que pasa, mientras ella parece que está llorando. Después de un rato, el teléfono cambia de manos y es Frank el que nos responde.

F: ¿Qué le pasa a tu madre, hijo? Está llorando de alegría y repitiendo una y otra vez que por fin.
H: Lo que pasa, es que le he pedido a Mac que se case conmigo.
M: Y yo he respondido que sí.
F: ¿De verdad? ¡Enhorabuena a los dos! Y encantado de conocerte, Mac. Espero que vengáis pronto a hacernos una visita.
H: En cuanto podamos iremos, Frank. –Le aseguro-. ¿Qué tal está mamá?
F: Tú madre está encantada. Creo que en cuanto se le pase el shock, te pedirá a gritos que nos visitéis. ¿Se lo has dicho ya a la abuela Sarah?
H: Aún no. Creo que iremos a decírselo en persona.
F: Si, será lo mejor. Conozco a Sarah y sé que de la alegría podría caerse. Felicidades. –Hace una pausa, y termina-. Espera, que tu madre quiere comenzar con su charla. ¡Buena suerte, Harm!
H: Gracias.